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Lectura 173 de 365

Job 20-22 · Santiago 1

Letra: Normal

Job 20

1Sofar de Naamat respondió:

2«Mi turbación me obliga a contestar, debido a la inquietud que siento en mí.

3He oído una reflexión difamante, y mi inteligencia me impulsa a responder.

4¿No sabes tú que ya desde antaño, desde que el hombre apareció en la tierra,

5el triunfo del malvado ha sido efímero, momentánea la alegría del impío?

6Aunque su altura alcance los cielos y su cabeza llegue a las nubes,

7desaparece para siempre, como estiércol; los que lo vieron preguntan: “¿Dónde está?”.

8Vuela como un sueño y no aparece, se esfuma como visión nocturna.

9El ojo que lo vio no lo divisa, su morada ya no lo contempla.

10Sus hijos solicitarán el favor de los pobres, y sus manos devolverán su riqueza.

11Aunque sus huesos rebosen vigor, yacerán con él en el polvo.

12Aunque le sepa dulce la maldad y la oculte debajo de la lengua,

13dispuesto a no dejarla escapar, reteniéndola contra el paladar,

14acabará agriándose en su estómago, convertida en veneno de víboras.

15Vomitará la riqueza que tragó, Dios hace que la expulse del vientre.

16Chupaba ponzoña de víboras, lo matará la lengua del áspid.

17No disfrutará de arroyos de aceite, de torrentes de miel y de leche.

18Devolverá sus ganancias sin probarlas, sin gozar del fruto de sus negocios,

19pues defraudó sin miramientos al pobre, robando casas que no construyó.

20Su vientre no se vio satisfecho; nada escapó a sus deseos,

21comió sin dejar a los demás, así que no durará su prosperidad.

22En plena abundancia caerá en la penuria, lo asaltará con fuerza la desgracia.

23Aunque el malvado sacie su vientre, Dios le enviará su ardiente cólera, y hará caer sobre él una lluvia de saetas.

24Aunque escape al arma de hierro, la flecha de bronce lo atravesará;

25una flecha le sale por la espalda, la hoja reluciente por el hígado, los terrores se abatirán sobre él.

26Lo acechan profundas tinieblas, lo consume un fuego no atizado, que devora los restos de su tienda.

27El cielo lo declara culpable; la tierra, en pie, lo denuncia.

28Un diluvio barre su casa, los torrentes del día de la ira.

29Tal es la suerte que Dios depara al malvado, tal es la herencia que Dios le tiene reservada».

Job 21

1Job respondió así:

2«Escuchad atentos mis palabras, dadme siquiera ese consuelo.

3Sed pacientes mientras hablo, después os podréis burlar.

4¿Me quejo quizá de algún hombre o pierdo la paciencia sin razón?

5Escuchadme, quedaréis pasmados y os llevaréis la mano a la boca.

6Lo pienso y me horrorizo, y el pavor atenaza mi carne.

7¿Por qué siguen vivos los malvados, que envejecen y aumenta su poder?

8Ven a sus hijos crecer seguros, contemplan cómo medran sus retoños:

9sus casas, en paz y sin temor, la vara de Dios no los alcanza.

10Sus toros engendran sin fallar, sus vacas nunca malparen.

11Sus hijos trotan como corderos, sus niños juegan satisfechos.

12Cantan con liras y tambores, se alegran al son de la flauta;

13disfrutan dichosos de la vida y bajan en paz al Abismo.

14Y eso que decían a Dios: “¡Déjanos en paz!, no nos interesa para nada conocer tus caminos.

15¿Por qué hemos de servir al Todopoderoso?, ¿qué sacamos con invocarlo?”.

16¿No depende del impío su dicha, aunque su plan esté lejos de Dios?

17¿Cuándo se apaga la lámpara del malvado?, ¿cuándo se abate sobre él la desgracia, o la ira divina lo colma de dolor?

18¿Son paja perseguida por el viento o tamo que arrastra el huracán?

19¿Va a castigar Dios a sus hijos? ¡Que lo pague él y escarmiente!

20¡Que él mismo contemple su ruina, que beba la cólera del Todopoderoso!

21¿Qué le importa su casa una vez muerto, cuando cese la cuenta de sus meses?

22¿Quién puede dar lecciones a Dios, cuando gobierna también el cielo?

23Hay quien muere en pleno vigor, rebosante de dicha y de paz,

24con sus lomos cubiertos de grasa y jugosa la médula de sus huesos.

25Y hay quien muere lleno de amargura, sin haber probado cosa buena.

26Pero ambos se acuestan en el polvo, bajo una cubierta de gusanos.

27De sobra sé lo que pensáis, todo lo que opináis sobre mi caso.

28Decís: “¿Dónde está la casa del prepotente, la tienda que habitaban los impíos?”.

29¿Por qué no lo preguntáis a los viajeros?, entonces sabríais lo que piensan:

30El malvado se libra el día del desastre, se encuentra a salvo el día del castigo.

31¿Quién le reprocha su conducta o le hace pagar lo que ha hecho?

32Muere y lo llevan al cementerio, la gente vela junto a su tumba,

33ni siquiera le pesa la tierra. Tras él desfila todo el mundo, por delante una turba innumerable.

34Pues ¿a qué consolarme con vaciedades? ¡Si tan solo respondéis con engaños!».

Job 22

1Elifaz de Temán respondió así:

2«¿Puede un hombre ser útil a Dios cuando el sabio apenas es útil para sí?

3¿Le importa al Todopoderoso que seas honrado?, ¿qué le aprovecha tu recta conducta?

4¿Acaso te castiga por tu piedad, o te lleva a juicio por eso?

5¿No será por tu inmensa maldad, por tus innumerables delitos?

6Exigías sin motivo prendas a tu hermano, despojabas de su ropa al desnudo;

7privabas del agua al sediento, negabas el pan al hambriento.

8¡Poderoso dueño del país, arrogante habitante de él,

9que despedías a las viudas de vacío y dejabas sin ayuda a los huérfanos!

10Por eso te rodean lazos, te asalta de improviso el pánico,

11la oscuridad que no te deja ver; te engullen aguas caudalosas.

12¿No está Dios arriba, en el cielo? ¡Fíjate en la altura de las estrellas! ¡Qué sublime!

13Y dices: “¿Qué sabe Dios? ¿Podrá ver a través de las nubes?

14El manto de nubes no le deja ver cuando recorre la órbita del cielo”.

15¿Imitarás la antigua conducta que llevaron perversos mortales,

16aventados antes de tiempo, cuando la riada arrasó sus cimientos?

17Decían a Dios: “¡Déjanos en paz!, ¿qué puede hacernos ahora el Todopoderoso?”;

18aunque él colmaba de bienes sus hogares, ellos lo excluían de sus planes.

19Los justos se alegran al verlo, los inocentes se burlan de ellos:

20“Sus posesiones han sido barridas; su opulencia, consumida por el fuego”.

21Arréglate con él y haz las paces, y así cosecharás la dicha.

22Acepta la instrucción de su boca, piensa siempre en sus palabras.

23Si vuelves al Todopoderoso, serás rehabilitado: si alejas de tu tienda la injusticia,

24si arrojas al polvo tu oro, el Ofir a las piedras del arroyo,

25el Todopoderoso será tu tesoro, será tu plata a montones.

26El Todopoderoso será tu delicia, mirarás a Dios confiado.

27Él escuchará tus súplicas y tú cumplirás tus votos.

28Tomarás decisiones con éxito, la luz iluminará tu camino.

29Podrás animar a los abatidos, el humilde tendrá un salvador.

30Incluso el culpable escapará gracias a la pureza de tus manos».

Santiago 1

1Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus en la diáspora: saludos.

2Considerad, hermanos míos, un gran gozo cuando os veáis rodeados de toda clase de pruebas,

3sabiendo que la autenticidad de vuestra fe produce paciencia.

4Pero que la paciencia lleve consigo una obra perfecta, para que seáis perfectos e íntegros, sin ninguna deficiencia.

5Y si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, que da a todos generosamente y sin reproche alguno, y él se la concederá.

6Pero que pida con fe, sin titubear nada, pues el que titubea se parece a una ola del mar agitada y sacudida por el viento.

7No se crea un individuo así que va a recibir algo del Señor;

8es un hombre inconstante, indeciso en todos sus caminos.

9Que el hermano de condición humilde se sienta orgulloso de su alta dignidad,

10y el rico de su pequeñez, porque pasará como flor de hierba.

11Pues sale el sol con su ardor y seca la hierba, se cae la flor y se pierde la belleza de su aspecto; así también se marchitará el rico en sus empresas.

12Bienaventurado el hombre que aguanta la prueba, porque, si sale airoso, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que lo aman.

13Cuando alguien se vea tentado, que no diga: «Es Dios quien me tienta»; pues Dios no es tentado por el mal y él no tienta a nadie.

14A cada uno lo tienta su propio deseo cuando lo arrastra y lo seduce;

15después el deseo concibe y da a luz al pecado, y entonces el pecado, cuando madura, engendra muerte.

16No os engañéis, mis queridos hermanos.

17Todo buen regalo y todo don perfecto viene de arriba, procede del Padre de las luces, en el cual no hay ni alteración ni sombra de mutación.

18Por propia iniciativa nos engendró con la palabra de la verdad, para que seamos como una primicia de sus criaturas.

19Tened esto presente, mis queridos hermanos: que toda persona sea pronta para escuchar, lenta para hablar y lenta a la ira,

20pues la ira del hombre no produce la justicia que Dios quiere.

21Por eso, desechad toda inmundicia y la carga de mal que os sobra y acoged con docilidad esa palabra, que ha sido injertada en vosotros y es capaz de salvar vuestras vidas.

22Poned en práctica la palabra y no os contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos.

23Porque quien oye la palabra y no la pone en práctica, ese se parece al hombre que se miraba la cara en un espejo

24y, apenas se miraba, daba media vuelta y se olvidaba de cómo era.

25Pero el que se concentra en una ley perfecta, la de la libertad, y permanece en ella, no como oyente olvidadizo, sino poniéndola en práctica, ese será dichoso al practicarla.

26Si alguien se cree religioso y no refrena su lengua, sino que se engaña a sí mismo, su religiosidad está vacía.

27La religiosidad auténtica e intachable a los ojos de Dios Padre es esta: atender a huérfanos y viudas en su aflicción y mantenerse incontaminado del mundo.