Lectura 16 de 365
Génesis 46-48 · Marcos 3-4
Génesis 46
1Israel se puso en camino con todo lo que tenía, llegó a Berseba y allí ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.
2Dios dijo a Israel en una visión nocturna: «Jacob, Jacob». Respondió: «Aquí estoy».
3Dios le dijo: «Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas bajar a Egipto, porque allí te convertiré en una gran nación.
4Yo bajaré contigo a Egipto, y yo mismo te haré subir; y José te cerrará los ojos».
5Al salir Jacob de Berseba, los hijos de Israel hicieron montar a su padre con los niños y las mujeres en las carretas que el faraón había enviado para transportarlos.
6Tomaron el ganado y las posesiones que habían adquirido en la tierra de Canaán y emigraron a Egipto Jacob con todos sus descendientes:
7hijos y nietos, hijas y nietas. Llevó consigo a Egipto a todos sus descendientes.
8Estos son los nombres de los hijos de Israel que emigraron a Egipto, Jacob y sus descendientes: Rubén, primogénito de Jacob.
9Hijos de Rubén: Janoc, Palú, Jesrón y Carmí.
10Hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Oad, Yaquín, Sojar y Saúl, hijo de la cananea.
11Hijos de Leví: Guersón, Queat y Merarí.
12Hijos de Judá: Er, Onán, Sela, Peres y Zeraj. Er y Onán habían muerto en tierra de Canaán. Hijos de Peres: Jesrón y Jamul.
13Hijos de Isacar: Tola, Pua, Yasub y Simrón.
14Hijos de Zabulón: Sered, Elón y Yajleel.
15Estos son los hijos que Lía dio a Jacob en Padán Arán, además de su hija Dina. Total, entre hijos e hijas, treinta y tres personas.
16Hijos de Gad: Sifión, Jaguí, Suní, Esbón, Erí, Arodí y Arelí.
17Hijos de Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá y su hermana Seraj. Hijos de Beriá: Jéber y Malquiel.
18Estos son los hijos de Jacob y Zilpa, la criada que Labán dio a su hija Lía. Total, dieciséis personas.
19Hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín.
20A José le nacieron en Egipto Manasés y Efraín, de Asenat, hija de Potipera, sacerdote de On.
21Hijos de Benjamín: Bela, Béquer, Asbel, Guera, Naamán, Ejí, Ros, Mupín, Jupín y Ared.
22Estos son los hijos que Raquel dio a Jacob. Total, catorce personas.
23Hijos de Dan: Jusín.
24Hijos de Neftalí: Yajseel, Guní, Yéser y Silen.
25Estos son los hijos de Bilá, la criada que Labán dio a su hija Raquel. Total, siete personas.
26Todas las personas que emigraron con Jacob a Egipto, nacidas de él, sin contar las mujeres de los hijos de Jacob, eran en total sesenta y seis.
27Los hijos de José nacidos en Egipto eran dos. El total de las personas de la familia de Jacob que emigró a Egipto fue de setenta.
28Jacob envió a Judá por delante, adonde estaba José, para preparar el sitio en Gosén. Cuando llegaron a Gosén,
29José hizo enganchar la carroza y se dirigió a Gosén a recibir a su padre. Al verlo se le echó al cuello y lloró abrazado a él.
30Israel dijo a José: «Ahora puedo morir, después de haber contemplado tu rostro y ver que vives todavía».
31José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: «Voy a subir a informar al faraón: “Han venido mis hermanos y la familia de mi padre, que estaban en la tierra de Canaán.
32Son pastores de rebaños, que cuidan del ganado; han traído sus ovejas, sus vacas y todo lo que tenían”.
33Cuando el faraón os llame y os pregunte: “¿Cuál es vuestra ocupación?”,
34responderéis: “Tus servidores han sido pastores desde la juventud hasta ahora, tanto nosotros como nuestros padres”. Así os dejará habitar en el territorio de Gosén». (Porque los egipcios detestan a todos los pastores de rebaños).
Génesis 47
1José fue a informar al faraón: «Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas, sus vacas y todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán y están en el territorio de Gosén».
2Él había llevado consigo a cinco de sus hermanos y se los presentó al faraón.
3El faraón les preguntó: «¿Cuál es vuestra ocupación?». Respondieron al faraón: «Tus servidores son pastores de rebaños, tanto nosotros como nuestros padres».
4Y añadieron: «Hemos venido a residir en este país, porque en la tierra de Canaán no hay pasto para los rebaños de tus servidores y el hambre arrecia. Así pues, permite a tus servidores establecerse en el territorio de Gosén».
5Entonces el faraón dijo a José: «Tu padre y tus hermanos han venido a ti.
6La tierra de Egipto está a vuestra disposición; instala a tu padre y a tus hermanos en lo mejor del país. Que se establezcan en el territorio de Gosén y, si conoces entre ellos algunos hombres capaces, que se hagan cargo de mi ganado».
7José hizo venir a su padre Jacob y se lo presentó al faraón, y Jacob saludó al faraón con una bendición.
8El faraón le preguntó: «¿Cuántos años tienes?».
9Respondió Jacob al faraón: «Ciento treinta son los años de mi peregrinación. Pocos y malos han sido estos años de mi vida, y no llegan a los que vivieron mis padres en su peregrinación».
10Después se despidió del faraón con una bendición y salió de su presencia.
11José instaló a su padre y a sus hermanos, y les dio propiedades en Egipto, en lo mejor del país, en la región de Ramsés, como había mandado el faraón.
12Además, José proveyó de pan a su padre, a sus hermanos y a toda la casa de su padre, hasta los más jóvenes.
13No había pan en todo el país, porque el hambre arreciaba sobremanera y consumía la tierra de Egipto y el de Canaán.
14José acaparó todo el dinero que había en la tierra de Egipto y en el de Canaán a cambio de las provisiones que distribuía; y juntó todo el dinero en el palacio del faraón.
15Cuando se acabó el dinero en la tierra de Egipto y en el de Canaán, todos los egipcios acudían a José, diciendo: «Danos pan; ¿por qué hemos de morir ante tus ojos? El dinero se ha acabado».
16José replicó: «Traed vuestro ganado y os daré pan a cambio del ganado, si se os ha acabado el dinero».
17Ellos traían su ganado a José, que les daba pan a cambio de caballos, de ovejas, de vacas y de asnos. Durante un año les estuvo proveyendo de pan a cambio de todo su ganado.
18Pasado aquel año, volvieron a él al año siguiente y le dijeron: «No podemos ocultar a mi señor que se nos ha acabado el dinero y que también el ganado pertenece a mi señor; a disposición de mi señor no nos quedan más que nuestras personas y nuestras tierras.
19¿Por qué hemos de perecer a tus ojos, nosotros y nuestras tierras? Cómpranos a nosotros y a nuestras tierras a cambio de pan, y nosotros con nuestras tierras seremos esclavos del faraón. Danos semilla para que podamos sobrevivir y no perezcamos, y para que nuestras tierras no queden devastadas».
20Así fue como José compró para el faraón toda la tierra de Egipto, porque los egipcios vendieron cada uno su campo, dado que arreciaba el hambre. Y así, la tierra pasó a ser propiedad del faraón,
21al tiempo que iba sometiendo a servidumbre a todo el pueblo, desde un extremo de Egipto hasta el otro.
22Solo dejó de comprar las tierras de los sacerdotes, porque a los sacerdotes les había asignado una renta el faraón y vivían de esta renta; por eso no tuvieron que vender sus tierras.
23José dijo al pueblo: «Hoy os he comprado para el faraón, a vosotros con vuestras tierras; aquí tenéis simiente para sembrar la tierra.
24Al tiempo de la cosecha daréis la quinta parte al faraón, las otras cuatro partes serán para vosotros, para la siembra del campo y para alimento vuestro, de vuestras familias y niños».
25Ellos respondieron: «Nos has salvado la vida. Obtengamos el favor de mi señor y seremos esclavos del faraón».
26Y José impuso por ley, hoy todavía en vigor, que una quinta parte del suelo egipcio fuera para el faraón. Solo las tierras de los sacerdotes no pasaron a ser propiedad del faraón.
27Israel se estableció en la tierra de Egipto, en el territorio de Gosén; adquirió propiedades allí, fue fecundo y se multiplicó mucho.
28Jacob vivió en la tierra de Egipto diecisiete años; y toda la vida de Jacob duró ciento cuarenta y siete años.
29Cuando se acercaba para Israel la hora de la muerte, llamó a su hijo José y le dijo: «Si he obtenido tu favor, pon tu mano bajo mi muslo en prenda de tu benevolencia y lealtad conmigo: no me entierres en Egipto.
30Cuando me duerma con mis padres, sácame de Egipto y entiérrame en la sepultura con ellos». Él contestó: «Haré lo que me dices».
31Dijo Israel: «Júramelo». Y se lo juró. E Israel se inclinó sobre la cabecera de la cama.
Génesis 48
1Después de estos sucesos le dijeron a José: «Tu padre está enfermo». Él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín.
2Cuando comunicaron a Jacob que había venido a verle su hijo José, entonces Israel hizo un esfuerzo y se sentó en la cama.
3Jacob dijo a José: «El Dios todopoderoso se me apareció en Luz, en la tierra de Canaán, y me bendijo
4con estas palabras: “Yo te haré fecundo, te multiplicaré y haré de ti una multitud de pueblos; a tus descendientes daré esta tierra en posesión perpetua”.
5Ahora, los dos hijos que te nacieron en la tierra de Egipto antes de venir yo a vivir contigo en Egipto serán míos: Efraín y Manasés serán para mí como Rubén y Simeón.
6Los que te nazcan después serán tuyos, y se les convocará en nombre de sus hermanos para recibir la herencia.
7Cuando yo volvía de Padán, durante el viaje se me murió Raquel, en tierra de Canaán, cerca de Efratá; y la enterré allí, en el camino de Efratá» (hoy Belén).
8Viendo Israel a los hijos de José, preguntó: «¿Quiénes son estos?».
9Y José respondió a su padre: «Son mis hijos, los que Dios me concedió aquí». Dijo él: «Tráemelos, para que los bendiga».
10Los ojos de Israel se habían debilitado por la vejez y no veía bien. José se los acercó, y él los besó y los abrazó.
11Luego dijo Israel a José: «No esperaba volver a verte, pero Dios me ha concedido ver también a tus descendientes».
12José los retiró de las rodillas de su padre, y se postró rostro en tierra.
13Después tomó a los dos: a Efraín con su mano derecha, a la izquierda de Israel, y a Manasés con su mano izquierda, a la derecha de Israel, y se los acercó.
14Israel extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraín, el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, cruzando los brazos, pues Manasés era el primogénito.
15Y los bendijo, diciendo: «El Dios en cuya presencia caminaron mis padres Abrahán e Isaac, el Dios que me ha pastoreado desde mi nacimiento hasta hoy,
16el ángel que me ha librado de todo mal, bendiga a estos muchachos. Se recuerde en ellos mi nombre y el nombre de mis padres Abrahán e Isaac, y se multipliquen sobremanera en medio de la tierra».
17Cuando José vio que su padre había puesto su mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le pareció mal; y, tomando la mano de su padre para cambiarla de la cabeza de Efraín a la de Manasés,
18le dijo a su padre: «Así no, padre; pues el primogénito es el otro; pon tu mano derecha sobre su cabeza».
19Pero su padre rehusó, diciendo: «Lo sé, hijo mío, lo sé; también este se convertirá en un pueblo y será grande. Pero su hermano menor será más grande que él y su descendencia será una multitud de naciones».
20Y los bendijo aquel día con estas palabras: «En tu nombre se bendecirá Israel; se dirá: Dios os haga como Efraín y Manasés». Y puso a Efraín delante de Manasés.
21Después Israel dijo a José: «Yo voy a morir, pero Dios estará con vosotros y os llevará de nuevo a la tierra de vuestros padres.
22Yo te entrego Siquén, con preferencia a tus hermanos, pues la conquisté a los amorreos con mi espada y mi arco».
Marcos 3
1Entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada.
2Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
3Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio».
4Y a ellos les pregunta: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?». Ellos callaban.
5Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida.
6En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.
7Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
8Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.
9Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.
10Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
11Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios».
12Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
13Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él.
14E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar,
15y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios:
16Simón, a quien puso el nombre de Pedro,
17Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno,
18Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná
19y Judas Iscariote, el que lo entregó.
20Llega a casa y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer.
21Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.
22Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
23Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás?
24Un reino dividido internamente no puede subsistir;
25una familia dividida no puede subsistir.
26Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido.
27Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
28En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan;
29pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
30Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
31Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
32La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
33Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
34Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos.
35El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Marcos 4
1Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó; y el gentío se quedó en tierra junto al mar.
2Les enseñaba muchas cosas con parábolas y les decía instruyéndolos:
3«Escuchad: salió el sembrador a sembrar;
4al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron.
5Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida;
6pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó.
7Otra parte cayó entre abrojos; los abrojos crecieron, la ahogaron y no dio grano.
8El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
9Y añadió: «El que tenga oídos para oír, que oiga».
10Cuando se quedó a solas, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
11Él les dijo: «A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas,
12para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”».
13Y añadió: «¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a conocer todas las demás?
14El sembrador siembra la palabra.
15Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.
16Hay otros que reciben la semilla como terreno pedregoso; son los que al escuchar la palabra enseguida la acogen con alegría,
17pero no tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumben.
18Hay otros que reciben la semilla entre abrojos; estos son los que escuchan la palabra,
19pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril.
20Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
21Les decía: «¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero?
22No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz.
23El que tenga oídos para oír, que oiga».
24Les dijo también: «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces.
25Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».
26Y decía: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra.
27Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.
28La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano.
29Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
30Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos?
31Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña,
32pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
33Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender.
34Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
35Aquel día, al atardecer, les dice Jesús: «Vamos a la otra orilla».
36Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban.
37Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua.
38Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
39Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma.
40Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».
41Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».