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Proverbios 26-27 · 1 Juan 4
Proverbios 26
1Ni nieve al verano ni lluvia a la siega, tampoco le sienta la gloria al necio.
2Como gorrión en desbandada y golondrina en vuelo, la maldición injusta no llega a su destino.
3Látigo para caballo y freno para burro, el garrote para la espalda de los necios.
4No respondas al necio según su necedad, no sea que te vuelvas como él.
5Responde al necio según su necedad, no vaya él a presumir de sabio.
6Se corta los pies y bebe violencia quien envía mensajes con un necio.
7Las piernas del cojo trastabillan, y el proverbio en boca de los necios.
8Conceder honores a un necio es atar la piedra a la honda.
9Espinas en manos de un borracho, el proverbio en boca de los necios.
10Arquero que hiere a todo el que encuentra, quien contrata a un necio y al primero que pasa.
11Perro que vuelve a su vómito, el necio que insiste en sus sandeces.
12Más se puede esperar de un necio que de uno que presume de sabio.
13¡Una fiera en el camino —dice el vago—, un león en medio de la calle!
14La puerta gira en sus goznes y el vago en la cama.
15El vago mete la mano en el plato y le cuesta llevársela a la boca.
16El vago se cree más sabio que siete que responden con tino.
17Meterse en discusión ajena es como agarrar a un perro por las orejas.
18Como loco que va disparando tizones y saetas mortales,
19así es quien engaña a su prójimo y le dice que era una broma.
20Si falta la leña, se apaga la hoguera; si falta el chismoso, se acaba la pelea.
21Carbón en las brasas y leña en el fuego, el hombre pendenciero que atiza peleas.
22Las palabras del chismoso son golosinas, bajan hasta el fondo de las entrañas.
23Barniz aplicado a vasija de barro, las palabras dulces con malas intenciones.
24El que odia habla con disimulo, mas por dentro incuba la traición;
25aunque sea amable, no te fíes, medita abominaciones sin cuento;
26disimula el odio con astucia, mas su maldad aparece en la asamblea.
27Quien cava un hoyo, cae en él; a quien rueda una piedra, se le viene encima.
28Lengua mentirosa odia a sus víctimas, boca que adula conduce a la ruina.
Proverbios 27
1No cantes victoria por el mañana, no sabes lo que el día te traerá.
2Que otro te alabe, nunca tu boca; que sea un extraño, nunca tus labios.
3Pesada es la piedra y la carga de arena, aún más pesado el genio del necio.
4Cruel es la rabia, impetuosa la ira, ¿y quién puede aguantar la envidia?
5Más vale corrección con franqueza que amistad encubierta.
6Son leales los golpes de un amigo, engañosos los besos del enemigo.
7Estómago harto desprecia la miel, para el cuerpo hambriento lo amargo es dulce.
8Pájaro errante lejos de su nido, el hombre errante lejos de su hogar.
9Perfume e incienso alegran el corazón, la ternura de un amigo consuela el ánimo.
10No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre; no busques a tu hermano en momentos de apuro: más vale amigo cerca que hermano lejos.
11Ten juicio, hijo mío, dame esa alegría, y podré responder al que me ofende.
12El prudente ve el peligro y se esconde, el incauto va adelante y lo paga.
13Quítale la ropa, exígele prendas, pues salió fiador de un extraño.
14A quien bendice a un vecino a gritos de madrugada se le contará como maldición.
15Gotera continua en día de lluvia y mujer pendenciera son semejantes;
16frenarla es frenar el aire o coger aceite con la mano.
17El hierro con el hierro se afila; el hombre, en el roce con su prójimo.
18Quien cuida una higuera come de su fruto, quien vela por su amo será recompensado.
19El rostro se refleja en el agua, el hombre en lo que piensa.
20Abismo y Perdición son insaciables, e insaciables los ojos del hombre.
21La plata en el crisol, el oro en el horno, el hombre en boca de quien lo alaba.
22Machaca al necio en el mortero, que no le arrancarás la necedad.
23Conoce cómo están tus ovejas, presta atención a tus rebaños;
24pues no es eterna la riqueza ni dura siempre la fortuna.
25Apunta el heno, asoma la hierba, se siegan los pastos del monte;
26tendrás corderos para vestirte, cabritos para el precio de un campo,
27leche de cabra para alimentarte tú, tu familia y tus criadas.
1 Juan 4
1Queridos míos: no os fieis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo.
2En esto podréis conocer el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios;
3y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo.
4Vosotros, hijos míos, sois de Dios y lo habéis vencido. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo.
5Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha.
6Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el Espíritu de la verdad y el espíritu del error.
7Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
8Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
9En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.
10En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
11Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
12A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
13En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu.
14Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.
15Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
16Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.
17En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo.
18No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor tiene que ver con el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.
19Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero.
20Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.
21Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano.