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Lectura 17 de 365

Génesis 49-50 · Éxodo 1 · Marcos 5-6

Letra: Normal

Génesis 49

1Jacob llamó a sus hijos y les dijo: «Reuníos, que os voy a contar lo que os va a suceder en el futuro;

2agrupaos y escuchadme, hijos de Jacob, oíd a vuestro padre Israel:

3Tú, Rubén, mi primogénito, mi fuerza y primicia de mi virilidad, primero en honor, primero en poder.

4Burbujeante como agua, no descollarás; porque subiste al lecho de tu padre, lo profanaste, escalando mi tálamo.

5Simeón y Leví, hermanos, armas criminales sus espadas.

6Ojalá no participe yo en sus consejos, ni me siente yo en su asamblea, pues mataron hombres ferozmente, y mutilaron bueyes a su antojo.

7Maldita su furia, tan cruel, y su cólera implacable. Los repartiré entre Jacob y los dispersaré por Israel.

8A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, pondrás tu mano sobre la cerviz de tus enemigos, se postrarán ante ti los hijos de tu padre.

9Judá es un león agazapado, has vuelto de hacer presa, hijo mío; se agacha y se tumba como león o como leona, ¿quién se atreve a desafiarlo?

10No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos.

11Ata su asno a una viña, y a una cepa, el pollino de la asna; lava su sayo en vino, y su túnica en sangre de uvas.

12Sus ojos son más oscuros que vino, y sus dientes más blancos que leche.

13Zabulón morará junto a la costa, será un puerto para los barcos, vuelto a Sidón su flanco.

14Isacar, asno robusto, se acuclilla entre las alforjas.

15Viendo qué bueno es el establo y qué placentero el país, inclinó su lomo a la carga y aceptó trabajos de esclavo.

16Dan gobernará a su pueblo, como una de las tribus de Israel.

17Dan es culebra junto al camino, víbora junto al sendero. Muerde los talones del caballo, y cae de espaldas su jinete.

18Espero tu salvación, Señor.

19Gad: le asaltarán los bandidos, y él los asaltará por la espada.

20De Aser viene el grano suculento, que proporciona manjares de reyes.

21Neftalí, cierva suelta, que da hermosos cervatillos.

22José es un potro salvaje, un potro junto a la fuente, asnos salvajes en una ladera.

23Los arqueros los hostigan, los persiguen y los atacan.

24Pero su arco se queda rígido, y tiemblan sus manos y sus brazos, ante el Fuerte de Jacob, el Pastor, la Roca de Israel.

25El Dios de tu padre te auxilia, el Todopoderoso te bendice: bendiciones de lo alto del cielo, bendiciones de lo profundo del océano, bendiciones de pechos y ubres.

26Las bendiciones de tu padre superan las bendiciones de los collados antiguos, las delicias de las colinas perdurables. Descansen sobre la cabeza de José, coronen al elegido entre sus hermanos.

27Benjamín, lobo rapaz: por la mañana devora la presa, por la tarde reparte los despojos».

28Todas estas son las tribus de Israel, doce en total, y esto es lo que su padre les dijo al bendecirlos, dando a cada uno su bendición pertinente.

29Luego les dio estas instrucciones: «Cuando me reúna con los míos, enterradme con mis padres en la cueva del campo de Efrón, el hitita,

30la cueva del campo de Macpela frente a Mambré, en la tierra de Canaán, la que compró Abrahán a Efrón, el hitita, como sepulcro en propiedad.

31Allí enterraron a Abrahán y Sara, su mujer; allí enterraron a Isaac y a Rebeca, su mujer; allí enterré yo a Lía.

32El campo y la cueva fueron comprados a los hititas».

33Cuando Jacob terminó de dar instrucciones a sus hijos, recogió los pies en la cama, expiró y se reunió con los suyos.

Génesis 50

1José se echó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y lo besó.

2Después José mandó a los médicos de su servicio embalsamar a su padre y los médicos embalsamaron a Israel.

3Tardaron cuarenta días, que es lo que se suele tardar en embalsamar. Los egipcios le guardaron luto setenta días.

4Pasados los días del duelo, dijo José a la corte del faraón: «Si he obtenido vuestro favor, exponed ante el faraón este ruego mío:

5“Mi padre me hizo jurar, diciendo: cuando muera, me enterrarás en el sepulcro que me preparé en la tierra de Canaán. Ahora, pues, déjame subir a enterrar a mi padre y después volveré”».

6Contestó el faraón: «Sube y entierra a tu padre, como él te hizo jurar».

7José subió a enterrar a su padre, y con él subieron todos los servidores del faraón, los ancianos de la corte y los ancianos de la tierra de Egipto

8y toda la familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. Solo quedaron en la tierra de Gosén los niños, las ovejas y las vacas.

9Subieron con él también carros y jinetes. El cortejo era muy numeroso.

10Cuando llegaron a Goren Atad, que está al otro lado del Jordán, celebraron un funeral solemne e impresionante; y José hizo duelo siete días por su padre.

11Al ver los cananeos, que habitaban el país, el funeral de Goren Atad, dijeron: «Gran duelo este de los egipcios». Por eso el lugar se llamó Abel Misráin, que está al otro lado del Jordán.

12Así los hijos de Jacob hicieron con él lo que les había mandado:

13lo llevaron a la tierra de Canaán, lo enterraron en la cueva del campo de Macpela, frente a Mambré, el campo que Abrahán había comprado a Efrón, el hitita, como sepulcro en propiedad.

14Después de enterrar a su padre, José volvió a Egipto con sus hermanos y con todos los que habían subido con él a enterrar a su padre.

15Cuando los hermanos de José vieron que había muerto su padre, se dijeron: «A ver si José nos guarda rencor y quiere pagarnos todo el mal que le hicimos».

16Y mandaron decir a José: «Antes de morir tu padre nos encargó:

17“Esto diréis a José: Perdona a tus hermanos su crimen y su pecado y el mal que te hicieron. Por tanto, perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre”». José al oírlo se echó a llorar.

18Entonces vinieron sus hermanos, se postraron ante él y le dijeron: «Aquí nos tienes, somos tus siervos».

19Pero José les respondió: «No temáis, ¿soy yo acaso Dios?

20Vosotros intentasteis hacerme mal, pero Dios intentaba hacer bien, para dar vida a un pueblo numeroso, como hoy somos.

21Por tanto, no temáis; yo os mantendré a vosotros y a vuestros hijos». Y los consoló hablándoles al corazón.

22José habitó en Egipto con la familia de su padre; y vivió ciento diez años.

23José llegó a conocer a los descendientes de Efraín, hasta la tercera generación, y también a los hijos de Maquir, hijo de Manasés, que nacieron sobre sus rodillas.

24Más adelante, José dijo a sus hermanos: «Yo voy a morir, pero Dios cuidará de vosotros y os llevará de esta tierra a la tierra que juró dar a Abrahán, Isaac y Jacob».

25Luego José hizo jurar a los hijos de Israel: «Cuando Dios os visite, os llevaréis mis huesos de aquí».

26José murió a los ciento diez años. Lo embalsamaron y lo pusieron en un sarcófago en Egipto.

Éxodo 1

1Estos son los nombres de los hijos de Israel que fueron a Egipto con Jacob, cada uno con su familia:

2Rubén, Simeón, Leví, Judá,

3Isacar, Zabulón, Benjamín,

4Dan, Neftalí, Gad, Aser.

5Los descendientes de Jacob eran, en total, setenta personas. José ya estaba en Egipto.

6Después murió José y sus hermanos y toda aquella generación,

7pero los hijos de Israel crecían y se propagaban, se multiplicaban y se hacían fuertes en extremo, e iban llenando la tierra.

8Surgió en Egipto un faraón nuevo que no había conocido a José,

9y dijo a su pueblo: «Mirad, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y fuerte que nosotros:

10obremos astutamente contra él, para que no se multiplique más; no vaya a declararse una guerra y se alíe con nuestros enemigos, nos ataque y después se marche del país».

11Así pues, nombraron capataces que los oprimieran con cargas, en la construcción de las ciudades granero, Pitón y Ramsés.

12Pero cuanto más los oprimían, ellos crecían y se propagaban más, de modo que los egipcios sintieron aversión hacia los hijos de Israel.

13Los egipcios esclavizaron a los hijos de Israel con crueldad

14y les amargaron su vida con el duro trabajo del barro y de los ladrillos y con toda clase de faenas del campo; los esclavizaron con trabajos crueles.

15Además, el rey de Egipto dijo a las comadronas hebreas, una de las cuales se llamaba Sifrá y otra Puá:

16«Cuando asistáis a las hebreas, y les llegue el momento del parto: si es niño, lo matáis; si es niña, la dejáis con vida».

17Pero las comadronas temían a Dios y no hicieron lo que les había ordenado el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los recién nacidos.

18Entonces, el rey de Egipto llamó a las comadronas y las interrogó: «¿Por qué obráis así y dejáis con vida a los niños?».

19Contestaron las comadronas al faraón: «Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias: son robustas y dan a luz antes de que lleguen las comadronas».

20Dios premió a las comadronas y el pueblo crecía y se hacía muy fuerte.

21Y a las comadronas, como temían a Dios, también les dio familia.

22Entonces el faraón ordenó a todo su pueblo: «Cuando nazca un niño, echadlo al Nilo; si es niña, dejadla con vida».

Marcos 5

1Y llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.

2Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo.

3Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo;

4muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo.

5Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.

6Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él

7y gritó con voz potente: «¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes».

8Porque Jesús le estaba diciendo: «Espíritu inmundo, sal de este hombre».

9Y le preguntó: «¿Cómo te llamas?». Él respondió: «Me llamo Legión, porque somos muchos».

10Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.

11Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte.

12Los espíritus le rogaron: «Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos».

13Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar.

14Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado.

15Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron.

16Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos.

17Ellos le rogaban que se marchase de su comarca.

18Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él.

19Pero no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti».

20El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

21Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar.

22Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies,

23rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».

24Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.

25Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años.

26Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor.

27Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto,

28pensando: «Con solo tocarle el manto curaré».

29Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado.

30Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba: «¿Quién me ha tocado el manto?».

31Los discípulos le contestaban: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”».

32Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto.

33La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.

34Él le dice: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

35Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».

36Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe».

37No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

38Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos

39y después de entrar les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida».

40Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña,

41la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).

42La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.

43Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Marcos 6

1Saliendo de allí se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.

2Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos?

3¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Y se escandalizaban a cuenta de él.

4Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».

5No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos.

6Y se admiraba de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

7Llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos.

8Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja;

9que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

10Y decía: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.

11Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos».

12Ellos salieron a predicar la conversión,

13echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

14Como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».

15Otros decían: «Es Elías». Otros: «Es un profeta como los antiguos».

16Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado».

17Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo,

18y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.

19Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía,

20porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.

21La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.

22La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo daré».

23Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».

24Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?». La madre le contestó: «La cabeza de Juan el Bautista».

25Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».

26El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla.

27Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel,

28trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.

29Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

30Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

31Él les dijo: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.

32Se fueron en barca a solas a un lugar desierto.

33Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

34Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

35Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y ya es muy tarde.

36Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer».

37Él les replicó: «Dadles vosotros de comer». Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?».

38Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver». Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces».

39Él les mandó que la gente se recostara sobre la hierba verde en grupos.

40Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.

41Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.

42Comieron todos y se saciaron,

43y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces.

44Los que comieron eran cinco mil hombres.

45Enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente.

46Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.

47Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra.

48Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo.

49Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito,

50porque todos lo vieron y se asustaron. Pero él habló enseguida con ellos y les dijo: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo».

51Entró en la barca con ellos y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor,

52pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.

53Terminada la travesía, llegaron a Genesaret y atracaron.

54Apenas desembarcados, lo reconocieron

55y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas.

56En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que la tocaban se curaban.