Lectura 206 de 365
Sabiduría 9-10 · Apocalipsis 13
Sabiduría 9
1«Dios de los padres y Señor de la misericordia, que con tus palabras hiciste todas las cosas,
2y en tu sabiduría formaste al hombre, para que dominase sobre las criaturas que tú has hecho,
3y para regir el mundo con santidad y justicia, y para administrar justicia con rectitud de corazón.
4Dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos,
5porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, hombre débil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.
6Pues, aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, sin la sabiduría, que procede de ti, será estimado en nada.
7Tú me elegiste como rey de tu pueblo y como juez de tus hijos e hijas.
8Me mandaste construir un templo en tu monte santo y un altar en la ciudad de tu morada, a imitación de la tienda santa que preparaste desde el principio.
9Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras, que te asistió cuando hacías el mundo, y que sabe lo que es grato a tus ojos y lo que es recto según tus preceptos.
10Mándala de tus santos cielos, y de tu trono de gloria envíala, para que me asista en mis trabajos y venga yo a saber lo que te es grato.
11Porque ella conoce y entiende todas las cosas, y me guiará prudentemente en mis obras, y me guardará en su esplendor.
12Así aceptarás mis obras, juzgaré a tu pueblo con justicia y seré digno del trono de mi padre.
13Pues, ¿qué hombre conocerá el designio de Dios?, o ¿quién se imaginará lo que el Señor quiere?
14Los pensamientos de los mortales son frágiles e inseguros nuestros razonamientos,
15porque el cuerpo mortal oprime el alma y esta tienda terrena abruma la mente pensativa.
16Si apenas vislumbramos lo que hay sobre la tierra y con fatiga descubrimos lo que está a nuestro alcance, ¿quién rastreará lo que está en el cielo?,
17¿quién conocerá tus designios, si tú no le das sabiduría y le envías tu santo espíritu desde lo alto?
18Así se enderezaron las sendas de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada y se salvaron por la sabiduría».
Sabiduría 10
1Ella fue quien protegió al padre del mundo, el primer ser humano cuando él era la única criatura; lo levantó de su caída
2y le dio el poder de dominar todo.
3Pero cuando el criminal iracundo, Caín, se apartó de ella, pereció por su saña fratricida.
4Cuando por su culpa se inundó la tierra, de nuevo la salvó la sabiduría, llevando al justo Noé en un simple tablón.
5Cuando la confusión de los pueblos malvados, ella se fijó en el justo Abrahán, lo conservó intachable ante Dios y lo mantuvo firme a pesar del amor hacia su hijo.
6Cuando el exterminio de los impíos, ella salvó al justo Lot, que huía del fuego que caía sobre la Pentápolis;
7testigos de su maldad son aún: una tierra desolada y humeante y unas plantas con frutos malogrados; y una estatua de sal que se yergue como monumento al alma incrédula.
8Por abandonar el camino de la sabiduría, sufrieron la desgracia de ignorar el bien y legaron a la historia un recuerdo de su insensatez, para que sus faltas no quedaran ocultas.
9La sabiduría, sin embargo, sacó de apuros a sus servidores.
10Al justo Jacob que huía de la ira de su hermano lo guio por caminos rectos, le mostró el reino de Dios y le dio a conocer las cosas santas; le dio prosperidad en sus trabajos y multiplicó el fruto de sus esfuerzos;
11lo asistió contra la avaricia de sus opresores y lo colmó de riquezas;
12lo defendió de sus enemigos, y lo protegió de los que lo acechaban; y, tras duro combate, le concedió la victoria, para que supiera que la piedad es más fuerte que todo.
13Ella no desamparó al justo vendido, José, sino que lo libró de caer en pecado;
14bajó con él a la cisterna y no lo abandonó entre las cadenas, hasta entregarle el cetro real y el poder sobre sus tiranos; demostró la falsedad de sus calumniadores y le concedió una gloria eterna.
15Ella fue quien libró al pueblo santo, a la raza irreprochable de la nación opresora.
16Entró en el alma de un siervo del Señor, Moisés, e hizo frente a reyes temibles con prodigios y señales.
17Dio a los fieles la recompensa por sus trabajos, los condujo por un camino maravilloso, fue para ellos sombra durante el día y resplandor de estrellas por la noche.
18Les abrió paso a través del mar Rojo y los condujo a través de aguas caudalosas;
19sumergió a sus enemigos y luego los sacó a flote desde lo hondo del abismo.
20Por eso los justos despojaron a los impíos, cantaron himnos, Señor, a tu santo nombre y celebraron a coro tu mano vencedora,
21porque la sabiduría abrió la boca de los mudos y soltó la lengua de los niños.
Apocalipsis 13
1Vi una bestia que salía del mar; tenía diez cuernos y siete cabezas, llevaba en los cuernos diez diademas y en las cabezas un nombre blasfemo.
2La bestia que vi era semejante a una pantera con patas de oso y fauces de león. El dragón le dio su poder, su trono y gran autoridad.
3Y vi que una de sus cabezas estaba como herida de muerte, pero su herida mortal se había curado. Todo el mundo, admirado, seguía a la bestia;
4y adoraron al dragón por haber dado su autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: «¿Quién como la bestia?, ¿quién puede combatir con ella?».
5Y se le dio una boca grandilocuente y blasfema y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses.
6Abrió su boca para blasfemar contra Dios, para blasfemar contra su nombre y contra su morada y contra los que habitan en el cielo.
7Y se le dio combatir contra los santos y vencerlos, y se le dio autoridad sobre toda raza, pueblo, lengua y nación.
8Lo adorarán todos los habitantes de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero degollado, desde la creación del mundo.
9Quien tenga oídos, que oiga:
10El que está destinado al cautiverio, al cautiverio va. El que mata a espada, a espada tiene que morir. ¡Aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos!
11Vi otra bestia que salía de la tierra; tenía dos cuernos de cordero, pero hablaba como un dragón,
12y ejerce toda la autoridad de la primera bestia, en su presencia; y hace que la tierra y todos sus habitantes adoren a la primera bestia, cuya llaga mortal había sido curada.
13Y realiza grandes signos, incluso hace bajar fuego del cielo a la tierra, en presencia de los hombres.
14Y engaña a los habitantes de la tierra mediante los signos que se le concedió realizar en presencia de la bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hiciesen una imagen de la bestia que tenía la herida de espada, pero que ha sobrevivido.
15Se le concedió infundir espíritu a la imagen de la bestia, de modo que la imagen de la bestia pudiera hablar e hiciera morir a cuantos no adorasen la imagen de la bestia.
16Y hace que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente,
17de modo que nadie pueda comprar ni vender si no tiene la marca o el nombre de la bestia.
18Aquí se requiere sabiduría. El que tenga inteligencia, cuente la cifra de la bestia, pues es cifra humana. Y su cifra es seiscientos sesenta y seis.