Lectura 193 de 365
Eclesiastés 3-4 · Judas
Eclesiastés 3
1Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:
2Tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar;
3tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo de destruir, tiempo de construir;
4tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar;
5tiempo de arrojar piedras, tiempo de recogerlas; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse;
6tiempo de buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de arrojar;
7tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar;
8tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz.
9¿Qué saca el obrero de sus fatigas?
10Comprobé la tarea que Dios ha encomendado a los hombres para que se ocupen en ella:
11todo lo hizo bueno a su tiempo, y les proporcionó el sentido del tiempo, pero el hombre no puede llegar a comprender la obra que hizo Dios, de principio a fin.
12Y así he comprendido que el único bien del hombre es disfrutar y pasarlo bien en la vida.
13Pero que el hombre coma, beba y se regale en medio de sus fatigas es don de Dios.
14Comprendí que todo lo que hizo Dios durará siempre: nada se puede añadir ni restar. Y así hace Dios que lo teman.
15Lo que es ya había sido, lo que será ya es, pues Dios hace que el pasado se repita.
16Otra cosa he observado bajo el sol: en la sede del derecho, el delito; en el tribunal de la justicia, la iniquidad.
17Así que pensé: «Al justo y al malvado los juzgará Dios, pues hay un tiempo para cada asunto y un lugar para cada acción».
18Acerca de los hombres, pensé lo siguiente: «Dios los prueba para que vean que, por sí mismos, son como los animales».
19En efecto, la suerte de hombres y animales es la misma: muere uno y muere el otro, todos tienen el mismo aliento de vida, y el hombre no supera a los animales. Todos son vanidad.
20Todos caminan al mismo lugar, todos vienen del polvo y todos vuelven al polvo.
21¿Quién sabe si el aliento de vida del hombre sube arriba y el aliento de vida del animal baja a la tierra?
22Y así observé que el único bien del hombre es disfrutar con lo que hace: esa es su paga. ¿Quién le va a guiar para que vea lo que pasará después de él?
Eclesiastés 4
1También me puse a considerar todas las opresiones que se cometen bajo el sol: he visto llorar a los oprimidos, sin que nadie los consuele, sin que nadie los consuele de la violencia de los opresores.
2Y considero más felices a los muertos, que ya no existen, que a los vivos que todavía viven;
3y pienso que todavía es más feliz quien no ha existido, pues así no ha visto las barbaridades que se cometen bajo el sol.
4He observado que todo afán y todo éxito de un proyecto suscita la envidia entre unos y otros. También esto es vanidad y caza de viento. Pero
5«el necio se cruza de brazos y así se va consumiendo».
6Sí, pero «más vale un puño con reposo que dos manos llenas de fatiga y aflicción de espíritu».
7Otra vanidad he observado bajo el sol:
8hay quien vive solo, sin compañeros, sin hijos ni hermanos; no para de trabajar y, aun así, sus ojos no se hartan de riquezas. «¿Para quién trabajo entonces y me privo de satisfacciones?». También esto es vanidad y mal negocio.
9Más vale ser dos que uno, pues sacan más provecho de su esfuerzo.
10Si uno cae, el otro lo levanta; pero ¡pobre del que cae estando solo, sin que otro pueda levantarlo!
11Lo mismo si dos duermen juntos: se calientan; pero si uno está solo, ¿cómo podrá calentarse?
12Si a uno solo pueden vencerle, dos juntos resistirán. «Una cuerda de tres cabos no es fácil de romper».
13«Más vale mozo pobre e inteligente que rey viejo y necio», que ya no sabe aconsejarse.
14Supongamos que el mozo salió de prisión para reinar, aunque naciera pobre durante el reinado del otro.
15Vi que todos los vivientes que caminan bajo el sol se ponían de parte del joven sucesor,
16y era incontable la multitud que lo seguía. Y, sin embargo, su posteridad no estará contenta con él. También esto es vanidad y caza de viento.
17Piensa bien lo que haces cuando vayas a la casa de Dios. Más vale acercarse en actitud receptiva que hacer sacrificios como los necios, que ni siquiera saben obrar mal.
Judas
1Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago, a los que son llamados, amados en Dios Padre y custodiados en Jesucristo:
2a vosotros, misericordia, paz y amor abundantes.
3Queridos míos, al poner todo mi empeño en escribiros acerca de nuestra común salvación, me he visto en la necesidad de hacerlo animándoos a combatir por la fe transmitida de una vez para siempre a los santos.
4Pues se han infiltrado ciertos individuos cuya condenación está prescrita desde antiguo, impíos que han convertido en libertinaje la gracia de nuestro Dios y rechazan al único Soberano y Señor Jesucristo.
5Aunque lo habéis conocido todo de una vez para siempre, quiero recordaros, sin embargo, que el Señor habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, después exterminó a los que no creyeron;
6y que a los ángeles que no se mantuvieron en su rango sino que abandonaron su propia morada los tiene guardados para el juicio del gran Día, atados en las tinieblas con cadenas perpetuas.
7También Sodoma y Gomorra, con las ciudades circunvecinas, por haberse prostituido como aquellas y por haber practicado vicios contra naturaleza, quedan ahí como muestra, padeciendo la pena de un fuego eterno.
8A pesar de ello, con estos soñadores pasa lo mismo, manchan la carne, rechazan todo señorío y blasfeman contra seres gloriosos.
9El arcángel Miguel, cuando disputaba con el diablo y discutía sobre el cuerpo de Moisés, ni siquiera se atrevió a proferir una sentencia blasfema sino que dijo: «El Señor te reprima».
10Estos, en cambio, blasfeman contra todo cuanto no conocen, e incluso se corrompen en lo que se aprende por instinto como los animales.
11¡Ay de ellos! Porque tomaron el sendero de Caín, por dinero cayeron en la aberración de Balaán y perecieron en la rebelión de Coré.
12Estos, que banquetean sin recato y se apacientan a sí mismos, son una mancha en vuestros ágapes, nubes sin lluvia que los vientos se llevan; árboles otoñales y sin frutos que, arrancados de cuajo, mueren por segunda vez;
13olas encrespadas del mar que arrojan la espuma de sus propias desvergüenzas; estrellas fugaces a las que aguarda la oscuridad eterna de las tinieblas.
14De estos profetizó también Henoc, el séptimo después de Adán, al decir: «Mirad, viene el Señor con sus miríadas de ángeles
15para dar sentencia contra todos y dejar convictos a todos los vivientes de todas las obras impías que cometieron y de todas las insolencias que los impíos pecadores profirieron contra él».
16Ellos son murmuradores y amigos de querellas que proceden como les da la gana y hablan pomposamente adulando a la gente en beneficio propio.
17En cambio vosotros, queridos míos, acordaos de las predicciones de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo;
18pues os decían que en el tiempo final habrá gente burlona que actuará conforme a los propios deseos de impiedad.
19Son estos los que crean discordias, animales que no tienen espíritu.
20En cambio, vosotros, queridos míos, basándoos en vuestra santísima fe y orando movidos por el Espíritu Santo,
21manteneos en el amor de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para la vida eterna.
22Tened compasión con los que titubean,
23a unos salvadlos arrancándolos del fuego, a otros mostradles compasión, pero con cautela, aborreciendo hasta el vestido que esté manchado por el vicio.
24Al que puede preservaros de tropiezos y presentaros intachables y exultantes ante su gloria,
25al Dios único, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, sea la gloria y majestad, el poder y la soberanía desde siempre, ahora y por todos los siglos. Amén.