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Lectura 204 de 365

Sabiduría 5-6 · Apocalipsis 11

Letra: Normal

Sabiduría 5

1Entonces el justo estará en pie con gran aplomo delante de los que lo afligieron y despreciaron sus trabajos.

2Al verlo, se estremecerán de miedo, estupefactos ante su inesperada salvación.

3Arrepentidos y gimiendo de angustia se dirán:

4«Este es aquel de quien antes nos reíamos y a quien, nosotros insensatos, insultábamos. Su vida nos parecía una locura y su muerte, una ignominia.

5¿Cómo ahora es contado entre los hijos de Dios y comparte la suerte de los santos?

6Sí, nosotros nos desviamos del camino de la verdad, la luz de la justicia no nos alumbró y el sol no salió para nosotros.

7Nos fatigamos por sendas de maldad y perdición, atravesamos desiertos intransitables, pero no reconocimos el camino del Señor.

8¿De qué nos ha servido nuestro orgullo? ¿Qué hemos sacado presumiendo de ricos?

9Todo aquello pasó como una sombra, como noticia que corre veloz,

10como nave que surca las aguas agitadas, sin dejar rastro de su travesía, ni estela de su quilla en las olas.

11O como pájaro que corta el aire sin dejar rastro de su paso; con un aleteo azota el aire ligero, lo corta con agudo silbido, se abre camino batiendo las alas y al final no queda rastro de su paso.

12O como flecha disparada al blanco, cuya herida en el aire se cierra al instante, siendo imposible conocer su trayectoria.

13Igual nosotros: nacimos y nos eclipsamos sin dejar ni una señal de virtud que poder mostrar, nos consumimos en nuestra maldad».

14Sí, la esperanza del impío es brizna que arrebata el viento, espuma ligera que arrastra el vendaval, humo que el viento disipa, recuerdo fugaz del huésped de un día.

15Los justos, en cambio, viven eternamente, encuentran su recompensa en el Señor y el Altísimo cuida de ellos.

16Por eso recibirán de manos del Señor la magnífica corona real y la hermosa diadema, pues con su diestra los protegerá y con su brazo los escudará.

17Tomará la armadura de su celo y armará a la creación para vengarse de sus enemigos.

18Vestirá la coraza de la justicia, se pondrá como yelmo un juicio sincero;

19tomará por escudo su santidad invencible,

20afilará como espada su ira inexorable y el universo peleará a su lado contra los necios.

21Certeras parten ráfagas de rayos; desde las nubes como arco bien tenso, vuelan hacia el blanco.

22Una catapulta lanzará un furioso pedrisco; las aguas del mar se embravecerán contra ellos, los ríos los anegarán sin piedad.

23Se levantará contra ellos un viento impetuoso que los aventará como huracán. Así la iniquidad asolará toda la tierra y la maldad derrocará los tronos de los poderosos.

Sabiduría 6

1Escuchad, reyes, y entended; aprended, gobernantes de los confines de la tierra.

2Prestad atención, los que domináis multitudes y os sentís orgullosos de tener muchos súbditos:

3el poder os viene del Señor y la soberanía del Altísimo. Él examinará vuestras acciones y sondeará vuestras intenciones.

4Porque, siendo ministros de su reino, no gobernasteis rectamente, ni guardasteis la ley, ni actuasteis según la voluntad de Dios.

5Terrible y repentino caerá sobre vosotros, porque un juicio implacable espera a los grandes.

6Al más pequeño se le perdona por piedad, pero los poderosos serán examinados con rigor.

7El Dios de todo no teme a nadie, ni lo intimida la grandeza, pues él hizo al pequeño y al grande y de todos cuida por igual,

8pero a los poderosos les espera un control riguroso.

9A vosotros, soberanos, dirijo mis palabras, para que aprendáis sabiduría y no pequéis.

10Los que cumplen santamente las leyes divinas serán santificados, y los que se instruyen en ellas encontrarán en ellas su defensa.

11Así, pues, desead mis palabras; anheladlas y recibiréis instrucción.

12Radiante e inmarcesible es la sabiduría, la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran.

13Se adelanta en manifestarse a los que la desean.

14Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a su puerta.

15Meditar sobre ella es prudencia consumada y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.

16Pues ella misma va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella; los aborda benigna por los caminos y les sale al encuentro en cada pensamiento.

17Su verdadero comienzo es el deseo de instrucción, el afán de instrucción es amor,

18el amor es la observancia de sus leyes, el respeto de las leyes es garantía de inmortalidad

19y la inmortalidad acerca a Dios;

20por tanto, el deseo de la sabiduría conduce al reino.

21Así que, si queréis tronos y cetros, soberanos de las naciones, honrad a la sabiduría y reinaréis eternamente.

22Os explicaré qué es la sabiduría y cuál su origen, sin ocultaros ningún secreto, sino que la rastrearé desde su origen, esclareciendo lo que se conoce de ella, sin pasar por alto la verdad.

23No haré camino con la envidia corrosiva, pues nada tiene que ver con la sabiduría.

24Abundancia de sabios salva el mundo, y un rey sensato da bienestar al pueblo.

25Así pues, dejaos instruir por mis palabras y sacaréis provecho.

Apocalipsis 11

1Y se me dio una caña en forma de vara, diciendo: Levántate y mide el santuario de Dios y el altar, y a los que están adorando en él.

2Pero el atrio exterior del santuario déjalo fuera y no lo midas, porque ha sido dado a los gentiles, y pisotearán la ciudad santa durante cuarenta y dos meses.

3Y haré que mis dos testigos profeticen durante mil doscientos sesenta días, vestidos de sayal.

4Estos son los dos olivos y los dos candelabros que están ante el Señor de la tierra.

5Y si alguien quiere hacerles daño, sale un fuego de su boca y devora a sus enemigos; y si alguien quisiera hacerles daño, es necesario que muera de esa manera.

6Estos tienen el poder de cerrar el cielo, para que no caiga lluvia durante los días de su profecía, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plagas siempre que quieran.

7Y cuando hayan terminado su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará la guerra y los vencerá y los matará.

8Y sus cadáveres yacerán en la plaza de la gran ciudad, que se llama espiritualmente Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado.

9Y gentes de los pueblos, tribus, lenguas y naciones contemplan sus cadáveres durante tres días y medio y no permiten que sus cadáveres sean puestos en un sepulcro.

10Y los habitantes de la tierra se alegran por ellos y se regocijan y se enviarán regalos unos a otros, porque los dos profetas fueron un tormento para los habitantes de la tierra.

11Y después de tres días y medio, un espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos, y se pusieron de pie, y un gran temor cayó sobre quienes los contemplaban.

12Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía: «Subid aquí». Y subieron al cielo en una nube, y sus enemigos se quedaron mirándolos.

13Y en aquel momento sobrevino un gran terremoto y la décima parte de la ciudad se derrumbó y siete mil personas murieron por el terremoto y los supervivientes quedaron aterrorizados y dieron gloria al Dios del cielo.

14El segundo ay ha pasado; mira que el tercero va a llegar pronto.

15Y el séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo: «¡El reino del mundo ha pasado a nuestro Señor y a su Cristo, y reinará por los siglos de los siglos!».

16Y los veinticuatro ancianos que están sentados delante de Dios cayeron rostro a tierra y adoraron a Dios,

17diciendo: «Gracias te damos, Señor Dios omnipotente, el que eres y el que eras, porque has asumido tu gran poder para establecer tu reinado.

18Se encolerizaron las gentes, llegó tu cólera, y el tiempo de que sean juzgados los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos y a los que temen tu nombre, y a los pequeños y a los grandes, y de arruinar a los que arruinaron la tierra».

19Se abrió en el cielo el santuario de Dios, y apareció en su santuario el arca de su alianza, y hubo relámpagos y voces y truenos y una fuerte granizada.