Lectura 15 de 365
Génesis 43-45 · Marcos 1-2
Génesis 43
1El hambre arreciaba en el país.
2Cuando terminaron las provisiones que habían traído de Egipto, su padre les dijo: «Volved y comprad algunos alimentos para nosotros».
3Pero Judá le contestó: «Aquel hombre nos advirtió reiteradamente: “No os presentéis ante mí si no me traéis a vuestro hermano”.
4Si dejas a nuestro hermano venir con nosotros, bajaremos a comprarte provisiones;
5pero si no lo dejas, no bajaremos, pues el hombre aquel nos dijo: “No os presentéis ante mí si no me traéis a vuestro hermano”».
6Israel preguntó: «¿Por qué me habéis hecho el daño de decir a aquel hombre que teníais otro hermano?».
7Contestaron: «Aquel hombre nos preguntó insistentemente: “¿Vive todavía vuestro padre? ¿Tenéis más hermanos?”. Nosotros no hicimos más que responder a sus preguntas; ¿cómo podíamos saber que nos iba a decir: “Traed a vuestro hermano”?».
8Judá dijo a su padre Israel: «Deja que el muchacho venga conmigo, para que podamos marchar y sobrevivir. De lo contrario, moriremos nosotros, tú y nuestros niños.
9Yo respondo de él; a mí me pedirás cuentas: si no te lo devuelvo y lo presento ante ti, seré culpable ante ti toda la vida.
10Si no nos hubiéramos entretenido tanto, ahora ya estaríamos de vuelta por segunda vez».
11Su padre Israel les respondió: «Si tiene que ser así, hacedlo; tomad de los mejores productos del país en vuestro equipaje y llevádselos como regalo a aquel hombre: un poco de bálsamo y un poco de miel, goma, ládano, pistachos y almendras.
12Tomad también doble cantidad de dinero, para restituir personalmente el dinero que pusieron en la boca de vuestros sacos, quizás por error.
13Tomad a vuestro hermano y volved a ver a aquel hombre.
14Que Dios todopoderoso os conceda el favor de ese hombre para que deje volver a vuestro hermano y a Benjamín. En cuanto a mí, si he de perder a mis hijos, los perderé».
15Ellos tomaron consigo los regalos; tomaron asimismo doble cantidad de dinero y a Benjamín. Se pusieron en marcha, bajaron a Egipto y se presentaron a José.
16Cuando José vio con ellos a Benjamín, dijo a su mayordomo: «Lleva a estos hombres a casa, mata una res y prepárala, pues al mediodía comerán conmigo».
17El mayordomo hizo lo que ordenó José y llevó a los hombres a casa de José.
18Cuando los llevaba a casa de José, sintieron miedo y se decían: «Nos lleva allí por lo del dinero, devuelto en nuestros sacos la primera vez, para tendernos una trampa, detenernos, tomar nuestros asnos y hacernos esclavos».
19Y acercándose al mayordomo de José, le dijeron a la puerta de la casa:
20«Por favor, señor; nosotros bajamos en otra ocasión a comprar provisiones.
21Cuando llegamos a la posada y abrimos nuestros sacos, el dinero que había pagado cada uno estaba en la boca de su saco, y lo hemos traído con nosotros.
22Además traemos otra cantidad para comprar provisiones; no sabemos quién metió el dinero en nuestros sacos».
23Él contestó: «Estad tranquilos, no temáis. Vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os metió ese tesoro en vuestros sacos; vuestro dinero lo recibí yo». Y les sacó a Simeón.
24Después los hizo entrar en casa de José, les dio agua para que se lavaran los pies y echó pienso a sus asnos.
25Ellos dispusieron los regalos para cuando llegase José a mediodía, pues habían oído que iban a comer allí.
26Cuando José llegó a casa, ellos le ofrecieron los regalos que habían traído y se postraron ante él en tierra.
27Él les preguntó qué tal estaban y les dijo: «¿Está bien vuestro anciano padre, del que me hablasteis? ¿Vive aún?».
28Contestaron: «Tu servidor, nuestro padre, está bien; vive todavía». Y se inclinaron respetuosamente.
29José alzó la vista y, viendo a su hermano Benjamín, hijo de su madre, preguntó: «¿Es este vuestro hermano menor, de quien me hablasteis?». Y añadió: «Dios te conceda su favor, hijo mío».
30Entonces José salió deprisa, pues, conmovido por su hermano, le vinieron ganas de llorar; y entrando en su habitación, lloró allí.
31Después se lavó la cara, regresó y, conteniéndose, dijo: «Servid la comida».
32A él le sirvieron por un lado, a ellos por otro y a los egipcios que comían con él, por otro. (Porque los egipcios no pueden comer con los hebreos, pues sería detestable para ellos).
33Ellos se sentaron frente a él, por orden de antigüedad, desde el primogénito hasta el menor, y se miraban entre sí asombrados.
34José les hacía pasar porciones de lo que tenía ante sí; pero la porción de Benjamín era cinco veces mayor que las de todos ellos. Y bebieron y se alegraron en su compañía.
Génesis 44
1Luego dio la siguiente orden al mayordomo de su casa: «Llena los sacos de estos hombres con todos los víveres que quepan y pon el dinero de cada uno en la boca de su saco;
2y mi copa, la de plata, la metes en la boca del saco del menor junto con el dinero de su grano». Él hizo como le mandaban.
3Al amanecer, despacharon a los hombres con sus asnos.
4Apenas habían salido de la ciudad, no estaban lejos, cuando José dijo a su mayordomo: «Anda, sal en persecución de esos hombres y cuando los alcances diles: “¿Por qué me devolvéis mal por bien? ¿Por qué me habéis robado la copa de plata
5en que bebe mi señor y con la que suele adivinar? Habéis obrado mal”».
6Cuando los alcanzó, les repitió estas palabras,
7pero ellos replicaron: «¿Por qué habla mi señor en estos términos? Lejos de tus servidores obrar de tal manera.
8Si te hemos devuelto desde la tierra de Canaán el dinero que encontramos en las bocas de nuestros sacos, ¿cómo íbamos a robar en casa de tu señor oro o plata?
9Si se la encuentras a alguno de tus servidores, que muera; y también los demás seremos esclavos de nuestro señor».
10Respondió él: «Sea como decís: a quien se la encuentre, será mi esclavo, pero los demás quedaréis libres».
11Cada uno se apresuró a descargar su saco en tierra y a abrirlo.
12Él los registró, comenzando por el del mayor y terminando por el del menor, y encontró la copa en el saco de Benjamín.
13Ellos se rasgaron entonces las vestiduras; cada uno cargó su asno y volvieron a la ciudad.
14Judá y sus hermanos entraron en casa de José, que estaba todavía allí, y se echaron por tierra ante él.
15José les dijo: «¿Qué habéis hecho? ¿No sabíais que uno como yo es capaz de adivinar?».
16Judá contestó: «¿Qué podemos decir a mi señor? ¿Qué podemos alegar y cómo probar nuestra inocencia? Dios ha descubierto la culpa de tus servidores. Esclavos somos de mi señor, lo mismo que aquel en cuyo poder se ha encontrado la copa».
17Pero él respondió: «¡Lejos de mí obrar de tal manera! Aquel en cuyo poder se ha encontrado la copa será mi esclavo, los demás volveréis en paz a casa de vuestro padre».
18Judá se acercó a José y le dijo: «Permite a tu servidor decir una palabra en presencia de su señor; no se enfade mi señor conmigo, pues eres como el faraón.
19Mi señor interrogó a sus servidores: “¿Tenéis padre o algún hermano?”,
20y respondimos a mi señor: “Tenemos un padre anciano y un hijo pequeño que le ha nacido en la vejez; un hermano suyo murió, y solo le queda este de aquella mujer; su padre lo adora”.
21Tú dijiste a tus servidores: “Traédmelo para que lo conozca”.
22Nosotros respondimos a mi señor: “El muchacho no puede dejar a su padre; si se separa, su padre morirá”.
23Pero tú dijiste a tus servidores: “Si no baja vuestro hermano menor con vosotros, no volveréis a verme”.
24Cuando subimos a casa de tu servidor, nuestro padre, le contamos todas las palabras de mi señor;
25y nuestro padre nos dijo: “Volved a comprar algunos alimentos”.
26Le dijimos: “No podemos bajar si no viene nuestro hermano menor con nosotros”.
27Él replicó: “Sabéis que mi mujer me dio dos hijos:
28uno se apartó de mí y pienso que lo ha despedazado una fiera, pues no he vuelto a verlo;
29si arrancáis también a este de mi lado y le sucede una desgracia, hundiréis de pena mis canas en el abismo”.
30Ahora, pues, si vuelvo a tu servidor, mi padre, sin llevar conmigo al muchacho, a quien quiere con toda el alma,
31cuando vea que falta el muchacho, morirá, y tus servidores habrán hundido de pena las canas de tu servidor, nuestro padre, en el abismo.
32Además, tu servidor ha salido fiador por el muchacho ante mi padre, jurando: “Si no te lo traigo, seré culpable ante mi padre toda la vida”.
33Ahora, pues, permite que tu servidor se quede como esclavo de mi señor, en lugar del muchacho, y que el muchacho vuelva con sus hermanos,
34porque ¿cómo voy yo a volver a mi padre sin llevar conmigo al muchacho? No quiero ver la desgracia que se abatirá sobre mi padre».
Génesis 45
1José no pudo contenerse en presencia de su corte y gritó: «Salid todos de mi presencia». No había nadie cuando José se dio a conocer a sus hermanos.
2Rompió a llorar fuerte, de modo que los egipcios lo oyeron y la noticia llegó a casa del faraón.
3José dijo a sus hermanos: «Yo soy José; ¿vive todavía mi padre?». Sus hermanos, perplejos, se quedaron sin respuesta.
4Dijo, pues, José a sus hermanos: «Acercaos a mí». Se acercaron, y les repitió: «Yo soy José, vuestro hermano, el que vendisteis a los egipcios.
5Pero ahora no os preocupéis, ni os pese el haberme vendido aquí, pues para preservar la vida me envió Dios delante de vosotros.
6Van dos años de hambre en el país y aún quedan cinco años en que no habrá arada ni siega.
7Dios me envió delante de vosotros para aseguraros supervivencia en la tierra y para salvar vuestras vidas de modo admirable.
8Así pues, no fuisteis vosotros quienes me enviasteis aquí, sino Dios; él me ha hecho padre del faraón, señor de toda su casa y gobernador de toda la tierra de Egipto.
9Apresuraos a subir adonde se encuentra mi padre y decidle: “Esto dice tu hijo José: Dios me ha hecho señor de todo Egipto; baja a mí sin demora.
10Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí con tus hijos y nietos, con tus ovejas, vacas y todo cuanto posees.
11Yo te mantendré allí, pues quedan todavía cinco años de hambre, para que no carezcas de nada ni tú, ni tu casa ni todo lo tuyo”.
12Vosotros estáis viendo con vuestros propios ojos, y también mi hermano Benjamín con los suyos, que os hablo yo en persona.
13Informad a mi padre de toda mi autoridad en Egipto y de todo lo que habéis visto, y apresuraos a bajar aquí a mi padre».
14Y echándose al cuello de su hermano Benjamín, rompió a llorar; y lo mismo hizo Benjamín.
15Luego besó a todos sus hermanos, llorando al abrazarlos. Entonces sus hermanos hablaron con él.
16Llegó al palacio del faraón la siguiente noticia: «Han venido los hermanos de José»; el faraón y sus servidores se alegraron.
17Dijo el faraón a José: «Di a tus hermanos: “Haced lo siguiente: cargad vuestros asnos y regresad a la tierra de Canaán;
18luego tomad a vuestro padre y vuestras familias y volved acá. Yo os daré lo mejor de la tierra de Egipto y comeréis lo más sustancioso del país”.
19Diles también: “Tomad carros en Egipto para transportar a vuestros niños, a vuestras mujeres y a vuestro padre, y volved.
20No os preocupéis por vuestras pertenencias, pues lo mejor de la tierra de Egipto será para vosotros”».
21Así lo hicieron los hijos de Israel. José les dio carros, según las órdenes del faraón, y provisiones para el camino.
22Dio además una muda a cada uno, y a Benjamín le dio trescientas monedas de plata y cinco mudas.
23A su padre le envió diez asnos cargados con lo mejor de Egipto y diez borricas cargadas de grano, de pan y de víveres para el camino.
24Después despidió a sus hermanos; cuando se iban, les dijo: «No riñáis por el camino».
25Partieron, pues, de Egipto, y llegaron a la tierra de Canaán, donde estaba su padre Jacob.
26Cuando le comunicaron que José vivía aún y que gobernaba en toda la tierra de Egipto, se le encogió el corazón, pues no podía creerlo.
27Entonces le contaron todo lo que les había dicho José, y al ver los carros que José había enviado para transportarlo, Jacob su padre recobró el aliento.
28Dijo Israel: «¡Basta! Mi hijo José vive aún; iré a verle antes de morir».
Marcos 1
1Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
2Como está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino;
3voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos”»;
4se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados.
5Acudía a él toda la región de Judea y toda la gente de Jerusalén. Él los bautizaba en el río Jordán y confesaban sus pecados.
6Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
7Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias.
8Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».
9Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.
10Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma.
11Se oyó una voz desde los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».
12A continuación, el Espíritu lo empujó al desierto.
13Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían.
14Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios;
15decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
16Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.
17Jesús les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
18Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
19Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes.
20A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.
21Y entran en Cafarnaún y, al sábado siguiente, entra en la sinagoga a enseñar;
22estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.
23Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar:
24«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
25Jesús lo increpó: «¡Cállate y sal de él!».
26El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él.
27Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».
28Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.
29Y enseguida, al salir ellos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés.
30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella.
31Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
32Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados.
33La población entera se agolpaba a la puerta.
34Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
35Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar.
36Simón y sus compañeros fueron en su busca y,
37al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca».
38Él les responde: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
39Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.
40Se le acerca un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme».
41Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio».
42La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.
43Él lo despidió, encargándole severamente:
44«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
45Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.
Marcos 2
1Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa.
2Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Y les proponía la palabra.
3Y vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro
4y, como no podían presentárselo por el gentío, levantaron la techumbre encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.
5Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».
6Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:
7«¿Por qué habla este así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo uno, Dios?».
8Jesús se dio cuenta enseguida de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué pensáis eso?
9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate, coge la camilla y echa a andar”?
10Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados —dice al paralítico—:
11“Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”».
12Se levantó, cogió inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual».
13Salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba.
14Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: «Sígueme». Se levantó y lo siguió.
15Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que lo seguían.
16Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?».
17Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
18Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?».
19Jesús les contesta: «¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar.
20Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día.
21Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor.
22Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».
23Sucedió que un sábado atravesaba él un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
24Los fariseos le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
25Él les responde: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre,
26cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él?».
27Y les decía: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado;
28así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».