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Lectura 195 de 365

Eclesiastés 7-8 · Apocalipsis 2

Letra: Normal

Eclesiastés 7

1Más vale buena fama que buen perfume, y el día de la muerte que el del nacimiento.

2Más vale ir a la casa en duelo que frecuentar la casa en fiestas, pues en eso acaba todo hombre; y el que esté vivo que piense en ello.

3Más vale sufrir que reír: pues detrás de una cara triste puede haber un corazón feliz.

4El sabio piensa en la casa en duelo, el necio piensa en la casa en fiesta.

5Más vale reprensión de sabio que escuchar copla de necio,

6pues crepitar de zarzas bajo la olla es el jolgorio de los necios. Y también esto es vanidad.

7Las presiones perturban al sabio, y el soborno le quita el juicio.

8Más vale el fin de un asunto que el principio, más vale espíritu paciente que arrogancia.

9No te dejes arrebatar por la cólera, pues se aloja en el pecho del necio.

10No preguntes: «¿Por qué el pasado resulta mejor que el presente?». Eso no lo pregunta un sabio.

11La sabiduría es buena como una herencia, y provechosa para aquellos que viven.

12A la sombra de la sabiduría, como a la sombra del dinero; pero aventaja la sabiduría, porque da vida a su dueño.

13Observa la obra de Dios: ¿quién podrá enderezar lo que él ha torcido?

14En tiempo de prosperidad disfruta, en tiempo de adversidad reflexiona: Dios ha creado estos dos contrarios para que el hombre no pueda averiguar su porvenir.

15De todo he visto en mi vana existencia: gente honrada que fracasa por su honradez, gente malvada que prospera por su maldad.

16No exageres tu honradez ni apures tu sabiduría. ¿Para qué matarte?

17No exageres tu maldad ni seas un necio. ¿Para qué morir antes de hora?

18Lo bueno es agarrar lo uno y no soltar lo otro, porque el que teme a Dios de todo sale bien parado.

19La sabiduría hace al sabio más fuerte que diez jefes en una ciudad.

20No hay nadie tan honrado en el mundo que haga el bien sin nunca haber pecado.

21No hagas caso de todo lo que se dice: así no oirás a tu siervo maldecirte,

22pues sabes muy bien que tú mismo has maldecido a otros muchas veces.

23Todo esto lo he examinado con método, pensando llegar a sabio, pero me quedé muy lejos.

24Lo que existe es remoto y muy oscuro. ¿Quién puede averiguarlo?

25Me puse a indagar a fondo, buscando sabiduría y recta valoración, procurando conocer cuál es la peor necedad, la necedad más absurda,

26y descubrí que es más amarga que la muerte la mujer cuyos pensamientos son redes y lazos, y sus brazos, cadenas. El que agrada a Dios se librará de ella; el pecador quedará atrapado.

27Mira lo que he averiguado —dice Qohélet— cuando me puse a analizar caso por caso, tratando en vano de hallar una respuesta:

28si entre mil encontré solo un hombre, entre todas esas no encontré una mujer.

29Mira lo único que averigüé: Dios hizo a los humanos equilibrados, pero ellos se buscaron preocupaciones sin cuento.

Eclesiastés 8

1¿Quién puede ser sabio? ¿Quién sabe el significado de un asunto? La sabiduría ilumina el rostro del hombre y cambia la dureza del semblante.

2Cumple el mandato del rey, a causa del juramento hecho a Dios.

3No te apresures a abandonar su presencia; no te obstines en asuntos que le desagradan, pues puede hacer cuanto desee.

4La palabra del rey es poderosa: ¿quién puede decirle «qué estás haciendo»?

5El que cumple los mandatos no sufrirá nada malo. El sabio atina con el momento y el método,

6pues cada asunto tiene su momento y su método. El hombre está expuesto a muchos males,

7porque no sabe lo que va a suceder, ¿y quién le informará de lo que va a pasar?

8El hombre no es dueño de su aliento vital ni puede retenerlo; tampoco es dueño del día de la muerte ni puede librarse del combate. Ni la maldad librará a quien la practique.

9Todo esto lo he observado fijándome en todo lo que sucede bajo el sol, cuando una persona domina a otra para su mal.

10También he observado lo siguiente: sepultan a los malvados y la gente, al volver del lugar santo, se olvida en la ciudad de cómo habían obrado.

11También esto es vanidad: como la sentencia dictada contra un delito no se ejecuta enseguida, el corazón humano está dispuesto a hacer el mal.

12El pecador obra cien veces mal y tiene una larga vida, aunque ya conozco eso de que: «Le irá bien al que tema a Dios, precisamente porque lo teme»,

13y aquello otro: «No le irá bien al malvado, ni alargará su vida como sombra, por no temer a Dios».

14Y en la tierra se manifiesta otra vanidad: hay honrados tratados según la conducta de los malvados, y malvados tratados según la conducta de los honrados. También esto lo considero vanidad.

15Por eso alabo la alegría, porque el único bien del hombre bajo el sol es comer y beber y disfrutar; eso le quedará de sus fatigas durante los días de vida que Dios le conceda vivir bajo el sol.

16Me dediqué a conseguir sabiduría observando todas las tareas que se realizan en la tierra: los ojos del hombre no concilian el sueño ni de día ni de noche.

17También pude observar todas las obras de Dios: el hombre no puede descubrir el sentido de cuanto se hace bajo el sol. Por más que el hombre se fatigue buscando, no lo descubrirá; y aunque el sabio pretenda saberlo, nunca podrá descubrirlo.

Apocalipsis 2

1Escribe al ángel de la Iglesia en Éfeso: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su derecha, el que camina en medio de los siete candelabros de oro.

2Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos.

3Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido.

4Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero.

5Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras. Si no, vendré a ti y removeré tu candelabro, si no te conviertes.

6Con todo, tienes esto a favor: que aborreces las obras de los nicolaítas, que yo también aborrezco.

7El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios.

8Escribe al ángel de la Iglesia en Esmirna: Esto dice el Primero y el Último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida.

9Conozco tu tribulación y tu pobreza —aunque eres rico— y las calumnias de los que se llaman judíos pero que no son sino sinagoga de Satanás.

10No tengas miedo de lo que vas a padecer. Mira, el Diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis tentados durante diez días. Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida.

11El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda.

12Escribe al ángel de la Iglesia en Pérgamo: Esto dice el que tiene la espada aguda de doble filo.

13Sé que habitas donde está el trono de Satanás; pero mantienes mi nombre y no has renegado de mi fe ni siquiera en los días de Antipas, mi testigo fiel, a quien han dado muerte entre vosotros, ahí donde Satanás habita.

14Pero tengo algo contra ti: tienes ahí a los que profesan la enseñanza de Balaán, el que enseñó a Balac a poner tropiezos a los hijos de Israel, a comer de lo sacrificado a los ídolos y a fornicar.

15De la misma manera también tú tienes a los que profesan igualmente la doctrina de los nicolaítas.

16Conviértete, pues; si no, vendré pronto a ti y combatiré contra ellos con la espada de mi boca.

17El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré el maná escondido, y una piedrecita blanca, y escrito en ella un nombre nuevo, que nadie conoce sino aquel que lo recibe.

18Escribe al ángel de la Iglesia en Tiatira: Esto dice el Hijo de Dios, el que tiene sus ojos como llama de fuego y sus pies como bronce bruñido.

19Conozco tus obras, tu amor, tu fe, tu servicio, tu perseverancia, que tus obras últimas son mejores que las primeras.

20Pero tengo contra ti que permites a esa mujer Jezabel, que se llama profetisa, enseñar y engañar a mis siervos a fornicar y comer de lo sacrificado a los ídolos.

21Yo le he dado un tiempo para que se convierta, pero no quiere convertirse de su fornicación.

22Mira, voy a postrarla en cama, y a los que adulteren con ella los someteré a una gran tribulación, si no se convierten de sus obras;

23y a sus hijos los heriré de muerte; y todas las iglesias conocerán que yo soy el que sondea entrañas y corazones, y os daré a cada uno según vuestras obras.

24Pero a vosotros, los demás de Tiatira, a cuantos no profesáis esta doctrina, los que no habéis conocido las profundidades de Satanás, como ellos las llaman, os digo: no os impongo otra carga.

25Solo que mantengáis lo que tenéis hasta que yo vuelva.

26Al vencedor, que cumpla mis obras hasta el final, le daré autoridad sobre las naciones

27y las pastoreará con cetro de hierro y se quebrarán como vasos de loza,

28como yo he recibido de mi Padre; y le daré la estrella de la mañana.

29El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.