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Lectura 174 de 365

Job 23-25 · Santiago 2

Letra: Normal

Job 23

1Job respondió así:

2«Hoy también me quejo y me rebelo; su mano intensifica mis gemidos.

3¡Si supiera al menos encontrarlo, si pudiese entrar en su morada!

4Expondría mi causa ante él, llenaría mi boca de argumentos,

5conocería los términos de su respuesta, sabría lo que quiere decirme.

6¿Usaría en el pleito su gran fuerza? No creo; me escucharía con atención.

7Discutiría honradamente con él y ganaría por fin el caso.

8Si voy a Oriente, no está allí; si a Occidente, no puedo distinguirlo;

9en el Norte se oculta y no lo veo; escondido en el Sur, no lo vislumbro.

10Él, en cambio, conoce mi camino; si me prueba, saldré como el oro:

11he seguido de cerca sus huellas, pegado a su camino, sin torcerme,

12sin desviarme de las normas de sus labios, guardando en el seno sus decretos.

13Pero él es firme en su parecer, ¿quién podrá disuadirlo?; siempre realiza sus proyectos.

14Seguro que ejecuta mi sentencia, como hace en casos semejantes.

15Por eso tengo miedo de verlo, pienso en ello y me espanto.

16Dios me ha acobardado, me ha aterrorizado el Todopoderoso.

17¡Ojalá me perdiera en la tiniebla y la oscuridad velase mi rostro!

Job 24

1Si el Todopoderoso dispone de tiempos de juicio, ¿por qué sus amigos no pueden preverlos?

2Hay gente que remueve linderos, roban rebaños y los apacientan;

3se llevan el burro del huérfano, y en prenda el buey de la viuda;

4echan del camino a los necesitados, los pobres del país se esconden.

5Hay otros que, igual que los onagros, viajeros de la estepa, madrugan e inician su tarea, en busca de la presa: la estepa alimenta a sus crías.

6Recogen forraje en el campo, rebuscan en la viña del malvado;

7pasan la noche desnudos, sin nada de ropa que ponerse, sin cobertor, a merced del frío.

8La lluvia del monte los empapa; sin refugio, se agarran a las rocas.

9Hay quien arranca al huérfano del pecho de su madre y toma en prenda al hijo del pobre.

10Andan desnudos, sin ropa; hambrientos, acarrean gavillas.

11Prensan aceite en el molino; sedientos, pisan en el lagar.

12Moribundos gimen en la ciudad, ¡gritos de socorro de los heridos! Pero Dios nada malo ve en ello.

13Otros son rebeldes a la luz: desconocen sus caminos, no frecuentan sus senderos.

14El asesino se levanta con el alba para matar a pobres e indigentes; por la noche se dedica a robar.

15El adúltero acecha entre dos luces, y piensa: “No hay ojo que me vea”, pues lleva embozado su rostro.

16De noche irrumpen en casas, de día se cierran en ellas; no saben lo que es la luz.

17Para ellos la mañana es tiniebla, habituados al terror de la noche.

18Son broza arrastrada por el agua, su heredad es maldita en la tierra, nadie toma el sendero de su viña.

19Sequía y calor derriten la nieve, y el Abismo se lleva a los pecadores.

20El seno materno los olvida, los gusanos los encuentran sabrosos; nunca serán recordados. ¡Y se tala como un árbol la injusticia!

21Viven de la estéril que no concebía y privan de bienes a la viuda.

22Aunque siga el poderoso en el poder, aunque medre, su vida es inestable;

23Dios puede hacer que se sienta seguro, pero vigila todos sus pasos.

24Se encumbra un momento y ya no existe; se doblega como flor que se marchita, se agosta lo mismo que una espiga.

25Esto es así, ¿quién me desmentirá, quitando valor a mis argumentos?».

Job 25

1Bildad de Súaj respondió así:

2«Él tiene un poder que sobrecoge, impone la paz en las alturas.

3¿Quién puede contar sus tropas?, ¿sobre quién no brilla su luz?

4¿Puede ser justo el mortal ante Dios, o inocente el nacido de mujer?

5¡Si hasta la luna carece de brillo, si a sus ojos no son puras las estrellas!

6¡Cuánto menos el mortal, un gusano, el ser humano, que solo es una larva!».

Santiago 2

1Hermanos míos, no mezcléis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas.

2Suponed que en vuestra asamblea entra un hombre con sortija de oro y traje lujoso, y entra también un pobre con traje mugriento;

3si vosotros atendéis al que lleva el traje de lujo y le decís: «Tú siéntate aquí cómodamente», y al pobre le decís: «Tú quédate ahí de pie» o «siéntate en el suelo, a mis pies»,

4¿no estáis haciendo discriminaciones entre vosotros y convirtiéndoos en jueces de criterios inicuos?

5Escuchad, mis queridos hermanos: ¿acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?

6Vosotros, en cambio, habéis ultrajado al pobre. ¿No son los ricos los que os oprimen e incluso os arrastran a los tribunales?

7¿No son ellos los que injurian el hermoso Nombre que ha sido invocado sobre vosotros?

8Si cumplís la que, según la Escritura, es la ley regia: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», hacéis bien;

9pero si establecéis diferencias entre las personas, cometéis pecado y esa ley os acusa como transgresores.

10Pues quien observa toda la ley, pero falla en un solo precepto, se hace responsable de todos.

11Porque el que dijo: No cometerás adulterio, dijo también: No matarás; por tanto, si no cometes adulterio, pero matas, te haces transgresor de la ley.

12Hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por una ley de libertad,

13pues el juicio será sin misericordia para quien no practicó la misericordia; la misericordia triunfa sobre el juicio.

14¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?

15Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario

16y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?

17Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro.

18Pero alguno dirá: «Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe».

19Tú crees que hay un solo Dios. Haces bien. Hasta los demonios lo creen y tiemblan.

20¿Quieres enterarte, insensato, de que la fe sin las obras es inútil?

21Abrahán, nuestro padre, ¿no fue justificado por sus obras al ofrecer a Isaac, su hijo, sobre el altar?

22Ya ves que la fe concurría con sus obras y que esa fe, por las obras, logró la perfección.

23Así se cumplió la Escritura que dice: Abrahán creyó a Dios y eso le fue contado como justicia y fue llamado «amigo de Dios».

24Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no solo por la fe.

25Del mismo modo también Rajab, la prostituta, ¿no fue justificada por sus obras al acoger a los mensajeros y hacerlos salir por otro camino?

26Pues lo mismo que el cuerpo sin aliento está muerto, así también la fe sin obras está muerta.