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Lectura 171 de 365

Job 14-16 · Hebreos 12

Letra: Normal

Job 14

1El hombre, nacido de mujer, corto de días y harto de inquietudes,

2como flor se abre y se marchita, huye como la sombra sin parar.

3¿Y en uno así clavas los ojos y lo llevas a juicio contigo?

4¿Quién sacará lo puro de lo impuro? ¡Nadie!

5Si sus días están determinados y sabes el número de sus meses; si le has puesto un límite infranqueable,

6aparta de él tu vista y que descanse, hasta que acabe sus días de jornalero.

7Un árbol tiene la esperanza de retoñar, aunque sea talado, de que no fallarán sus renuevos.

8Aunque envejezcan sus raíces en la tierra y su tocón agonice en el polvo,

9cuando siente el agua reverdece y echa brotes como una planta joven.

10Pero el hombre, al morir, desaparece; cuando expira el mortal, ¿dónde está?

11Como agua que se evapora en un lago, como río que se seca y aridece,

12el hombre se acuesta y no se levanta; se acabarán los cielos y no despertará, nadie lo espabilará de su sueño.

13¡Ojalá me escondieras en el Abismo, me ocultaras hasta que pasase tu cólera y fijaras una fecha para acordarte de mí!

14Si un hombre muere, ¿puede revivir? ¡Esperaría todo el tiempo de mi milicia, hasta ver si llegaba mi relevo!

15Tú llamarías y yo respondería, añorarías la obra de tus manos.

16Contarías sin duda mis pasos, pero no vigilarías mis errores;

17cerrarías mis delitos en un saco, cubrirías con cal mis culpas.

18Como monte que se hunde y se erosiona, como riscos desplazados de su sitio,

19como agua que desgasta las rocas y avenida que arrastra la tierra, así destruyes la esperanza del hombre.

20Lo destrozas para siempre y se va, lo desfiguras y lo haces desaparecer.

21Si medran sus hijos, él no lo sabe; si se hunden en la miseria, él no se entera.

22Solo siente su propio dolor, se lamenta solo por su vida».

Job 15

1Elifaz de Temán respondió así:

2«¿Responde un sabio con razones vanas?, ¿llena su vientre de viento del Este?

3¿Argumenta con discursos inútiles, con palabras que no valen nada?

4Peor tú, que te muestras irreverente y dejas de orar ante Dios.

5Tu pecado inspira tus palabras, adoptas el lenguaje de la astucia.

6Tu boca te condena, que no yo; tus labios testifican contra ti.

7¿Eres tú el primogénito de los hombres?, ¿te engendraron antes que a las colinas?

8¿Has asistido al consejo divino?, ¿solo tú estás dotado de sabiduría?

9¿Qué sabes tú que nosotros no sepamos, qué entiendes tú que nosotros no entendamos?

10Entre nosotros hay ancianos venerables, más repletos de días que tu padre.

11¿Te sabe a poco que Dios te consuele y las amables palabras que se te dirigen?

12¿Por qué dejas que tu pasión te domine y miras con ojos desorbitados,

13para dirigir tu cólera contra Dios y lanzar tales palabras por tu boca?

14¿Qué es el hombre para sentirse puro, un nacido de mujer para ser inocente?

15Si Dios no confía en sus santos y los cielos no son puros a sus ojos,

16¡qué decir de lo odioso y corrompido, del hombre, que se sacia de maldad!

17Voy a hablarte, escúchame, y te diré lo que he visto,

18lo que han contado los sabios y han transmitido sus padres,

19aquellos a quienes dieron el país, cuando ningún extranjero se infiltraba.

20La vida del malvado es solo sufrimiento, al tirano le reservan años contados;

21resuena en sus oídos el eco del terror, cuando vive tranquilo lo asalta el devastador.

22Que no confíe en escapar de las tinieblas, pues está destinado para la espada.

23Desechado como pasto de buitres, sabe que su ruina es segura.

24Los días oscuros lo aterran, lo atenazan angustia y ansiedad, como un rey que se lanza al ataque.

25Pues alzó su mano contra Dios e intentó desafiar al Todopoderoso,

26arremetiendo desafiante contra él tras la maciza panza de su escudo.

27Aunque rebosen grasa sus carrillos y el sebo recubra su lomera,

28habitará en pueblos arruinados, en casas donde nadie habita, destinadas a montones de escombros.

29No se hará rico ni durarán sus bienes, no llegarán sus posesiones al sepulcro.

30No escapará a la oscuridad, una llama secará sus renuevos, el viento barrerá sus brotes.

31Que no confíe iluso en su estatura, pues su rama acabará siendo nada.

32Antes de tiempo se marchitará, sus ramas no verdearán.

33Será viña que pierde sus agraces, olivo que se queda sin flores.

34No echa frutos la banda de los impíos, el fuego consume sus viviendas.

35Quien concibe maldad, da a luz desgracias, su vientre va gestando la decepción».

Job 16

1Job respondió así:

2«Muchas cosas parecidas he oído, vuestro consuelo no es más que tortura.

3¿Acabará este discurso inconsistente?, ¿qué te preocupa para tener que responder?

4También podría hablar como vosotros, si por ventura ocuparais mi lugar. ¿Prepararía discursos contra vosotros, agitaría contra vosotros la cabeza?

5¡No! Os confortaría con mi palabra, mis labios os apaciguarían.

6Pero si hablo, no se alivia mi pena; si me callo, no se aleja de mí.

7Ahora me tiene extenuado, dejando sin valor mi testimonio; ahora me tiene marchito,

8mi extenuación testifica contra mí: se alza como testigo en mi contra.

9Su cólera me desgarra y me ataca; rechina los dientes contra mí y me mira con ojos hostiles.

10La gente se burla a mi cara, me dan bofetadas y me insultan, se alían todos contra mí.

11Dios me abandona a gente injusta, me arroja a las garras de malvados.

12Vivía yo tranquilo y me zarandeó, me agarró por la nuca y me hizo trizas. Hizo de mí su diana,

13sus arqueros me pusieron cerco; me atravesó los riñones sin piedad, esparció por tierra mi hiel.

14Me desgarró y me cubrió de brechas, lanzado contra mí como un guerrero.

15He cosido saco a mi piel, he enterrado mi honor en el polvo.

16El llanto enrojece mi rostro, mis ojos reflejan la muerte,

17aunque no hay violencia en mis manos ni es interesada mi oración.

18¡Tierra, no cubras mi sangre, que un sepulcro no apague mi grito!

19Mi testigo está ahora en el cielo, mi defensor habita en lo alto

20—es mi grito quien habla por mí, aguardo inquieto la respuesta divina—;

21que juzgue entre el hombre y Dios, como es habitual entre mortales,

22pues me esperan años contados y emprenderé un camino sin vuelta.

Hebreos 12

1En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia,

2fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

3Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo.

4Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado,

5y habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión;

6porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos.

7Soportáis la prueba para vuestra corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos?

8Si os eximen de la corrección, que es patrimonio de todos, es que sois bastardos y no hijos.

9Ciertamente tuvimos por educadores a nuestros padres carnales y los respetábamos; ¿con cuánta más razón nos sujetaremos al Padre de nuestro espíritu, y así viviremos?

10Porque aquellos nos educaban para breve tiempo, según sus luces; Dios, en cambio, para nuestro bien, para que participemos de su santidad.

11Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.

12Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes,

13y caminad por una senda llana: así el pie cojo, no se retuerce, sino que se cura.

14Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor.

15Procurad que nadie se quede sin la gracia de Dios, y que ninguna raíz amarga rebrote y haga daño, contaminando a muchos.

16Que nadie se prostituya ni profane como Esaú, que solo por una comida vendió su primogenitura.

17Sabéis que más tarde quiso heredar la bendición, pero fue excluido, pues no obtuvo la retractación, por más que la pidió hasta con lágrimas.

18No os habéis acercado a un fuego tangible y encendido, a densos nubarrones, a la tormenta,

19al sonido de la trompeta; ni al estruendo de las palabras, oído el cual, ellos rogaron que no continuase hablando,

20pues no podían soportar lo que mandaba: Quien toque el monte, aunque sea un animal, será apedreado.

21Y tan terrible era el espectáculo, que Moisés exclamó: Estoy temblando de miedo.

22Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a las miríadas de ángeles,

23a la asamblea festiva de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos; a las almas de los justos que han llegado a la perfección,

24y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

25Cuidado con rechazar al que habla, pues si aquellos no escaparon por haber rechazado al que transmitía los oráculos en la tierra, cuánto menos nosotros, si nos apartamos del que habla desde el cielo.

26Su voz entonces hizo temblar la tierra, pero ahora hace esta promesa: Una vez más haré temblar no solo la tierra, sino también el cielo.

27Al decir «una vez más» indica la desaparición de lo que tiembla, por ser creado, para que quede lo inconmovible.

28Por eso, nosotros, que recibimos un reino inconmovible, hemos de mantener esta gracia; y, mediante ella, ofrecer a Dios un culto que le sea grato, con respeto y reverencia,

29porque nuestro Dios es fuego devorador.