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Lectura 177 de 365

Job 32-34 · Santiago 5

Letra: Normal

Job 32

1Los tres hombres ya no respondieron a Job, convencidos de que era inocente.

2Pero Elihú, hijo de Baraquel, del clan de Ram, natural de Buz, se indignó contra Job, porque pretendía justificarse frente a Dios.

3También se indignó contra los tres compañeros, porque, al no hallar respuesta, habían dejado a Dios por culpable.

4Elihú había esperado mientras ellos hablaban con Job, porque eran mayores que él;

5pero, viendo que ninguno de los tres respondía,

6Elihú, hijo de Baraquel el buzita, intervino indignado con estas palabras: «Yo soy joven, vosotros ya viejos; por eso, intimidado, dudaba en exponeros a todos mi saber.

7Yo pensaba: “Que hable la edad, pues los años enseñan sabiduría”.

8Pero en verdad hay un espíritu en el hombre, la inspiración del Todopoderoso otorga inteligencia;

9pues los años no dan sabiduría, ni la vejez entiende de litigios.

10Por eso, os pido que me oigáis, pues quiero exponeros mi opinión.

11Esperé mientras vosotros hablabais, escuchaba atento vuestras razones, cómo perfilabais los argumentos.

12Me iba fijando con atención, pero ninguno de vosotros rebatía a Job, ninguno respondía a sus cargos.

13No digáis: “¡Dimos con la sabiduría! ¡Que lo refute Dios, no los hombres!”.

14Dado que sus respuestas no me atañen, no lo refutaré con vuestras razones.

15Ahí están, perplejos, sin respuesta; sus argumentos los han abandonado.

16He esperado a que acabaran de hablar, y ahí están, plantados, sin respuesta.

17Pero voy a hacer mi aportación; expondré mi opinión, desde luego.

18Pues estoy repleto de argumentos, preñado de un aliento incontenible.

19Mi vientre es un vino sin fermentar, que revienta los odres nuevos.

20Hablaré y me quedaré tranquilo, abriré mis labios para responder.

21Con nadie seré parcial, no pienso adular a los hombres.

22Primero, porque no sé adular; además, mi Creador me aventaría.

Job 33

1Escucha, Job, mis palabras; presta oído a mi discurso:

2Ya comienzo a abrir la boca, mi lengua junto al paladar empieza a formar palabras.

3Hablaré con corazón sincero, con un saber aquilatado en mis labios.

4El soplo de Dios me formó, el aliento del Todopoderoso me dio vida.

5Contéstame, si puedes hacerlo; mantente firme frente a mí.

6Yo soy obra de Dios, como tú; también modelado con arcilla.

7No va a trastornarte mi terror, ni pienso ensañarme contigo.

8Tú declaraste en mi presencia, (yo mismo oí tus palabras):

9“Soy puro, sin un delito; soy inocente, sin culpa.

10Es él quien busca pretextos, ¡me tiene por enemigo!

11Mete mis pies en el cepo, vigila todos mis pasos”.

12Pues te digo que no tienes razón: Si Dios es más grande que el hombre,

13¿cómo te atreves a acusarlo de no atender a tus razones?

14Dios habla de un modo u otro, aunque no nos demos cuenta:

15en sueños o visiones nocturnas, cuando cae el sopor sobre el hombre, cuando está dormitando en su cama.

16Abre entonces el oído del hombre e inculca en él sus advertencias:

17para impedir que cometa una acción o protegerlo del orgullo del hombre;

18para impedirle que caiga en la fosa, que su vida traspase el canal.

19Lo corrige en el lecho del dolor, con la agonía incesante de sus miembros,

20hasta que acaba aborreciendo la comida y le repugna su manjar favorito;

21su carne se consume, desaparece; sus huesos, que estaban ocultos, aparecen;

22su existencia se acerca a la fosa, su vida al lugar de los muertos.

23Pero si tiene un ángel junto a él, un abogado entre mil, capaz de responder de su honradez,

24este pedirá piedad en su favor: “Líbralo de bajar a la fosa, pues he encontrado un rescate”.

25Entonces su cuerpo remozará, volverá a sus días lozanos.

26Dios aceptará sus plegarias, podrá ver su rostro con júbilo, pues le ha devuelto su integridad.

27Luego cantará ante los hombres: “Pequé y pervertí el derecho, pero no me ha pagado como merecía.

28Me ha librado de bajar a la fosa, mi existencia degusta la luz”.

29Dios suele hacer todo esto una y mil veces al hombre,

30para librar su vida de la fosa e inundar de luz su vida.

31Escucha, Job, hazme caso; calla mientras expongo mis razones.

32Si tienes argumentos, refútame; habla, que quiero darte la razón.

33Pero, si no los tienes, escucha; calla y te enseñaré sabiduría».

Job 34

1Elihú continuó de esta forma:

2«¡Escuchad, sabios, mis palabras; prestadme atención los doctos!,

3pues el oído distingue las palabras igual que el paladar los sabores.

4Decidamos, pues, lo que es justo; dilucidemos nosotros lo que es bueno.

5Job dijo: “Soy inocente, pero Dios me niega justicia.

6¿Voy a mentir sobre mi caso? Me hieren de muerte sin culpa”.

7¿Hay algún hombre como Job, que bebe sarcasmos como agua?

8Se hace acompañar de malhechores, busca la sociedad de los malvados,

9y dice: “Nada se gana buscando el favor de Dios”.

10Escuchadme, gente sensata: ¡Lejos de Dios la maldad, lejos del Todopoderoso la injusticia!

11Paga a los humanos según sus obras, retribuye a los mortales según su conducta.

12Está claro que Dios no actúa con maldad, que el Todopoderoso no pervierte la justicia.

13¿Quién le encargó del cuidado de la tierra?, ¿quién le confió custodiar el universo?

14Si decidiera por cuenta propia retirar su espíritu y su aliento,

15dejarían de respirar los vivientes, volverían los humanos al polvo.

16Si tienes conocimiento, escucha; presta atención a mis palabras.

17¿Podría gobernar quien odia el derecho? ¿Condenarías al que es Justo y Poderoso,

18capaz de llamar a un rey “canalla”, de tratar como bandidos a los nobles,

19que no tiene preferencias por los príncipes, ni favorece al rico contra el pobre, porque todos son obra de sus manos?

20Todos mueren de pronto, a medianoche; los gobernantes se agitan y se esfuman, cae el tirano, mas no por mano de hombre.

21Dios vigila el camino del hombre, sigue atento todos sus pasos;

22no hay sombra ni espesa tiniebla donde pueda esconderse el malvado.

23El hombre no decide el momento de comparecer a juicio con Dios.

24Destruye a los poderosos sin indagar y nombra a otros en su lugar;

25como conoce bien sus acciones, los trastorna de noche y los destruye;

26les paga su maldad azotándolos en un lugar donde la gente los vea,

27por haberle sido desleales, por ignorar su modo de actuar,

28provocando ante Dios el grito del pobre, haciéndole oír el grito del necesitado.

29Si guarda silencio, ¿quién lo condenará? Si oculta su rostro, ¿quién podrá verlo? Él vigila a hombres y países,

30para evitar que reine un impío que tenga al pueblo sometido.

31Si alguien dice a Dios: “Estoy equivocado; no lo haré más.

32Enséñame lo que no puedo ver. No reincidiré si he hecho algo malo”,

33¿debería castigar Dios, en tu opinión, cuando tú rechazas su criterio? Tú debes decidir, no yo; demuestra todo lo que sabes.

34Si la gente sensata me escuchara, si los sabios me oyesen, dirían:

35“Job argumenta sin saber; sus palabras no tienen sentido.

36Debería ser probado hasta el límite, pues responde igual que los malvados;

37se empecina en seguir pecando, vive tranquilo entre nosotros, multiplica sus palabras contra Dios”».

Santiago 5

1Atención, ahora, los ricos: llorad a gritos por las desgracias que se os vienen encima.

2Vuestra riqueza está podrida y vuestros trajes se han apolillado.

3Vuestro oro y vuestra plata están oxidados y su herrumbre se convertirá en testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. ¡Habéis acumulado riquezas… en los últimos días!

4Mirad, el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el que vosotros habéis retenido, está gritando, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor del universo.

5Habéis vivido con lujo sobre la tierra y os habéis dado a la gran vida, habéis cebado vuestros corazones para el día de la matanza.

6Habéis condenado, habéis asesinado al inocente, el cual no os ofrece resistencia.

7Por tanto, hermanos, esperad con paciencia hasta la venida del Señor. Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía.

8Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.

9Hermanos, no os quejéis los unos de los otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas.

10Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor;

11mirad: nosotros proclamamos dichosos a los que tuvieron paciencia. Habéis oído hablar de la paciencia de Job y ya sabéis el final que le concedió el Señor, porque el Señor es compasivo y misericordioso.

12Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni hagáis otro tipo de juramento; que vuestro sí sea sí, y vuestro no, no, para que no caigáis bajo condena.

13¿Está sufriendo alguno de vosotros? Rece. ¿Está contento? Cante.

14¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor.

15La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado.

16Por tanto, confesaos mutuamente los pecados y rezad unos por otros para que os curéis: mucho puede la oración insistente del justo.

17Elías era semejante a nosotros en el sufrimiento, y rezó insistentemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses.

18Volvió a rezar, y el cielo dio la lluvia y la tierra produjo su fruto.

19Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo convierte,

20sepa que quien convierte a un pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.