Lectura 175 de 365
Job 26-28 · Santiago 3
Job 26
1Job respondió así:
2«¡Qué bien sabes ayudar al débil, socorrer al brazo sin fuerza!
3¡Qué bien aconsejas al necio!, ¡con qué competencia asesoras!
4¿A quién se dirigen tus argumentos?; ¿de quién procede tu inspiración?
5Las Sombras tiemblan de miedo, se espantan el mar y sus moradores.
6El Abismo está desnudo ante él, la perdición se halla al descubierto.
7Él tendió el septentrión sobre el vacío, suspendió la tierra sobre la nada.
8Él cerró las aguas en las nubes, para que estas no revienten con el peso.
9Él celó a las miradas su trono, desplegando su nube ante él.
10Él limitó con un círculo las aguas en la frontera de la luz y las tinieblas.
11Las columnas del cielo se conmueven, espantadas cuando él las amenaza.
12Sosegó el mar con su poder, con su ingenio machacó a Rahab.
13Su aliento desplegó los cielos, su mano traspasó al Dragón Huidizo.
14Esto es solo un fleco de sus obras; de él nos llega tan solo un susurro. El estruendo de su poder, ¿quién lo captará?».
Job 27
1Job continuó con su discurso:
2«Vive Dios, que me niega mi derecho; el Todopoderoso, que me llena de amargura:
3mientras siga respirando, con el aliento de Dios en las narices,
4mis labios no dirán mentiras, ni mi boca pronunciará falsedades.
5Lejos de mí daros la razón, mantendré mi integridad hasta la muerte.
6Me aferro a mi justicia, sin soltarla, sin reprocharme ninguno de mis días.
7Que mi enemigo resulte culpable, y mi rival injusto en el juicio.
8¿Qué esperanza le queda al impío cuando le cortan la trama de la existencia, cuando Dios le arranca su vida?
9¿Escuchará Dios sus protestas cuando se vea desbordado por la angustia,
10cuando implore el favor del Todopoderoso e invoque a Dios de continuo?
11Os instruiré sobre el poder de Dios, sin ocultar la verdad sobre el Todopoderoso;
12ahora bien, si lo habéis comprobado, ¿a qué viene hablar sin sentido?».
13«Esto es lo que hereda de Dios el malvado, la suerte que el violento recibe del Todopoderoso:
14si tiene muchos hijos, caerán bajo la espada, su descendencia no se hartará de pan;
15la Peste enterrará a sus supervivientes, sus viudas no los llorarán.
16Aunque apile plata como polvo, y almacene ropa como barro,
17la almacenará, pero el justo la vestirá, y el inocente disfrutará de la plata.
18La casa que edifique será como de guarda, como la choza que construye un vigilante.
19Se acuesta rico, pero es ya el final; abre sus ojos, pero ya no hay nada.
20Como riada, los terrores lo arrebatan, la tormenta se lo lleva por la noche.
21El viento del Este se lo lleva en vilo, entre torbellinos lo arranca de su casa;
22lo zarandea después sin compasión, y en vano intenta evitar sus golpes.
23La gente aplaude por su ruina y le silba al dejar su sitio.
Job 28
1Existen minas de plata, lugares donde el oro se refina.
2El hierro se extrae de la tierra; el bronce, de la roca fundida.
3Allí, en el límite de las tinieblas, el hombre rastrea lo más hondo, entre rocas oscuras y siniestras.
4Abre galerías lejos de los transeúntes, olvidado, en lugares nunca pisados; suspendido, lejos de los hombres.
5La tierra que produce alimentos se trastorna con fuego subterráneo;
6sus piedras ocultan zafiros, sus terrones tienen oro en polvo.
7El ave rapaz desconoce su sendero, el ojo del halcón no lo divisa,
8no lo huellan las fieras arrogantes ni siquiera lo pisan los leones.
9El hombre echa mano al pedernal, descuaja las montañas de raíz;
10en la roca excava galerías, vislumbra objetos preciosos;
11ataja los hontanares de los ríos y saca lo oculto a la luz.
12Pero ¿dónde se encuentra la sabiduría?, ¿dónde el yacimiento de la prudencia?
13El ser humano desconoce su camino, no se encuentra en la tierra de los vivos.
14Dice el Océano: “No está en mí”; responde el Mar: “No está conmigo”.
15No puede adquirirse con oro ni comprarse a peso de plata;
16no se paga con oro de Ofir, con ónices preciosos o zafiros;
17no la igualan el oro ni el vidrio, ni se paga con vasos de oro fino,
18no cuentan el cristal ni los corales, la Sabiduría vale más que las perlas;
19no la iguala el topacio de Etiopía, ni se cambia por el oro más puro.
20¿De dónde se saca la sabiduría, dónde se encuentra la prudencia?
21Se oculta a los ojos de las fieras y se esconde de las aves del cielo.
22Muerte y Abismo confiesan: “De oídas conocemos su fama”.
23Solo Dios encontró su camino, él llegó a descubrir su morada,
24pues contempla los límites del orbe y ve cuanto hay bajo el cielo.
25Cuando señaló su peso al viento y definió la medida de las aguas,
26cuando impuso su ley a la lluvia y su ruta al relámpago y al trueno,
27entonces la vio y la calculó, la estableció y examinó a fondo.
28Entonces dijo al ser humano: “Temer al Señor es sabiduría, apartarse del mal es prudencia”».
Santiago 3
1No os constituyáis muchos en maestros, hermanos míos, pues sabemos que nosotros recibiremos una sentencia más severa,
2porque todos faltamos a menudo. Si alguien no falta en el hablar, ese es un hombre perfecto, capaz de controlar también todo su cuerpo.
3A los caballos les metemos el freno en la boca para que ellos nos obedezcan, y así dirigimos a todo el animal.
4Fijaos también que los barcos, siendo tan grandes e impulsados por vientos tan recios, se dirigen con un timón pequeñísimo por donde el piloto quiere navegar.
5Lo mismo pasa con la lengua: es un órgano pequeño, pero alardea de grandezas. Mirad, una chispa insignificante puede incendiar todo un bosque.
6También la lengua es fuego, un mundo de iniquidad; entre nuestros miembros, la lengua es la que contamina a la persona entera y va quemando el curso de la existencia, pero ella es quemada, a su vez, por la gehenna.
7Pues toda clase de fieras y pájaros, de reptiles y bestias marinas pueden ser domadas y de hecho lo han sido por el hombre.
8En cambio, la lengua nadie puede domarla, es un mal incansable cargado de veneno mortal.
9Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, creados a semejanza de Dios.
10De la misma boca sale bendición y maldición. Eso no puede ser así, hermanos míos.
11¿Acaso da una fuente agua dulce y amarga por el mismo caño?
12¿Es que puede una higuera, hermanos míos, dar aceitunas o una parra higos? Pues tampoco un manantial salobre puede dar agua dulce.
13¿Quién de vosotros es sabio y experto? Que muestre sus obras como fruto de la buena conducta, con la delicadeza propia de la sabiduría.
14Pero si en vuestro corazón tenéis envidia amarga y rivalidad, no presumáis, mintiendo contra la verdad.
15Esa no es la sabiduría que baja de lo alto, sino la terrena, animal y diabólica.
16Pues donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones.
17En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera.
18El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.