Lectura 199 de 365
Cantar de los Cantares 3-4 · Apocalipsis 6
Cantar de los Cantares 3
1En mi lecho, por la noche, buscaba al amor de mi alma; lo buscaba, y no lo encontraba.
2«Me levantaré y rondaré por la ciudad, por las calles y las plazas, buscaré al amor de mi alma». Lo busqué y no lo encontré.
3Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad. —«¿Habéis visto al amor de mi alma?».
4En cuanto los hube pasado, encontré al amor de mi alma. Lo abracé y no lo solté, hasta meterlo en mi casa materna, en la alcoba de la que me concibió.
5Os conjuro, muchachas de Jerusalén, por las gacelas y las ciervas del campo, que no despertéis ni desveléis a la amada hasta que ella quiera.
6¿Quién es esta que sube del desierto, como columna de humo, perfumada con mirra y olíbano, con tantos aromas exóticos?
7¡Mira: la litera de la Sulamita! Sesenta valientes la escoltan, de los más valientes de Israel.
8Todos ellos empuñan la espada, son adiestrados guerreros: cada uno con la espada al flanco, contra las emboscadas nocturnas.
9El rey Salomón se ha hecho un palanquín con maderas del Líbano:
10hizo de plata sus columnas, de oro su respaldo, de púrpura su asiento; recamado de marfil en su interior.
11Muchachas de Jerusalén, salid; contemplad, muchachas de Sión, al rey Salomón con la corona que le ciñó su madre, el día de su boda, día de fiesta en su corazón.
Cantar de los Cantares 4
1Qué bella eres, amada mía, qué bella eres! ¡Palomas son tus ojos tras el velo! Tus cabellos, como un rebaño de cabras que trisca por la sierra de Galaad.
2Tus dientes, cual hato de ovejas trasquiladas, que suben del baño; todas ellas gemelas; ninguna solitaria.
3Cinta escarlata tus labios, y tu habla, fascinante. Dos cortes de granada tus mejillas tras el velo.
4Tu cuello, cual torre de David, edificada con sillares: mil escudos penden de ella, los paveses de los valientes.
5Tus dos pechos, dos crías mellizas de gacela que pacen entre rosas.
6Hasta que surja el día, y huyan las tinieblas, iré al monte de la mirra, a la colina del incienso.
7¡Toda bella eres, amada mía, no hay defecto en ti!
8¡Ven del Líbano, esposa, ven del Líbano, acércate! ¡Desciende de la cumbre del Amaná, de las cumbres del Senir y del Hermón, de las guaridas de leones, de los montes de leopardos!
9Me has robado el corazón, hermana mía, esposa; me has robado el corazón con una sola mirada tuya, con una vuelta de tus collares.
10¡Cuán bellos son tus amores, hermana mía, esposa! ¡Tus amores son más dulces que el vino! ¡más exquisito que el bálsamo el olor de tus perfumes!
11Néctar destilan tus labios, esposa mía, miel y leche bajo tu lengua; la fragancia de tus vestidos, cual fragancia del Líbano.
12Eres huerto cerrado, hermana mía, esposa; manantial cerrado, fuente sellada.
13Es tu seno paraíso de granados, con frutos exquisitos: alheña con nardos,
14nardo y azafrán, canela y cinamomo, con los árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores ungüentos.
15¡Fuente de los jardines, manantial de aguas vivas, que fluyen del Líbano!
16Despierta, cierzo; acércate, ábrego; soplad en mi jardín, que exhale sus aromas. Entre mi amado en su jardín y coma sus frutos exquisitos.
Apocalipsis 6
1Y cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, miré y oí a uno de los vivientes que decía con voz de trueno: «Ven».
2Y vi un caballo blanco; el jinete tenía un arco, se le dio una corona y salió como vencedor y para vencer otra vez.
3Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo viviente que decía: «Ven».
4Salió otro caballo, rojo, y al jinete se le dio poder para quitar la paz de la tierra y hacer que los hombres se degüellen unos a otros; se le dio también una gran espada.
5Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer viviente que decía: «Ven». Y vi un caballo negro; el jinete tenía en la mano una balanza.
6Y oí como una voz en medio de los cuatro vivientes que decía: «Una medida de trigo, un denario; tres medidas de cebada, un denario; al aceite y al vino no los dañes».
7Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto viviente que decía: «Ven».
8Y vi un caballo amarillento; el jinete se llamaba Muerte, y el Abismo lo seguía. Se les dio potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, hambre, epidemias y con las fieras salvajes.
9Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantenían.
10Y gritaban con voz potente: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin vengar nuestra sangre de los habitantes de la tierra?».
11A cada uno de ellos se le dio una túnica blanca, y se les dijo que tuvieran paciencia todavía un poco, hasta que se completase el número de sus compañeros y hermanos que iban a ser martirizados igual que ellos.
12Vi cuando abrió el sexto sello: se produjo un gran terremoto, el sol se puso negro como un sayal de pelo, la luna entera se tiñó de sangre,
13y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como caen los higos de una higuera cuando la sacude un huracán.
14Desapareció el cielo como un libro que se enrolla, y montes e islas se desplazaron de su lugar.
15Los reyes de la tierra, los magnates, los generales, los ricos, los poderosos y todos, esclavos y libres, se escondieron en las cuevas y entre las rocas.
16Y decían a los montes y a las rocas: «Caed sobre nosotros y ocultadnos de la vista del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero,
17porque ha llegado el gran Día de su ira, y ¿quién podrá mantenerse en pie?».