← La Biblia entera en 365 lecturas

Lectura 20 de 365

Éxodo 8-10 · Marcos 11-12

Letra: Normal

Éxodo 8

1El Señor dijo a Moisés: «Di a Aarón: Extiende tu mano con el bastón sobre los ríos, los canales y los estanques y haz saltar las ranas por toda la tierra de Egipto».

2Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto; saltaron las ranas y cubrieron la tierra de Egipto.

3Pero lo mismo hicieron los magos con sus encantamientos; hicieron saltar las ranas sobre la tierra de Egipto.

4El faraón llamó a Moisés y Aarón, y les dijo: «Rogad al Señor que aleje las ranas de mí y de mi pueblo, y dejaré marchar al pueblo para que ofrezca sacrificios al Señor».

5Moisés respondió al faraón: «Dígnate indicarme cuándo he de rogar por ti, por tus siervos y por tu pueblo, para que aleje las ranas de ti y de tu palacio, y queden solo en el Nilo».

6«Mañana», respondió él. Moisés le dijo: «Será según tu palabra, para que sepas que no hay otro como el Señor nuestro Dios.

7Las ranas se alejarán de ti, de tu palacio, de tus servidores y de tu pueblo y quedarán solo en el Nilo».

8Moisés y Aarón salieron del palacio del faraón y Moisés suplicó al Señor acerca de las ranas, como había acordado con el faraón.

9El Señor obró conforme a la súplica de Moisés, y murieron las ranas en las casas, en los patios y en los campos.

10Las reunieron en montones y la tierra apestaba.

11Pero viendo el faraón que había un respiro, se obstinó y no les hizo caso, como había anunciado el Señor.

12Dijo, pues, el Señor a Moisés: «Dile a Aarón: Extiende tu bastón y golpea el polvo del suelo y se convertirá en mosquitos por toda la tierra de Egipto».

13Así lo hicieron: Aarón extendió su mano y con el bastón golpeó el polvo del suelo; y aparecieron mosquitos que atacaban a hombres y animales. Todo el polvo del suelo se convirtió en mosquitos por toda la tierra de Egipto.

14Los magos pretendieron hacer lo mismo sacando mosquitos con sus encantamientos, pero no pudieron. Hubo, pues, mosquitos, que atacaban a hombres y animales.

15Los magos dijeron al faraón: «Es el dedo de Dios». Pero se endureció el corazón del faraón y no les hizo caso, como había anunciado el Señor.

16El Señor dijo a Moisés: «Levántate de buena mañana y preséntate al faraón cuando salga hacia el río y dile: Así dice el Señor: “Deja marchar a mi pueblo para que me rinda culto.

17Si no dejas marchar a mi pueblo, enviaré tábanos contra ti, contra tus servidores, tu pueblo y tus casas, y se llenarán de tábanos las casas de los egipcios y las tierras donde habitan.

18Pero ese día trataré con distinción la región de Gosén, donde habita mi pueblo, para que no haya allí tábanos, a fin de que sepas que yo soy el Señor en medio de la tierra.

19Así haré distinción entre mi pueblo y el tuyo. Mañana ocurrirá este signo”».

20El Señor lo hizo así y un enjambre de tábanos invadió el palacio del faraón y la casa de sus servidores; en toda la tierra de Egipto, la tierra estaba infestada de tábanos.

21El faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: «Id y ofreced sacrificios a vuestro Dios en esta tierra».

22Pero Moisés respondió: «No podemos hacer eso, porque los sacrificios que hemos de ofrecer al Señor nuestro Dios son una abominación para los egipcios. Si sacrificáramos delante mismo de los egipcios lo que ellos consideran una abominación, seguramente nos lapidarían.

23Tenemos que ir tres jornadas por el desierto, para ofrecer sacrificios al Señor nuestro Dios, como nos ha ordenado».

24El faraón contestó: «Yo os dejaré marchar para que ofrezcáis sacrificios en el desierto al Señor vuestro Dios, a condición de que no os alejéis demasiado. Rogad por mí».

25Moisés respondió: «Apenas salga de tu presencia, yo rogaré al Señor y mañana se alejarán los tábanos del faraón, de sus servidores y de su pueblo, con tal que el faraón no me engañe más, no dejando al pueblo que vaya a ofrecer sacrificios al Señor».

26Salió Moisés de la presencia del faraón y rogó al Señor.

27El Señor hizo lo que Moisés pedía, y alejó los tábanos del faraón, de sus servidores y de su pueblo hasta no quedar ni uno.

28Pero también esta vez se obcecó el faraón y no dejó marchar al pueblo.

Éxodo 9

1El Señor dijo a Moisés: «Preséntate al faraón y dile: Así dice el Señor, el Dios de los hebreos: Deja marchar a mi pueblo para que me rinda culto,

2pues si te niegas a dejarlo marchar y lo sigues reteniendo,

3la mano del Señor golpeará a tus ganados del campo —los caballos, los asnos, los camellos, las vacas y las ovejas— con una peste horrible.

4Pero el Señor hará distinción entre el ganado de Israel y el ganado de Egipto, y no morirá ni una res de los hijos de Israel.

5El Señor marcó un plazo, diciendo: Mañana cumplirá el Señor esta palabra contra la tierra».

6Al día siguiente cumplió el Señor su palabra y murió todo el ganado de Egipto, mientras que no murió ni una res del ganado de los hijos de Israel.

7El faraón mandó averiguar y, en efecto, no había muerto ni una res del ganado de Israel. Pero el corazón del faraón se endureció y no dejó marchar al pueblo.

8El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Tomad un puñado de ceniza del horno, y que Moisés lo avente hacia el cielo en presencia del faraón.

9Se convertirá en polvo sobre toda la tierra de Egipto y producirá úlceras y llagas en hombres y ganados por toda la tierra de Egipto».

10Tomaron, pues, ceniza del horno y, en presencia del faraón, Moisés lo aventó hacia el cielo y los hombres y los ganados se cubrieron de úlceras y llagas.

11Los magos no pudieron permanecer ante Moisés a causa de las úlceras, que les afectaron como a todos los demás egipcios.

12Pero el Señor hizo que el faraón se obstinase y no les hiciese caso, como había anunciado a Moisés.

13El Señor dijo a Moisés: «Madruga por la mañana, preséntate al faraón y dile: Así dice el Señor, el Dios de los hebreos: “Deja salir a mi pueblo para que me rinda culto,

14porque esta vez voy a mandar todas mis plagas contra ti, tus servidores y tu pueblo, para que sepas que no hay nadie como yo en toda la tierra.

15Pues si hubiera alargado mi mano y os hubiera herido de peste a ti y a tu pueblo, ahora ya habríais desaparecido de la tierra.

16Pero te he dejado con vida para mostrarte mi poder y para que se proclame mi nombre en toda la tierra.

17Aún te alzas como un muro frente a mi pueblo para no dejarlo marchar;

18pues mira, mañana a estas horas haré caer una granizada tan fuerte como no la ha habido en Egipto desde su fundación hasta hoy.

19Ahora, manda recoger tu ganado y cuanto tienes en el campo, pues sobre todos los hombres y ganados que se encuentren en el campo y no sean recogidos en casa caerá el granizo y los matará”».

20Los servidores del faraón que temieron la palabra del Señor recogieron en casa a sus esclavos y ganados,

21más los que no hicieron caso de la palabra del Señor dejaron en el campo a sus esclavos y ganados.

22El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo, y caerá granizo en toda la tierra de Egipto: sobre los hombres, los ganados y sobre toda la hierba del campo en Egipto».

23Moisés extendió su bastón hacia el cielo y el Señor lanzó truenos, granizo y rayos a la tierra. El Señor desencadenó una lluvia de granizo sobre la tierra de Egipto.

24El granizo, con los rayos formados entre el granizo, fue tan fuerte que jamás se había visto algo semejante en la tierra de Egipto desde que comenzó a ser nación.

25El granizo golpeó en toda la tierra de Egipto cuanto había en el campo, desde los hombres hasta los ganados. Machacó también el granizo toda la hierba del campo y tronchó todos los árboles del campo.

26Solo en la región de Gosén, donde habitaban los hijos de Israel, no hubo granizo.

27Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón y les dijo: «Esta vez he obrado mal; el Señor es justo, mientras yo y mi pueblo somos culpables.

28Rogad al Señor que ya basta de truenos y granizo. Yo os dejaré marchar y no os retendré más».

29Moisés le respondió: «Cuando salga de la ciudad, extenderé mis manos hacia el Señor y cesarán los truenos y no habrá más granizo, para que sepas que del Señor es la tierra.

30Aunque sé que tú y tus servidores no teméis aún al Señor Dios».

31(El lino y la cebada se estropearon, pues la cebada estaba en espiga y el lino estaba floreciendo.

32El trigo y la espelta no se estropearon, por ser tardíos).

33Moisés salió de la presencia del faraón y de la ciudad, y extendió sus manos hacia el Señor; cesaron los truenos y el granizo, y la lluvia dejó de caer sobre la tierra.

34Viendo el faraón que habían cesado la lluvia, el granizo y los truenos, volvió a obrar mal y se obstinó de nuevo, él y sus servidores.

35Se obstinó, pues, el faraón y no dejó marchar a los hijos de Israel, como había dicho el Señor por medio de Moisés.

Éxodo 10

1El Señor dijo a Moisés: «Preséntate al faraón, porque yo he endurecido su corazón y el de sus servidores, para realizar mis signos en medio de ellos,

2y para que puedas contar a tus hijos y nietos cómo manejé a Egipto y los signos que realicé en medio de ellos. Así sabréis que yo soy el Señor».

3Moisés y Aarón se presentaron al faraón y le dijeron: «Así dice el Señor, el Dios de los hebreos: “¿Hasta cuándo te negarás a humillarte ante mí? Deja marchar a mi pueblo para que me rinda culto.

4Si te niegas a dejar marchar a mi pueblo, mañana traeré la langosta sobre tu territorio;

5cubrirá la superficie de la tierra, de modo que esta no pueda verse. Devorará todo el resto que se salvó de la granizada y comerá todo árbol que crece en vuestros campos.

6Abarrotarán tus casas, las casas de todos tus servidores y de todos los egipcios; algo que no vieron tus padres ni tus abuelos desde que poblaron la tierra hasta hoy”». Moisés dio media vuelta y salió de la presencia del faraón.

7Los servidores del faraón le dijeron: «¿Hasta cuándo va a ser ese una trampa para nosotros? Deja marchar a esa gente para que rinda culto al Señor su Dios. ¿Aún no te das cuenta de que Egipto se está arruinando?».

8Hicieron, pues, volver a Moisés y a Aarón ante el faraón, que les dijo: «Id a rendir culto al Señor vuestro Dios; pero decidme ¿quiénes van a ir?».

9Moisés respondió: «Iremos con nuestros niños y nuestros ancianos, con nuestros hijos y nuestras hijas, con nuestras ovejas y nuestras vacas, pues hemos de celebrar la fiesta del Señor».

10Él les contestó: «¡Así esté el Señor con vosotros, como que yo os deje salir con vuestros pequeños! ¡A la vista están vuestras malas intenciones!

11No; marchad si queréis solo los hombres y rendid culto al Señor, pues eso es lo que pedíais». Y los echaron de la presencia del faraón.

12El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto y que venga la langosta e invada la tierra de Egipto y devore toda la hierba de la tierra y cuanto quedó del granizo».

13Moisés extendió su bastón sobre la tierra de Egipto y el Señor hizo soplar el viento del Este sobre la tierra todo el día y toda la noche. Al amanecer, el viento del Este había traído la langosta.

14La langosta invadió toda la tierra de Egipto y se posó en todo el territorio egipcio; fue tal la cantidad de langostas que nunca la había habido ni la habrá.

15Cubrió toda la superficie de la tierra, ennegreciendo el territorio; devoró toda la hierba de la tierra y todos los frutos de los árboles que habían quedado del granizo.

16El faraón se apresuró a llamar a Moisés y a Aarón, y dijo: «He pecado contra el Señor vuestro Dios y contra vosotros.

17Ahora, perdonad mi pecado, solo por esta vez, y rogad al Señor vuestro Dios que aparte de mí esta plaga mortal».

18Moisés salió de la presencia del faraón y rogó al Señor.

19El Señor cambió la dirección del viento, que sopló con fuerza del Poniente y se llevó la langosta arrojándola en el mar Rojo. No quedó ni una langosta en todo el territorio de Egipto.

20Pero el Señor endureció el corazón del faraón y este no dejó marchar a los hijos de Israel.

21El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo, y haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, una oscuridad palpable».

22Moisés extendió su mano hacia el cielo y una densa oscuridad cubrió la tierra de Egipto durante tres días.

23No se veían unos a otros ni se movieron de su sitio durante tres días, mientras que todos los hijos de Israel tenían luz en sus poblados.

24El faraón llamó a Moisés y dijo: «Id a ofrecer culto al Señor; también los niños pueden ir con vosotros, pero dejad las ovejas y las vacas».

25Respondió Moisés: «Tienes que dejarnos llevar víctimas para los sacrificios y holocaustos que hemos de ofrecer al Señor nuestro Dios.

26También el ganado tiene que venir con nosotros, sin quedar ni una res, pues de ello tenemos que ofrecer al Señor, nuestro Dios, y no sabemos qué hemos de ofrecer al Señor hasta que lleguemos allá».

27Pero el Señor hizo que el faraón se obstinara en no dejarlos marchar.

28El faraón, pues, le dijo: «Sal de mi presencia y cuidado con volver a presentarte; si te vuelvo a ver, morirás inmediatamente».

29Respondió Moisés: «Lo que tú dices: no volveré a presentarme ante ti».

Marcos 11

1Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, mandó a dos de sus discípulos,

2diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo.

3Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”».

4Fueron y encontraron el pollino en la calle atado a una puerta; y lo soltaron.

5Algunos de los presentes les preguntaron: «¿Qué hacéis desatando el pollino?».

6Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron.

7Llevaron el pollino, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó.

8Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo.

9Los que iban delante y detrás, gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

10¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!».

11Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya tarde, salió hacia Betania con los Doce.

12Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre.

13Vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos.

14Entonces le dijo: «Nunca jamás coma nadie frutos de ti». Los discípulos lo oyeron.

15Llegaron a Jerusalén y, entrando en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas.

16Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.

17Y los instruía diciendo: «¿No está escrito: “Mi casa será casa de oración para todos los pueblos”? Vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos».

18Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo admiraba su enseñanza, buscaban una manera de acabar con él.

19Cuando atardeció, salieron de la ciudad.

20A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz.

21Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado».

22Jesús contestó: «Tened fe en Dios.

23En verdad os digo que si uno dice a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no duda en su corazón, sino que cree en que sucederá lo que dice, lo obtendrá.

24Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido y lo obtendréis.

25Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas».

26[«Mas si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos perdonará vuestras ofensas»]

27Volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos,

28y le decían: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad para hacer esto?».

29Jesús les replicó: «Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto.

30El bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres? Contestadme».

31Se pusieron a deliberar: «Si decimos que es del cielo, dirá: “¿Y por qué no le habéis creído?”.

32¿Pero cómo vamos a decir que es de los hombres?». (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta).

33Y respondieron a Jesús: «No sabemos». Jesús les replicó: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».

Marcos 12

1Se puso a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.

2A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña.

3Ellos lo agarraron, lo azotaron y lo despidieron con las manos vacías.

4Les envió de nuevo otro criado; a este lo descalabraron e insultaron.

5Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, a los que azotaron o los mataron.

6Le quedaba uno, su hijo amado. Y lo envió el último, pensando: “Respetarán a mi hijo”.

7Pero los labradores se dijeron: “Este es el heredero. Venga, lo matamos y será nuestra la herencia”.

8Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.

9¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, hará perecer a los labradores y arrendará la viña a otros.

10¿No habéis leído aquel texto de la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

11Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?».

12Intentaron echarle mano, porque comprendieron que había dicho la parábola por ellos; pero temieron a la gente y, dejándolo allí, se marcharon.

13Le envían algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta.

14Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?».

15Adivinando su hipocresía, les replicó: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea».

16Se lo trajeron. Y él les preguntó: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». Le contestaron: «Del César».

17Jesús les replicó: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Y se quedaron admirados.

18Se le acercan unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntan:

19«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, que se case con la viuda y dé descendencia a su hermano”.

20Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos;

21el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero;

22y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer.

23Cuando llegue la resurrección y resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella».

24Jesús les respondió: «¿No estáis equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios?

25Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo.

26Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”?

27No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados».

28Un escriba que oyó la discusión, viendo lo acertado de la respuesta, se acercó y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

29Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor:

30amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”.

31El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».

32El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él;

33y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

34Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

35Mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David?

36El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: “Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies”.

37Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?». Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto.

38Y él, instruyéndolos, les decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas,

39buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes;

40y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».

41Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho;

42se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante.

43Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie.

44Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».