Lectura 159 de 365
1 Macabeos 9-11 · Filemón
1 Macabeos 9
1En cuanto Demetrio supo que Nicanor y su ejército habían sucumbido en el combate, volvió a enviar a Báquides y a Alcimo a la tierra de Judea con el ala derecha del ejército.
2Emprendieron la marcha por el camino de Galilea, acamparon junto a Mesalot de Arbela, ocuparon la ciudad y mataron a muchos.
3El primer mes del año ciento cincuenta y dos, acamparon frente a Jerusalén,
4pero luego partieron de allí, camino de Berea, con veinte mil de infantería y dos mil jinetes.
5Judas acampaba en Eleasa con tres mil soldados escogidos,
6y al ver la enorme muchedumbre de enemigos, se aterrorizaron; muchos del campamento desertaron y solo quedaron ochocientos.
7Al ver Judas que su ejército se deshacía precisamente cuando era inminente la batalla, se descorazonó, porque ya no era posible reunirlos.
8Aunque desalentado, dijo a los que quedaban: «¡Hala, subamos contra el enemigo! A lo mejor podemos derrotarlos».
9Los suyos intentaban disuadirle: «Es completamente imposible. Pero si salvamos ahora la vida, volveremos con los nuestros y entonces combatiremos. Ahora somos pocos».
10Judas repuso: «¡Nada de huir ante el enemigo! Si nos ha llegado la hora, muramos valientemente por nuestros compatriotas, sin dejar una mancha en nuestra fama».
11El ejército enemigo salió del campamento y formó frente a ellos, con la caballería dividida en dos cuerpos, y los honderos y arqueros delante del ejército, los más aguerridos en primera fila.
12Báquides iba en el ala derecha. La falange avanzó por ambos lados, a toque de trompeta. Los de Judas también tocaron las trompetas.
13El suelo retembló por el fragor de los ejércitos. Se entabló el combate al amanecer y duró hasta la tarde.
14Judas vio que Báquides y los más fuertes del ejército estaban a la derecha. Se le juntaron los más animosos,
15destrozaron el ala derecha y la persiguieron hasta los montes de Azara.
16Pero, cuando los del ala izquierda vieron que el ala derecha estaba destrozada, se lanzaron en persecución de Judas y sus compañeros.
17El combate arreció y hubo muchas bajas por ambas partes.
18Judas cayó también y los demás huyeron.
19Jonatán y Simón recogieron el cadáver de su hermano Judas y lo enterraron en la sepultura familiar, en Modín.
20Todo Israel lo lloró y le hizo solemnes funerales, entonando durante muchos días esta elegía:
21«¡Cómo cayó el valiente, salvador de Israel!».
22No hemos escrito otros datos de la historia de Judas, sus hazañas militares y sus títulos de gloria, porque fueron muchísimos.
23Con la muerte de Judas, volvieron a surgir apóstatas por todo el territorio de Israel y levantaron cabeza todos los malhechores.
24Hubo entonces un hambre terrible y el pueblo de la tierra se pasó a su bando.
25Báquides escogió a unos hombres impíos y los puso al frente del gobierno del país.
26Daban batidas siguiendo el rastro de los amigos de Judas y se los llevaban a Báquides, que los castigaba y escarnecía.
27Israel cayó en una tribulación tan grande como no la había sufrido desde los tiempos en que cesaron los profetas.
28Entonces todos los amigos de Judas se reunieron y dijeron a Jonatán:
29«Desde la muerte de tu hermano Judas no tenemos un hombre semejante a él que guíe la lucha contra los enemigos, contra Báquides y contra los que odian a nuestra nación.
30Por eso, te elegimos hoy a ti para que, ocupando el lugar de tu hermano, seas nuestro jefe y caudillo en la lucha que sostenemos».
31En aquel momento Jonatán tomó el mando como sucesor de su hermano Judas.
32Al enterarse Báquides, trató de matarlo.
33Pero cuando lo supieron Jonatán, su hermano Simón y todos sus partidarios, huyeron al desierto de Técoa, donde establecieron su campamento junto a las aguas de la cisterna de Asfar.
34Báquides se enteró un día de sábado y pasó con todas las tropas a la otra orilla del Jordán.
35Jonatán envió a su hermano Juan como jefe de la comitiva, a pedir a sus amigos, los nabateos, autorización para dejar con ellos sus pertrechos, que eran muchos.
36Pero los hijos de Jambrí, los de Mádaba, hicieron una salida, se apoderaron de Juan y de cuanto llevaba, y se alejaron con su botín.
37Después de esto, Jonatán y su hermano Simón recibieron esta noticia: «Los hijos de Jambrí celebran una espléndida boda; a la novia, hija de uno de los principales de Canaán, la llevan desde Nabatá, en medio de gran pompa».
38Recordaron entonces el sangriento fin de su hermano Juan y subieron a ocultarse al abrigo del monte.
39Al alzar los ojos, vieron que una numerosa caravana, en medio de tumultuosa algazara, avanzaba al encuentro del novio, acompañado de sus amigos y de su hermano, con tambores, música y otros instrumentos.
40Los de Jonatán entonces salieron de su escondite a su encuentro para matarlos. Hirieron de muerte a muchos y los demás huyeron a los montes. Se hicieron con todos sus despojos.
41«La boda acabó en duelo y el canto de los músicos en lamentación».
42Una vez vengada la sangre de su hermano, se volvieron a las marismas del Jordán.
43Al enterarse Báquides, vino en sábado con numerosa tropa a las riberas del Jordán.
44Jonatán dijo a su gente: «Levantémonos y luchemos por nuestras vidas, que hoy no es como ayer y anteayer.
45Estamos entre dos frentes; a un lado y a otro tenemos las aguas del Jordán, las marismas y las malezas: no es posible batirse en retirada.
46Gritad, pues, ahora al Cielo para que nos salve de nuestros enemigos».
47Entablado el combate, Jonatán alargó su mano para herir a Báquides, pero este esquivó el golpe retrocediendo,
48con lo que Jonatán y los suyos pudieron lanzarse al Jordán y ganar a nado la orilla opuesta. Sus enemigos no atravesaron el río en su persecución.
49Unos mil hombres del ejército de Báquides cayeron aquel día.
50Vuelto a Jerusalén, Báquides hizo levantar plazas fuertes en Judea: la fortaleza de Jericó, Emaús, Bet Jorón, Betel, Timná, Piratón y Tefón, con altas murallas, puertas y cerrojos,
51y puso en ellas guarniciones para que hostigaran a Israel.
52Fortificó también las ciudades de Bet Sur y Guézer, y la acrópolis; y dejó en ellas tropas y depósitos de víveres.
53Tomó como rehenes a los hijos de los principales de la región y los encarceló en la acrópolis de Jerusalén.
54El segundo mes del año ciento cincuenta y tres, Alcimo ordenó demoler el muro del atrio interior del Lugar Santo. Destruía con ello la obra de los profetas. Había comenzado la demolición,
55cuando precisamente entonces Alcimo sufrió un ataque y su obra quedó parada. La boca se le quedó cerrada y paralizada, de suerte que ya no le fue posible pronunciar ni una palabra ni hacer testamento.
56Alcimo murió entonces en medio de grandes dolores.
57Cuando Báquides vio que Alcimo había muerto, se volvió adonde estaba el rey. Hubo tranquilidad en la tierra de Judá por espacio de dos años.
58Los apóstatas deliberaron diciendo: «Ya veis a Jonatán y los suyos viviendo tranquilos y confiados. Hagamos venir ahora a Báquides y los prenderá a todos ellos en una sola noche».
59Fueron y parlamentaron con él.
60Báquides se puso en marcha con un gran ejército. Envió cartas secretas a todos sus aliados de Judea ordenándoles prender a Jonatán y a los suyos. Pero no lo consiguieron, porque se descubrió su plan;
61Jonatán y los suyos, por su parte, prendieron a unos cincuenta hombres de la región como principales conspiradores y les dieron muerte.
62A continuación, Jonatán, Simón y los suyos se retiraron a Betbasí, en el desierto, repararon lo que estaba derruido en aquella plaza y la fortificaron.
63En cuanto se enteró Báquides, juntó a toda su gente y convocó a sus partidarios de Judea.
64Llegó y puso cerco a Betbasí, la atacó durante muchos días, emplazando máquinas de asalto.
65Jonatán, dejando a su hermano Simón en la ciudad, hizo una salida por la región con una pequeña tropa,
66con la que derrotó en su campamento a Odomerá y a sus hermanos, así como a los hijos de Fasirón. Empezaron a atacarlos avanzando entre las tropas.
67Simón y sus hombres, por su parte, salieron de la ciudad y dieron fuego a las máquinas de asalto.
68Trabaron combate con Báquides, lo derrotaron y lo dejaron sumido en profunda amargura porque había fracasado su plan de ataque.
69Montó en cólera contra los apóstatas que le habían aconsejado venir a la región, mató a muchos de ellos y decidió volverse a su tierra.
70Al saberlo Jonatán, le envió legados para concertar con él la paz y conseguir que les devolviera los prisioneros.
71Báquides aceptó y accedió a las peticiones de Jonatán. Juró no hacerle daño en toda su vida
72y le devolvió los prisioneros que anteriormente había capturado en la tierra de Judea. Partió luego para su tierra y no volvió más a territorio judío.
73Así descansó la espada de Israel. Jonatán se estableció en Micmás, comenzó a gobernar al pueblo e hizo desaparecer de Israel a los impíos.
1 Macabeos 10
1El año ciento sesenta, Alejandro Epífanes, hijo de Antíoco, vino por mar y ocupó Tolemaida, donde, habiendo sido bien acogido, se proclamó rey.
2Al tener noticia de ello, el rey Demetrio juntó un ejército muy numeroso y salió a su encuentro para combatir contra él.
3Envió también Demetrio una carta amistosa a Jonatán en la que prometía engrandecerle,
4porque se decía a sí mismo: «Adelantémonos a hacer la paz con ellos antes de que Jonatán la haga con Alejandro contra nosotros,
5al recordar los males que les causamos a él, a sus hermanos y a su nación».
6Le autorizaba a reclutar tropas, fabricar armamento y contarse entre sus aliados. Mandaba, además, que le fuesen entregados los rehenes que se encontraban en la acrópolis.
7Jonatán fue a Jerusalén y leyó la carta ante todo el pueblo y ante los que ocupaban la acrópolis.
8Les entró mucho miedo al ver que el rey le autorizaba reclutar tropas.
9La gente de la acrópolis entregó los rehenes a Jonatán y él los devolvió a sus padres.
10Jonatán fijó su residencia en Jerusalén y se puso a reconstruir y restaurar la ciudad.
11Ordenó a los albañiles levantar las murallas y rodear el monte Sión con piedras de sillería para fortificarlo, y así lo hicieron.
12Los extranjeros que ocupaban las fortalezas levantadas por Báquides huyeron;
13abandonando sus puestos, partieron cada uno para su país.
14Solo en Bet Sur quedaron algunos de los que habían abandonado la ley y los preceptos, porque esta plaza era su refugio.
15El rey Alejandro se enteró de las promesas que Demetrio había hecho a Jonatán. Le contaron además las guerras y proezas que este y sus hermanos habían realizado, y las fatigas que había soportado.
16Entonces dijo: «¿Podremos hallar otro hombre como este? Hagamos de él un amigo y un aliado nuestro».
17Le escribió, pues, y le envió una carta redactada en los siguientes términos:
18«El rey Alejandro saluda a su hermano Jonatán.
19Hemos oído que eres un guerrero valeroso y digno de ser amigo nuestro.
20Por eso te nombramos hoy sumo sacerdote de tu nación y te concedemos el título de Amigo del rey —le enviaba al mismo tiempo una clámide de púrpura y una corona de oro—. Por tu parte haz tuya nuestra causa y guárdanos tu amistad».
21El mes séptimo del año ciento sesenta, con ocasión de la fiesta de las Tiendas, Jonatán se revistió de los ornamentos sagrados, reclutó tropas y fabricó gran cantidad de armamento.
22Demetrio, al saber lo sucedido, dijo disgustado:
23«¿Qué habremos hecho para que Alejandro se nos haya adelantado en ganar la amistad y el apoyo de los judíos?
24También yo les escribiré palabras persuasivas, ofreciéndoles cargos y recompensas para que luchen a mi lado».
25Les escribió en estos términos:
26«El rey Demetrio saluda a la nación judía. Nos hemos enterado con satisfacción de que habéis guardado las cláusulas de nuestros pactos y perseverado en nuestra amistad sin pasaros al bando de nuestros enemigos.
27Continuad, pues, guardándonos fidelidad y os recompensaremos por todo lo que hagáis por nosotros.
28Os dejaremos exentos de muchos impuestos y os concederemos favores.
29Ya desde ahora os libero y descargo a todos los judíos de los impuestos y contribuciones de la sal y de las coronas.
30Renuncio también de hoy en adelante a percibir el tercio de las cosechas y la mitad de los frutos de los árboles que me correspondían, de la tierra de Judea y también de los tres distritos de Samaría y Galilea que le son anexionados a partir de hoy.
31Que Jerusalén sea ciudad santa y exenta; que lo sean también todo su territorio, sus diezmos y tributos.
32Renuncio asimismo a mis atribuciones sobre la acrópolis de Jerusalén y se la cedo al sumo sacerdote, que podrá poner como guarnición en ella a los hombres que él elija.
33A todo judío que haya sido llevado cautivo desde Judea a cualquier parte de mi reino, le devuelvo la libertad sin rescate. Queden todos libres de tributo, incluido el de los ganados.
34Todas las fiestas, los sábados y los novilunios y, además del día fijado, los tres días que preceden y siguen a la fiesta sean todos ellos días de inmunidad y franquicia para todos los judíos residentes en mi reino:
35nadie tendrá autorización para demandar ni inquietar a ninguno por ningún motivo.
36En los ejércitos del rey sean alistados hasta treinta mil judíos, que percibirán la soldada asignada a las demás tropas del rey.
37De ellos, algunos serán apostados en las fortalezas importantes del rey y otros ocuparán puestos de confianza en el reino. Sus oficiales y jefes serán judíos, y vivirán conforme a sus leyes, como lo ha dispuesto el rey para la tierra de Judá.
38Los tres distritos de la provincia de Samaría incorporados a Judea, queden anexionados a Judea y contados como suyos, de modo que, sometidos a un mismo jefe, no acaten otra autoridad que la del sumo sacerdote.
39Entrego Tolemaida y sus dominios como obsequio al santuario de Jerusalén para cubrir los gastos normales del santuario.
40Por mi parte, daré cada año quince mil siclos de plata, que se tomarán de los ingresos reales en las localidades convenientes.
41Todo el excedente que los funcionarios no hayan entregado como en años anteriores, lo darán desde ahora para las obras del templo.
42Además, los cinco mil siclos de plata que se deducían de los ingresos del Lugar Santo en la cuenta de cada año, los cedo por ser emolumento de los sacerdotes en servicio del culto.
43Todo aquel que por deudas con los impuestos reales, o por cualquier otra deuda, se refugie en el templo de Jerusalén o en su recinto, quede inmune, él y cuantos bienes posea en mi reino.
44Los gastos que se originen de las construcciones y reparaciones en el santuario correrán a cuenta del rey.
45También los gastos originados por la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, por las fortificaciones de sus defensas y por la reconstrucción de las murallas de Judea correrán a cuenta del rey».
46Cuando Jonatán y el pueblo oyeron tales ofrecimientos, no les dieron crédito ni los aceptaron, porque recordaban los graves males que Demetrio había causado a Israel y la opresión tan grande a que los había sometido.
47Se decidieron, por tanto, por el partido de Alejandro que, a su parecer, les ofrecía mejores propuestas de paz; fueron siempre sus aliados.
48El rey Alejandro juntó un gran ejército y acampó frente a Demetrio.
49Los dos reyes trabaron combate y salió huyendo el ejército de Demetrio. Alejandro se lanzó en su persecución y se les impuso.
50Aunque mantuvo un encarnizado combate hasta la puesta del sol, Demetrio cayó aquel día.
51Alejandro envió embajadores a Tolomeo, rey de Egipto, con el siguiente mensaje:
52«Vuelto a mi reino, me he sentado en el trono de mis padres y he tomado el poder después de derrotar a Demetrio y hacerme dueño de nuestro país;
53porque trabé combate con él y, tras derrotarlo junto con su ejército, nos sentamos en su trono real.
54Establezcamos, pues, vínculos de amistad entre nosotros y dame a tu hija por esposa. Seré tu yerno y te haré, como a ella, regalos dignos de ti».
55El rey Tolomeo le contestó: «¡Feliz el día en que has vuelto a la tierra de tus padres y te has sentado en el trono de tu reino!
56Pues bien, haré por ti lo que has escrito. Pero ven a encontrarme en Tolemaida para que nos veamos y seré tu suegro, como has dicho».
57Tolomeo partió de Egipto llevando consigo a su hija Cleopatra y llegó a Tolemaida. Era el año ciento sesenta y dos.
58El rey Alejandro fue a su encuentro, y Tolomeo le entregó a su hija Cleopatra y celebró la boda en Tolemaida con la magnificencia con que acostumbran los reyes.
59El rey Alejandro escribió a Jonatán que fuera a verlo.
60Partió este con gran pompa hacia Tolemaida, se entrevistó con los dos reyes, les dio a ellos y a sus amigos plata y oro, les hizo numerosos regalos y se ganó sus simpatías.
61Entonces se confabularon algunos apóstatas, peste de Israel, para querellarse contra él, pero el rey no les hizo ningún caso;
62antes bien, dio orden de que, quitando a Jonatán la ropa que llevaba, lo vistieran de púrpura. Cumplida la orden,
63el rey lo hizo sentar a su lado y dijo a sus nobles: «Salid con él por la ciudad y pregonad que nadie, bajo ningún pretexto, acuse a Jonatán ni lo moleste por nada».
64Cuando sus acusadores vieron el honor que se le tributaba de acuerdo con el pregón y que estaba vestido de púrpura, huyeron todos.
65El rey, queriendo honrarlo, lo inscribió entre sus primeros Amigos y lo nombró estratega y gobernador.
66Jonatán regresó a Jerusalén con paz y contento.
67El año ciento sesenta y cinco, Demetrio, hijo de Demetrio, vino de Creta a la tierra de sus padres.
68Al enterarse el rey Alejandro, quedó muy disgustado y se volvió a Antioquía.
69Demetrio confió el mando a Apolonio, gobernador de Celesiria, el cual, juntando un numeroso ejército, acampó en Yamnia y envió a decir al sumo sacerdote Jonatán:
70«Tú eres el único que se ha rebelado contra nosotros y por tu causa he quedado en ridículo. ¿Por qué alardeas de tu poder desafiándonos desde los montes?
71Si de veras tienes confianza en tu ejército, baja ahora a encontrarte con nosotros en la llanura y allí nos mediremos; conmigo está el ejército de las ciudades.
72Pregunta y sabrás quién soy yo y quiénes son nuestros aliados. Ellos dicen que no podréis manteneros frente a nosotros, porque ya por dos veces tus padres fueron derrotados en su propio país;
73y que ahora no podrás resistir a la caballería y a un ejército tan grande en la llanura, donde no hay piedras ni rocas ni un sitio adonde escapar».
74Cuando Jonatán oyó las palabras de Apolonio, se sublevó su espíritu. Escogió diez mil hombres y partió de Jerusalén. Su hermano Simón acudió a su encuentro para ayudarle.
75Acampó frente a Jafa. Los de la ciudad le cerraron las puertas, porque en Jafa había una guarnición de Apolonio. La atacaron
76y la gente de la ciudad, atemorizada, le abrió las puertas, y Jonatán se hizo dueño de Jafa.
77Cuando Apolonio se enteró, puso en pie de guerra a tres mil jinetes y numerosa infantería, y partió en dirección a Asdod, pero al mismo tiempo, confiando en su numerosa caballería, avanzó por la llanura.
78Jonatán fue tras él persiguiéndolo hacia Asdod y ambos ejércitos trabaron combate.
79Apolonio había dejado a su espalda mil jinetes ocultos.
80Jonatán se dio cuenta de que se trataba de una emboscada. Y, aunque el enemigo rodeó a su ejército y dispararon flechas sobre la tropa desde la mañana hasta el atardecer,
81el ejército se mantuvo firme, como lo había ordenado Jonatán, mientras los caballos de los enemigos se cansaron.
82Entonces Simón hizo avanzar su ejército y atacó a la falange —pues la caballería ya estaba agotada—, la derrotó y la puso en fuga,
83mientras la caballería huía en desbandada por la llanura. En su huida llegaron a Asdod y entraron en Bet Dagón, el templo de su ídolo, para salvarse.
84Pero Jonatán prendió fuego a Asdod y a las ciudades de su entorno, se hizo con el botín y abrasó el templo de Dagón y a los que en él se habían refugiado.
85Los muertos a espada y los abrasados por el fuego fueron unos ocho mil hombres.
86Jonatán partió de allí y acampó frente a Ascalón, cuyos habitantes salieron a recibirlo con grandes honores.
87Luego Jonatán regresó a Jerusalén con los suyos, cargados de rico botín.
88Cuando el rey Alejandro se enteró de estos acontecimientos, concedió nuevos honores a Jonatán,
89le envió un broche de oro, como se suele regalar a los parientes de los reyes, y le dio en propiedad Acarón y todo su territorio.
1 Macabeos 11
1El rey de Egipto reunió un ejército numeroso como las arenas de la playa y una gran flota. Intentaba apoderarse astutamente del reino de Alejandro y unirlo al suyo.
2Salió, pues, hacia Siria en son de paz y la gente de las ciudades le abría las puertas y salía a su encuentro, ya que tenían orden del rey Alejandro de salir a recibirlo porque era su suegro.
3Pero una vez que entraba en las ciudades, Tolomeo dejaba una guarnición militar en cada una de ellas.
4Cuando llegó cerca de Asdod, le mostraron el templo de Dagón incendiado, la ciudad y sus aldeas destruidas, los cadáveres esparcidos por el suelo y los restos calcinados de los abrasados en la guerra con Jonatán, pues los habían amontonado a lo largo del recorrido.
5Contaron al rey lo que había hecho Jonatán para que el rey le censurara, pero el rey guardó silencio.
6Jonatán salió al encuentro del rey con gran fasto en Jafa; se saludaron y pernoctaron allí.
7Luego Jonatán acompañó al rey hasta el río Eléutero y regresó a Jerusalén.
8El rey Tolomeo, por su parte, se hizo dueño de las ciudades de la costa hasta Seleucia Marítima, mientras tramaba planes siniestros contra Alejandro.
9Envió embajadores al rey Demetrio con este mensaje: «Ven y concertemos entre nosotros un pacto. Te daré a mi hija, la mujer de Alejandro, y reinarás en el reino de tu padre.
10Estoy arrepentido de haberle dado mi hija pues ha intentado asesinarme».
11Le hacía estos cargos porque codiciaba su reino.
12Quitándole, pues, su hija, se la dio a Demetrio, rompió con Alejandro y quedó patente la enemistad entre ambos.
13Tolomeo entró en Antioquía y se ciñó la corona de Asia, y así ciñó su frente con dos coronas, la de Egipto y la de Asia.
14En este tiempo se encontraba el rey Alejandro en Cilicia por haberse sublevado la gente de aquella región.
15Al saber Alejandro lo que ocurría, vino a luchar contra él. Tolomeo salió a su encuentro con un poderoso ejército y lo hizo huir.
16Alejandro huyó a Arabia buscando un refugio allí, mientras el rey Tolomeo quedaba triunfador.
17El árabe Zabdiel cortó la cabeza a Alejandro y se la envió a Tolomeo.
18Pero tres días después murió el rey Tolomeo y los habitantes de las plazas fuertes asesinaron a las guarniciones allí acantonadas.
19Demetrio comenzó a reinar el año ciento sesenta y siete.
20Por aquellos días Jonatán reunió a los de Judea para atacar la acrópolis de Jerusalén y levantó contra ella muchas máquinas de asalto.
21Entonces algunos apóstatas que odiaban a su nación acudieron al rey para anunciarle que Jonatán había cercado la acrópolis.
22La noticia lo irritó y, nada más oírla, se puso en marcha y vino a Tolemaida. Escribió a Jonatán que levantara el cerco y viniera a Tolemaida lo antes posible a entrevistarse con él.
23Jonatán, al enterarse, ordenó que continuase el asedio. Eligió algunos ancianos y sacerdotes de Israel, y asumió el riesgo de la visita.
24Tomando plata, oro, vestidos y otros presentes en gran cantidad, partió a verse con el rey en Tolemaida y lo encontró favorable a él.
25Algunos compatriotas apóstatas lo acusaban,
26pero el rey le trató como le habían tratado sus predecesores y le honró en presencia de todos sus Amigos.
27Le confirmó en el sumo sacerdocio y en todas las dignidades que antes tenía, e hizo que se le contara entre sus primeros Amigos.
28Jonatán pidió al rey que eximiera de impuestos a Judea y a Samaría, prometiéndole a cambio nueve mil kilos de plata.
29Accedió el rey y escribió a Jonatán una carta sobre todos estos puntos redactada en la forma siguiente:
30«El rey Demetrio saluda a su hermano Jonatán y a la nación judía.
31Para vuestra información os enviamos copia de la carta que hemos escrito a nuestro pariente Lástenes acerca de vosotros:
32“El rey Demetrio saluda a su padre Lástenes.
33Hemos decidido favorecer a la nación judía por sus buenas disposiciones hacia nosotros, porque son amigos nuestros y nos guardan lealtad.
34Les confirmamos en la posesión del territorio de Judea y de los tres distritos de Ofra, Lida y Rama que han sido segregados de Samaría y agregados a Judea con todos sus anejos. Los que ofrecen sacrificios en Jerusalén quedan exentos de los impuestos que el rey percibía de ellos anualmente por los productos de la tierra y el fruto de los árboles.
35En cuanto a los otros derechos que tenemos sobre los diezmos y tributos nuestros, sobre las salinas y coronas que se nos deben, les concedemos desde ahora una exención total.
36Jamás será derogada ninguna de estas concesiones a partir de hoy.
37Procurad hacer una copia de estas disposiciones para que le sea entregada a Jonatán y la ponga en el monte santo en sitio visible”».
38El rey Demetrio, viendo que el país estaba en calma bajo su mando y que nada le ofrecía resistencia, licenció a todas sus tropas mandando a cada uno a su casa, excepto a los extranjeros que había reclutado en ultramar. Todas las tropas que había recibido de sus antepasados se enemistaron con él.
39Entonces Trifón, antiguo partidario de Alejandro, al ver que todas las tropas murmuraban contra Demetrio, se fue adonde estaba el árabe Yamlicú, preceptor del niño Antíoco, hijo de Alejandro,
40y le insistía en que se lo entregase a fin de ponerlo en el trono de su padre. Le puso al corriente de toda la actuación de Demetrio y del odio que le tenían sus tropas. Permaneció allí muchos días.
41Entretanto Jonatán envió a pedir al rey Demetrio que retirara las guarniciones de la acrópolis y de las plazas fuertes porque hostilizaban a Israel.
42Demetrio le contestó: «No solo haré esto por ti y tu nación, sino que os colmaré de honores a ti y a tu nación cuando tenga oportunidad.
43Pero ahora harás bien en enviarme hombres que luchen en mi favor, pues todas mis tropas me han abandonado».
44Jonatán le envió a Antioquía tres mil guerreros valientes, y, cuando llegaron, el rey Demetrio experimentó gran satisfacción por su venida.
45La población, unos ciento veinte mil, se amotinó en el centro de la ciudad y querían matar al rey.
46Este se refugió en el palacio, mientras los vecinos de la ciudad ocuparon sus calles y comenzaron el ataque.
47El rey llamó entonces en su auxilio a los judíos. Todos se congregaron en torno a él y luego se diseminaron por la ciudad. Aquel día llegaron a matar hasta cien mil.
48Prendieron fuego a la ciudad, se hicieron ese día con un botín considerable y salvaron al rey.
49Cuando los vecinos vieron que los judíos dominaban la ciudad a placer, perdieron el ánimo y levantaron sus clamores al rey suplicándole:
50«Hagamos las paces y que los judíos cesen en sus ataques contra nosotros y contra la ciudad».
51Rindieron las armas e hicieron la paz. Los judíos se cubrieron de gloria ante el rey y ante todos los de su imperio y se volvieron a Jerusalén con un rico botín.
52El rey Demetrio ocupó el trono real y el país quedó sosegado bajo su mando.
53Pero no cumplió ninguna de sus promesas y se enemistó con Jonatán. Lejos de corresponder a los servicios que le había prestado, le causaba grandes molestias.
54Después de estos acontecimientos, volvió Trifón y con él Antíoco, un muchacho muy joven todavía, que se proclamó rey y se ciñó la corona.
55Todas las tropas que Demetrio había licenciado se unieron a él y salieron a luchar contra Demetrio, lo derrotaron y le pusieron en fuga.
56Trifón se sirvió de los elefantes y se apoderó de Antioquía.
57El joven Antíoco escribió a Jonatán diciéndole: «Te confirmo en el cargo del sumo sacerdocio, te pongo al frente de los cuatro distritos y te mantengo entre los Amigos del rey».
58Le envió una vajilla de oro con todo el servicio de mesa, y le autorizó a beber en copas de oro, vestir púrpura y llevar broche de oro.
59A su hermano Simón lo nombró gobernador militar desde la Escala de Tiro hasta la frontera de Egipto.
60Jonatán fue a recorrer la Transeufratina y sus ciudades. Todas las tropas de Siria se le unieron como aliadas. Llegó a Ascalón y sus habitantes salieron a recibirlo con todos los honores.
61De allí pasó a Gaza, pero los habitantes le cerraron las puertas. Entonces la sitió y entregó sus arrabales a las llamas y al pillaje.
62Los de la ciudad vinieron a suplicarle la paz y Jonatán se la concedió, pero tomó como rehenes a los hijos de los jefes y los envió a Jerusalén. Luego siguió recorriendo la región hasta Damasco.
63Jonatán se enteró de que los generales de Demetrio se habían presentado en Cades de Galilea con un ejército numeroso para quitarle su cargo.
64Entonces Jonatán dejando en el país a su hermano Simón, salió a su encuentro.
65Simón acampó frente a Bet Sur, la atacó durante muchos días y la bloqueó.
66Le pidieron la paz, y él se la concedió. Les hizo salir de allí, ocupó la ciudad y puso en ella una guarnición.
67Por su parte, Jonatán y su ejército acamparon junto al lago de Genesaret, y muy de madrugada partieron hacia la llanura de Jasor,
68donde el ejército de extranjeros se les enfrentó, después de dejar hombres emboscados en los montes. Mientras este ejército avanzaba de frente,
69surgieron de sus puestos los emboscados y entablaron combate.
70Todos los hombres de Jonatán se dieron a la fuga sin que quedara ni uno de ellos, a excepción de Matatías, hijo de Absalón, y de Judas, hijo de Alfeo, oficiales del ejército.
71Jonatán entonces se rasgó las vestiduras, echó polvo sobre su cabeza y oró.
72Vuelto al combate, derrotó al enemigo y lo puso en fuga.
73Al verlo, los hombres suyos que huían, volvieron a él y con él persiguieron al enemigo hasta su campamento en Cades y acamparon allí.
74Hasta tres mil hombres cayeron aquel día del ejército extranjero. Jonatán regresó a Jerusalén.
Filemón
1Pablo, prisionero por Cristo Jesús, y Timoteo, el hermano, a nuestro querido colaborador Filemón,
2a Apia la hermana, a Arquipo, nuestro compañero de armas, y a la Iglesia de tu casa:
3a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y de Jesucristo el Señor.
4Siempre que me acuerdo de ti en mis oraciones, doy gracias a mi Dios
5al oír el amor y la fe que tienes en el Señor Jesús, y hacia todos los santos,
6de modo que la comunión de tu fe se manifieste reconociendo el bien tan grande que hay en nosotros en orden a Cristo.
7Pues he experimentado gran gozo y consuelo por tu amor, hermano, ya que, gracias a ti, los corazones de los santos han encontrado alivio.
8Por eso, aunque tengo plena libertad en Cristo para indicarte lo que conviene hacer,
9prefiero apelar a tu caridad, yo, Pablo, anciano, y ahora prisionero por Cristo Jesús.
10Te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien engendré en la prisión,
11que antes era tan inútil para ti, y ahora en cambio es tan útil para ti y para mí.
12Te lo envío como a hijo.
13Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en nombre tuyo en esta prisión que sufro por el Evangelio;
14pero no he querido retenerlo sin contar contigo: así me harás este favor, no a la fuerza, sino con toda libertad.
15Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre;
16y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido, que si lo es mucho para mí, cuánto más para ti, humanamente y en el Señor.
17Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí.
18Si en algo te ha perjudicado y te debe algo, ponlo en mi cuenta:
19yo, Pablo, te firmo el pagaré de mi puño y letra, para no hablar de que tú me debes tu propia persona.
20Sí, hermano, hazme este favor en el Señor; alivia mi ansiedad, por amor a Cristo.
21Te escribo fiado de tu disponibilidad: sé que harás más de lo que te pido.
22Otra cosa: prepárame hospedaje, pues, gracias a vuestras oraciones, espero saludaros.
23Te saludan Epafras, compañero de prisión por Cristo Jesús;
24Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.
25La gracia del Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu. Amén.