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Lectura 161 de 365

1 Macabeos 15-16 · 2 Macabeos 1 · Hebreos 2

Letra: Normal

1 Macabeos 15

1Antíoco, hijo del rey Demetrio, envió desde ultramar una carta a Simón, sacerdote y etnarca de los judíos, y a toda la nación,

2redactada en los siguientes términos: «El rey Antíoco saluda a Simón, gran sacerdote y etnarca, y a la nación judía.

3Dado que unos hombres perniciosos se han apoderado del reino de nuestros padres, he resuelto reivindicar mis derechos sobre él y restablecerlo como antes estaba. He reclutado fuerzas considerables y equipado navíos de guerra,

4y quiero desembarcar en el país para enfrentarme con los que lo han arruinado y han devastado muchas ciudades de mi reino.

5Ahora bien, ratifico en tu favor todas las exenciones que te concedieron los reyes anteriores a mí y cualesquiera otras exenciones que te otorgaron.

6Te autorizo a acuñar moneda propia de curso legal en tu país.

7Jerusalén y el Lugar Santo sean ciudad franca. Todas las armas que has fabricado y las fortalezas que has construido y ahora ocupas, queden en tu poder.

8Cuanto debes al tesoro real y cuanto en el futuro dejes a deber, te sea perdonado desde ahora para siempre.

9Y cuando hayamos recuperado nuestro reino, te honraremos a ti, a tu nación y al templo con tales honores que vuestra gloria será conocida en toda la tierra».

10El año ciento setenta y cuatro, Antíoco partió hacia la tierra de sus padres, y todas las tropas se pasaron a él de modo que pocos quedaron con Trifón.

11Antíoco se lanzó en su persecución y Trifón se refugió en Dor, a orillas del mar,

12porque era consciente de que las desgracias se abatían sobre él y se encontraba abandonado de sus tropas.

13Antíoco puso cerco a Dor con los ciento veinte mil combatientes y los ocho mil jinetes que tenía consigo.

14Cercó la ciudad, y las naves se acercaron por mar, de modo que acosó a la ciudad por tierra y por mar, sin dejar que nadie entrase o saliese.

15Entretanto, regresaron de Roma Numenio y sus acompañantes trayendo cartas para los reyes y países, escritas así:

16«Lucio, cónsul de los romanos, saluda al rey Tolomeo.

17Han venido a nosotros, en calidad de amigos y aliados nuestros, los embajadores judíos para renovar nuestro antiguo pacto de amistad y mutua defensa, enviados por el sumo sacerdote Simón y por el pueblo judío,

18y nos han traído un escudo de oro de unos seiscientos kilos.

19Nos ha parecido bien, en consecuencia, escribir a los reyes de los distintos países que no intenten causarles mal alguno, ni los ataquen a ellos ni sus ciudades ni su país, y que no presten su apoyo a los que los ataquen.

20Hemos decidido aceptarles el escudo.

21Si, pues, judíos traidores huyen de su país y se refugian en el vuestro, entregadlos al sumo sacerdote Simón para que los castigue según la ley».

22Cartas iguales fueron remitidas al rey Demetrio, a Atalo, a Ariartes, a Arsaces

23y a todos los países: Sápsame, Esparta, Delos, Mindo, Sición, Caria, Panfilia, Licia, Halicarnaso, Rodas, Fasélida, Cos, Side, Arvad, Gortina, Cnido, Chipre y Cirene.

24Redactaron además una copia de esta carta para el sumo sacerdote Simón.

25Mientras tanto, el rey Antíoco asediaba Dor desde los arrabales, lanzaba sin tregua sus tropas contra la ciudad y construía máquinas de guerra. Tenía bloqueado a Trifón y nadie podía entrar ni salir.

26Simón le envió dos mil hombres escogidos para ayudarlo en la lucha, además de plata, oro y abundante material.

27Pero no quiso recibir el envío; antes bien rescindió cuanto había convenido anteriormente con Simón y se mostró hostil con él.

28Envió a Atenobio, uno de sus Amigos, a entrevistarse con él y decirle: «Vosotros ocupáis Jafa, Guézer y la acrópolis de Jerusalén, ciudades de mi imperio.

29Habéis devastado sus territorios, causado graves daños en el país y os habéis adueñado de muchas localidades de mi reino.

30Devolved, pues, ahora las ciudades que habéis tomado y los impuestos de las localidades de las que os habéis adueñado fuera de los límites de Judea.

31O bien, pagad en compensación nueve mil kilos de plata y otros nueve mil kilos por los estragos que habéis causado y por los impuestos de las ciudades. De lo contrario nos presentaremos ahí para atacaros».

32Llegó, pues, Atenobio, el Amigo del rey, a Jerusalén, y, al ver la magnificencia de Simón, su aparador con vajilla de oro y plata y todo el esplendor que lo rodeaba, quedó asombrado. Le comunicó el mensaje del rey

33y Simón le respondió con estas palabras: «Ni nos hemos apoderado de tierras ajenas ni nos hemos apropiado bienes de otros, sino de la heredad de nuestros padres. Por algún tiempo la poseyeron injustamente nuestros enemigos

34y nosotros, aprovechando una ocasión favorable, hemos recuperado la heredad de nuestros antepasados.

35En cuanto a Jafa y Guézer que nos reclamas, esas ciudades causaban grandes daños al pueblo y asolaban nuestro país. Por ellas daremos tres mil kilos (de plata)». Atenobio no le respondió,

36se volvió airado al rey y le refirió la respuesta, la magnificencia de Simón y todo lo que había visto. El rey se puso furioso.

37Trifón, embarcado en una nave, huyó a Ortosia.

38Entonces el rey nombró a Cendebeo jefe supremo de la zona marítima y le entregó tropas de infantería y de caballería,

39con la orden de acampar frente a Judea, reconstruir Cedrón, fortificar sus puertas y combatir contra el pueblo. El rey salió a perseguir a Trifón.

40Cendebeo llegó a Yamnia y comenzó a hostigar al pueblo y a efectuar incursiones por Judea para hacer cautivos y matar a la gente.

41Reconstruyó Cedrón, donde alojó caballería y tropas para hacer incursiones por los caminos de Judea, como se lo tenía ordenado el rey.

1 Macabeos 16

1Juan subió desde Guézer y comunicó a su padre Simón las actividades de Cendebeo.

2Simón llamó entonces a sus dos hijos mayores, Judas y Juan, y les dijo: «Mis hermanos y yo, y toda la familia, hemos combatido a los enemigos de Israel desde la juventud hasta el día de hoy y, con nuestro esfuerzo, llevamos muchas veces a feliz término la liberación de Israel;

3pero ahora ya estoy viejo, mientras que vosotros, por la misericordia del Cielo, estáis en buena edad. Ocupad, pues, mi puesto y el de mi hermano, salid a combatir por vuestra nación y que el auxilio del cielo os acompañe».

4Escogió luego en el país veinte mil combatientes y jinetes que partieron contra Cendebeo y pasaron la noche en Modín.

5Al levantarse de mañana, avanzaron hacia la llanura y se encontraron de frente con un ejército numeroso de infantería y caballería, separado de ellos por un torrente.

6Juan, con su tropa, tomó posiciones frente al enemigo y, advirtiendo que su tropa tenía miedo de pasar el torrente, lo pasó él el primero; y sus hombres, al verlo, pasaron tras él.

7Dividió la tropa y puso a los jinetes en medio de la infantería, pues la caballería de los contrarios era muy numerosa.

8Tocaron las trompetas, y Cendebeo y su ejército salieron derrotados. Muchos de ellos cayeron heridos de muerte y los que quedaron huyeron en dirección a la fortaleza.

9Entonces cayó herido Judas, el hermano de Juan. Pero Juan los persiguió hasta que Cendebeo entró en Cedrón, que él había reconstruido.

10Fueron también a refugiarse en las torres que hay por los campos de Asdod. Juan incendió la ciudad, causándoles dos mil bajas y regresó en paz a Judea.

11Tolomeo, hijo de Abubo, había sido nombrado gobernador de la llanura de Jericó, y poseía mucha plata y oro,

12por ser yerno del sumo sacerdote.

13Su corazón se ensoberbeció tanto que quiso apoderarse de país, para lo cual tramaba matar a traición a Simón y a sus hijos.

14Yendo Simón de inspección por las ciudades del país, preocupándose por la administración, bajó con sus hijos Matatías y Judas, a Jericó. Era el año ciento setenta y siete en el mes undécimo, que es el mes de sebat.

15El hijo de Abubo los recibió traicioneramente en un fortín llamado Dok, construido por él, les dio un gran banquete y ocultó allí algunos hombres.

16Cuando Simón y sus hijos estaban bebidos, Tolomeo se levantó con los suyos, tomaron sus armas y, lanzándose sobre Simón en la sala del banquete, lo mataron a él, a sus dos hijos y a algunos de sus servidores.

17Perpetró así una alevosa traición, devolviendo mal por bien.

18Luego Tolomeo consignó por escrito lo sucedido e informó al rey contándole lo ocurrido y pidiéndole que le enviara tropas de socorro para entregarle el país y sus ciudades.

19Envió otros emisarios a Guézer para eliminar a Juan. Escribió cartas a los oficiales invitándoles a entrevistarse con él para darles plata, oro y otros regalos.

20A otro grupo lo envió a apoderarse de Jerusalén y del monte del templo.

21Pero uno se adelantó y anunció a Juan en Guézer que su padre y sus hermanos habían perecido y añadió: «Ha enviado gente a matarte también a ti».

22Al oír estas noticias, Juan quedó consternado, prendió a los hombres que venían a matarlo y los ejecutó, pues sabía que pretendían asesinarlo.

23Las restantes actividades de Juan, sus guerras, las proezas que llevó a cabo, las murallas que levantó y otras empresas suyas

24están escritas en el libro de los Anales de su pontificado, a partir del día en que fue nombrado sumo sacerdote como sucesor de su padre.

2 Macabeos 1

1A los hermanos judíos que viven en Egipto les saludan sus hermanos judíos que están en Jerusalén y en la región de Judea, deseándoles paz y prosperidad.

2Que Dios os favorezca y recuerde su alianza con sus fieles servidores Abrahán, Isaac y Jacob.

3Que a todos os dé el deseo de adorarlo y de cumplir su voluntad con un corazón generoso y de buena gana.

4Que abra vuestro corazón a su ley y a sus preceptos, y os conceda la paz.

5Que escuche vuestras súplicas, se reconcilie con vosotros y no os abandone en tiempo de desgracia.

6Esto es lo que ahora estamos pidiendo por vosotros.

7Ya el año ciento sesenta y nueve, en el reinado de Demetrio, nosotros, los judíos, os escribimos así: «En medio de la grave tribulación que ha caído sobre nosotros en estos años, desde que Jasón y sus partidarios traicionaron a la tierra santa y al reino,

8cuando incendiaron la puerta del templo y derramaron sangre inocente, suplicamos al Señor y fuimos escuchados. Hemos ofrecido un sacrificio y flor de harina, hemos encendido las lámparas y presentado los panes».

9También ahora os escribimos para que celebréis la fiesta de las Tiendas en el mes de casleu. Es el año ciento ochenta y ocho.

10Los que están en Jerusalén y en Judea, los ancianos y Judas saludan y desean prosperidad a Aristóbulo, preceptor del rey Tolomeo, de la familia de los sacerdotes ungidos, y a los judíos que están en Egipto.

11Salvados por Dios de grandes peligros, le damos muchas gracias por haber sido nuestro defensor contra el rey,

12ya que él ha expulsado a los que combatían contra la ciudad santa.

13En efecto, cuando su jefe llegó a Persia, acompañado de un ejército que parecía invencible, fueron despedazados en el templo de Nanea, gracias a una estratagema de los sacerdotes de la diosa.

14Antíoco, y con él sus consejeros, llegaron a aquel lugar con el pretexto de desposarse con la diosa, a fin de apoderarse de abundantes riquezas a título de dote.

15Cuando los sacerdotes del templo de Nanea las habían expuesto, se presentó él con unas pocas personas en el recinto sagrado; en cuanto entró Antíoco, cerraron el templo.

16Abrieron la trampa del techo y a pedradas aplastaron al jefe; los descuartizaron y, cortándoles las cabezas, las arrojaron a los que estaban fuera.

17¡Bendito sea en todo nuestro Dios, que ha entregado a los impíos a la muerte!

18A punto de celebrar en el veinticinco de casleu la purificación del templo, nos ha parecido conveniente informaros, para que también vosotros celebréis la fiesta de las Tiendas y del fuego aparecido cuando ofreció sacrificios Nehemías, el que construyó el templo y el altar.

19Pues, cuando nuestros antepasados fueron deportados a Persia, los piadosos sacerdotes de entonces, habiendo tomado fuego del altar, lo escondieron secretamente en una cavidad semejante a un pozo seco, donde tomaron tales precauciones que nadie supo el lugar.

20Pasados muchos años, cuando Dios quiso, Nehemías, enviado por el rey de Persia, mandó que buscaran el fuego los descendientes de los sacerdotes que lo habían escondido;

21pero, según nos cuentan, en realidad no encontraron fuego, sino un líquido espeso; él les mandó que lo sacasen y se lo llevasen. Cuando estuvo dispuesto el sacrificio, Nehemías mandó a los sacerdotes que rociaran con aquel líquido la leña y la ofrenda colocada sobre ella.

22Cumplida la orden y pasado algún tiempo, volvió a brillar el sol, que antes estaba nublado, y se encendió una llama tan grande que todos quedaron maravillados.

23Mientras se consumía el sacrificio, los sacerdotes hacían oración: todos los sacerdotes con Jonatán, que era el que comenzaba; y los demás respondían como Nehemías.

24La oración era la siguiente: «Señor, Señor Dios, creador de todo, temible y fuerte, justo y misericordioso; tú, rey único y bueno,

25tú, el único generoso, el único justo, todopoderoso y eterno, que salvas a Israel de todo mal, que elegiste a nuestros padres y los santificaste,

26acepta el sacrificio por todo tu pueblo Israel, guarda tu heredad y santifícala.

27Reúne a los nuestros dispersos, da libertad a los que están esclavizados entre las naciones, vuelve tus ojos a los despreciados y abominados, y conozcan los gentiles que tú eres nuestro Dios.

28Aflige a los que tiranizan y ultrajan con arrogancia.

29Planta a tu pueblo en tu lugar santo, como dijo Moisés».

30Los sacerdotes salmodiaban los himnos.

31Cuando se consumieron las víctimas, Nehemías mandó derramar el líquido sobrante sobre unas grandes piedras.

32Hecho esto, se encendió una llamarada que quedó absorbida por el mayor resplandor que brillaba en el altar.

33Cuando el hecho se divulgó, contaron al rey de los persas que, en el lugar donde los sacerdotes deportados habían escondido el fuego, había aparecido aquel líquido con el que Nehemías y sus compañeros habían consagrado las ofrendas del sacrificio.

34El rey, después de verificar el hecho, mandó alzar una cerca reconociendo el lugar como sagrado.

35El rey recogía muchas donaciones y las repartía a sus favoritos.

36Los acompañantes de Nehemías llamaron a ese lugar neftar, que significa «purificación»; pero la mayoría lo llama nafta.

Hebreos 2

1Por tanto, para no extraviarnos, debemos prestar más atención a lo que hemos oído.

2Pues si la palabra comunicada a través de ángeles tuvo validez, y toda transgresión y desobediencia fue justamente castigada,

3¿cómo escaparemos nosotros si desdeñamos semejante salvación, que fue anunciada primero por el Señor, confirmada por los que la habían escuchado,

4a la que Dios añadió su testimonio con signos y portentos, con milagros varios, y dones del Espíritu Santo distribuidos según su beneplácito?

5Dios no sometió a los ángeles el mundo venidero, del que estamos hablando;

6de ello dan fe estas palabras: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el ser humano, para que mires por él?

7Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad,

8todo lo sometiste bajo sus pies. En efecto, al someterle todo, nada dejó fuera de su dominio. Pero ahora no vemos todavía que le esté sometido todo.

9Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Pues, por la gracia de Dios, gustó la muerte por todos.

10Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevara muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación.

11El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos,

12pues dice: Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.

13Y también: En él pondré yo mi confianza. Y de nuevo: Aquí estoy yo con los hijos que Dios me dio.

14Por tanto, lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo,

15y liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos.

16Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles.

17Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar los pecados del pueblo.

18Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los que son tentados.