Lectura 207 de 365
Sabiduría 11-12 · Apocalipsis 14
Sabiduría 11
1Hizo prosperar sus empresas por medio de un santo profeta, Moisés.
2Atravesaron un desierto inhóspito y acamparon en parajes intransitables.
3Hicieron frente a sus enemigos y rechazaron a sus adversarios.
4Tuvieron sed y te invocaron: de una roca escarpada se les dio agua y de una piedra dura remedio para su sed.
5Lo que sirvió de castigo para sus enemigos fue para ellos una ayuda en la necesidad.
6En lugar de la corriente constante de un río, enturbiado por una mezcla de sangre y barro
7—castigo por su decreto infanticida—, les diste agua abundante sin esperarlo,
8mostrándoles por la sed que pasaron, cómo habías castigado a sus adversarios.
9Pues cuando sufrían una prueba, aunque corregidos con amor, comprendían los tormentos de los impíos, juzgados con cólera.
10Porque a unos los probaste como padre que corrige, pero a otros los castigaste como rey severo que condena.
11Los ausentes y los presentes se consumían por igual,
12pues los embargó una doble tristeza y gemían recordando el pasado;
13cuando se enteraban de que sus propios castigos eran en beneficio de los otros, reconocían al Señor.
14Al que antes abandonaron en el agua y rechazaron con burlas, al final de los sucesos lo admiraron, tras sufrir una sed bien distinta de la de los justos.
15Por sus insensatos y malvados pensamientos, que los extraviaban hasta el punto de hacerles rendir culto a reptiles irracionales y viles alimañas, tú les enviaste como castigo una multitud de animales irracionales,
16para que supieran que en el pecado está el castigo.
17Pues bien podía tu mano omnipotente, que había creado el mundo de materia informe, enviar contra ellos manadas de osos o intrépidos leones,
18o bestias enfurecidas, desconocidas y al efecto creadas, que lanzasen resoplidos llameantes, o despidiesen humaredas pestilentes, o echasen chispas terribles por los ojos;
19bestias capaces de aniquilarlos con su asalto, y de exterminarlos con su aspecto estremecedor.
20Y aun sin esto, podían haber sucumbido de un soplo, perseguidos por la justicia, aventados por tu soplo poderoso, pero tú todo lo has dispuesto con peso, número y medida.
21Tú siempre puedes desplegar tu gran poder. ¿Quién puede resistir la fuerza de tu brazo?
22Porque el mundo entero es ante ti como un grano en la balanza, como gota de rocío mañanero sobre la tierra.
23Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan.
24Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si odiaras algo, no lo habrías creado.
25¿Cómo subsistiría algo, si tú no lo quisieras?, o ¿cómo se conservaría, si tú no lo hubieras llamado?
26Pero tú eres indulgente con todas las cosas, porque son tuyas, Señor, amigo de la vida.
Sabiduría 12
1Pues tu soplo incorruptible está en todas ellas.
2Por eso corriges poco a poco a los que caen, los reprendes y les recuerdas su pecado, para que, apartándose del mal, crean en ti, Señor.
3A los antiguos habitantes de tu santa tierra,
4los aborreciste por sus prácticas abominables, actos de magia y ritos sacrílegos.
5A esos crueles asesinos de niños, devoradores de entrañas en banquetes de carne y sangre humanas, a esos iniciados en bacanales,
6padres asesinos de seres indefensos, decidiste eliminarlos por medio de nuestros antepasados,
7para que la tierra que tú más apreciabas acogiera a la digna colonia de los hijos de Dios.
8Pero también con estos, como hombres que eran, fuiste indulgente y les enviaste avispas como avanzadilla de tu ejército, para exterminarlos poco a poco.
9Aunque pudiste entregar a los impíos en manos de los justos en batalla campal, o aniquilarlos de una vez con bestias feroces o con una orden fulminante,
10los castigaste paulatinamente, dándoles ocasión de arrepentirse, aunque sabías que eran de mala cepa, de malicia innata, y que su modo de pensar no cambiaría nunca,
11pues era una raza maldita desde su origen; si les indultaste los pecados, no fue por miedo a nadie.
12Pues, ¿quién puede decirte: «¿Qué has hecho?», o ¿quién se opondrá a tu sentencia?, ¿quién te citará a juicio por haber destruido las naciones que tú has creado?, o ¿quién se alzará contra ti para vengar a los injustos?
13Pues fuera de ti no hay otro Dios que cuide de todo, a quien tengas que demostrar que no juzgas injustamente;
14ni rey ni soberano que pueda desafiarte defendiendo a los que tú has castigado.
15Siendo justo, todo lo gobiernas con justicia y consideras incompatible con tu poder condenar a quien no merece ser castigado.
16Porque tu fuerza es el principio de la justicia y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos.
17Despliegas tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto y confundes la osadía de los que lo conocen.
18Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia, porque haces uso de tu poder cuando quieres.
19Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores.
20Pues, si a los enemigos de tus hijos, reos de muerte, los castigaste con tanta benevolencia e indulgencia, dándoles tiempo y lugar para apartarse de su maldad,
21¿con cuánta consideración no habrás juzgado a tus hijos, con cuyos padres pactaste jurando alianzas de tan buenas promesas?
22Así, pues, para aleccionarnos a nosotros, castigas a nuestros enemigos con moderación, para que al juzgar recordemos tu bondad, y al ser juzgados esperemos misericordia.
23Por eso, a cuantos vivieron insensata y depravadamente, los atormentaste con sus propias abominaciones.
24Se extraviaron muy lejos, teniendo por dioses a los animales más viles y repugnantes, dejándose engañar como niños inconscientes.
25Por eso, como a niños sin juicio, les enviaste un castigo que hacía reír.
26Pero los que no escarmentaron con correcciones irrisorias, iban a experimentar un castigo digno de Dios.
27Al verse atormentados e irritados por aquellos seres que tenían por dioses y ahora eran su castigo, abrieron los ojos y reconocieron como Dios verdadero, al que antes se negaban a reconocer; y por eso les sobrevino el peor de los castigos.
Apocalipsis 14
1Miré y he aquí que el Cordero estaba de pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban grabados en la frente su nombre y el nombre de su Padre.
2Oí también como una voz del cielo, como voz de muchas aguas y como voz de un trueno poderoso; y la voz que escuché era como de citaristas que tañían sus cítaras.
3Y cantan un cántico nuevo delante del trono, delante de los cuatro vivientes y los ancianos. Y nadie podía aprender el cántico sino los ciento cuarenta y cuatro mil, los rescatados de la tierra.
4Estos son los que no se contaminaron con mujeres, porque son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que vaya. Estos fueron rescatados como primicias de los hombres para Dios y el Cordero.
5En su boca no se halló mentira: son intachables.
6Vi otro ángel que volaba por mitad del cielo; llevaba un evangelio eterno para anunciarlo a los habitantes de la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo.
7Decía con voz poderosa: «Temed a Dios y dadle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio; adorad al que hizo el cielo, la tierra, el mar y los manantiales de las aguas».
8Y otro ángel, el segundo, le seguía diciendo: «Cayó, cayó la gran Babilonia, la que ha embriagado a todas las naciones con el vino del furor de su fornicación».
9Y otro ángel, el tercero, les seguía diciendo con gran voz: «El que adore a la bestia y a su imagen y reciba su marca en la frente o en la mano,
10ese beberá del vino del furor de Dios, escanciado sin mezcla en la copa de su ira, y será atormentado con fuego y azufre en presencia de los santos ángeles y del Cordero.
11El humo de su tormento sube por los siglos de los siglos, y no tienen descanso ni de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen y reciben la marca de su nombre».
12¡Aquí se requiere la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús!
13Oí una voz del cielo, que decía: «Escribe: ¡Bienaventurados los muertos, los que mueren en el Señor! Sí —dice el Espíritu—, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan».
14Miré, y apareció una nube blanca; y sentado sobre la nube alguien como un Hijo de hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro y en su mano una hoz afilada.
15Salió otro ángel del santuario clamando con gran voz al que estaba sentado sobre la nube: «Mete tu hoz y siega; ha llegado la hora de la siega, pues ya está seca la mies de la tierra».
16El que estaba sentado encima de la nube metió su hoz sobre la tierra y la tierra quedó segada.
17Otro ángel salió del santuario del cielo, llevando él también una hoz afilada.
18Y del altar salió otro ángel, el que tiene poder sobre el fuego, y gritó con gran voz al que tenía la hoz afilada, diciendo: «Mete tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque los racimos están maduros».
19El ángel metió su hoz en la tierra y vendimió la viña de la tierra y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios.
20Pisotearon el lagar fuera de la ciudad, y salió tanta sangre del lagar, que subió hasta los frenos de los caballos en un radio de mil seiscientos estadios.