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Lectura 178 de 365

Job 35-37 · 1 Pedro 1

Letra: Normal

Job 35

1Elihú continuó de esta forma:

2«¿Crees que es justo decir: “Llevo razón contra Dios”

3o afirmar: “¿Qué más te da?, ¿qué saco con no pecar?”.

4Voy a refutar tus argumentos junto con los de tus amigos.

5Contempla atento el cielo, observa las nubes tan altas.

6¿Qué mal le haces a Dios pecando?, ¿en qué le afectan tus muchos delitos?

7Si eres justo, ¿qué le das?, ¿qué recibe de tu mano?

8Tu maldad afecta a mortales como tú; tu honradez, a los seres humanos.

9La gente protesta duramente oprimida, pide socorro ante el poder del tirano;

10pero no dice: “¿Dónde está mi Hacedor, que llena la noche de cantos de júbilo,

11que nos enseña por las bestias de la tierra y nos educa por las aves del cielo?”.

12Hay quien protesta, pero él no responde, por culpa del orgullo de los malvados.

13Y así, Dios no escucha falsedades, el Todopoderoso no presta atención.

14Mucho menos cuando dices: “No lo veo, le he expuesto mi causa y espero”.

15Pero ahora que no estalla su cólera ni parece darse cuenta del delito,

16Job abre su boca y echa viento, alargando un discurso sin sentido».

Job 36

1Elihú siguió diciendo:

2«Sé paciente, que acabaré convenciéndote; que quedan argumentos en favor de Dios.

3Espigaré mi saber en el pasado, demostraré que es justo mi Creador.

4Mis palabras no son falsas, desde luego; ante ti tienes ciencia consumada.

5Dios es poderoso y no vacila; poderoso y de firmes decisiones.

6No permite vivir al malvado, sino que hace justicia al afligido;

7no aparta sus ojos del justo: los pone junto a reyes, en sus tronos, los entroniza y exalta para siempre.

8Pero si él los sujeta con cadenas y los ata con cuerdas de aflicción,

9es para denunciar sus acciones, sus delitos nacidos del orgullo;

10les hace escuchar su advertencia, les emplaza a dejar el pecado.

11Si escuchan y se muestran dóciles, la prosperidad colmará su vida, el bienestar acompañará sus años;

12si no escuchan, cruzarán el canal; morirán repletos de ignorancia.

13Los de corazón impío, almacenan para sí la ira de Dios, y no claman cuando él los encadena;

14mueren en plena juventud, su vida termina en la adolescencia.

15Pero salva al afligido con la aflicción, lo instruye mediante el sufrimiento.

16Te sacaría de las fauces de la angustia a un lugar sin aprietos, espacioso, a una mesa con platos sustanciosos.

17Pero tu pleito es propio de un culpable, el pleito y el derecho te obsesionan.

18No te dejes seducir por la riqueza, ni un soborno sustancioso te engañe:

19nada valdrá ante la angustia todo el poder de tus riquezas.

20No suspires porque llegue la noche en que la gente desaparece de su sitio.

21Cuidado con reincidir en la maldad, que por ella probaste la aflicción».

22Dios es sublime y poderoso, ¿qué maestro se le puede comparar?,

23¿quién podrá determinar su conducta?, ¿quién puede acusarle de obrar mal?

24Acuérdate de ensalzar sus obras, que todos los hombres cantaron;

25todo el mundo las contempla, los mortales las perciben de lejos.

26Dios es poderoso, incomprensible; no se pueden contar sus años.

27Atrae hacia sí las gotas de agua, las filtra de su fuente como lluvia,

28la lluvia destilada por las nubes, que riega a toda la humanidad.

29¿Quién conoce la extensión de su nube, o el fragor que retumba en su tienda?

30El Altísimo despliega su relámpago, que ilumina las raíces del mar.

31De este modo alimenta a los pueblos, les regala sustento en abundancia.

32Oculta el relámpago en sus manos, lo dirige directo hacia el blanco.

33El Altísimo habla con su trueno, su cólera provoca la tormenta.

Job 37

1Ante esto tiembla mi corazón, que salta fuera de su sitio.

2Escuchad bien el fragor de su voz, el estruendo que sale de su boca;

3suelta su rayo bajo el cielo y alcanza los confines de la tierra;

4ruge tras él su voz, atruena con voz majestuosa; después de escuchar su voz, ninguno puede rastrearla.

5Su voz atruena prodigiosa, hace maravillas que ignoramos.

6Manda a la nieve que caiga a la tierra, y al aguacero que llueva fuerte;

7así frena el trabajo de los hombres para que todos conozcan sus obras.

8Las fieras se retiran a sus cubiles, se quedan ocultas en sus guaridas.

9La tormenta sale de su cámara, traen el frío los vientos del norte;

10sopla Dios y se forma el hielo, se congela la superficie del agua.

11Carga las nubes de humedad, el nubarrón dispersa su rayo,

12que gira de uno a otro lado, alrededor, guiado por él, para cumplir así sus órdenes por toda la superficie del orbe:

13y servir bien como azote «hasta en su tierra» o bien como favor.

14Escucha esto tranquilo, Job; piensa en las maravillas de Dios.

15¿Sabes cómo manda Dios que el rayo fulgure desde su nube?

16¿Sabes cómo equilibra las nubes, prodigio de inteligencia consumada?

17Tú, que te abrasas debajo de la ropa cuando el solano aletarga la tierra,

18¿puedes tender como él el firmamento, sólido como espejo de metal fundido?

19Enséñanos lo que hemos de decirle, no podemos litigar a oscuras.

20¿Ha de ser informado cuando hablo?, ¿hay que comunicarle lo que otro dice?

21En su momento, no se ve el sol, pese a que brilla entre nubes; pero cambia el viento y las disipa.

22Llegan del norte resplandores de oro, en torno a un Dios de terrible majestad;

23no podemos llegar hasta el Todopoderoso, sublime en poder y en equidad, justo, no viola el derecho.

24Por eso, mortales, temedlo, que él no teme a los sabios.

1 Pedro 1

1Pedro, apóstol de Jesucristo, a los elegidos, los peregrinos de la diáspora en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia,

2conforme al previo conocimiento de Dios Padre, mediante la santificación con el Espíritu, por la obediencia y la aspersión de la sangre de Jesucristo: a vosotros, gracia y paz abundantes.

3Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva;

4para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros,

5que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final.

6Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas;

7así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo;

8sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante,

9alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.

10Sobre esta salvación estuvieron explorando e indagando los profetas que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros

11tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba el Espíritu de Cristo que había en ellos cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías y su consiguiente glorificación.

12Y se les reveló que no era en beneficio propio, sino en el vuestro por lo que administraban estas cosas que ahora os anuncian quienes os proclaman el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo. Son cosas que los mismos ángeles desean contemplar.

13Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo.

14Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia.

15Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta,

16porque está escrito: Seréis santos, porque yo soy santo.

17Y puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación,

18pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata,

19sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo,

20previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros,

21que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

22Ya que habéis purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad hasta amaros unos a otros como hermanos, amaos de corazón unos a otros con una entrega total,

23pues habéis sido regenerados, pero no a partir de una semilla corruptible sino de algo incorruptible, mediante la palabra de Dios viva y permanente,

24porque Toda carne es como hierba y todo su esplendor como flor de hierba: se agosta la hierba y la flor se cae,

25pero la palabra del Señor permanece para siempre. Pues esa es la palabra del Evangelio que se os anunció.