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Lectura 192 de 365

Eclesiastés 1-2 · 3 Juan

Letra: Normal

Eclesiastés 1

1Palabras de Qohélet, hijo de David, rey de Jerusalén.

2¡Vanidad de vanidades! —dice Qohélet—. ¡Vanidad de vanidades; todo es vanidad!

3¿Qué saca el hombre de todos los afanes con que se afana bajo el sol?

4Una generación se va, otra generación viene, pero la tierra siempre permanece.

5Sale el sol, se pone el sol, se afana por llegar a su puesto, y de allí vuelve a salir.

6Sopla hacia el sur, gira al norte, gira que te gira el viento, y vuelve el viento a girar.

7Todos los ríos se encaminan al mar, y el mar nunca se llena; pero siempre se encaminan los ríos al mismo sitio.

8Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír.

9Lo que pasó volverá a pasar; lo que ocurrió volverá a ocurrir: nada hay nuevo bajo el sol.

10De algunas cosas se dice: «Mira, esto es nuevo». Sin embargo, ya sucedió en otros tiempos, mucho antes de nosotros.

11Nadie se acuerda de los antiguos, y lo mismo pasará con los que vengan: sus sucesores no se acordarán de ellos.

12Yo, Qohélet, fui rey de Israel en Jerusalén.

13Me dediqué a investigar y a explorar con método todo lo que se hace bajo el cielo. ¡Triste tarea ha dado Dios a los hombres para que se ocupen en ella!

14Examiné todas las acciones que se realizan bajo el sol y comprendí que todo es vanidad y caza de viento:

15Lo torcido no se puede enderezar, lo que falta no se puede calcular.

16Y me dije: «Aquí estoy yo, que he acumulado tanta sabiduría, incluso más que mis predecesores en Jerusalén. Mi mente alcanzó sabiduría y conocimiento incalculables.

17Me dediqué a estudiar la sabiduría y el conocimiento, la locura y la necedad». Y comprendí que también eso es caza de viento,

18pues: A más sabiduría más pesadumbre, a más conocimiento más sufrimiento.

Eclesiastés 2

1Luego me dije: «Voy a probar con la alegría y a gozar de los placeres». Pero también esto resultó puro vacío.

2Llamé a la risa «locura», y dije de la alegría: «¿Qué se consigue?».

3Exploré atentamente, guiado por mi mente con destreza: traté mi cuerpo con vino, me di a la frivolidad, para averiguar cómo puede el hombre disfrutar durante los contados días de su vida bajo el cielo.

4Emprendí obras magníficas y construí palacios; planté viñas,

5huertos y jardines, que llené de toda clase de árboles frutales;

6construí albercas para regar el fértil soto.

7Me hice con esclavos y esclavas; tenía servidumbre y rebaños de vacas y ovejas, en mayor número que mis predecesores en el trono de Jerusalén.

8También amontoné plata y oro, los tributos de reinos y provincias. Me procuré cantores y cantoras, toda clase de placeres humanos y coperos y reposteros para el servicio de escanciar el vino.

9Con la ayuda de la sabiduría, llegué a ser más importante y rico que todos mis predecesores en Jerusalén.

10Concedí a mis ojos cuanto me pedían y no privé a mi corazón de ninguna alegría: este era mi solaz y mi recompensa en medio de mis fatigas.

11Después examiné todas las obras que había hecho y la fatiga que puse en el empeño, y vi que todo era vanidad y caza de viento. ¡Ningún provecho se saca bajo el sol!

12Me puse a examinar la sabiduría, la locura y la necedad. ¿Qué hará el hombre que me suceda como rey? Sin duda lo que otros ya han hecho.

13Así observé que la sabiduría es más provechosa que la necedad, como la luz aprovecha más que las tinieblas.

14El sabio lleva los ojos puestos en la cabeza, pero el necio camina en tinieblas. Sí, pero comprendí que una suerte común les toca a todos.

15Así que me dije: «La suerte del necio será mi suerte: ¿qué saqué en limpio siendo tan sabio?». Y concluí que hasta eso mismo era vanidad.

16En realidad, nadie se acordará jamás del necio ni del sabio, ya que en los años venideros todo se olvidará. ¡Tanto el sabio como el necio morirán!

17Y así aborrecí la vida, pues encontré malo todo lo que se hace bajo el sol; que todo es vanidad y caza de viento.

18Y aborrecí todo el trabajo con el que me fatigo bajo el sol, pues se lo tengo que dejar a un sucesor.

19¿Y quién sabe si será sabio o necio? Él heredará lo que me costó tanta fatiga y sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad.

20Y acabé por desengañarme de todos mis trabajos y fatigas bajo el sol.

21Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado. También esto es vanidad y grave dolencia.

22Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?

23De día su tarea es sufrir y penar; de noche no descansa su mente. También esto es vanidad.

24El único bien del hombre es comer y beber, y regalarse en medio de sus fatigas. Pero he visto que aun esto es don de Dios, pues

25¿quién come y goza sin su permiso?

26Al hombre que le agrada le concede sabiduría, ciencia y alegría; al pecador le proporciona la tarea de juntar y acumular, para dejárselo después a quien agrada a Dios. También esto es vanidad y caza de viento.

3 Juan

1El Presbítero a su querido Gayo, a quien yo amo en la verdad.

2Querido, te deseo que la prosperidad personal de que ya gozas se extienda a todos tus asuntos, y que tengas buena salud.

3Me alegré muchísimo cuando llegaron unos hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo caminas en la verdad.

4No puedo tener mayor alegría que enterarme de que mis hijos caminan en la verdad.

5Querido: Te portas con plena lealtad en todo lo que haces por los hermanos, y eso que para ti son extraños.

6Ellos han hablado de tu caridad ante la Iglesia. Por favor, provéelos para el viaje como Dios se merece.

7Ellos se pusieron en camino para trabajar por el Nombre, sin aceptar nada de los paganos.

8Por eso debemos sostener nosotros a hombres como estos, para hacernos colaboradores de la verdad.

9Escribí unas letras a la Iglesia, pero Diótrefes, con su afán de dominar, no nos acepta.

10En vista de eso, cuando vaya por ahí, sacaré a relucir lo que está haciendo con esas palabras maliciosas que nos echa. Y, no contento con eso, tampoco acepta a los hermanos, y a los que quieren aceptarlos se lo impide y los expulsa de la Iglesia.

11Querido amigo, no imites lo malo, sino lo bueno; quien hace el bien es de Dios, quien hace el mal no ha visto a Dios.

12Todos recomiendan a Demetrio, y esto responde a la verdad; también nosotros lo recomendamos, y sabes que nuestro testimonio es verdadero.

13Tendría mucho que decirte, pero no quiero hacerlo con tinta y pluma.

14Espero verte pronto y hablar cara a cara.

15La paz esté contigo. Te saludan los amigos. Saluda tú a los amigos, uno por uno.