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Lectura 168 de 365

Job 5-7 · Hebreos 9

Letra: Normal

Job 5

1Llama, a ver quién te responde, ¿a qué santo piensas recurrir?

2El necio es víctima del despecho, y al simple lo mata la pasión.

3Yo he visto a un necio echar raíces y de pronto malograrse su morada,

4a sus hijos cada vez más apurados, aplastados en un juicio, sin defensa.

5Su cosecha la devora el hambriento, el sediento se bebe su riqueza.

6Pues la desgracia no sale del polvo, ni brota de la tierra el sufrimiento;

7es el hombre quien nace para sufrir, como las chispas que se alzan volando.

8Yo, en tu caso, apelaría a Dios, expondría mi causa ante Dios.

9Él hace prodigios misteriosos, obra maravillas sin cuento:

10proporciona lluvia a la tierra, envía el agua a los campos;

11pone a los humildes en lo alto, en lugar seguro a los abatidos;

12trastorna los planes del artero, de modo que fracase en sus manejos;

13enreda en su astucia a los sabios, arruina las decisiones tortuosas;

14es de día y se topan con tinieblas, van a tientas lo mismo que de noche.

15Pero al pobre lo salva de la lengua afilada, lo libra de la mano violenta;

16y el indigente vive esperanzado, pues la maldad cierra su boca.

17Dichoso el mortal a quien Dios corrige: no rechaces la lección del Todopoderoso,

18porque hiere y pone la venda, golpea y cura con su mano.

19Seis veces te salva de aprietos, a la séptima te evita los males;

20cuando hay hambre no te deja morir, en la refriega te libra de la espada;

21te ocultará del azote de la lengua, sin miedo a la llegada del desastre;

22te reirás de hambres y desastres, sin miedo a las bestias salvajes;

23pactarás con las piedras del campo, tendrás paz con las bestias del campo;

24gozarás de la paz de tu tienda, verás tus campos prosperar;

25conocerás una larga progenie, floreciente como el heno del campo;

26bajarás a la tumba maduro, como manojo de espigas en sazón.

27Hemos comprobado que todo esto es cierto; haz caso a lo dicho y apréndetelo».

Job 6

1Job respondió así:

2«Si pudiera pesarse mi amargura junto con mi desgracia en la balanza,

3le ganarían a la arena del mar, por eso mis palabras desatinan.

4Llevo clavadas conmigo las flechas del Todopoderoso, mi espíritu absorbe su veneno, los terrores de Dios me rodean.

5¿Rebuzna el onagro ante la hierba?, ¿muge el buey ante el forraje?,

6¿come alguien lo insípido sin sal o saca gusto al jugo de malva?

7Lo que mi paladar se negaba a probar es ahora mi alimento repugnante.

8Ojalá se cumpliese mi ruego y Dios accediese a mi esperanza:

9que Dios se decida a triturarme y con su mano arranque mi trama.

10Me serviría al menos de consuelo, aun retorcido de dolor me alegraría: por no haber renegado de las palabras del Santo.

11¿Qué fuerzas me quedan para esperar?, ¿qué fin me anima a seguir con mi afán?

12¿Tengo acaso la fuerza de las rocas?, ¿tengo acaso un cuerpo de bronce?

13Ya no encuentro a nadie que me ayude, la esperanza de un auxilio se ha esfumado.

14Quien niega la misericordia al amigo rechaza el temor del Todopoderoso;

15pero mis hermanos me traicionan como un torrente, como una rambla cuando cesa la avenida:

16con el hielo fundido bajan turbios, crecidos con la nieve derretida;

17pero pasa la avenida y se secan, con el calor se reseca su cauce;

18las huellas de su curso se dispersan, desaparecen al entrar en el desierto.

19Los divisan las caravanas de Temá, con ellos cuentan los convoyes de Saba,

20mas su esperanza acaba en decepción, al llegar se sienten defraudados.

21También vosotros sois nada, veis un desastre y tembláis.

22¿Acaso os he dicho: “Dadme algo”? ¿Me he aprovechado de vuestros bienes

23para que me libraseis del adversario o bien me rescataseis de los bandidos?

24Explicadme las cosas y callaré, aclaradme en qué me he equivocado;

25los argumentos ajustados persuaden, pero ¿qué demuestran vuestras razones?

26¡Pensáis que un discurso zanja una cuestión y que solo es viento lo que dice un desesperado!

27Seríais capaces de arrojaros sobre un huérfano, incluso de poner precio a un amigo.

28¿Queréis ahora mirarme?; juro no mentiros a la cara.

29Volved, y que no haya iniquidad; volved, que sigue intacta mi honradez.

30¿Creéis que hay malicia en mi lengua, que mi paladar no distingue la falsedad?

Job 7

1¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra, y sus días como los de un jornalero?;

2como el esclavo, suspira por la sombra; como el jornalero, aguarda su salario.

3Mi herencia han sido meses baldíos, me han asignado noches de fatiga.

4Al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se me hace eterna la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba;

5me tapo con gusanos y terrones, la piel se me rompe y me supura.

6Corren mis días más que la lanzadera, se van consumiendo faltos de esperanza.

7Recuerda que mi vida es un soplo, que mis ojos no verán más la dicha.

8Los ojos que me ven no me verán, cuando me mires tú, ya no estaré.

9Como la nube pasa y se disipa, el que baja al Abismo ya no sube;

10no vuelve a su casa, su morada no lo reconoce.

11Por eso no frenaré mi lengua, hablará mi espíritu angustiado, me quejaré repleto de amargura.

12¿Soy acaso el Mar o el Dragón para que tú me pongas un guardián?

13Cuando pienso que el lecho me aliviará, que la cama acallará mis quejidos,

14entonces me espantas con sueños, entonces me atemorizas con pesadillas.

15Preferiría acabar asfixiado, la muerte antes que esta existencia.

16Me consumo; no he de vivir eternamente, déjame tranquilo, mis días son un soplo.

17¿Qué es el hombre para que te ocupes tanto de él, para que pongas en él tu interés,

18para que le pases revista por la mañana y lo examines a cada momento?

19¿Por qué no apartas de mí la vista y no me dejas ni tragar saliva?

20Si he pecado, ¿en qué te afecta, Guardián de los humanos? ¿Por qué me has tomado como blanco y me he convertido en tu carga?

21¿Por qué no perdonas mi delito y pasas por alto mi culpa? Pues pronto me acostaré en el polvo, me buscarás, pero no existiré».

Hebreos 9

1También la primera alianza tenía sus ritos para el culto y su santuario de este mundo.

2Se instaló una primera tienda, llamada el Santo, donde estaban el candelabro y la mesa de los panes presentados.

3Detrás de la segunda cortina estaba la tienda llamada Santo de los Santos,

4que contenía el altar de oro para los perfumes y el Arca de la Alianza, revestida toda ella de oro, en la que se hallaban la urna de oro con maná, la vara florecida de Aarón y las tablas de la alianza.

5Encima del Arca estaban los querubines de la Gloria, que cubrían con su sombra el Propiciatorio. No hace falta explicarlo ahora al detalle.

6Una vez instalado todo, los sacerdotes entran continuamente en la primera tienda para oficiar allí.

7En la segunda solo entra el sumo sacerdote, una vez al año, con la sangre que ofrece por sí y por los pecados de inadvertencia del pueblo.

8Con lo cual daba a entender el Espíritu Santo que, mientras está en pie la primera tienda, no está patente el acceso al santuario.

9Estos son símbolos del tiempo presente: allí se ofrecen dones y sacrificios incapaces de perfeccionar la conciencia del que oficia;

10pues consisten en comidas, bebidas y abluciones diversas: disposiciones humanas en vigor hasta el momento del orden nuevo.

11En cambio, Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tienda es más grande y más perfecta: no hecha por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado.

12No lleva sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna.

13Si la sangre de machos cabríos y de toros, y la ceniza de una becerra, santifican con su aspersión a los profanos, devolviéndoles la pureza externa,

14¡cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, para que demos culto al Dios vivo!

15Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

16Donde hay testamento tiene que darse la muerte del testador;

17pues el testamento entra en vigor cuando se produce la defunción; mientras vive el testador no tiene vigencia.

18De ahí que tampoco faltase sangre en la inauguración de la primera alianza.

19Cuando Moisés acabó de leer al pueblo toda la ley, tomó la sangre de los becerros y los machos cabríos, además de agua, lana escarlata e hisopo, y roció el libro mismo y al pueblo,

20diciendo: Esta es la sangre de la alianza que Dios ordenó para vosotros.

21Con la misma sangre roció la tienda y todos los utensilios litúrgicos.

22Según la ley, casi todo se purifica con sangre, y sin efusión de sangre no hay perdón.

23Era necesario que todas estas cosas, que son figura de las realidades celestes, se purificaran con tales ritos, pero las realidades celestes mismas necesitan sacrificios superiores a estos.

24Pues bien, Cristo entró no en un santuario construido por hombres, imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros.

25Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena.

26Si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde la fundación del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de los tiempos, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.

27Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez; y después de la muerte, el juicio.

28De la misma manera, Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, para salvar a los que lo esperan.