Lectura 169 de 365
Job 8-10 · Hebreos 10
Job 8
1Bildad de Súaj respondió así:
2«¿Hasta cuándo hablarás de ese modo, con el fuerte viento de tus palabras?
3¿Puede Dios retorcer el derecho, el Todopoderoso pervertir la justicia?
4Si tus hijos pecaron contra él, ya los ha entregado en manos de su delito.
5Mas si madrugas y buscas a Dios, si diriges tu súplica al Todopoderoso,
6si eres intachable y recto, entonces velará por ti, te devolverá tu legítima morada.
7Tu pasado será una miseria si lo comparas con tu espléndido futuro.
8Anda, y pregunta a pasadas generaciones, medita en lo que descubrieron sus padres;
9ayer nacimos, nada sabemos; nuestra vida en la tierra es una sombra.
10Pero ellos te instruirán, te informarán con palabras que manan de su reflexión.
11¿Brota el papiro donde no hay marisma?, ¿prosperan los juncos fuera del agua?
12Todavía verde, sin ser cortado, puede amustiarse antes que otra planta.
13Así termina quien olvida a Dios; en esto acaba la esperanza del impío.
14Su confianza solo es un hilo, tan segura como una telaraña;
15se apoya en ella y no se sostiene, se agarra a ella y no se levanta.
16Planta lozana a pleno sol, sus brotes llenaban el jardín;
17sus raíces subían por el muro, se adherían firmes entre piedras.
18Pero si es arrancada de su sitio, este reniega de ella: “Nunca te he visto”.
19Así acabará su vida, otros brotarán en su lugar.
20Pero Dios no rechaza al honrado, ni sostiene de la mano al malvado.
21Volverá a llenar tu boca de risas, tus labios lanzarán gritos de alegría.
22Tus enemigos quedarán confundidos, la tienda del malvado ya no existirá».
Job 9
1Respondió Job:
2«Sé muy bien que es así: que el mortal no es justo ante Dios.
3Si quiere pleitear con él, de mil razones no le rebatirá ni una.
4Él es sabio y poderoso, ¿quién le resiste y queda ileso?
5Desplaza montañas sin que se note, cuando las vuelca con su cólera.
6Estremece la tierra en sus cimientos, hace retemblar sus pilares;
7manda al sol que no brille y guarda bajo sello las estrellas.
8Él solo despliega los cielos y camina sobre el dorso del Mar.
9Creó la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur.
10Hace prodigios insondables, maravillas innumerables.
11Si cruza junto a mí, no lo veo; me roza, al pasar, y no lo siento;
12si en algo hace presa, ¿quién se lo impedirá?, ¿quién le reclamará: “Qué estás haciendo”?
13Dios no renuncia a su cólera, a ella se someten los aliados de Rahab.
14Cuánto menos podré yo replicarle o escoger argumentos contra él.
15Aunque tuviera yo razón, no respondería, tendría que suplicar a mi adversario;
16aunque lo citara y me respondiera, no creo que me hiciera caso.
17Capaz de aplastarme por una bagatela, multiplica sin motivo mis heridas,
18no me deja ni tomar resuello, me tiene saciado de amargura.
19Si se trata de fuerza, ahí está su poder; si es cuestión de justicia, ¿quién lo emplazará?
20Aun teniendo razón, mi boca me condenaría; aun siendo inocente, demostraría mi culpa.
21¿Soy inocente? Ni lo sé. Desprecio mi existencia.
22Pero es lo mismo. Solo digo una cosa: él destruye igual al inocente que al culpable.
23Si irrumpiera una peste mortífera, se burlaría del dolor del inocente.
24Si un tirano se apodera de un país, él tapa los ojos de los magistrados. ¿Quién lo hace sino él?
25Mis días son más raudos que un correo, escapan sin que pueda ver la dicha;
26se deslizan como balsas de junco, como el águila al caer sobre la presa.
27Si me digo: “Olvidaré la tristeza, que la alegría mude mi semblante”,
28tengo miedo de lo que voy a sufrir, pues sé que no me crees inocente.
29Y si resulta que soy culpable, ¿para qué luchar en vano?
30Aunque me lavase con jabón y frotara mis manos con lejía,
31tú me hundirías en el lodo hasta que mi ropa me asqueara.
32No es un hombre como yo para decirle: “Vayamos juntos a juicio”.
33Si al menos hubiera un mediador, que pusiera su mano entre los dos,
34que retirara su vara de mi espalda para librarme del terror que me atenaza,
35entonces hablaría sin temerle, pues creo que no soy culpable.
Job 10
1Siento asco de mi existencia, daré rienda suelta a mis quejas, hablaré repleto de amargura.
2Diré a Dios: “No me tengas por culpable; dime, en cambio, por qué eres mi adversario.
3¿Disfrutas viéndome oprimido, rechazando la obra de tus manos, mientras apruebas los planes del malvado?
4¿Tienes acaso ojos de carne?, ¿ves las cosas como el hombre las ve?
5¿Es tu vida la de un mortal, tu existencia igual que la de un hombre,
6para que busques algo malo en mí e indagues si tengo pecado,
7cuando sabes que no soy culpable, que no hay quien me libre de tus manos?
8Tus manos me modelaron e hicieron, ¿y ahora, en un instante, me destruyes?
9Recuerda que me hiciste de barro y que al polvo me vas a devolver.
10¿No me vertiste como leche?, ¿no me cuajaste como al queso?
11Me revestiste de piel y carne, me tejiste con huesos y tendones.
12Me concediste vida y favor, tus atenciones preservaron mi vida.
13Pero esto planeabas en secreto, sé que te proponías lo siguiente:
14si pecaba, me estarías vigilando, y no me absolverías de mi culpa;
15si era culpable, ¡pobre de mí!; si inocente, no alzaría la frente, harto de afrentas, saciado de aflicción;
16si me levantaba, me cazarías como un león, repitiendo tus proezas a mi costa;
17renovarías hacia mí tu hostilidad, aumentarías tu furor contra mí, con tropas de refresco sobre mí.
18¿Por qué entonces me sacaste del vientre? Habría muerto sin que nadie me viese.
19Sería como si no hubiera existido, arrastrado del vientre a la tumba.
20¿No es breve mi vida? ¡Déjame! Aléjate de mí, deja que disfrute un poco,
21antes de que vaya, para no volver, al país tenebroso, de sombras de muertos,
22al país lúgubre como la oscuridad, con sombras de muertos, sin orden, donde la luz es pura oscuridad”».
Hebreos 10
1Pues la ley, que presenta solo una sombra de los bienes futuros y no la realidad misma de las cosas, no puede nunca hacer perfectos a los que se acercan, pues lo hacen año tras año y ofrecen siempre los mismos sacrificios.
2Si no fuera así, ¿no habrían dejado de ofrecerse, porque los ministros del culto, purificados de una vez para siempre, no tendrían ya ningún pecado sobre su conciencia?
3Pero, en realidad, con estos sacrificios se recuerdan, año tras año, los pecados.
4Porque es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.
5Por eso, al entrar él en el mundo dice: Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo;
6no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias.
7Entonces yo dije: He aquí que vengo —pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí— para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad.
8Primero dice: Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos, ni víctimas expiatorias, que se ofrecen según la ley.
9Después añade: He aquí que vengo para hacer tu voluntad. Niega lo primero, para afirmar lo segundo.
10Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.
11En efecto, todo sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados.
12Pero Cristo, después de haber ofrecido por los pecados un único sacrificio, está sentado para siempre jamás a la derecha de Dios
13y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies.
14Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados.
15Esto nos lo atestigua también el Espíritu Santo. En efecto, después de decir:
16Así será la alianza que haré con ellos después de aquellos días, añade el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en su mente,
17y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus culpas.
18Ahora bien, donde hay perdón, no hay ya ofrenda por los pecados.
19Así pues, teniendo libertad para entrar en el santuario, en virtud de la sangre de Jesús,
20contando con el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a través de la cortina, o sea, de su carne,
21y teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios,
22acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura.
23Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa.
24Fijémonos los unos en los otros para estimularnos a la caridad y a las buenas obras;
25no faltemos a las asambleas, como suelen hacer algunos, sino animémonos tanto más cuanto más cercano veis el Día.
26Porque, si después de haber recibido el conocimiento de la verdad pecamos deliberadamente, ya no quedan sacrificios por los pecados,
27sino solo la perspectiva pavorosa del juicio y del furor del fuego que devorará a los enemigos.
28Al que viola la ley de Moisés lo ejecutan sin compasión, basándose en dos o tres testigos.
29¿Cuánto peor castigo pensáis que merecerá quien pisotee al Hijo de Dios, profane la sangre de la alianza que lo consagra, y ultraje al Espíritu de la gracia?
30Conocemos al que dijo: Mío es el desquite, yo daré a cada cual su merecido, y también: El Señor juzgará a su pueblo.
31Es terrible caer en manos del Dios vivo.
32Recordad aquellos días primeros, en los que, recién iluminados, soportasteis múltiples combates y sufrimientos:
33unos, expuestos públicamente a oprobios y malos tratos; otros, solidarios de los que eran tratados así.
34Compartisteis el sufrimiento de los encarcelados, aceptasteis con alegría que os confiscaran los bienes, sabiendo que teníais bienes mejores y permanentes.
35No renunciéis, pues, a vuestra valentía, que tendrá una gran recompensa.
36Os hace falta paciencia para cumplir la voluntad de Dios y alcanzar la promesa.
37Un poquito de tiempo todavía y el que viene llegará sin retraso;
38mi justo vivirá por la fe, pero si se arredra le retiraré mi favor.
39Pero nosotros no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma.