Lectura 209 de 365
Sabiduría 15-16 · Apocalipsis 16
Sabiduría 15
1Pero tú, Dios nuestro, eres bueno y fiel, eres paciente y todo lo gobiernas con misericordia.
2Aunque pequemos, somos tuyos y reconocemos tu poder, pero no pecaremos, sabiendo que te pertenecemos.
3Conocerte a ti es justicia perfecta y reconocer tu poder es la raíz de la inmortalidad.
4No nos extraviaron las malas artes inventadas por los hombres, ni el trabajo estéril de los pintores, figuras embadurnadas con variados colores,
5cuya contemplación despierta la pasión de los necios, que llegan a desear la imagen sin vida de un ídolo muerto.
6Amantes del mal y dignos de tales esperanzas son quienes las hacen, quienes las desean y quienes las adoran.
7También el alfarero se afana amasando la tierra blanda y moldea cacharros para nuestro uso. Con el mismo barro moldea las vasijas destinadas a usos nobles e innobles, todas por igual: el alfarero decide la distinta utilidad que tendrá cada una.
8Luego, malgastando esfuerzos, modela un dios falso con el mismo barro; lo modela uno que poco antes nació de la tierra y que pronto regresará al lugar de donde fue sacado, cuando le reclamen la vida prestada.
9Pero no le preocupa tener que morir ni que su vida sea efímera, sino que compite con orfebres y plateros, imita a los que forjan el bronce y presume de modelar figuras falsas.
10Su corazón es ceniza, su esperanza, más vulgar que la tierra y su vida, más despreciable que el barro,
11porque desconoce al que lo modeló, al que le infundió un alma activa y le insufló un aliento vital.
12Piensa que nuestra vida es un juego y la existencia una feria de negocios; dice: «Hay que sacar partido de donde sea, hasta del mal».
13Ahora bien, él sabe mejor que nadie que peca, pues fabrica con materia arcillosa frágiles vasijas y estatuas de ídolos.
14Pero los más insensatos de todos y más ingenuos que un niño, son los enemigos que oprimieron a tu pueblo,
15pues tuvieron por dioses a todos los ídolos de las naciones, cuyos ojos no les sirven para ver, ni la nariz para respirar, ni las orejas para oír, ni los dedos de las manos para tocar y cuyos pies son torpes para caminar.
16Pues los hizo un hombre, los modeló un ser de aliento prestado y ningún ser humano puede modelar un dios a su semejanza.
17Al ser mortal, sus manos impías producen un cadáver y vale más él que los objetos que adora, pues él tiene vida, mientras los otros jamás la tendrán.
18También adoran a los animales más repugnantes que comparados con los demás son los más estúpidos;
19no tienen belleza alguna que los haga atractivos como a otros animales y se quedaron sin la aprobación de Dios y sin su bendición.
Sabiduría 16
1Por eso, fueron justamente castigados por seres semejantes y fueron atormentados por una plaga de alimañas.
2En vez de ese castigo, favoreciste a tu pueblo y, para satisfacer su apetito, les proporcionaste como alimento un manjar exquisito: las codornices.
3Así que los egipcios, aun estando hambrientos, perdían hasta el apetito natural, asqueados por los repugnantes bichos que les habías enviado, mientras los israelitas, después de una breve privación, saboreaban un manjar exquisito.
4Pues era justo que aquellos opresores sufrieran un hambre irremediable, mientras a estos bastaba con mostrarles cómo eran torturados sus enemigos.
5Incluso cuando les sobrevino la terrible furia de las fieras y perecían mordidos por serpientes sinuosas, tu ira no llegó hasta el final.
6Para que escarmentaran, se les atormentó por poco tiempo, pues tenían un signo de salvación como recordatorio del mandato de tu ley.
7Y el que se volvía hacia él se curaba, no por lo que contemplaba, sino gracias ti, Salvador de todos.
8Así convenciste a nuestros enemigos de que eres tú quien libra de todo mal.
9Ellos morían por las picaduras de langostas y moscas, sin poder encontrar remedio para sus vidas, pues merecían ser castigados por tales bichos;
10a tus hijos, en cambio, ni los dientes de las serpientes venenosas les pudieron, sino que tu misericordia salió en su ayuda y los salvó.
11Las mordeduras, que se curaban enseguida, les recordaban tus palabras, no fuera que cayeran en profundo olvido y quedaran excluidos de tu bondad.
12No los curó hierba ni cataplasma, sino tu palabra, Señor, que todo lo sana.
13Pues tú tienes poder sobre la vida y la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y haces regresar.
14El hombre, en cambio, puede matar con su maldad, pero no puede devolver el espíritu que se fue, ni rescatar el alma ya prisionera.
15Es imposible escapar de tu mano.
16Los impíos que no querían conocerte fueron castigados con la fuerza de tu brazo: los persiguieron extrañas lluvias, granizadas, tormentas implacables y el fuego los devoró.
17Y lo más sorprendente era que con el agua, que todo lo apaga, el fuego cobraba una violencia mayor, pues el universo es paladín de los justos.
18Unas veces la llama se amortiguaba, para no abrasar a los animales enviados contra los impíos y para que, al verlos, comprendieran que los impulsaba el juicio de Dios;
19pero, otras veces, aun en medio del agua, la llama ardía con más fuerza que el fuego, para destruir los frutos de una tierra malvada.
20A tu pueblo, en cambio, lo alimentaste con manjar de ángeles, y les mandaste desde el cielo un pan preparado sin esfuerzo, lleno de toda delicia y grato a cualquier gusto.
21Este sustento revelaba a tus hijos tu dulzura, pues se adaptaba al gusto de quien lo tomaba y se convertía en lo que cada uno quería.
22Nieve y hielo resistían al fuego sin derretirse, para que supieran que el fuego, ardiendo entre el granizo y resplandeciendo bajo la lluvia, destruía las cosechas de los enemigos;
23mientras que, para que los justos se alimentaran, se olvidaba hasta de su propia fuerza.
24Porque la creación, sirviéndote a ti, su creador, despliega su fuerza para castigar a los malvados y la modera para beneficiar a los que en ti confían.
25Por eso también entonces, adoptando todas las formas, estaba al servicio de tu generosidad, que a todos sustenta, según el deseo de los que te necesitan.
26Así aprenderán tus hijos queridos, Señor, que la variedad de frutos no alimenta al hombre, sino tu palabra, que mantiene a los que creen en ti.
27Pues lo que el fuego no pudo devorar se derritió simplemente al calor de un tenue rayo de sol,
28para que supieran que hay que adelantarse al sol para darte gracias y salir a tu encuentro al rayar el alba.
29Pues la esperanza del ingrato se derrite como escarcha invernal y se escurre como agua inservible.
Apocalipsis 16
1Y oí una voz potente que salía del santuario y decía a los siete ángeles: «Id a derramar en la tierra las siete copas de la ira de Dios».
2Salió el primero y derramó su copa en la tierra, y una úlcera maligna y dolorosa apareció en las personas que llevaban la marca de la fiera y adoraban su imagen.
3El segundo derramó su copa en el mar, y el mar se convirtió en sangre como de muerto; y todo ser vivo que había en el mar murió.
4El tercero derramó su copa en los ríos y manantiales, y se convirtieron en sangre.
5Oí al ángel de las aguas que decía: «Justo eres, el que es y el que eras, el Santo, porque has realizado estos juicios:
6a los que derramaron sangre de los santos y profetas, tú les has dado a beber sangre. Se lo merecen».
7Y oí que el altar decía: «Sí, Señor, Dios, el todopoderoso, tus juicios son verdaderos y rectos».
8El cuarto derramó su copa en el sol y se le permitió abrasar a las personas con su fuego;
9y las personas fueron abrasadas por el enorme calor; y blasfemaron contra el nombre de Dios que tenía el poder sobre estas plagas, pero no se convirtieron dando gloria a Dios.
10El quinto derramó su copa sobre el trono de la fiera, y su reino quedó en tinieblas; y se mordían la lengua de dolor
11y maldecían al Dios del cielo por sus dolores y sus úlceras, pero no se arrepintieron de sus obras.
12El sexto derramó su copa sobre el gran río, el Éufrates, y se secó su agua, de forma que quedó preparado el camino de los reyes que vienen del Oriente.
13Y vi salir de la boca del dragón, de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta tres espíritus inmundos en forma de ranas.
14Son los espíritus demoníacos que hacen signos y se dirigen a los reyes de la tierra entera con el fin de congregarlos para la batalla del gran Día de Dios todopoderoso.
15«Mira, vengo como un ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus vestidos, para que no tenga que pasear desnudo y vean sus vergüenzas».
16Y los congregó en un lugar llamado en hebreo Harmaguedón.
17El séptimo derramó su copa en el aire, y del santuario y del trono salió una voz potente que decía: «Ya está hecho».
18Hubo relámpagos, voces y truenos, y hubo un terremoto tan violento como no lo ha habido desde que hay hombres en la tierra.
19La gran ciudad se partió en tres y las capitales de las naciones se derrumbaron. Dios se acordó de la gran Babilonia y le hizo beber la copa de vino del furor de su ira.
20Todas las islas huyeron, los montes desaparecieron.
21Un gran pedrisco con piedras como de un talento de peso cayó del cielo sobre las personas, y las personas maldijeron a Dios por la plaga del pedrisco, porque era una plaga terrible.