Lectura 194 de 365
Eclesiastés 5-6 · Apocalipsis 1
Eclesiastés 5
1Cuando lleves un asunto ante Dios, no tengas prisa en hablar ni tomes decisiones precipitadas. Dios está en el cielo y tú en la tierra: sean contadas tus palabras.
2«El exceso de preocupaciones asoma en los sueños, el exceso de palabras descubre al necio».
3Si haces una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, pues Dios no se complace en las promesas necias: cumple lo que has prometido.
4Más vale no hacer promesas que hacerlas y no cumplirlas.
5No permitas que tu boca te haga culpable de nada, ni digas después al mensajero que lo hiciste sin darte cuenta. Dios podría irritarse al oírte y hacer fracasar tus planes.
6Donde abundan los sueños, abundan las vanas ilusiones y la palabrería. Pero tú teme a Dios.
7Si en el Estado ves oprimido al pobre y violados el derecho y la justicia, no te extrañes de tal situación, pues una autoridad tiene otra superior, y por encima de ellas se alza otra suprema;
8y el interés del país en general sería este: un rey al servicio del campo.
9Quien ama el dinero nunca se sacia; quien ama la abundancia no le saca provecho. También esto es vanidad.
10Aumentan los bienes y aumentan los que los comen; lo único que saca el dueño es verlo con sus ojos.
11Duerme bien el obrero, coma mucho o coma poco; al rico la hartura no le deja dormir.
12He observado bajo el sol una grave dolencia: riquezas guardadas que perjudican al dueño.
13En un mal negocio pierde sus riquezas, y el hijo que le nace se queda con las manos vacías.
14Como salió del vientre de su madre, así partirá: desnudo; y nada se llevará de sus fatigas.
15También esto es grave dolencia: tiene que irse igual que vino. ¿Y qué sacó de tanta fatiga? ¡Viento!
16Toda su vida se consume entre tinieblas, disgustos, enfermedades y rabia.
17Esta es mi conclusión: lo bueno y lo que aprovecha al hombre es comer, beber y regalarse en medio de sus fatigas y afanes bajo el sol, durante los pocos años que Dios le concede. Esa es su paga.
18Además, si a un hombre le concede Dios bienes y riquezas y la capacidad de regalarse con ellos, de llevarse su porción y holgarse en medio de sus fatigas, eso sí que es don de Dios.
19No pensará mucho en los años de su vida si Dios le concede alegría interior.
Eclesiastés 6
1He observado bajo el sol una desgracia que pesa sobre los hombres:
2Dios concede a un hombre bienes, fortuna y honores, sin que le falte nada de cuanto puede desear; pero Dios no le concede disfrutarlas, porque un extraño las disfruta. Esto es vanidad y grave desventura.
3Supongamos que un hombre tiene cien hijos y vive muchos años; por muy larga que sea su vida, si no puede satisfacer su deseo de felicidad y además acaba sin sepultura, afirmo que es mejor un aborto,
4que llega en un soplo y se marcha a oscuras, la tiniebla encubre su nombre;
5no vio el sol ni se enteró de nada, pero descansa mejor que el otro.
6Y si no disfruta de la dicha, aunque viva dos veces mil años, ¿no van todos al mismo lugar?
7El hombre se fatiga para la boca, y el estómago nunca se llena.
8¿En qué aventaja el sabio al necio? ¿De qué le sirve al pobre saber manejarse en la vida?
9Más vale lo que ven los ojos que dejarse llevar por el deseo. También esto es vanidad y caza de viento.
10Lo que existe ya recibió un nombre. Ya sabe que es hombre y que no puede discutir con alguien más fuerte que él.
11Cuantas más palabras, más vanidad. ¿Qué saca en limpio el hombre?
12¿Y quién le dice al hombre lo que va a pasar durante su vida, durante los pocos años de su vana existencia, que atraviesa como una sombra? ¿Quién le dirá lo que va a suceder en el futuro bajo el sol?
Apocalipsis 1
1Revelación de Jesucristo, que Dios le encargó mostrar a sus siervos acerca de lo que tiene que suceder pronto. La dio a conocer enviando su ángel a su siervo Juan,
2el cual fue testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo de todo cuanto vio.
3Bienaventurado el que lee, y los que escuchan las palabras de esta profecía, y guardan lo que en ella está escrito, porque el tiempo está cerca.
4Juan a las siete iglesias de Asia: Gracia y paz a vosotros de parte del que es, el que era y ha de venir; de parte de los siete Espíritus que están ante su Trono;
5y de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre,
6y nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre. A él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
7Mirad: viene entre las nubes. Todo ojo lo verá, también los que lo traspasaron. Por él se lamentarán todos los pueblos de la tierra. Sí, amén.
8Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y ha de venir, el todopoderoso».
9Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla llamada Patmos a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.
10El día del Señor fui arrebatado en espíritu y escuché detrás de mí una voz potente como de trompeta
11que decía: «Lo que estás viendo, escríbelo en un libro y envíalo a las siete iglesias, a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea».
12Me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y, vuelto, vi siete candelabros de oro,
13y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, y ceñido el pecho con un cinturón de oro.
14Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve, y sus ojos como llama de fuego.
15Sus pies eran semejantes al bronce bruñido incandescente en el crisol; y su voz como rumor de muchas aguas.
16Tenía en su mano derecha siete estrellas; y de su boca salía una espada aguda de doble filo; su rostro era como el sol cuando brilla en su apogeo.
17Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Pero él puso su mano derecha sobre mí, diciéndome: «No temas; yo soy el Primero y el Último,
18el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo.
19Escribe, pues, lo que estás viendo: lo que es y lo que ha de suceder después de esto.
20En cuanto al misterio de las siete estrellas que has visto en mi derecha, y los siete candelabros de oro, las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias; y los siete candelabros que has visto son las siete iglesias».