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Lectura 183 de 365

Proverbios 8-10 · 2 Pedro 1

Letra: Normal

Proverbios 8

1Oíd, la sabiduría pregona, la inteligencia levanta su voz,

2en los montículos, al borde del camino, de pie, a la vera de las sendas;

3junto a las puertas de la ciudad, pregonando en las vías de acceso:

4«A vosotros os llamo, señores; a los humanos dirijo mi voz:

5inexpertos, aprended sagacidad; necios, adquirid buen juicio.

6Escuchad, que os hablo con franqueza, mis labios rebosan sinceridad;

7mi paladar saborea la verdad, mis labios detestan el mal;

8todas mis palabras son honestas, nada en ellas es pérfido o falso;

9son claras para el que sabe entender, son rectas para quien tiene conocimiento.

10Aceptad mi instrucción, no la plata; el conocimiento mejor que el oro fino,

11pues la sabiduría vale más que las perlas, ninguna joya se la puede comparar.

12Yo, la sabiduría, habito con la prudencia y busco la compañía de la reflexión.

13(Quien teme al Señor odia el mal). Detesto el orgullo y la soberbia, la mala conducta y la boca falsa;

14poseo el buen consejo y el acierto, mías son la prudencia y el valor;

15por mí reinan los reyes, y los príncipes promulgan leyes justas;

16por mí gobiernan los gobernantes, y los nobles dan sentencias justas;

17yo amo a los que me aman, los que madrugan por mí me encuentran;

18yo traigo riqueza y honor, fortuna copiosa y prosperidad;

19mi fruto es mejor que el oro puro, y mi renta vale más que la plata;

20camino por sendero justo, por las sendas del derecho,

21para legar riquezas a mis amigos y colmar todos sus tesoros.

22El Señor me creó al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas.

23En un tiempo remoto fui formada, antes de que la tierra existiera.

24Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas.

25Aún no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada.

26No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe.

27Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo;

28cuando sujetaba las nubes en la altura, y fijaba las fuentes abismales;

29cuando ponía un límite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra,

30yo estaba junto a él, como arquitecto, y día tras día lo alegraba, todo el tiempo jugaba en su presencia:

31jugaba con la bola de la tierra, y mis delicias están con los hijos de los hombres.

32Por tanto, hijos míos, escuchadme: dichosos los que siguen mis caminos;

33escuchad la instrucción, no rechacéis la sabiduría.

34Dichoso el hombre que me escucha, velando día a día en mi portal, guardando las jambas de mi puerta.

35Quien me encuentra, encuentra la vida y alcanza el favor del Señor.

36Quien me pierde se arruina a sí mismo; los que me odian aman la muerte».

Proverbios 9

1La sabiduría se ha hecho una casa, ha labrado siete columnas;

2ha sacrificado víctimas, ha mezclado el vino y ha preparado la mesa.

3Ha enviado a sus criados a anunciar en los puntos que dominan la ciudad:

4«Vengan aquí los inexpertos»; y a los faltos de juicio les dice:

5«Venid a comer de mi pan, a beber el vino que he mezclado;

6dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la inteligencia».

7Quien corrige al insolente recibe insultos; quien reprende al malvado, desprecios.

8No corrijas al insolente, que te odiará; reprende al sensato y te querrá;

9instruye al sabio, y será más sabio; enseña al honrado, y aprenderá.

10El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor, conocer al Santo implica inteligencia.

11Por mí prolongarás tus días, se añadirán años a tu vida;

12si eres sensato, lo serás en tu provecho; si te burlas, solo tú lo pagarás.

13La mujer necia es bullanguera, la ingenua no tiene vergüenza;

14se sienta a la puerta de su casa, en un asiento que domina la ciudad,

15para gritar a la gente que pasa, a los que van derechos por el camino:

16«Vengan aquí los inexpertos; quiero hablar a los faltos de juicio.

17El agua robada es más dulce; el pan a escondidas, más sabroso».

18Y no saben que en su casa están las sombras, que sus invitados bajan a lo hondo del Abismo.

Proverbios 10

1Hijo sensato, alegría de su padre; hijo necio, tristeza de su madre.

2Tesoros injustos de nada sirven, mas la justicia libra de la muerte.

3El Señor no deja que el justo pase hambre, pero rechaza la codicia del malvado.

4Manos perezosas generan pobreza; brazos diligentes, riqueza.

5Hombre prudente recoge en verano, quien duerme durante la cosecha se abochorna.

6La cabeza del honrado atrae bendiciones, la boca del malvado encubre violencia.

7El recuerdo del justo es bendito, el nombre del malvado se extingue.

8El hombre juicioso acepta el mandato, el que habla necedades se pierde.

9Hombre sincero camina seguro, hombre retorcido queda al descubierto.

10Guiñar el ojo acarrea pesares, reprender con franqueza es buen remedio.

11Manantial de vida es la boca del justo, pero la boca del malvado encubre violencia.

12El odio provoca reyertas, el amor disimula las ofensas.

13En labios prudentes hay sabiduría, la espalda del necio se mide con la vara.

14El sabio atesora saber, la boca del necio es ruina inminente.

15La fortuna del rico es su baluarte, la miseria es la ruina del pobre.

16El salario del honrado es la vida; la ganancia del malvado, el fracaso.

17Quien se deja instruir se encamina a la vida, quien rechaza la reprensión se extravía.

18Labios embusteros encubren el odio, quien difunde calumnias es un insensato.

19Quien mucho habla no escapa al pecado, quien refrena los labios se llama sensato.

20Plata de ley la boca del honrado, mente perversa no sirve de nada.

21Labios honrados apacientan a muchos, la falta de juicio mata a los necios.

22La bendición del Señor enriquece, junto a ella el esfuerzo no es nada.

23El necio se divierte haciendo trampas; el hombre prudente, con la sabiduría.

24Al malvado le sucede lo que teme, al honrado se le da lo que desea.

25La tempestad arrebata al malvado, el honrado está firme para siempre.

26Vinagre a los dientes, humo a los ojos: el holgazán que recibe un encargo.

27Quien teme al Señor prolonga la vida, los años del malvado se acortan.

28La esperanza sonríe a los honrados, la ilusión del malvado fracasa.

29El Señor es refugio del honrado, y acarrea la ruina al malhechor.

30El honrado jamás vacilará, el malvado no habitará la tierra.

31De boca honrada brota sabiduría, la lengua tramposa será cercenada.

32Labios honrados destilan agrado, de la boca del malvado brota el engaño.

2 Pedro 1

1Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo han obtenido una fe tan preciosa como la nuestra:

2a vosotros gracia y paz abundantes por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.

3Pues su poder divino nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento del que nos ha llamado con su propia gloria y potencia,

4con las cuales se nos han concedido las preciosas y sublimes promesas, para que, por medio de ellas, seáis partícipes de la naturaleza divina, escapando de la corrupción que reina en el mundo por la ambición;

5en vista de ello, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento,

6al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad,

7a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor.

8Pues estas cosas, si las tenéis en abundancia, no os dejan ociosos ni infecundos para el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

9Y quien no las tenga es ciego y miope, que echa en el olvido la purificación de sus propios pecados.

10Por eso, hermanos, poned el mayor empeño en afianzar vuestra vocación y vuestra elección; haciendo esto no caeréis nunca.

11Pues así se os facilitará muchísimo la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

12Por eso estaré siempre recordándoos estas cosas, aunque ya las sabéis y estáis firmes en la verdad que poseéis.

13Mientras habito en esta tienda de campaña, considero un deber animaros con una exhortación,

14sabiendo que pronto voy a dejar mi tienda, según me manifestó nuestro Señor Jesucristo.

15Pero pondré mi empeño en que, incluso después de mi muerte, tengáis siempre la posibilidad de acordaros de esto.

16Pues no nos fundábamos en fábulas fantasiosas cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, sino en que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.

17Porque él recibió de Dios Padre honor y gloria cuando desde la sublime Gloria se le transmitió aquella voz: «Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido».

18Y esta misma voz, transmitida desde el cielo, es la que nosotros oímos estando con él en la montaña sagrada.

19Así tenemos más confirmada la palabra profética y hacéis muy bien en prestarle atención como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y el lucero amanezca en vuestros corazones,

20pero sabiendo, sobre todo, lo siguiente, que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia,

21pues nunca fue proferida profecía alguna por voluntad humana, sino que, movidos por el Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.