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Lectura 210 de 365

Sabiduría 17-18 · Apocalipsis 17

Letra: Normal

Sabiduría 17

1Grandes e inenarrables son tus juicios, por eso las almas ignorantes se extraviaron.

2Cuando los malvados creían que podían oprimir a la nación santa, se encontraron prisioneros de las tinieblas, encadenados en una larga noche, recluidos bajo su techo, desterrados de la eterna providencia.

3Pensaban permanecer ocultos con sus secretos pecados bajo el oscuro velo del olvido, pero se vieron dispersos, presa de terrible espanto, sobresaltados por alucinaciones.

4El escondrijo que los protegía no los libraba del miedo, pues a su alrededor retumbaban ruidos escalofriantes y se les aparecían sombríos espectros de lúgubre aspecto.

5No había fuego capaz de alumbrarlos, ni el brillo resplandeciente de las estrellas lograba iluminar aquella noche horrible.

6Para ellos solo lucía una hoguera espantosa que ardía por sí misma, y cuando desaparecía la visión, quedaban tan aterrados que les parecía más macabro aún lo que habían visto.

7Los trucos de la magia habían fracasado y su alarde de sabiduría quedó en ridículo,

8pues los que prometían expulsar miedos y temores de la gente enloquecida, enloquecían ellos mismos con un pánico ridículo.

9Y aunque nada inquietante les atemorizase, sobresaltados por el paso de las alimañas y el silbido de los reptiles,

10sucumbían temblando, negándose a mirar aquel aire inevitable.

11Pues la maldad es cobarde y a sí misma se condena, acosada por la conciencia, siempre se imagina lo peor.

12Y el miedo no es otra cosa que el abandono de los auxilios de la razón:

13cuanto menor es la confianza en uno mismo, mayor parece la causa desconocida del tormento.

14Durante aquella noche realmente imposible, surgida de las profundidades del impotente Hades, durmiendo todos el mismo sueño,

15unas veces los perseguían espectros monstruosos, y otras, al fallarles el valor, desfallecían, pues los invadió un miedo repentino e inesperado.

16Así, cualquiera que caía en una tal situación quedaba atrapado, encadenado en aquella cárcel sin barrotes;

17fuese labrador o pastor, o un trabajador que se afana en solitario, sufría, sorprendido, el ineludible destino,

18pues todos estaban atados a la misma cadena de tinieblas. El silbido del viento, el canto melodioso de los pájaros en el ramaje frondoso, la cadencia del agua fluyendo impetuosa,

19el estruendo de las rocas al precipitarse, la carrera invisible de animales al galope, el rugido de las bestias más feroces, o el eco que retumbaba en las oquedades de las montañas los dejaba paralizados de terror.

20El mundo entero resplandecía con luz radiante y se dedicaba sin trabas a sus tareas;

21solo sobre ellos se cernía una noche agobiante, imagen de las tinieblas que les esperaban, aunque ellos eran para sí mismos más agobiantes que las tinieblas.

Sabiduría 18

1Para tus fieles, en cambio, brillaba una espléndida luz. Los egipcios, que oían su voz pero sin distinguir su figura, los felicitaban por no haber padecido como ellos.

2Les daban las gracias porque no se vengaban de los agravios recibidos y les pedían perdón por su conducta hostil.

3En lugar de esto les diste una columna de fuego, como guía para un viaje desconocido, y como sol inofensivo para su gloriosa marcha.

4Bien merecían verse privados de luz y prisioneros de las tinieblas aquellos que habían encerrado en la prisión a tus hijos, que iban a transmitir al mundo la luz incorruptible de la ley.

5Por haber decretado matar a los niños de tus fieles —uno solo de los niños, abandonado, se salvó—, en castigo, les arrebataste una multitud de hijos, y los hiciste perecer a todos juntos en las aguas impetuosas.

6Aquella noche les fue preanunciada a nuestros antepasados, para que, sabiendo con certeza en qué promesas creían, tuvieran buen ánimo.

7Tu pueblo esperaba la salvación de los justos y la perdición de los enemigos,

8pues con lo que castigaste a los adversarios, nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti.

9Los piadosos hijos de los justos ofrecían sacrificios en secreto y establecieron unánimes esta ley divina: que los fieles compartirían los mismos bienes y peligros, después de haber cantado las alabanzas de los antepasados.

10Hacían eco los gritos destemplados de los enemigos, y se extendía el lamento de quienes lloraban a sus hijos.

11Idéntico castigo sufrían el esclavo y el amo, y el plebeyo padecía lo mismo que el rey.

12Todos por igual tenían innumerables cadáveres, víctimas de un mismo género de muerte; los vivos no daban abasto para enterrarlos, porque en un instante había perecido lo mejor de su raza.

13Aunque la magia los había hecho desconfiar de todo, ante la muerte de los primogénitos reconocieron que este pueblo era hijo de Dios.

14Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a la mitad de su carrera,

15tu palabra omnipotente se lanzó desde el cielo, desde el trono real, cual guerrero implacable, sobre una tierra condenada al exterminio; empuñaba la espada afilada de tu decreto irrevocable,

16se detuvo y todo lo llenó de muerte, mientras tocaba el cielo, pisoteaba la tierra.

17De repente los sobresaltaron horribles pesadillas, los asaltaron terrores inesperados.

18Tendidos y medio muertos, cada uno por su lado, manifestaban la causa de su muerte;

19pues sus sueños turbulentos los habían prevenido, para que no pereciesen sin conocer el motivo de su desgracia.

20También a los justos alcanzó la prueba de la muerte y una multitud de ellos pereció en el desierto. Pero aquella ira no duró mucho,

21porque pronto un hombre intachable salió en su defensa, manejando las armas de su ministerio: la oración y el incienso expiatorio. Hizo frente a la ira y puso fin a la catástrofe, demostrando ser tu servidor.

22Venció la indignación no a fuerza de músculos, ni esgrimiendo la espada, sino que con la palabra sometió a quien los castigaba, recordando los juramentos y alianzas que hizo con los antepasados.

23Cuando ya los muertos yacían amontonados, se puso en medio, detuvo el avance de la ira y le cerró el paso hacia los que todavía vivían.

24Pues en su vestido talar estaba el universo entero, los nombres gloriosos de los patriarcas en cuatro hileras de piedras preciosas, y tu majestad en la diadema de su cabeza.

25Ante esto, el exterminador retrocedió atemorizado, pues era suficiente una sola demostración de tu ira.

Apocalipsis 17

1Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciendo: «Ven, que te voy a mostrar el juicio de la gran prostituta, la que está sentada sobre muchas aguas,

2con la que han fornicado los reyes de la tierra, la que ha emborrachado a los habitantes de la tierra con el vino de su prostitución».

3Y fui arrebatado en espíritu a un desierto. Vi allí una mujer sentada sobre una bestia de color escarlata, cubierta de títulos blasfemos, que tenía siete cabezas y diez cuernos.

4La mujer iba vestida de púrpura y escarlata y enjoyada con oro, piedras preciosas y perlas. Tenía en su mano una copa de oro llena de abominaciones y de las impurezas de su fornicación;

5en la frente llevaba escrito un nombre misterioso: «La gran Babilonia, madre de las prostitutas y de las abominaciones de la tierra».

6Y vi a la mujer borracha de la sangre de los santos y de la sangre de los testigos de Jesús. Al verla, me quedé muy asombrado.

7El ángel me dijo: «¿Por qué te has asombrado? Yo te explicaré el misterio de la mujer y de la bestia que la lleva: la de las siete cabezas y los diez cuernos.

8La bestia que has visto era pero no es, va a subir del abismo para ir a su ruina. Los habitantes de la tierra cuyos nombres no están escritos desde la creación del mundo en el libro de la vida se sorprenderán al ver que la bestia que era y no es se presenta de nuevo.

9¡Aquí se requiere inteligencia y sabiduría! Las siete cabezas son siete colinas donde está sentada la mujer, y siete reyes:

10cinco cayeron, uno es, el otro no ha llegado todavía y cuando llegue durará poco tiempo.

11La bestia que era y no es, aunque aparece como octavo, es al mismo tiempo uno de los siete, y va a su ruina.

12Los diez cuernos que has visto son también diez reyes, los cuales no han recibido todavía el reino, pero recibirán autoridad por breve tiempo, asociados a la bestia.

13Estos se han puesto de acuerdo para entregar su poder y su autoridad a la bestia.

14Combatirán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de señores y Rey de reyes, y con él los llamados, elegidos y fieles».

15Y añadió: «Las aguas donde has visto sentada a la prostituta son pueblos y multitudes, naciones y lenguas.

16Y los diez cuernos que has visto y la bestia, estos aborrecerán a la prostituta y la dejarán asolada y desnuda; se comerán su carne y la destruirán con fuego.

17Dios les ha puesto en el corazón ejecutar su designio divino, ponerse de acuerdo para entregar su reino a la bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios.

18Y la mujer que has visto es la gran ciudad, emperatriz de los reyes de la tierra».