Lectura 179 de 365
Job 38-40 · 1 Pedro 2
Job 38
1El Señor habló a Job desde la tormenta:
2«¿Quién es ese que enturbia mis designios sin saber siquiera de qué habla?
3Si eres hombre, cíñete los lomos; voy a interrogarte y tú me instruirás.
4¿Dónde estabas cuando cimenté la tierra? Cuéntamelo, si tanto sabes.
5¿Quién señaló sus dimensiones (¡seguro que lo sabes!) o le aplicó la cinta de medir?
6¿Dónde encaja su basamento o quién asentó su piedra angular
7entre la aclamación unánime de los astros de la mañana y los vítores de los hijos de Dios?
8¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando escapaba impetuoso de su seno,
9cuando le puse nubes por mantillas y nubes tormentosas por pañales,
10cuando le establecí un límite poniendo puertas y cerrojos,
11y le dije: “Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas”?
12¿Has mandado en tu vida a la mañana o señalado su puesto a la aurora,
13para que agarre la tierra por los bordes y sacuda de ella a los malvados;
14para marcarla como arcilla bajo el sello y teñirla lo mismo que un vestido;
15para negar la luz a los malvados y quebrar el brazo sublevado?
16¿Has entrado por las fuentes del Mar o paseado por la hondura del Océano?
17¿Te han enseñado las puertas de la Muerte o has visto los portales de las Sombras?
18¿Has examinado la anchura de la tierra? Cuéntamelo, si lo sabes todo.
19¿Por dónde se va a la casa de la luz?, ¿dónde viven las tinieblas?
20¿Podrías conducirlas a su tierra o enseñarles el camino de su casa?
21Lo sabrás, pues ya habías nacido y has cumplido tantísimos años.
22¿Has entrado en los silos de la nieve y observado los graneros del granizo,
23que reservo para la hora del peligro, para el día de la guerra y del combate?
24¿Por dónde se dispersa el relámpago, por dónde se difunde el viento del Este?
25¿Quién ha abierto un canal al aguacero y una ruta al relámpago y al trueno,
26para que llueva en las tierras despobladas, en la estepa no habitada por el hombre;
27para que empape el desierto desolado y brote la hierba en el páramo?
28¿Tiene padre la lluvia?, ¿quién engendra el rocío?,
29¿de qué seno sale el hielo?, ¿quién da a luz la escarcha de los cielos,
30cuando el agua se endurece como piedra y se cierra la superficie del Abismo?
31¿Puedes atar los lazos de las Pléyades o soltar las riendas de Orión,
32hacer salir a su tiempo al Zodíaco, guiar a la Osa y a sus crías?
33¿Conoces las leyes del cielo y las haces cumplir en la tierra?
34¿Puedes ordenar a las nubes que envíen sobre ti un chaparrón?
35¿Tienes de mensajeros a los rayos, que vienen y te dicen: “A sus órdenes”?
36¿Quién dio sabiduría al ibis o dotó de perspicacia al gallo?
37¿Quién cuenta las nubes con acierto e inclina los cántaros del cielo,
38cuando el polvo se funde en una masa y se pegan los terrones entre sí?
39¿Le cazas la presa a la leona o sacias el hambre de sus crías,
40cuando se encogen en sus cubiles o están al acecho en la maleza?
41¿Quién prepara al cuervo su comida cuando sus crías graznan a Dios y aletean alocadas por el hambre?
Job 39
1¿Sabes tú cuándo paren las rebecas?, ¿asististe alguna vez a las ciervas?
2¿Has contado sus meses de gestación? ¿Sabes el tiempo en que paren,
3cuando, acurrucadas, paren a sus crías, cuando echan fuera a sus hijos?
4Sus cachorros crecen sanos, medran al aire libre, se van y ya no regresan.
5¿Quién deja en libertad al onagro o desatado al asno salvaje,
6a quien di la estepa por morada, una casa en terreno salitroso?
7Se ríe del bullicio ciudadano, no escucha los gritos del arriero.
8Busca su pasto en los montes, rastrea cualquier cosa verde.
9¿Está el búfalo dispuesto a servirte?, ¿pasará la noche en tu establo?
10¿Lo atarías al arado en el surco?, ¿rastrillaría las navas tras de ti?
11¿Te fiarías de su enorme fuerza, hasta cederle el peso de tus tareas?
12¿Le confiarías la cosecha del grano y su acarreo después de la trilla?
13El avestruz aletea alegremente, como si fuesen sus plumas de cigüeña.
14Pero pone sus huevos en el suelo, los deja incubar en la arena,
15sin atender a que puedan pisarlos, o a que una fiera salvaje los aplaste.
16Se muestra cruel con sus crías, igual que si no fueran suyas; no le importa fatigarse en vano.
17Es que Dios le negó sabiduría, no le dio su porción de perspicacia.
18Mas, cuando se yergue encabritada, se ríe del caballo y del jinete.
19¿Le das al caballo su brío?, ¿le revistes el cuello de crines?
20¿Le haces saltar como langosta? Su resoplido provoca terror,
21piafa poderoso en el valle, se lanza impetuoso al ataque.
22Se burla impávido del miedo, no retrocede ante las armas,
23aunque silben en torno las flechas, o lanzas y venablos centelleen.
24Devora el espacio con furia y estrépito, nadie lo sujeta al toque de trompeta;
25responde a la trompeta con relinchos, barrunta de lejos la batalla, el grito de guerra de los jefes.
26¿Enseñas a volar al halcón, cuando despliega sus alas hacia el sur?
27¿Se cierne el águila a tus órdenes y pone su nido en los picachos?
28Construye su hogar en la roca, su refugio en crestas rocosas.
29Otea desde allí a las presas, sus ojos de lejos las divisan.
30Sus crías se nutren de sangre; aparece donde hay un cadáver».
Job 40
1El Señor interpeló a Job:
2«¿Quiere el censor discutir con el Todopoderoso? El que critica a Dios, que responda».
3Job respondió al Señor:
4«Me siento pequeño, ¿qué replicaré? Me taparé la boca con la mano.
5Hablé una vez, no insistiré; dos veces, nada añadiré».
6El Señor replicó a Job desde la tormenta:
7«Si eres hombre, cíñete los lomos; voy a interrogarte, y tú me instruirás:
8¿Te atreves a violar mi derecho, a condenarme por salir tú absuelto?
9¿Tienes el poder de Dios? , ¿truena tu voz como la suya?
10¡Pues vístete de gloria y majestad, cúbrete de fasto y esplendor,
11derrama la riada de tu cólera y abate al soberbio con tu mirada;
12humilla con tu mirada al arrogante y aplasta a los malvados donde estén;
13entiérralos juntos en el polvo, venda sus rostros en la tumba!
14Entonces yo también te alabaré: “Tu diestra te ha dado la victoria”.
15Contempla ahora a Behemot; es mi criatura, como tú; se alimenta de hierba, como el buey.
16Fíjate en la fuerza de sus lomos, en el vigor de los músculos del vientre;
17empina su cola como un cedro, se traban los nervios de sus muslos;
18sus huesos son tubos de bronce, sus miembros son barras de hierro.
19Es la obra maestra de Dios, su Hacedor lo amenazó con la espada.
20Los montes le pagan su tributo, junto a él retozan las bestias.
21Se tumba debajo de los lotos, oculto en el carrizal de la marisma;
22los lotos lo cubren con su sombra, los sauces del río lo protegen.
23No teme que el río se desborde, que un Jordán espumee en su hocico.
24¡A ver quién lo atrapa si él lo advierte, o le perfora la nariz con ganchos!
25¿Pescarías con anzuelo a Leviatán?, ¿sujetarías su lengua con cuerdas?
26¿Le pasarías un cordel por la nariz?, ¿traspasarías su mandíbula con garfios?
27¿Te vendría con súplicas insistentes?, ¿te aplacaría con suaves palabras?
28¿Firmaría un contrato contigo, para ser tu siervo de por vida?
29¿Jugarías con él como con un pájaro?, ¿lo atarías para diversión de tus hijas?
30¿Podrían subastarlo los pescadores o ponerlo en venta los mercaderes?
31¿Le acribillarías la piel con arpones, la cabeza con artes de pesca?
32¡Si le pones la mano encima, no querrás recordar la batalla!
1 Pedro 2
1Así, pues, apartaos de toda maldad, de toda falsedad, hipocresía y envidia y de toda maledicencia.
2Como niños recién nacidos, ansiad la leche espiritual, no adulterada, para que con ella vayáis progresando en la salvación,
3ya que habéis gustado qué bueno es el Señor.
4Acercándoos a él, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios,
5también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo.
6Por eso se dice en la Escritura: Mira, pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa; quien cree en ella no queda defraudado.
7Para vosotros, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular,
8y también piedra de choque y roca de estrellarse; y ellos chocan al despreciar la palabra. A eso precisamente estaban expuestos.
9Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.
10Los que antes erais no-pueblo, ahora sois pueblo de Dios, los que antes erais no compadecidos, ahora sois objeto de compasión.
11Queridos míos, como a extranjeros y peregrinos, os hago una llamada a que os apartéis de esos bajos deseos que combaten contra el alma.
12Que vuestra conducta entre los gentiles sea buena, para que, cuando os calumnien como si fuerais malhechores, fijándose en vuestras buenas obras, den gloria a Dios el día de su venida.
13Someteos por causa del Señor a toda criatura humana, lo mismo al rey, como soberano, que a los gobernadores,
14que son como enviados por él para castigo de los malhechores y aprobación, en cambio, de los que hacen el bien.
15Porque esa es la voluntad de Dios: que haciendo el bien tapéis la boca a la estupidez de los hombres ignorantes.
16Como personas libres, es decir, no usando la libertad como tapadera para el mal, sino como siervos de Dios,
17mostrad estima hacia todos, amad a la comunidad fraternal, temed a Dios, mostrad estima hacia el rey.
18Que los criados estén, con todo temor, a disposición de los amos, no solo de los buenos y comprensivos, sino también de los retorcidos.
19Pues eso es realmente una gracia: que, por consideración a Dios, se soporte el dolor de sufrir injustamente.
20Porque ¿qué mérito tiene que aguantéis cuando os pegan por portaros mal? En cambio, que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios.
21Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.
22Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca.
23Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente.
24Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados.
25Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas.