Lectura 201 de 365
Cantar de los Cantares 7-8 · Apocalipsis 8
Cantar de los Cantares 7
1¡Gira, gira, Sulamita! ¡Gira y gira, que te contemplemos! ¿Qué contempláis en la Sulamita, que danza entre dos coros?
2¡Qué bellos son tus pies con sandalias, hija de príncipe! La juntura de tus caderas es un collar, obra artesana de orfebre;
3tu ombligo, un ánfora redonda, ¡que nunca le falte el vino mezclado!; tu seno, un montoncito de trigo, un recinto de rosas;
4tus dos pechos, dos crías mellizas de gacela;
5tu cuello, como torre de marfil; tus ojos, las piscinas de Jesbón, junto a las puertas de Batrabín; tu nariz, como la torre del Líbano, que mira hacia Damasco;
6tu cabeza sobre ti, como el Carmelo, y tu melena, como púrpura regia, se recoge en el cintero.
7¡Cuán bello y dulce es amor en las delicias!
8Se asemeja tu talle a una palmera y tus pechos a racimos.
9Me dije: «Treparé a la palmera, cosecharé sus dátiles». Son tus pechos racimos de uvas; tu aliento, aroma de manzanas,
10y tu paladar, un vino exquisito que entra fácilmente, que se desliza suavemente entre mis labios.
11Yo soy de mi amado, y él me busca con pasión.
12Ven, amado mío, salgamos al campo; pernoctemos entre los cipreses;
13amanezcamos entre las viñas; veremos si las vides han brotado, si se abren las yemas, si florecen los granados; allí te daré mis amores.
14Las mandrágoras exhalan su fragancia, nuestra puerta rebosa de frutos: los nuevos y los antiguos, amado mío, los he reservado para ti.
Cantar de los Cantares 8
1¡Oh, si fueras mi hermano, amamantado a los pechos de mi madre! Al encontrarte en la calle, te besaría sin que nadie me despreciara.
2Te llevaría, te metería en la casa de mi madre, allí me enseñarías. Te daría a beber vino aromado, el licor de mis granadas.
3Su izquierda bajo mi cabeza, y su diestra me abraza.
4Os conjuro, muchachas de Jerusalén: que no despertéis ni desveléis a la amada hasta que ella quiera.
5¿Quién es esta que sube del desierto, apoyada en su amado? —Te desperté bajo el manzano, allí donde te concibió tu madre, donde tu progenitora te dio a luz.
6Grábame como sello en tu corazón, grábame como sello en tu brazo, porque es fuerte el amor como la muerte, es cruel la pasión como el abismo; sus dardos son dardos de fuego, llamaradas divinas.
7Las aguas caudalosas no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos. Quien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, sería sumamente despreciable.
8Tenemos una hermanita, sin pechos todavía. ¿Qué haremos con nuestra hermanita cuando sea pedida?
9Si ella es una muralla, la coronaremos con almenas de plata; si es una puerta, la reforzaremos con tablones de cedro.
10Yo soy una muralla, y mis pechos, como torres; pero a sus ojos soy embajadora de paz.
11Salomón tenía una viña en Betleamón; arrendó la viña a los guardas, y cada uno le entregaba por sus frutos mil siclos de plata.
12Mi propia viña es para mí, los mil siclos para ti, Salomón, y doscientos para los guardas.
13¡Mujer que yaces en el jardín, —los compañeros están al acecho—, permíteme escuchar tu voz!
14«Entra, amado mío, sé como un gamo, o un cervatillo, sobre las colinas de las balsameras».
Apocalipsis 8
1Y cuando abrió el séptimo sello se hizo en el cielo silencio como de media hora.
2Y vi a los siete ángeles que están de pie delante de Dios; y les dieron siete trompetas.
3Y vino otro ángel y se puso de pie junto al altar con un incensario de oro, y le fueron dados muchos perfumes, para que los añadiese a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que está delante del trono.
4Y subió el humo de los perfumes con las oraciones de los santos de mano del ángel a la presencia de Dios.
5El ángel tomó el incensario, lo llenó del fuego del altar y lo arrojó a la tierra: hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto.
6Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se prepararon para tocar.
7Y el primero tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, y fueron arrojados a la tierra. Una tercera parte de la tierra se abrasó, una tercera parte de los árboles se abrasó y toda la hierba verde se abrasó.
8Y el segundo ángel tocó la trompeta; algo así como una montaña enorme, ardiendo en fuego, fue arrojada al mar: y la tercera parte del mar se convirtió en sangre,
9la tercera parte de los seres que viven en el mar murió y la tercera parte de las naves fue destruida.
10Y el tercer ángel tocó la trompeta; y cayó del cielo una estrella gigantesca, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre los manantiales de las aguas.
11El nombre de la estrella es Ajenjo: la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y mucha gente murió por las aguas, porque se habían vuelto amargas.
12Y el cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida una tercera parte del sol, una tercera parte de la luna y una tercera parte de las estrellas, de modo que se oscureció la tercera parte de ellos y el día perdió una tercera parte de su luz, y lo mismo la noche.
13Miré: y oí un águila que volaba por mitad del cielo, y decía con gran voz: «¡Ay, ay, ay de los habitantes de la tierra por los toques de trompeta que faltan, por los tres ángeles que están a punto de tocar!».