Lectura 203 de 365
Sabiduría 3-4 · Apocalipsis 10
Sabiduría 3
1En cambio, la vida de los justos está en manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará.
2Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia,
3y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz.
4Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad.
5Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de él.
6Los probó como oro en el crisol y los aceptó como sacrificio de holocausto.
7En el día del juicio resplandecerán y se propagarán como chispas en un rastrojo.
8Gobernarán naciones, someterán pueblos y el Señor reinará sobre ellos eternamente.
9Los que confían en él comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque la gracia y la misericordia son para sus devotos y la protección para sus elegidos.
10Los impíos, en cambio, serán castigados por sus pensamientos, pues despreciaron al justo y se apartaron del Señor.
11Desgraciado el que desdeña la sabiduría y la instrucción; vana es su esperanza, baldíos sus esfuerzos e inútiles sus obras.
12Sus mujeres son necias, depravados sus hijos y maldita su posteridad.
13Dichosa la estéril intachable, cuyo lecho no conoció la infidelidad: obtendrá su fruto el día del juicio.
14Dichoso también el eunuco en cuyas manos no hay pecado, ni tuvo malos pensamientos contra el Señor: por su fidelidad recibirá un favor especial y una herencia envidiable en el templo del Señor.
15Porque el fruto del buen trabajo es glorioso y la raíz de la prudencia es imperecedera.
16En cambio, los hijos de los adúlteros no llegarán a la madurez, y la prole nacida de unión ilegítima desaparecerá.
17Aunque vivan largos años, nadie los tendrá en cuenta, y al final su vejez será deshonrosa.
18Si mueren pronto, no tendrán esperanza, ni consuelo en el día del juicio,
19pues la raza de los malvados acaba mal.
Sabiduría 4
1Más vale no tener hijos y ser virtuoso, porque el recuerdo de la virtud es inmortal: la reconocen Dios y los hombres.
2Cuando está presente, la imitan, cuando está ausente, la añoran; y en la eternidad triunfa y se ciñe la corona, vencedora en la lucha por trofeos incorruptibles.
3En cambio, la numerosa prole de los impíos no prosperará: nacida de retoños bastardos, no echará raíces profundas, ni se consolidará sobre una base firme.
4Aunque por algún tiempo reverdezcan sus ramas, al estar mal arraigada, será sacudida por el viento y descuajada por la furia del huracán.
5Se troncharán sus brotes aún tiernos, y sus frutos serán inservibles: verdes para comerlos, para nada se aprovecharán.
6Pues los hijos nacidos de uniones ilegítimas en el juicio testificarán la maldad de sus padres.
7El justo, aunque muera prematuramente, tendrá descanso.
8Una vejez venerable no son los muchos días, ni se mide por el número de años,
9pues las canas del hombre son la prudencia y la edad avanzada, una vida intachable.
10Agradó a Dios y Dios lo amó, vivía entre pecadores y Dios se lo llevó.
11Lo arrebató para que la maldad no pervirtiera su inteligencia, ni la perfidia sedujera su alma.
12Pues la fascinación del mal oscurece el bien y el vértigo de la pasión pervierte una mente sin malicia.
13Maduró en poco tiempo, cumplió muchos años.
14Como su vida era grata a Dios, se apresuró a sacarlo de la maldad. La gente lo ve y no lo comprende, ni les cabe esto en la cabeza:
15la gracia y la misericordia son para sus elegidos y la protección para sus devotos.
16El justo difunto condena a los impíos aún vivos: juventud madura en poco tiempo, afrenta para la longevidad del perverso.
17La gente ve la muerte del sabio, pero no comprende los designios divinos sobre él, ni por qué lo pone a salvo el Señor.
18Lo ven y lo desprecian, pero el Señor se ríe de ellos.
19Bien pronto serán cadáveres sin honra, oprobio para siempre entre los muertos. Pues el Señor los precipitará de cabeza, sin dejarles rechistar, los sacudirá de sus cimientos y quedarán totalmente asolados; vivirán sumidos en el dolor y su recuerdo se perderá.
20Al rendir cuenta de sus pecados, comparecerán asustados y sus delitos se levantarán contra ellos para acusarlos.
Apocalipsis 10
1Y vi otro ángel poderoso que descendía del cielo envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; su rostro era como el sol y sus piernas como columnas de fuego.
2Tenía en la mano un librito abierto. Puso el pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra;
3y gritó con voz potente como ruge el león. Y cuando gritó, los siete truenos hablaron con sus voces.
4Y cuando hablaron los siete truenos, iba yo a escribir, pero oí una voz del cielo que decía: «Sella lo que han dicho los siete truenos, y no lo escribas».
5El ángel que había visto de pie sobre el mar y sobre la tierra levantó la mano derecha al cielo
6y juró por el que vive por los siglos de los siglos, el que creó el cielo y cuanto contiene, la tierra y cuanto contiene, el mar y cuanto contiene: «Se ha terminado el tiempo;
7cuando el séptimo ángel empuñe su trompeta y dé su toque, entonces, en esos días, se habrá cumplido el misterio de Dios, según la buena nueva que había anunciado a sus siervos los profetas».
8Y la voz del cielo que había escuchado se puso a hablarme de nuevo diciendo: «Ve a tomar el librito abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y la tierra».
9Me acerqué al ángel y le pedí que me diera el librito. Él me dice: «Toma y devóralo; te amargará en el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel».
10Tomé el librito de mano del ángel y lo devoré; en mi boca sabía dulce como la miel, pero, cuando lo comí, mi vientre se llenó de amargor.
11Y me dicen: «Es preciso que profetices de nuevo sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos».