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Lectura 180 de 365

Job 41-42 · Proverbios 1 · 1 Pedro 3

Letra: Normal

Job 41

1La esperanza de atraparlo es ilusoria; su sola presencia aterra;

2¡nadie intentaría provocarlo! ¿Quién resistirá frente a él?

3¿Quién fue hacia él impunemente? ¡Nadie bajo el cielo!

4Tendré que hablar también de su arrogancia, de su palabra firme y su alegato.

5¿Quién atravesó su envoltura y penetró por su doble coraza?

6¿Quién abrió las puertas de sus fauces, rodeadas de dientes espantosos?

7Su lomo son hileras de escudos, bien apretados y sellados;

8sus piezas tan unidas y trabadas que ni el aire se filtra entre ellas;

9se sueldan unas con otras, formando un sólido bloque.

10Su estornudo emite destellos, sus ojos parpadean como el alba.

11Sus fauces escupen antorchas, emiten chispas de fuego;

12de sus narices sale una humareda, como caldero que hierve atizado;

13su aliento enciende carbones, expulsa llamas por su boca.

14Su fuerza reside en su cuello, ante él se estremece el espanto.

15Son compactos los repliegues de su carne; soldados al cuerpo, ni se mueven.

16Su corazón es duro como roca, resistente como piedra molar.

17Su majestad espanta a los dioses, al oír su estrépito retroceden.

18No valen espadas contra él, ni dardo, lanza o jabalina.

19El hierro le resulta paja, madera podrida el bronce.

20No hay flecha que le haga escapar, las piedras de la honda son tamo.

21Tamo le parece el mazo, se burla del venablo que vibra.

22Su vientre son lastras afiladas, que arrastra como trillo por el lodo.

23Hace hervir el fondo como olla, convierte el mar en pebetero.

24A su espalda deja un surco luminoso, una blanca cabellera en el abismo.

25Nadie se le iguala en la tierra, pues es criatura sin miedo.

26Se enfrenta a todo lo arrogante, es el rey de todas las bestias».

Job 42

1Job respondió al Señor:

2«Reconozco que lo puedes todo, que ningún proyecto te resulta imposible. Dijiste:

3“¿Quién es ese que enturbia mis designios sin saber siquiera de qué habla?”. Es cierto, hablé de cosas que ignoraba, de maravillas que superan mi comprensión. Dijiste:

4“Escucha y déjame hablar; voy a interrogarte y tú me instruirás”.

5Te conocía solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos;

6por eso, me retracto y me arrepiento, echado en el polvo y la ceniza».

7Cuando el Señor terminó de decir esto a Job, se dirigió a Elifaz de Temán: «Estoy irritado contra ti y contra tus dos compañeros, porque no habéis hablado rectamente de mí, como lo ha hecho mi siervo Job.

8Por tanto, tomad siete novillos y siete carneros, dirigíos a mi siervo Job, ofrecedlos en holocausto, y él intercederá por vosotros; yo haré caso a Job y no os trataré como merece vuestra temeridad, por no haber hablado rectamente de mí, como lo ha hecho mi siervo Job».

9Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamat hicieron lo que había ordenado el Señor, y el Señor mostró su favor a Job.

10Cuando Job intercedió por sus compañeros, el Señor cambió su suerte y duplicó todas sus posesiones.

11Vinieron a visitarlo sus hermanos y hermanas, junto con antiguos conocidos; comieron con él en su casa, le dieron el pésame y lo consolaron de la desgracia que el Señor le había enviado. Cada uno le regaló una suma de dinero y un anillo de oro.

12El Señor bendijo a Job al final de su vida más aún que al principio. Llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil borricas.

13Tuvo siete hijos y tres hijas:

14la primera se llamaba Paloma; la segunda, Acacia; y la tercera, Azabache.

15No había en todo el país mujeres más bellas que las hijas de Job. Su padre las hizo herederas, igual que a sus hermanos.

16Job vivió otros ciento cuarenta años, y conoció a sus hijos, a sus nietos y a sus biznietos.

17Murió anciano tras una larga vida.

Proverbios 1

1Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:

2Para aprender sabiduría y doctrina, para entender sentencias inteligentes,

3para adquirir disciplina y sensatez, derecho, justicia y rectitud;

4para enseñar sagacidad al inexperto, saber y reflexión al muchacho

5(lo escucha el sensato y aumenta su saber, el prudente adquiere habilidad);

6para entender proverbios y dichos, sentencias de sabios y enigmas.

7El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor, los necios desprecian la sabiduría y la disciplina.

8Escucha, hijo mío, los consejos de tu padre, no rechaces la instrucción de tu madre:

9pues serán diadema en tu cabeza, como una gargantilla en tu cuello.

10Hijo mío, no te dejes seducir, no accedas a gente sin escrúpulos.

11Si te dicen: «Ven con nosotros, preparemos emboscadas mortales, acechemos sin motivo al honrado;

12lo tragaremos vivo, como el Abismo, entero, como quien baja a la tumba;

13nos haremos con grandes riquezas, llenaremos de botín nuestra casa;

14comparte tu suerte con nosotros, haremos bolsa común».

15Tú, hijo mío, no sigas su camino, aparta tus pies de su senda,

16pues sus pies corren tras el mal, se apresuran a derramar sangre.

17Mas en vano se ponen redes cuando son vistas por las aves.

18Sus emboscadas les resultarán mortales, atentarán contra su propia vida.

19Este es el fin de los codiciosos: los mata su propia codicia.

20La sabiduría pregona por las calles, en las plazas levanta la voz;

21grita en lugares concurridos, en la plaza pública proclama:

22«¿Hasta cuándo, ignorantes, amaréis la ignorancia, y vosotros, insolentes, recaeréis en la insolencia, y vosotros, necios, rechazaréis el saber?

23Prestad atención a mis razones, derramaré mi espíritu sobre vosotros, quiero comunicaros mis palabras.

24Os llamé, y vosotros rehusasteis; extendí mi mano y la rechazasteis;

25despreciasteis mis consejos, no aceptasteis mis advertencias.

26Pues bien, yo me reiré de vuestra desgracia, me burlaré cuando os alcance el terror.

27Cuando os alcance como tormenta el terror, cuando os llegue como huracán la desgracia, cuando os alcancen la angustia y la aflicción,

28me llamaréis, pero no os escucharé; me buscaréis, pero no me encontraréis.

29Por haber menospreciado el saber y no querer temer al Señor,

30por no aceptar mis consejos y despreciar mis reprensiones,

31comerán el fruto de su conducta, se hartarán de los planes que hicieron.

32La indisciplina matará a los irreflexivos, la indolencia acabará con los necios;

33mas quien me escucha vivirá tranquilo, seguro y sin temor a la desgracia».

1 Pedro 3

1Igualmente, que las mujeres estén a disposición de sus propios maridos, de modo que, si hay algunos que son reacios a la Palabra, se convenzan por la conducta de las mujeres y sin necesidad de palabras,

2asombrados, fijándose en vuestra conducta intachable y respetuosa.

3Que vuestro adorno no sea lo exterior, los peinados complicados, las joyas de oro, ni los vestidos lujosos,

4sino la profunda humanidad del corazón en la incorruptibilidad de un espíritu apacible y sereno; eso sí que es valioso ante Dios.

5Pues así se adornaban también antaño las santas mujeres que tenían puesta su esperanza en Dios, con actitud de disponibilidad para con sus propios maridos;

6por ejemplo, Sara obedeció a Abrahán llamándolo señor: vosotras os asemejáis a ella cuando hacéis el bien, pero sin temor alguno.

7Igualmente, los maridos, en la convivencia con la mujer, sabiendo que es más delicada, demuestren estima hacia ellas como coherederas que son también de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no encuentren obstáculo.

8Y por último, tened todos el mismo sentir, sed solidarios en el sufrimiento, quereos como hermanos, tened un corazón compasivo y sed humildes.

9No devolváis mal por mal, ni insulto por insulto, sino al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados, para heredar una bendición.

10Pues quien desee amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal y sus labios de pronunciar falsedad;

11apártese del mal y haga el bien, busque la paz y corra tras ella,

12pues los ojos del Señor se fijan en los justos y sus oídos atienden a sus ruegos; pero el Señor hace frente a los que practican el mal.

13¿Quién os va a tratar mal si vuestro empeño es el bien?

14Pero si, además, tuvierais que sufrir por causa de la justicia, bienaventurados vosotros. Ahora bien, no les tengáis miedo ni os amedrentéis.

15Más bien, glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza,

16pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo.

17Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal.

18Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu;

19en el espíritu fue a predicar incluso a los espíritus en prisión,

20a los desobedientes en otro tiempo, cuando la paciencia de Dios aguardaba, en los días de Noé, a que se construyera el arca, para que unos pocos, es decir, ocho personas, se salvaran por medio del agua.

21Aquello era también un símbolo del bautismo que actualmente os está salvando, que no es purificación de una mancha física, sino petición a Dios de una buena conciencia, por la resurrección de Jesucristo,

22el cual fue al cielo, está sentado a la derecha de Dios y tiene a su disposición ángeles, potestades y poderes.