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Lectura 200 de 365

Cantar de los Cantares 5-6 · Apocalipsis 7

Letra: Normal

Cantar de los Cantares 5

1He entrado en mi jardín, hermana mía, esposa; he recogido mi mirra y mi bálsamo, he comido mi néctar con mi miel, he bebido mi vino con mi leche. ¡Comed, amigos, bebed, embriagaos de amores!

2Yo dormía, pero mi corazón velaba. ¡Un rumor…! Mi amado llama: «Ábreme, hermana mía, amada mía, mi paloma sin tacha; que mi cabeza está cubierta de rocío, mis rizos del relente de la noche».

3Me he quitado la túnica, ¿cómo vestirme otra vez?; me he lavado los pies, ¿cómo mancharlos de nuevo?

4Mi amado introdujo su mano por el postigo, y mis entrañas se estremecieron por él.

5Me levanté para abrir a mi amado, y mis manos destilaban mirra; mis dedos goteaban mirra, en el pestillo de la cerradura.

6Abrí yo misma a mi amado, pero mi amado ya se había marchado. ¡El alma se me fue tras él! Lo busqué y no lo encontré, lo llamé y no me respondió.

7Me encontraron los centinelas, que hacen la ronda por la ciudad; me golpearon, me hirieron, me desgarraron el velo los centinelas de las murallas.

8Os conjuro, muchachas de Jerusalén, si encontráis a mi amado, ¿qué habéis de decirle? Que he sido herida de amor.

9¿Qué tiene de particular tu amado, tú, la más bella de las mujeres? ¿Qué tiene de particular tu amado, para que así nos conjures?

10Mi amado es radiante y bermejo, egregio entre millares.

11Su cabeza es oro finísimo; sus rizos, colinas ondulantes, son negros como el cuervo.

12Sus ojos, cual palomas a la vera de las aguas: se bañan en leche, se posan en la orilla.

13Sus mejillas, plantel de balsameras, semillero de plantas aromáticas. Sus labios rosáceos destilan mirra líquida.

14Sus manos, cofres de oro, llenos de gemas. Su vientre, disco de marfil, cubierto de zafiros.

15Sus piernas, columnas de alabastro, asentadas en basas de oro. Su porte, como el Líbano, esbelto como los cedros.

16Su talle es delicioso, todo él es codiciable. Así es mi amado, así es mi amigo, muchachas de Jerusalén.

Cantar de los Cantares 6

1¿Adónde se fue tu amado, tú, la más bella de las mujeres? ¿Adónde se encaminó tu amado, para que lo busquemos contigo?

2Mi amado ha bajado a su jardín, al plantel de balsameras, a deleitarse en el jardín, a recoger sus rosas.

3Yo soy para mi amado y mi amado es para mí. ¡Se deleita entre las rosas!

4Eres bella, amada mía, como Tirsá, fascinante como Jerusalén, imponente como un batallón.

5Aparta de mí tus ojos, que me turban. Tus cabellos, como un rebaño de cabras que trisca por la sierra de Galaad.

6Tus dientes, cual hato de ovejas que suben del baño; todas ellas gemelas, ninguna solitaria.

7Dos cortes de granada tus mejillas, tras el velo.

8Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas e innumerables las doncellas,

9pero única es mi paloma hermosísima, única es para su madre, predilecta de aquella que la engendró. Las doncellas la felicitan al verla, las reinas y las concubinas la elogian.

10«¿Quién es esta que despunta como el alba, hermosa como la luna, refulgente como el sol, imponente como un batallón?».

11Había bajado al nogueral, a contemplar la floración del valle, a ver si las vides habían brotado, a ver si florecían los granados.

12¡Sin que yo me diera cuenta, me raptó; me puso en los carros de Aminadab!

Apocalipsis 7

1Después de esto vi cuatro ángeles de pie sobre los cuatro ángulos de la tierra que sujetaban a los cuatro vientos de la tierra para que ningún viento soplase sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre ningún árbol.

2Vi después a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar,

3diciéndoles: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que sellemos en la frente a los siervos de nuestro Dios».

4Oí también el número de los sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.

5De la tribu de Judá, doce mil sellados; de la tribu de Rubén, doce mil; de la tribu de Gad, doce mil;

6de la tribu de Aser, doce mil; de la tribu de Neftalí, doce mil; de la tribu de Manasés, doce mil;

7de la tribu de Simeón, doce mil; de la tribu de Leví, doce mil; de la tribu de Isacar, doce mil;

8de la tribu de Zabulón, doce mil; de la tribu de José, doce mil; de la tribu de Benjamín, doce mil sellados.

9Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.

10Y gritan con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».

11Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios,

12diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».

13Y uno de los ancianos me dijo: «Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?».

14Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás». Él me respondió: «Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.

15Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos.

16Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno.

17Porque el Cordero que está delante del trono los apacentará y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos».