Lectura 187 de 365
Proverbios 20-22 · 1 Juan 2
Proverbios 20
1El vino excita, embriaga el licor, quien en ellos se pierde no llega a sabio.
2Rugido de león es la ira del rey: quien la provoca se juega la vida.
3Quien evita peleas es digno de honor, el insensato se mete en discusiones.
4El perezoso no labra en otoño, en la cosecha busca y no encuentra.
5Un plan meditado es agua profunda, el hombre sagaz sabe sacarla.
6Muchos se las dan de sinceros, pero ¿quién hallará un hombre fiel?
7El honrado procede con rectitud, ¡dichosos los hijos que deje!
8Cuando el rey se sienta en el tribunal, con su mirada avienta todo mal.
9¿Quién puede decir: «Soy puro, me encuentro limpio de pecado»?
10Un peso y otro peso; una medida y otra medida: dos cosas que detesta el Señor.
11Con sus actos deja ver ya el muchacho si sus obras serán puras y rectas.
12Oído que oye, ojo que ve: los dos son obra del Señor.
13No tomes gusto al sueño, te empobrecerás; ten los ojos abiertos, de pan te hartarás.
14«Malo, malo», dice el comprador; pero después se felicita por su compra.
15Hay oro y corales en cantidad; para joya, una boca sincera.
16Quítale la ropa, exígele prendas, pues salió fiador de un extraño.
17El pan robado resulta sabroso, pero la boca se llena de arena.
18Somete tus planes al consejo de otros, con sabia estrategia prepara la guerra.
19El chismoso descubre secretos, deja la compañía del charlatán.
20El que maldice a su padre y a su madre verá extinguirse su luz en plena noche.
21Fortuna ganada de golpe nunca prospera al final.
22No digas: «Me las pagará», confía en el Señor y te salvará.
23El Señor detesta dos pesas distintas, no está bien trampear con la balanza.
24El Señor dirige los pasos del hombre, ¿cómo puede el hombre discernir su camino?
25¡Qué riesgo hacer un voto a la ligera y arrepentirte después de prometerlo!
26Un rey sabio avienta a los malvados, hace rodar sobre ellos el trillo.
27Lámpara del Señor el espíritu humano: sondea lo más íntimo de las entrañas.
28Bondad y lealtad sostienen al rey, la misericordia consolida su trono.
29La fuerza es el orgullo de los jóvenes; las canas, el adorno de los viejos.
30Heridas y llagas remedian el mal, los golpes sanan el interior.
Proverbios 21
1El corazón del rey es una acequia que el Señor canaliza adonde quiere.
2El hombre juzga recto su camino, pero el Señor pesa los corazones.
3Practicar el derecho y la justicia el Señor lo prefiere a los sacrificios.
4Ojos altivos, corazón ambicioso; faro de los malvados es el pecado.
5Los planes del diligente traen ganancia; los del hombre atolondrado, indigencia.
6Tesoros ganados con boca embustera, humo que se disipa y trampa mortal.
7La violencia acaba con los malvados, pues rehúsan practicar la justicia.
8El camino del criminal es tortuoso; la conducta del inocente, recta.
9Mejor vivir en rincón de azotea que en palacio con mujer pendenciera.
10El malvado se afana en el mal, nunca se apiada del prójimo.
11Castigas al cínico y aprende el inexperto, pero el sabio aprende oyendo la lección.
12El honrado observa la casa del malvado y ve cómo se hunde en la desgracia.
13Quien cierra los oídos al clamor del pobre no será escuchado cuando grite.
14Regalo a escondidas calma la ira; obsequio discreto, el furor violento.
15Al justo le alegra la justicia; en cambio, al culpable le aterroriza.
16Quien deja el camino de la prudencia habitará en compañía de los muertos.
17Quien ama el placer acaba en la miseria, amigo de vino y perfumes no prospera.
18El malvado pagará por el justo; el impío, por el hombre honrado.
19Mejor vivir en desierto que con mujer pendenciera e irritable.
20En casa del sabio, tesoro y perfumes; el necio despilfarra lo que tiene.
21Quien busca justicia y bondad encontrará vida y gloria.
22El sabio asaltará la ciudad de los fuertes, derribará la fortaleza en que confiaban.
23Quien guarda la boca y la lengua se guarda también de peligros.
24Llaman arrogante al fanfarrón insolente, pues se porta con orgullo desmedido.
25Los propios deseos matan al perezoso, pues sus manos se niegan a trabajar.
26El malvado codicia de continuo, el honrado da sin reservas.
27Sacrificio de malvados es odioso, mucho más si hay mala intención.
28Testigo falso acabará perdido, quien escucha tendrá la última palabra.
29El malvado aparenta seguridad, el honrado está seguro de lo que hace.
30No hay sabiduría ni prudencia ni consejo contra el Señor.
31Se prepara al caballo para el combate, la victoria la concede el Señor.
Proverbios 22
1Más vale fama que riqueza, mejor estima que plata y oro.
2Rico y pobre tienen en común que a los dos los hizo el Señor.
3El prudente ve el mal y se protege, los incautos se arriesgan para su mal.
4Si eres humilde y temes al Señor tendrás riquezas, vida y honor.
5En la senda del perverso, espinas y trampas; quien cuida de sí mismo se aleja de ellas.
6Educa al muchacho en el buen camino: cuando llegue a viejo seguirá por él.
7El rico se hace dueño de los pobres; el deudor, esclavo del acreedor.
8Quien siembra maldad cosecha desgracia, el ímpetu de su cólera se esfumará.
9El hombre generoso será bendecido, pues comparte su pan con el pobre.
10Expulsa al insolente y acabarán las peleas, habrán terminado riñas y ofensas.
11Al rey le gusta un corazón sincero, se complace en quien habla con ingenio.
12Los ojos del Señor custodian el saber, desbaratan las palabras del traidor.
13¡Fuera hay un león, dice el holgazán; seré devorado en plena calle!
14Trampa peligrosa la boca de la extraña, en ella caerá quien rechaza al Señor.
15La necedad se pega al corazón del joven, la vara de la corrección la despegará.
16Quien oprime al pobre lo enriquece, quien da al rico se empobrece.
17Escucha y haz caso a las sentencias de los sabios, presta atención a mi enseñanza;
18te gustará guardarlas dentro, tenerlas a punto en tus labios.
19Para que pongas tu confianza en el Señor he pensado instruirte hoy.
20Te he escrito treinta sentencias en las que hay consejos sabios,
21para que puedas conocer la verdad, y traer un informe preciso a la persona que te dio un encargo.
22No explotes al pobre por ser pobre ni atropelles al desgraciado en el tribunal,
23porque el Señor defenderá su causa y despojará de la vida a los que lo despojan.
24No tengas trato con el iracundo ni busques la compañía del violento,
25no sea que aprendas sus andanzas y te pongas tú mismo una trampa.
26No te acostumbres a dar la mano ni a salir fiador de deudas;
27pues si no tienes para pagar, te quitarán la cama de debajo.
28No desplaces linderos antiguos que pusieron tus antepasados.
29¿Conoces a alguien diestro en su oficio? Entrará al servicio de reyes, y no de gente mediocre.
1 Juan 2
1Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo.
2Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.
3En esto sabemos que lo conocemos: en que guardamos sus mandamientos.
4Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él.
5Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él.
6Quien dice que permanece en él debe caminar como él caminó.
7Queridos míos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado.
8Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo —y esto es verdadero en él y en vosotros—, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya.
9Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas.
10Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza.
11Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.
12Os escribo, hijos, porque se os han perdonado vuestros pecados por su nombre.
13Os escribo, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo, jóvenes, porque habéis vencido al Maligno.
14Os he escrito, hijos, porque conocéis al Padre. Os he escrito, padres, porque ya conocéis al que existía desde el principio. Os he escrito, jóvenes, porque sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al Maligno.
15No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre.
16Porque lo que hay en el mundo —la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la arrogancia del dinero—, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo.
17Y el mundo pasa, y su concupiscencia. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
18Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta de que es la última hora.
19Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros.
20En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis.
21Os he escrito, no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira viene de la verdad.
22¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.
23Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre.
24En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre;
25y esta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna.
26Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros.
27Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas —y es verdadera y no mentirosa—, según os enseñó, permaneced en él.
28Y ahora, hijos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida.
29Si sabéis que él es justo, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él.