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Lectura 188 de 365

Proverbios 23-25 · 1 Juan 3

Letra: Normal

Proverbios 23

1Si te sientas a la mesa de un señor, mira bien lo que tienes delante:

2pon freno a tu apetito si tienes mucha hambre;

3no mires con ansia sus manjares, porque es comida engañosa.

4No te afanes en ir tras la riqueza, sé sensato y no pienses en ella.

5Dejas un poco de mirarla y ya no está: echa alas de águila y vuela hacia el cielo.

6No te juntes a comer con el avaro, no codicies sus ricos alimentos,

7porque son como pelo en la garganta: «Anda, come y bebe», te dice, pero no te habla con sinceridad.

8Vomitarás el bocado que has comido, habrás malgastado tus hermosas palabras.

9No hables a oídos del necio, despreciará tus sabias palabras.

10No desplaces los linderos fijados ni invadas el campo del huérfano,

11porque es poderoso su redentor, y defenderá su causa contra ti.

12Aplica tu mente a la instrucción, tus oídos a palabras sensatas.

13No escatimes castigos al joven, no va a morir porque lo azotes;

14si lo azotas con la vara, librarás su vida del Abismo.

15Hijo mío, si se hace sabio tu corazón, también mi corazón se alegrará.

16Me alegraré de todo corazón si tus labios hablan con acierto.

17No tengas envidia del pecador, vive siempre en el temor del Señor,

18pues así tendrás porvenir y no se frustrará tu esperanza.

19Escucha, hijo mío, sé sabio; pórtate siempre con rectitud.

20No andes mezclado con bebedores ni con gente que se harta de carne;

21pues borrachos y comilones empobrecen, los holgazanes se visten de harapos.

22Escucha al padre que te engendró, no desprecies la vejez de tu madre.

23Compra la verdad y no la vendas: sabiduría, instrucción y sensatez.

24El padre del honrado rebosa de gozo, quien tiene un hijo sabio se alegra.

25¡Ojalá tu padre se alegre por ti y pueda brincar de gozo tu madre!

26Hijo mío, confía en mí, acepta de buen grado mi ejemplo.

27Trampa peligrosa es la ramera, pozo estrecho la mujer ajena;

28se pone al acecho como un ladrón y provoca traiciones entre los hombres.

29¿De quién los quejidos? ¿De quién los lamentos? ¿De quién las peleas? ¿De quién los pleitos? ¿De quién las heridas sin motivo? ¿De quién la mirada extraviada?

30De la gente que se pasa con el vino y anda catando bebidas.

31No mires el vino: ¡Qué tono rojizo! ¡Qué brillo en el vaso! ¡Entra suavemente!

32Al final morderá como serpiente, después picará como víbora.

33Tus ojos soñarán quimeras, solo te saldrán incoherencias.

34Te sentirás como viajero en alta mar, sentado en la punta del mástil.

35«Me han zurrado y no me duele, me han pegado y no siento nada. ¿Cuándo me despejaré? ¡Volveré a hacerlo!».

Proverbios 24

1No tengas envidia del malvado ni trates de buscar su compañía,

2pues su mente trama violencia y sus labios profieren maldades.

3Una casa se edifica con sabiduría, se consolida usando inteligencia;

4con el saber se llenan las estancias de objetos preciosos, deseables.

5Más vale sabio que fuerte, hombre experto que forzudo.

6Con estrategia se gana la guerra, el triunfo es fruto del consejo.

7La sabiduría supera al necio, en público no abre la boca.

8Al hombre que trama maldades la gente lo llama intrigante;

9el necio intriga para pecar, la gente detesta al insolente.

10Si flaqueas cuando llega la desgracia es que tu valor es limitado.

11Libra a los condenados a muerte, atiende a los que van a morir.

12Aunque digas: «No me daba cuenta», el que pesa los corazones lo sabe, el que vigila tu vida se entera: pagará a cada cual por sus obras.

13Come miel, hijo mío, que es buena, el panal es dulce al paladar:

14así es la sabiduría para tu vida; si la encuentras, tendrás porvenir, tu esperanza no fracasará.

15No aceches el hogar del justo, no intentes derribar su morada,

16pues cae siete veces y se levanta, pero el malvado se hunde en la desgracia.

17Si cae tu enemigo, no te alegres; si tropieza, no lo celebres,

18no sea que al Señor no le agrade y retire de él su castigo.

19No pierdas la paz por el perverso ni tengas envidia del malvado,

20pues no hay porvenir para el perverso, la lámpara del malvado se extingue.

21Teme, hijo mío, al Señor y al rey, no te enemistes con ninguno de los dos,

22pues su castigo suele llegar sin avisar, ¿y quién conoce el alcance de su ira?

23Otras sentencias de los sabios: No está bien ser parcial al juzgar.

24Quien declara inocente al culpable recibe la maldición de los pueblos, recibe el desprecio de las naciones;

25pero los que reprenden al culpable serán alabados y sobre ellos caen las bendiciones.

26Respuesta con tino es beso en los labios.

27Arregla tus negocios en la calle, ordena las faenas del campo, y luego construyes tu casa.

28No declares sin motivo contra el prójimo ni engañes a nadie con tus labios.

29No digas: «Le haré lo que me hizo, le pagaré con la misma moneda».

30Pasé junto al campo del holgazán, crucé por la viña del insensato:

31todo lo tapaban los espinos, la maleza cubría su extensión; la cerca de piedra, por el suelo.

32Al verlo me puse a pensar; al mirarlo saqué esta lección:

33duermes a ratos o cabeceas, cruzas los brazos y a descansar,

34y te llega la miseria del vagabundo, te sobreviene la pobreza del mendigo.

Proverbios 25

1Otros proverbios de Salomón, que recopilaron los escribas de Ezequías, rey de Judá.

2Gloria de Dios es ocultar un asunto; gloria de los reyes, escrutarlo.

3La altura del cielo, la hondura de la tierra y el corazón de los reyes son inescrutables.

4Separa la escoria de la plata y el orfebre sacará una copa;

5separa al malvado del rey y su trono se afianzará en la justicia.

6No te des importancia ante el rey, no te coloques entre los grandes;

7mejor que te digan: «Sube acá», que verte humillado ante los nobles. Aunque hayas visto algo con tus ojos,

8no corras a contárselo al juez; ¿qué podrías hacer al final si el otro demuestra tu error?

9Resuelve tu pleito con tu prójimo, no reveles secretos ajenos,

10no sea que te avergüence el que los oye y no pueda borrarse tu infamia.

11Manzana de oro con adornos de plata, la palabra dicha a su tiempo.

12Anillo de oro y collar de oro fino, un sabio consejo a quien sabe escuchar.

13Frescura de nieve en canícula de siega, el mensajero fiel a quien lo envía.

14Nubes y viento que no traen lluvia, quien presume de dar y no da.

15La paciencia persuade a un gobernante, palabras suaves quebrantan huesos.

16Si encuentras miel, come lo justo, no sea que te empaches y vomites.

17No prodigues tus visitas al vecino, no sea que se canse y te aborrezca.

18Garrote, espada y flecha afilada es quien acusa en falso a su prójimo.

19Diente picado y pie que cojea es confiar en un traidor en la desgracia.

20Como andar sin ropa con frío, como echar vinagre en una herida, así es quien canta coplas al corazón afligido.

21Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber;

22así amontonarás brasas sobre su cabeza, y el Señor además te lo pagará.

23Viento del norte trae la lluvia; lengua embustera, rostro furioso.

24Mejor vivir en rincón de azotea que en palacio con mujer pendenciera.

25Agua fresca en garganta sedienta, la buena noticia de tierra lejana.

26Fuente turbia y manantial contaminado, el honrado que tiembla ante el malvado.

27No está bien comer miel en exceso ni empacharse de palabras elogiosas.

28Ciudad abierta y sin murallas, el hombre sin dominio de sí mismo.

1 Juan 3

1Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.

2Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

3Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

4Todo el que comete pecado quebranta también la ley, pues el pecado es quebrantamiento de la ley.

5Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados, y en él no hay pecado.

6Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no lo ha visto ni conocido.

7Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo.

8Quien comete el pecado es del Diablo, pues el Diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del Diablo.

9Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios.

10En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del Diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.

11Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros.

12No seamos como Caín, que procedía del Maligno y asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran justas.

13No os sorprenda, hermanos, que el mundo os odie;

14nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte.

15El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva permanentemente en sí vida eterna.

16En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.

17Pero si uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios?

18Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.

19En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón ante él,

20en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo.

21Queridos, si el corazón no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios.

22Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.

23Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.

24Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.