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Lectura 208 de 365

Sabiduría 13-14 · Apocalipsis 15

Letra: Normal

Sabiduría 13

1Son necios por naturaleza todos los hombres que han ignorado a Dios y no han sido capaces de conocer al que es a partir de los bienes visibles, ni de reconocer al artífice fijándose en sus obras,

2sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa y a los luceros del cielo, regidores del mundo.

3Si, cautivados por su hermosura, los creyeron dioses, sepan cuánto los aventaja su Señor, pues los creó el mismo autor de la belleza.

4Y si los asombró su poder y energía, calculen cuánto más poderoso es quien los hizo,

5pues por la grandeza y hermosura de las criaturas se descubre por analogía a su creador.

6Con todo, estos merecen un reproche menor, pues a lo mejor andan extraviados, buscando a Dios y queriéndolo encontrar.

7Dan vueltas a sus obras, las investigan y quedan seducidos por su apariencia, porque es hermoso lo que ven.

8Pero ni siquiera estos son excusables,

9porque, si fueron capaces de saber tanto que pudieron escudriñar el universo, ¿cómo no encontraron antes a su Señor?

10Son, pues, unos infelices, con la esperanza puesta en cosas sin vida, los que llamaron dioses a obras hechas por manos humanas: oro y plata labrados con arte, representaciones de animales o una piedra inútil, esculpida hace mucho tiempo.

11Pongamos por ejemplo a un leñador: tala un árbol de fácil manejo, lo descorteza hábilmente y, trabajando con destreza, fabrica un objeto útil para usos comunes.

12Con los desechos de su trabajo se prepara una comida que le deja satisfecho;

13y con el último desecho que para nada sirve, un palo torcido y lleno de nudos, lo coge y lo talla en sus ratos de ocio; y con destreza reposada lo modela hasta sacar una imagen humana

14o la figura de cualquier vil animal. Lo embadurna de minio, pinta su cuerpo de rojo y recubre todos sus defectos.

15Luego le prepara una hornacina digna y lo coloca en la pared asegurándolo con clavos.

16Para que no se le caiga, toma sus precauciones, sabiendo que no puede valerse por sí mismo, pues es una imagen y necesita ayuda.

17Sin embargo, le reza por su hacienda, bodas e hijos, sin avergonzarse de hablar con un ser inanimado; pide la salud a quien está enfermo,

18ruega por la vida a un muerto, solicita ayuda al más torpe y un viaje feliz al que ni siquiera puede andar;

19y para las ganancias, las empresas y el éxito de sus tareas, pide ayuda al que menos puede dársela.

Sabiduría 14

1Hay también quien, dispuesto a embarcarse para cruzar el mar encrespado, invoca a un leño más frágil que la embarcación que lo lleva.

2A esta la inventó el afán de lucro, la construyó la pericia del artífice.

3Pero es tu providencia, Padre, quien la pilota, porque incluso en el mar abriste un camino y una senda segura entre las olas,

4mostrando así que puedes salvar de todo peligro, para que se embarque aun el inexperto.

5No quieres que las obras de tu sabiduría sean estériles; por eso los hombres confían sus vidas a un leño insignificante, y, cruzando el oleaje en una balsa, llegan sanos y salvos.

6Ya al principio, cuando perecían los soberbios gigantes, la esperanza del mundo se refugió en una balsa que, pilotada por tu mano, legó al mundo una semilla de vida.

7Bendito el leño que se utiliza para la justicia,

8pero el ídolo hecho a mano, maldito él y quien lo hizo; este porque lo fabricó, aquel porque, siendo corruptible, fue tenido por dios.

9Dios aborrece igualmente al impío y su impiedad

10y la obra será castigada junto con su autor.

11Por eso los ídolos de las naciones también serán juzgados, porque se han hecho abominables entre las criaturas de Dios, ocasión de tropiezo para las almas de los hombres y una trampa para los pies de los necios.

12La invención de los ídolos fue el comienzo de la infidelidad y su descubrimiento trajo la corrupción de la vida.

13Porque no existieron al principio ni existirán eternamente.

14Entraron en el mundo por la necedad de los hombres y por eso tienen marcado un fin inmediato.

15Un padre, afligido por un luto prematuro, hace una imagen del hijo repentinamente arrebatado; al que ayer era hombre muerto, hoy lo venera como un dios, e instituye iniciaciones mistéricas para sus subordinados.

16Con el tiempo se consolida la impía costumbre y se observa como ley.

17Por decreto de los soberanos recibían culto sus estatuas y como la gente que vivía lejos no podía venerarlos en persona, representaba su figura lejana, haciendo una imagen visible del rey venerado, para adular con fervor al ausente como si estuviera presente.

18La ambición del artista contribuyó a extender este culto, incluso entre quienes no lo conocían,

19pues este, deseoso sin duda de complacer al soberano, forzó hábilmente el parecido para que resultase más hermoso.

20La multitud, seducida por el encanto de la obra, considera ahora objeto de culto al que poco antes honraba como hombre.

21Y esto se convirtió en una trampa para los vivientes, pues los hombres, víctimas de la desgracia o de la tiranía, dieron el nombre incomunicable a piedras y leños.

22Además, no les bastó con equivocarse en el conocimiento de Dios, sino que, inmersos en la guerra cruel de la ignorancia, dan a esos males tan graves el nombre de paz.

23Así, con sus ritos infanticidas, sus misteriosos secretos y sus delirantes orgías de rituales extravagantes,

24ya no conservan puros ni la vida ni el matrimonio, sino que se matan a traición unos a otros o se infaman con adulterios.

25Reina por doquier un caos de sangre y crimen, robo y fraude, corrupción, infidelidad, desorden y perjurio;

26desconcierto entre los buenos, olvido de la gratitud, contaminación de las almas, perversiones sexuales, desórdenes matrimoniales, adulterios y libertinaje.

27Porque el culto a los ídolos sin nombre es principio, causa y fin de todos los males.

28Los idólatras o se divierten frenéticamente, o profetizan oráculos falsos, o viven en la injusticia, o perjuran con ligereza.

29Como confían en ídolos sin vida, no temen que el jurar en falso les ocasione daño alguno.

30Pero les aguarda un doble castigo: porque al seguir a los ídolos se han hecho una idea falsa de Dios y porque han jurado injustamente y con engaño, despreciando la santidad.

31Pues no es el poder de aquellos por los que se jura, sino la condena que merecen los pecadores quien persigue siempre las transgresiones de los malvados.

Apocalipsis 15

1Vi en el cielo otro signo, grande y maravilloso: Siete ángeles que llevaban siete plagas, las últimas, pues con ellas se consuma la ira de Dios.

2Vi una especie de mar de vidrio mezclado con fuego; los vencedores de la bestia, de su imagen y del número de su nombre estaban de pie sobre el mar cristalino; tenían en la mano las cítaras de Dios.

3Y cantan el cántico de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: «Grandes y admirables son tus obras, Señor, Dios omnipotente; justos y verdaderos tus caminos, rey de los pueblos.

4¿Quién no temerá y no dará gloria a tu nombre? Porque vendrán todas las naciones y se postrarán ante ti, porque tú solo eres santo y tus justas sentencias han quedado manifiestas».

5Después de esto miré y se abrió el santuario de la Tienda del Testimonio,

6y salieron del santuario los siete ángeles que llevaban las siete plagas, vestidos de lino puro resplandeciente y ceñidos alrededor del pecho con cinturones de oro.

7Uno de los cuatro vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro llenas de la ira de Dios, que vive por los siglos de los siglos.

8Y el santuario se llenó de humo procedente de la gloria de Dios y de su poder; y nadie podía entrar en el santuario hasta que se consumaran las siete plagas de los siete ángeles.