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Lectura 176 de 365

Job 29-31 · Santiago 4

Letra: Normal

Job 29

1Job continuó así su discurso:

2«¡Si pudiera revivir el pasado, cuando Dios velaba sobre mí,

3cuando su lámpara brillaba por encima de mi cabeza, y a su luz cruzaba las tinieblas!

4¡Aquellos días de mi otoño, cuando Dios era un íntimo en mi tienda,

5cuando el Todopoderoso estaba conmigo y me veía rodeado de mis hijos!

6Cuando lavaba mis pies en leche, y la roca me daba ríos de aceite.

7Cuando salía a la puerta de la ciudad y tomaba asiento en la plaza,

8los jóvenes, al verme, se escondían, los ancianos se ponían de pie;

9los jefes dejaban de hablar, tapándose la boca con la mano;

10enmudecía la voz de los notables, se les pegaba la lengua al paladar.

11La gente que me oía me felicitaba, quien lo veía luego lo confirmaba:

12pues yo libraba al pobre suplicante, al huérfano carente de defensor;

13recibía la bendición del moribundo, aliviaba el corazón de la viuda.

14La justicia era mi vestido, me arropaba lo mismo que un manto, y el derecho me servía de turbante.

15Yo era ojos para el ciego, yo fui pies para los cojos;

16yo era padre de los pobres, abogado de extranjeros.

17Rompía los colmillos del malvado y arrancaba la pieza de sus dientes.

18Pensaba: “Moriré en mi nido, prolongaré mis días como el Fénix,

19con mis raíces a la vera del agua y el rocío nocturno en mi ramaje;

20mi prestigio irá progresando y mi arco afianzado en mi mano”.

21La gente me escuchaba expectante, callada, esperando mi consejo;

22nada añadían a mi intervención, tenían mis palabras por rocío;

23me esperaban como a lluvia temprana, boquiabiertos al agua de primavera.

24Les sonreía y apenas lo creían, los animaba la luz de mi rostro.

25Les mostraba el camino y me ponía al frente; lo mismo que un rey al mando de sus tropas, yo los guiaba y se dejaban conducir.

Job 30

1Ahora, en cambio, se burlan de mí muchachos más jóvenes que yo, a cuyos padres no habría permitido estar entre los perros de mi rebaño.

2La fuerza de sus brazos no les servía, carentes como estaban de vigor.

3Consumidos por el hambre y la miseria, andaban royendo por la estepa, de noche, en desolada soledad.

4Recogían armuelle entre las matas, se alimentaban de raíces de retama.

5Expulsados de la vida en sociedad, ahuyentados lo mismo que ladrones,

6vivían en taludes de barrancas, en grutas y grietas de la roca.

7Lanzaban aullidos en la maleza, apretujados debajo de espinos,

8¡gente canalla y sin nombre, arrojada a golpes del país!

9Pero ahora me sacan coplas, soy el tema de sus burlas;

10me aborrecen, me abandonan y aun me escupen cuando paso.

11Dios me ha debilitado y afligido, por eso me humillan sin reparo.

12A mi derecha se alza gente canalla que hace que mis pasos vacilen, que prepara la forma de exterminarme.

13Deshacen mi sendero, trabajan en mi ruina, nadie los detiene.

14Irrumpen por una amplia brecha; erguido pido auxilio en la asamblea.

15Se desatan contra mí los terrores, se llevan como aire mi dignidad, como nube se esfuma mi prestigio.

16Entretanto mi vida se diluye: me atenazan días de aflicción,

17la noche me taladra los huesos, pues no duerme el dolor que me roe.

18Me agarra violento por la ropa, me ahoga con el cuello de la túnica,

19me arroja por tierra, en el fango, confundido con el barro y la ceniza.

20Te pido auxilio, y no respondes; me presento ante ti, y no lo adviertes.

21Te has convertido en mi verdugo y me atacas con tu brazo musculoso.

22Me levantas a lomos del viento, sacudido a merced del huracán.

23Ya sé que me devuelves a la muerte, donde todos los vivos se dan cita.

24¿No tendí yo la mano al afligido que me pedía ayuda en la desgracia?

25¿No lloré por el que vive en la penuria?, ¿no mostré compasión por el pobre?

26Esperaba la dicha, me vino el fracaso; anhelaba la luz, llegó la oscuridad.

27Me hierven las entrañas sin cesar, enfrentado a días de aflicción.

28Mi vida es sombría, sin sol; pido auxilio, de pie, en la asamblea.

29Me he vuelto hermano de chacales, comparto la amistad con avestruces.

30Mi piel ha quedado ennegrecida, mis huesos arden por la fiebre.

31Mi lira está afinada para el duelo, mi flauta acompaña a plañideros.

Job 31

1Yo hice un pacto con mis ojos de no fijarme en doncella.

2¿Qué suerte reserva Dios en el cielo, qué herencia guarda el Todopoderoso en lo alto?

3¿No reserva la desgracia al criminal?, ¿no le aguarda el fracaso al malhechor?

4¿No observa mi conducta?, ¿no conoce mis andanzas?

5¿Acaso caminé con el embuste?, ¿han corrido mis pies tras la mentira?

6Que me pese en balanza sin trampa y así comprobará mi honradez.

7Si aparté mis pasos del camino, siguiendo los caprichos de los ojos; si se pegó alguna mancha a mis manos,

8¡que otro devore mi siembra, que me arranquen mis retoños!

9Si me dejé seducir por mujeres, acechando a la puerta del vecino,

10¡que mi esposa muela para otro, que otros se acuesten con ella!

11Pues sería un caso de infamia, sería una ofensa criminal:

12un fuego que consume hasta el Abismo, que devora mis bienes de raíz.

13Si negué sus derechos al esclavo o a la esclava, que pleiteaban conmigo,

14¿qué haré cuando Dios se levante, qué diré cuando él me interrogue?

15¿No los hizo en el vientre como a mí?, ¿no fue Uno quien nos formó en el seno?

16Si me cerré al pobre necesitado o a la viuda consumida por el llanto;

17si comí el pan en soledad, sin querer repartirlo con el huérfano

18(desde joven lo cuidé como un padre, lo guié desde el seno materno);

19si vi a un transeúnte sin vestido o a un pobre sin ropa que ponerse,

20y no me lo agradecieron sus carnes, calientes con el vellón de mis ovejas;

21si alcé la mano contra el huérfano cuando vi que el tribunal me apoyaba,

22¡que se me salga el hombro de la espalda, que se me rompa el brazo por el codo!

23Me aterra que Dios me castigue, nada puedo frente a su majestad.

24No puse en el oro mi confianza ni llamé seguridad al oro fino;

25no me complacía en mi enorme riqueza, en la fortuna amasada por mis manos.

26No miré al sol en su esplendor, ni a la luna en su curso glorioso,

27para dejarme seducir en secreto y enviarles un beso con la mano.

28También sería una ofensa criminal, pues habría traicionado al Altísimo.

29No gocé con la ruina del enemigo, ni me alegré cuando el mal lo abatió;

30ni permití que mi lengua pecara deseando su muerte con maldiciones.

31Los hombres de mi casa dijeron: “¿Quién no se ha saciado de su carne?”.

32Ningún forastero durmió en la calle, porque abrí mis puertas al caminante.

33No oculté mi pecado como Adán, ni escondí mi delito en mi seno,

34por miedo a la opinión de la gente, por temor al desprecio de mi clan, en silencio, sin salir de mi casa.

35¡Ojalá hubiera quien me escuchara! ¡Aquí está mi firma, que responda el Todopoderoso! ¡Que mi rival escriba su alegato!

36Entonces lo llevaría sobre el hombro o ceñido como una diadema.

37Le daría cuenta de mis pasos, saldría a su encuentro como un príncipe.

38Si mis campos protestan contra mí y sus surcos lloran al unísono,

39por comer sus frutos sin pagarlos y dejar sin aliento a los braceros,

40¡que en vez de trigo dé espinas; en vez de cebada, ortigas!». Fin de las palabras de Job.

Santiago 4

1¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros?

2Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís.

3Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.

4Adúlteros, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, si alguno quiere ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios.

5¿O es que pensáis que la Escritura dice en vano: El espíritu que habita en nosotros inclina a la envidia?

6Pero la gracia que concede es todavía mayor; por eso dice: «Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes».

7Por tanto, sed humildes ante Dios, pero resistid al diablo y huirá de vosotros.

8Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Lavaos las manos, pecadores; purificad el corazón, los inconstantes.

9Lamentad vuestra miseria, haced duelo y llorad; que vuestra risa se convierta en duelo y vuestra alegría en aflicción.

10Humillaos ante el Señor y él os ensalzará.

11No habléis mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano o el que critica a su hermano está hablando mal de la ley y criticando la ley; y si criticas la ley, ya no eres cumplidor de la ley, sino su juez.

12Uno solo es legislador y juez: el que puede salvar y destruir. ¿Quién eres tú para juzgar al prójimo?

13Atención, ahora, los que decís: «Hoy o mañana iremos a tal ciudad y allí pasaremos un año, haremos negocio y ganaremos dinero».

14¡Si ni siquiera sabéis qué será del día de mañana! ¿Qué es vuestra vida? Pues sois vapor que aparece un instante y después desaparece.

15Más bien deberíais decir: «Si el Señor quiere y estamos vivos, haremos esto o lo otro».

16Sin embargo, ahora presumís con vuestras fanfarronerías; todo alarde de ese estilo es malo.

17Por tanto, el que sabe cómo hacer el bien y no lo hace, ese está en pecado.