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Lectura 160 de 365

1 Macabeos 12-14 · Hebreos 1

Letra: Normal

1 Macabeos 12

1Viendo Jonatán que las circunstancias le eran favorables, escogió algunos hombres y los envió a Roma, con el fin de confirmar y renovar la amistad con los romanos.

2Con el mismo objeto envió cartas a los de Esparta y a otros lugares.

3Se fueron, pues, a Roma, y cuando entraron en el Senado dijeron: «Jonatán, sumo sacerdote, y el pueblo judío nos han enviado para renovar el anterior pacto de amistad y de mutua defensa con ellos».

4Los romanos les dieron salvoconducto para la autoridad de cada lugar a fin de que pudieran regresar a Judea sanos y salvos.

5Esta es la copia de la carta que Jonatán escribió a los espartanos:

6«Jonatán, sumo sacerdote, los ancianos de la nación, los sacerdotes y el resto del pueblo judío saludan a sus hermanos los espartanos.

7Ya en tiempos pasados vuestro rey Areo envió una carta al sumo sacerdote Onías en la que le decía que vosotros erais hermanos nuestros, como lo atestigua la copia adjunta.

8Onías recibió con honores al embajador y acogió la carta que hablaba claramente de mutua defensa y amistad.

9Aunque nosotros no sentimos necesidad de ello por tener como consolación los libros santos que están en nuestras manos,

10hemos procurado enviaros embajadores para renovar con vosotros la amistad y la fraternidad, y evitar que nos hagamos extraños para vosotros, pues ha pasado mucho tiempo ya desde que nos enviasteis aquel mensaje.

11Por nuestra parte, en las fiestas y días señalados, os recordamos sin cesar en toda ocasión en los sacrificios que ofrecemos y en nuestras oraciones, pues es justo y conveniente acordarse de los hermanos.

12Nos alegramos de vuestra fama.

13Nosotros, en cambio, nos hemos visto rodeados por muchas guerras y tribulaciones, pues nos han atacado los reyes vecinos.

14Pero en estas luchas no hemos querido molestaros a vosotros ni a los demás aliados y amigos nuestros,

15porque contamos con el auxilio del Cielo que, viniendo en nuestra ayuda, nos ha librado de nuestros enemigos y a ellos los ha humillado.

16Así pues, hemos elegido a Numenio, hijo de Antíoco, y a Antípatro, hijo de Jasón, y los hemos enviado a Roma para renovar el pacto de amistad y de mutua defensa que antes teníamos,

17y les hemos dado orden de presentarse también a vosotros para saludaros y entregaros nuestra carta sobre la renovación de nuestra fraternidad.

18Haced ahora el favor de contestarnos».

19Esta es la copia de la carta enviada a Onías:

20«Areo, rey de los espartanos, saluda al sumo sacerdote Onías.

21En un documento relativo a espartanos y judíos se ha descubierto que son hermanos y que proceden de la estirpe de Abrahán.

22Y ahora que lo sabemos, os pedimos por favor que nos escribáis sobre vuestra situación.

23Por nuestra parte os manifestamos: vuestro ganado y vuestros bienes son como nuestros; y los nuestros, vuestros son. Por eso damos orden de que así os lo comuniquen en estos términos».

24Jonatán se enteró de que los generales de Demetrio habían vuelto con un ejército mayor que antes para atacarlo.

25Partió, pues, de Jerusalén y fue a encontrarse con ellos en la región de Jamat, sin darles tiempo de que entraran en su propio territorio.

26Envió espías al campamento enemigo y, a su vuelta, se enteró de que los enemigos estaban dispuestos a sorprender a los judíos por la noche.

27Cuando se puso el sol, Jonatán ordenó a los suyos que se mantuviesen en vela toda la noche, con las armas a mano, preparados para luchar; y dispuso avanzadillas alrededor del campamento.

28Cuando los enemigos supieron que Jonatán y los suyos estaban preparados para entrar en combate, sintieron miedo y, llenos de pánico, encendieron fogatas en su campamento y se retiraron.

29Jonatán y los suyos, como veían brillar las fogatas, no se percataron de lo ocurrido hasta el amanecer.

30Jonatán se lanzó entonces en su persecución, pero no les pudo dar alcance porque habían atravesado ya el río Eléutero.

31Jonatán se volvió contra los árabes llamados zabadeos, los derrotó y se hizo con sus despojos.

32Levantó luego el campamento, llegó a Damasco y recorrió toda la región.

33Simón por su parte hizo una incursión hasta Ascalón y las plazas fuertes vecinas. Se volvió luego hacia Jafa y la conquistó,

34ya que se había enterado de que sus habitantes querían entregar aquella plaza fuerte a los partidarios de Demetrio. Dejó en ella una guarnición para defenderla.

35Jonatán, ya de vuelta, reunió la asamblea de los ancianos del pueblo y acordó con ellos edificar fortalezas en Judea,

36dar mayor altura a las murallas de Jerusalén y levantar un muro alto separando la ciudad y la acrópolis, de modo que esta quedara aislada para que nadie pudiera comprar ni vender.

37Por eso se reunieron para reconstruir la ciudad, pues había caído un tramo de la muralla que daba al torrente por la parte oriental; restauró también el barrio llamado Cafenatá.

38Simón, por su parte, reconstruyó Adidá en la Sefelá, la fortificó y le puso puertas con cerrojos.

39Trifón aspiraba a reinar en Asia, ceñirse la corona y eliminar al rey Antíoco.

40Temiendo que Jonatán se lo estorbara haciéndole la guerra, trataba de secuestrarlo y de matarlo. Por ello se puso en marcha y llegó a Beisán.

41Jonatán salió a su encuentro con cuarenta mil hombres escogidos para la guerra y llegó a Beisán.

42Trifón vio que había venido con un ejército numeroso y temió echarle mano.

43Es más, lo recibió con honores, lo presentó a todos sus Amigos, le hizo regalos y ordenó a sus Amigos y a sus tropas que lo obedeciesen como si fuese él mismo.

44Y dijo a Jonatán: «¿Por qué has fatigado a toda esta gente si no hay guerra entre nosotros?

45Envíalos a sus casas, elige algunos hombres que te acompañen y ven conmigo a Tolemaida. Te entregaré la ciudad, las demás fortalezas, el resto del ejército y todos los funcionarios; luego emprenderé el regreso, ya que para eso he venido».

46Jonatán se fió de él y obró como le decía: despachó sus tropas, que partieron hacia la tierra de Judá,

47y mantuvo consigo tres mil hombres, de los cuales dejó dos mil en Galilea y mil lo acompañaron.

48Pero apenas entró Jonatán en Tolemaida, los habitantes de la ciudad cerraron las puertas, lo apresaron a él y pasaron a filo de espada a cuantos habían entrado con él.

49Trifón envió tropas y caballería a Galilea y a la gran llanura de Esdrelón para acabar con todos los partidarios de Jonatán.

50Pero estos, que ya sabían que Jonatán había sido apresado y muerto con sus acompañantes, se animaron entre sí y avanzaron, cerradas las filas, decididos al combate.

51Sus perseguidores los vieron dispuestos a jugarse la vida y se volvieron.

52Aquellos llegaron sanos y salvos a la tierra de Judá. Lloraron a Jonatán y a sus compañeros. Un gran temor se apoderó de ellos. Todo Israel hizo un gran duelo.

53Las naciones todas del entorno trataban de aniquilarlos: «No tienen jefe —decían— ni tienen quien les ayude. Esta es la ocasión de atacarlos y borrar su recuerdo de entre los hombres».

1 Macabeos 13

1Cuando Simón se enteró de que Trifón había reunido un ejército numeroso para ir a devastar la tierra de Judá,

2viendo al pueblo espantado y temeroso, subió a Jerusalén, congregó al pueblo

3y le arengó diciendo: «Vosotros sabéis todo lo que hemos hecho mis hermanos, la familia de mi padre y yo por la ley y el santuario, y las guerras y dificultades que hemos sufrido.

4Por ello, todos mis hermanos han muerto por Israel y he quedado yo solo.

5Pero lejos de mí escatimar ahora mi vida en momentos de peligro, pues yo no soy mejor que mis hermanos;

6por el contrario, vengaré a mi nación, el Lugar Santo y a vuestras mujeres e hijos, ya que, movidas por el odio, se han unido todas las naciones para aniquilarnos».

7Al oír estas palabras, se enardeció el espíritu del pueblo

8y respondió aclamándolo: «Tú eres nuestro caudillo después de Judas y de tu hermano Jonatán.

9Dirígenos en la guerra y haremos cuanto nos mandes».

10Simón reunió entonces a todos los hombres aptos para la guerra y se dio prisa en acabar las murallas de Jerusalén hasta que la fortificó en todo su contorno.

11A Jonatán, hijo de Absalón, lo envió a Jafa con un importante destacamento; él expulsó a los que estaban en la ciudad y se estableció en ella.

12Trifón partió de Tolemaida con un ejército numeroso para entrar en la tierra de Judá, llevando consigo prisionero a Jonatán.

13Simón puso su campamento en Adidá, frente a la llanura.

14Al enterarse Trifón de que Simón había reemplazado a su hermano Jonatán y que estaba preparado para entrar en combate contra él, le envió mensajeros diciéndole:

15«Tenemos detenido a tu hermano Jonatán a causa de las deudas contraídas con el tesoro real en el desempeño de sus cargos.

16Envíanos tres mil kilos de plata y a dos de sus hijos como rehenes, no sea que, una vez libre, se rebele contra nosotros. Entonces lo soltaremos».

17Simón, aunque se dio cuenta de que trataban de engañarlo, envió a buscar el dinero y a los niños, para no provocar contra sí mismo la enemistad del pueblo, que podría comentar:

18«Porque no envié yo el dinero y los niños, ha muerto Jonatán».

19Envió, pues, a los niños y los tres mil kilos de plata, pero Trifón faltó a su palabra y no soltó a Jonatán.

20Después de esto, Trifón se puso en marcha para invadir la región y devastarla. Dio un rodeo por el camino de Adorá, mientras Simón y su ejército obstaculizaban su marcha por doquier.

21Los de la acrópolis enviaron legados a Trifón apremiándole para que fuera a través del desierto adonde estaban ellos y les enviara víveres.

22Trifón preparó toda su caballería para ir, pero aquella noche cayó tal cantidad de nieve que le impidió acudir. Partió de allí y se fue hacia Galilea.

23Cuando se encontraba cerca de Bascamá, hizo matar a Jonatán, quien fue enterrado allí.

24Luego Trifón regresó a su país.

25Simón envió a recoger los restos mortales de su hermano Jonatán y le dio sepultura en Modín, ciudad de sus padres.

26Todo Israel hizo solemnes funerales por él y lo lloró durante muchos días.

27Simón construyó sobre el sepulcro de su padre y sus hermanos un mausoleo alto, que pudiera verse, de piedras pulidas por delante y por detrás.

28Levantó siete pirámides, una frente a otra, dedicadas a su padre, a su madre y a sus cuatro hermanos.

29Levantó, alrededor de ellas, grandes columnas y sobre las columnas colocó panoplias como recuerdo permanente. Al lado de las panoplias esculpió unas naves que pudieran ser contempladas por todos los navegantes.

30Tal fue el mausoleo que construyó en Modín y que subsiste en nuestros días.

31Trifón conspiró contra el joven rey Antíoco y le dio muerte.

32Ocupó el trono en su lugar, se ciñó la corona de Asia y causó grandes estragos en el país.

33Simón, por su parte, reconstruyó las fortalezas de Judea, las rodeó de altas torres y grandes murallas con puertas y cerrojos, y almacenó víveres en ellas.

34Además, Simón escogió algunos hombres que envió al rey Demetrio intentando conseguir una remisión de deudas para la región, dado que toda la actividad de Trifón había sido un continuo robo.

35El rey Demetrio contestó a su petición y le escribió la siguiente carta:

36«El rey Demetrio saluda a Simón, sumo sacerdote y Amigo de reyes, a los ancianos y a la nación judía.

37Hemos recibido la corona de oro y la palma que nos habéis enviado, y estamos dispuestos a concertar con vosotros una paz completa y a escribir a los funcionarios que os concedan la remisión de las deudas.

38Cuanto hemos decidido sobre vosotros quede firme y sean vuestras las fortalezas que habéis construido.

39Os perdonamos los errores y delitos cometidos hasta el día de hoy, y la corona que nos debéis. Si algún otro tributo se percibía en Jerusalén, ya no se exija.

40Y si algunos de vosotros son aptos para alistarse en nuestra guardia, que lo haga, y haya paz entre nosotros».

41El año ciento setenta Israel quedó libre del yugo de las naciones

42y el pueblo comenzó a escribir en las actas y contratos: «En el año primero de Simón, gran sumo sacerdote, estratega y caudillo de los judíos».

43Por aquellos días Simón acampó junto a Guézer y la cercó con sus tropas. Construyó una torre móvil de asalto que aproximó a la ciudad y, abriendo brecha en un baluarte, lo ocupó.

44Saltaron los de la torre móvil a la ciudad y se produjo en ella gran agitación.

45Los habitantes subieron a la muralla con sus mujeres e hijos y, rasgándose las vestiduras, pidieron la paz a Simón a grandes gritos.

46«No nos trates —le decían— según nuestras maldades, sino según tu misericordia».

47Simón accedió y suspendió el ataque, pero los echó de la ciudad y mandó purificar las casas en que había ídolos. Entonces hizo su entrada en la ciudad con himnos de alabanza y de acción de gracias.

48Echó de la ciudad todo lo que la profanaba, instaló en ella gentes observantes de la ley, fortificó Guézer y se construyó allí una residencia.

49Los de la acrópolis de Jerusalén, como no podían moverse libremente por la región, sin comprar ni vender, padecían mucha hambre, y bastantes de ellos habían perecido por inanición.

50Clamaron a Simón que hiciera con ellos la paz y Simón se la concedió. Los expulsó de allí y purificó de profanaciones la acrópolis.

51El día veintitrés del segundo mes del año ciento setenta y uno, hicieron su entrada en ella, con aclamaciones y palmas, al son de cítaras, platillos y arpas, con himnos y cantos, porque el mayor enemigo había sido vencido y expulsado de Israel.

52Simón dispuso que este día se celebrara con júbilo todos los años. Fortificó el monte del templo que está al lado de la acrópolis y se estableció allí con los suyos.

53Y cuando Simón vio que su hijo Juan era todo un hombre, le nombró jefe de todas las fuerzas del ejército con residencia en Guézer.

1 Macabeos 14

1El año ciento setenta y dos el rey Demetrio reunió su ejército y partió para Media en busca de ayuda a fin de combatir a Trifón.

2Pero cuando se enteró Arsaces, rey de Persia y Media, de que Demetrio había entrado en su territorio, envió a uno de sus generales para capturarlo vivo.

3Partió este y derrotó al ejército de Demetrio, lo hizo prisionero y lo llevó ante Arsaces, quien lo metió en la cárcel.

4La tierra de Judá gozó de paz durante todos los días de Simón. Él procuró el bien a su nación, les resultó grato su gobierno y su magnificencia en todo tiempo.

5Añadió a sus títulos de gloria la conquista de Jafa como puerto, y se abrió paso hacia las islas del mar.

6Amplió las fronteras de su nación, se hizo dueño del país

7y repatrió a muchos cautivos. Tomó Guézer, Bet Sur y la acrópolis, la limpió de su profanación, no hubo quien le resistiera.

8Cultivaban en paz sus campos; la tierra daba sus cosechas y los árboles del llano sus frutos.

9Los ancianos se sentaban en las plazas, hablaban todos de sus venturas, los jóvenes vestían galas y armadura.

10Proveyó de víveres a las ciudades, las protegió con fortalezas, su renombre llegaba a los confines del orbe.

11Restableció la paz en la tierra, Israel gozó de gran alegría.

12Se sentaba cada uno bajo su parra y su higuera, y nadie hubo que los inquietara.

13Sus contendientes desaparecieron del país, los reyes cayeron en aquellos días.

14Apoyó a los humildes de su pueblo, observó con fidelidad la ley y exterminó a malvados y apóstatas.

15Al templo dio esplendor y aumentó su ajuar sagrado.

16En Roma y en Esparta sintieron la noticia de la muerte de Jonatán.

17Cuando supieron que su hermano Simón le había sucedido en el sumo sacerdocio y había tomado el mando del país y sus ciudades,

18le escribieron en planchas de bronce para renovar con él el pacto de amistad y mutua defensa que habían establecido con sus hermanos Judas y Jonatán.

19El documento se leyó en Jerusalén ante la asamblea.

20Esta es la copia de la carta enviada por los espartanos: «Los magistrados y la ciudad de Esparta saludan al gran sacerdote Simón, a los ancianos, a los sacerdotes y al resto del pueblo judío, nuestros hermanos.

21Los embajadores enviados a nuestro pueblo nos han informado de vuestra gloria y esplendor y nos hemos alegrado con su venida.

22Hemos registrado sus declaraciones en las actas oficiales en estos términos: “Numenio, hijo de Antíoco, y Antípatros, hijo de Jasón, embajadores de los judíos, se nos han presentado para renovar su pacto de amistad con nosotros.

23El pueblo ha tenido a bien recibirlos con honor y depositar la copia de sus discursos en los archivos públicos, a fin de que el pueblo espartano conserve su recuerdo. Se ha sacado una copia de ello para el sumo sacerdote Simón”».

24Más tarde Simón envió a Numenio hasta Roma con un gran escudo de oro, de seiscientos kilos de peso, para confirmar el pacto de mutua defensa con ellos.

25Cuando estos hechos llegaron a conocimiento del pueblo, la gente comentaba: «¿Cómo mostraremos nuestro agradecimiento a Simón y a sus hijos?

26Porque tanto él, como sus hermanos y su familia, han luchado con constancia contra los enemigos de Israel y le han conseguido la libertad». Grabaron una inscripción en bronce y la fijaron en unas columnas en el monte Sión.

27Esta es la copia de la inscripción: «El dieciocho de elul del año ciento setenta y dos, año tercero del gran sumo sacerdote Simón, en Asaramel,

28en la gran asamblea de los sacerdotes, del pueblo, de las autoridades de la nación y de los ancianos del país, se nos hizo saber lo siguiente:

29Cuando se libraban muchos combates en nuestra región, Simón, hijo de Matatías, sacerdote descendiente de los hijos de Joarib, y sus hermanos, se expusieron al peligro, hicieron frente a los enemigos de su nación, a fin de conservar incólumes el santuario y la ley, y alcanzaron inmensa gloria para su nación.

30Jonatán reunificó la nación y llegó a ser sumo sacerdote suyo hasta que fue a reunirse con sus antepasados.

31Los enemigos de los judíos quisieron invadir el país y atacar al santuario.

32Pero entonces surgió Simón para combatir por su nación y gastó gran parte de sus bienes en equipar y pagar las tropas de la nación.

33Fortificó las ciudades de Judea y Bet Sur, ciudad fronteriza de Judea donde se encontraban antes las armas de los enemigos, y puso en ella una guarnición de guerreros judíos.

34Fortificó Jafa, situada junto al mar, y Guézer, en los límites de Asdod, donde habitaban anteriormente los enemigos, y estableció en ellas una población judía a la que proveyó de todo lo necesario para su mantenimiento.

35Al ver el pueblo la fidelidad de Simón y la gloria que procuraba alcanzar para su nación, lo nombró su caudillo y sumo sacerdote por todos los servicios que había prestado, por la justicia y fidelidad que había guardado a su nación y por sus esfuerzos de toda clase para exaltar a su pueblo.

36En sus días se consiguió felizmente por su medio expulsar a los gentiles de la región ocupada y a los que se encontraban en la Ciudad de David, en Jerusalén, donde se había construido una acrópolis, desde la que hacían salidas y mancillaban los alrededores del santuario, ultrajando gravemente su pureza.

37Simón estableció en la acrópolis guerreros judíos, la fortificó para seguridad de la región y de la ciudad, y elevó las murallas de Jerusalén.

38En consecuencia, el rey Demetrio le confirmó en el cargo del sumo sacerdocio,

39le contó entre los Amigos y lo colmó de honores;

40porque se había enterado de que los romanos llamaban a los judíos amigos, aliados y hermanos, que habían recibido con honor a los embajadores de Simón,

41y que a los judíos y a los sacerdotes les había parecido bien que Simón fuese su caudillo y sumo sacerdote para siempre, hasta que apareciera un profeta digno de fe;

42y también que fuese su estratega, que se encargase del santuario, de la administración del país, de los armamentos y de plazas fuertes

43(que se encargase del santuario), que todos le obedeciesen, que se redactasen en su nombre todos los documentos del país, que vistiese de púrpura y llevase adornos de oro.

44A nadie del pueblo, ni a los sacerdotes, le estará permitido rechazar ninguna de estas disposiciones, ni contradecir sus órdenes, ni convocar en el país asambleas sin contar con él, ni vestir de púrpura, ni llevar broche de oro.

45Todo aquel que obre contrariamente a estas decisiones o anule alguna de ellas, será culpable.

46El pueblo entero estuvo de acuerdo en conceder a Simón el derecho de obrar conforme a estas disposiciones,

47y Simón aceptó con agrado ejercer el sumo sacerdocio, ser estratega y etnarca de los judíos y sacerdotes, y estar al frente de todos».

48Decretaron que este documento se grabase en planchas de bronce, que se fijasen estas en el recinto del santuario, en sitio visible,

49y que se archivasen copias en el tesoro a disposición de Simón y de sus hijos.

Hebreos 1

1En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.

2En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos.

3Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas;

4tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.

5Pues ¿a qué ángel dijo jamás: Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy; y en otro lugar: Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo?

6Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: Adórenlo todos los ángeles de Dios.

7De los ángeles dice: Hace de los espíritus sus ángeles; de las llamas de fuego, sus ministros.

8En cambio, del Hijo: Tu trono, oh Dios, permanece para siempre; y cetro de rectitud es tu cetro real.

9Amaste la justicia y odiaste la iniquidad; por eso Dios, tu Dios, te ha distinguido entre tus compañeros, ungiéndote con aceite de júbilo.

10También: Tú, Señor, en los comienzos cimentaste la tierra; los cielos son obra de tus manos;

11ellos perecerán, tú permaneces; se gastarán como la ropa,

12los envolverás como un manto. Serán como vestido que se muda. Pero tú eres siempre el mismo tus años no se acabarán.

13Y ¿a cuál de los ángeles dijo jamás: Siéntate a mi derecha mientras pongo a tus enemigos por estrado de tus pies?

14¿Es que no son todos espíritus servidores, enviados en ayuda de los que han de heredar la salvación?