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Lectura 157 de 365

1 Macabeos 3-5 · Tito 2

Letra: Normal

1 Macabeos 3

1Sucedió a Matatías su hijo Judas, apodado Macabeo.

2Le apoyaban todos sus hermanos y todos los partidarios de su padre, que seguían luchando por Israel llenos de entusiasmo.

3Judas dilató la fama de su pueblo; vistió la coraza como un gigante, ciñó sus armas y entabló combates, protegiendo sus campamentos con la espada.

4Fue un león con sus hazañas, un cachorro que ruge por la presa.

5Rastreó y persiguió a los apóstatas, quemó a los agitadores del pueblo.

6Por miedo a Judas, los apóstatas se acobardaron, los malhechores quedaron consternados; y por él se consiguió la liberación.

7Hizo sufrir a muchos reyes, alegró a Jacob con sus hazañas, su recuerdo será siempre bendito.

8Recorrió las ciudades de Judá, exterminando de ella a los impíos; apartó de Israel la cólera divina.

9Su renombre llenó la tierra, porque reunió a los que estaban perdidos.

10Apolonio reunió un ejército extranjero y un gran contingente de Samaría para luchar contra Israel.

11Cuando lo supo Judas, salió a hacerle frente, lo derrotó y lo mató. Muchos fueron los caídos, y los supervivientes huyeron.

12Al recoger los despojos, Judas se quedó con la espada de Apolonio y la usó siempre en la guerra.

13Cuando Serón, general en jefe del ejército sirio, se enteró de que Judas había reunido en torno a sí una tropa numerosa de hombres adictos en edad militar,

14se dijo: «Voy a ganar fama y renombre en el reino, luchando contra Judas y los suyos, esos que despreciaron la orden del rey».

15Se le sumó un poderoso ejército de gente impía, que subió con él para ayudarle a vengarse de los hijos de Israel.

16Cuando llegaba cerca de la cuesta de Bet Jorón, Judas le salió al encuentro con un puñado de hombres;

17pero al ver el ejército que venía de frente, dijeron a Judas: «¿Cómo vamos a luchar contra esa multitud bien armada, siendo nosotros tan pocos? Y además estamos agotados, porque no hemos comido en todo el día».

18Judas respondió: «Es fácil que muchos caigan en manos de pocos, pues al Cielo lo mismo le cuesta salvar con muchos que con pocos;

19la victoria no depende del número de soldados, pues la fuerza llega del cielo.

20Ellos vienen a atacarnos llenos de insolencia e impiedad, para aniquilarnos y saquearnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos,

21mientras que nosotros luchamos por nuestra vida y nuestra religión.

22El Señor los aplastará ante nosotros. No les temáis».

23Nada más terminar de hablar, se lanzó contra ellos de repente. Derrotaron a Serón y su ejército,

24y lo persiguieron por la bajada de Bet Jorón hasta la llanura. Serón tuvo unas ochocientas bajas y los demás huyeron al territorio filisteo.

25Judas y sus hermanos empezaron a ser temidos y una ola de pánico cayó sobre las naciones vecinas.

26Su fama llegó a oídos del rey, porque las naciones comentaban las batallas de Judas.

27Cuando el rey Antíoco se enteró, montó en cólera y mandó juntar todas las fuerzas de su reino, un ejército poderosísimo.

28Abrió su tesoro y dio a las tropas la soldada de un año con la orden de que estuvieran preparadas para cualquier evento.

29Pero advirtió que se le acababa el dinero del tesoro y que los tributos de la región eran escasos, debido a las revueltas y calamidades que él había provocado en el país al suprimir las leyes que estaban en vigor desde los primeros tiempos.

30Como le había ocurrido más de una vez, temió entonces no tener para los gastos y donativos que antes solía prodigar, superando en ello a sus predecesores.

31Hallándose, pues, en tan grave aprieto, resolvió ir a Persia para recoger los tributos de aquellas provincias y reunir mucho dinero.

32A Lisias, personaje de la nobleza y de la familia real, lo dejó al frente del gobierno, desde el río Éufrates hasta la frontera de Egipto;

33le confió la tutela de su hijo Antíoco hasta su vuelta;

34puso a su disposición la mitad de sus tropas y de sus elefantes, y le dio orden de ejecutar cuanto había resuelto. En lo que tocaba a los habitantes de Judea y Jerusalén,

35debía enviar contra ellos un ejército que exterminara y aniquilara las fuerzas de Israel y a los que quedaban en Jerusalén, hasta borrar su recuerdo del lugar.

36Luego establecería extranjeros en todo su territorio y repartiría sus tierras entre ellos.

37El rey, por su parte, tomando consigo la otra mitad del ejército, partió de Antioquía, capital de su reino, el año ciento cuarenta y siete. Atravesó el río Éufrates y prosiguió su marcha a través de las provincias del Norte.

38Lisias eligió a Tolomeo, hijo de Dorimeno, a Nicanor y a Gorgias, hombres poderosos entre los Amigos del rey,

39y envió con ellos cuarenta mil infantes y siete mil jinetes a invadir y arrasar la tierra de Judá, como había ordenado el rey.

40Partieron con todo su ejército, llegaron y acamparon cerca de Emaús, en la llanura.

41Cuando los mercaderes de la región oyeron hablar de ellos, tomaron grandes sumas de plata y oro, además de cadenas, y se fueron al campamento para adquirir como esclavos a los hijos de Israel. Al ejército se les unieron también tropas de Idumea y de la tierra de los filisteos.

42Judas y sus hermanos comprendieron que la situación era grave: el ejército estaba acampado en su territorio y conocían la consigna del rey de destruir el pueblo y acabar con él.

43Y se dijeron unos a otros: «Reparemos la ruina de nuestro pueblo y luchemos por nuestro pueblo y por el santuario».

44Se convocó la asamblea para prepararse a la guerra y hacer oración, pidiendo piedad y misericordia.

45Jerusalén estaba despoblada como un desierto, ninguno de sus hijos entraba ni salía; pisoteado el santuario, extranjeros en la acrópolis, convertida en albergue de gentiles. Jacob había perdido la alegría, no sonaba ya la cítara ni la flauta.

46Por eso, una vez reunidos se fueron a Mispá, frente a Jerusalén, porque tiempo atrás había habido en Mispá un lugar de oración para Israel.

47Ayunaron aquel día, se vistieron de sayal, se esparcieron ceniza sobre la cabeza y se rasgaron las vestiduras.

48Desenrollaron el volumen de la ley para consultarlo, como los gentiles consultan las imágenes de sus ídolos.

49Llevaron los ornamentos sacerdotales, las primicias y los diezmos, e hicieron comparecer a los nazireos que habían cumplido su voto.

50Levantaron sus clamores al Cielo diciendo: «¿Qué haremos con estos? ¿A dónde los llevaremos?

51Tu santuario está pisoteado y profanado, tus sacerdotes tristes y humillados;

52ya ves, los gentiles se han reunido contra nosotros para aniquilarnos. Tú conoces lo que traman contra nosotros.

53¿Cómo podremos resistirles, si tú no nos auxilias?».

54Hicieron sonar las trompetas y lanzaron el alarido.

55A continuación, Judas nombró jefes del pueblo: jefes de mil hombres, de cien, de cincuenta y de diez.

56A los que estaban construyendo casas, a los que acababan de casarse o a los que acababan de plantar una viña y a los miedosos, les mandó, conforme a la ley, que se volvieran a sus casas.

57Luego, el ejército se puso en marcha y acamparon al sur de Emaús.

58Judas les ordenó: «¡Preparaos! Sed valientes y estad dispuestos de madrugada para entrar en batalla con estos gentiles que se han coaligado contra nosotros para aniquilarnos a nosotros y nuestro santuario.

59Más vale morir en la batalla que quedarnos mirando las desgracias de nuestra nación y del santuario.

60Lo que el Cielo tenga dispuesto, lo cumplirá».

1 Macabeos 4

1Gorgias emprendió la marcha de noche con cinco mil hombres y mil jinetes escogidos,

2con la intención de caer sobre el campamento de los judíos y derrotarlos por sorpresa. Gente de la acrópolis de Jerusalén le servía de guía.

3Pero lo supo Judas y salió él a su vez con sus guerreros para derrotar al ejército real que quedaba en Emaús,

4mientras las tropas aún estaban dispersas fuera del campamento.

5Gorgias llegó de noche al campamento de Judas y, al no encontrar a nadie, los estuvo buscando por los montes, pues decía: «Estos van huyendo de nosotros».

6Al rayar el día, apareció Judas en la llanura con tres mil hombres. Solo que no tenían escudos ni espadas como hubiesen querido.

7Cuando vieron el campamento de los gentiles fortificado, bien atrincherado, rodeado de la caballería y con tropas aguerridas,

8Judas arengó a los suyos: «No temáis su número, ni su pujanza os acobarde.

9Recordad cómo se salvaron nuestros antepasados en el mar Rojo, cuando el faraón los perseguía con su ejército.

10Clamemos ahora al Cielo, a ver si tiene piedad de nosotros, recuerda la Alianza con nuestros padres y aplasta hoy este campamento ante nosotros.

11Así todas las naciones reconocerán que hay quien rescata y salva a Israel».

12Los extranjeros alzaron los ojos y, viendo a los judíos que venían contra ellos,

13salieron del campamento dispuestos a luchar. Los soldados de Judas hicieron sonar la trompeta

14y entraron en combate. Salieron derrotados los gentiles y huyeron hacia la llanura.

15Todos los rezagados cayeron a filo de espada. Los de Judas los persiguieron hasta Guézer y hasta las llanuras de Idumea, Azoto y Yamnia; de ellos cayeron hasta tres mil hombres.

16Judas regresó con su ejército de la persecución

17y advirtió al pueblo: «Contened vuestros deseos de botín, que otra batalla nos amenaza;

18Gorgias y su ejército se encuentran cerca de nosotros en los montes. Haced frente ahora a nuestros enemigos y combatid contra ellos; después podéis haceros con el botín tranquilamente».

19Apenas había acabado Judas de hablar, cuando se dejó ver un destacamento que asomaba por el monte.

20Al ver que los suyos habían huido y que el campamento había sido incendiado, como se lo daba a entender la humareda que divisaban,

21se llenaron de temor; y observando además en la llanura al ejército de Judas dispuesto para el combate,

22huyeron todos a la tierra de los filisteos.

23Judas se volvió entonces al campamento para saquearlo. Recogieron mucho oro y plata, telas teñidas en púrpura roja y violeta, y muchas otras riquezas.

24De regreso cantaban y bendecían al Cielo: «Porque es bueno, porque es eterno su amor».

25En aquel día Israel experimentó una gran liberación.

26Los extranjeros que habían podido escapar con vida se fueron a comunicar a Lisias todo lo que había ocurrido.

27Al oírlos quedó consternado y abatido porque a Israel no le había sucedido lo que él quería ni las cosas habían salido como el rey se lo tenía ordenado.

28Así que al año siguiente, Lisias reclutó sesenta mil hombres escogidos y cinco mil jinetes para combatir contra los judíos.

29Llegaron a Idumea y acamparon en Bet Sur. Judas fue a su encuentro con diez mil hombres,

30y cuando vio aquel poderoso ejército, oró diciendo: «Bendito eres, Salvador de Israel, que quebrantaste el ímpetu de aquel gigante por mano de tu siervo David y entregaste el campamento de los filisteos en manos de Jonatán, hijo de Saúl, y de su escudero.

31Pon de la misma manera ese ejército en manos de tu pueblo Israel y queden avergonzados de sus infantes y de su caballería.

32Infúndeles miedo, disuelve la confianza que ponen en su fuerza y queden abatidos con su derrota.

33Hazles sucumbir bajo la espada de los que te aman y entonen himnos en tu alabanza todos los que conocen tu Nombre».

34Lucharon cuerpo a cuerpo y cayeron unos cinco mil hombres del ejército de Lisias.

35Al ver Lisias rotas sus líneas de combate y la intrepidez de los soldados de Judas, y cómo estaban resueltos a vivir o morir heroicamente, marchó a Antioquía para reclutar mercenarios con ánimo de presentarse de nuevo en Judea con fuerzas más numerosas.

36Judas y sus hermanos propusieron: «Nuestros enemigos están vencidos; subamos, pues, a purificar el santuario y a restaurarlo».

37Se reunió todo el ejército y subieron al monte Sión.

38Cuando vieron el santuario desolado, el altar profanado, las puertas quemadas, la maleza crecida en los atrios como en un bosque o en un monte cualquiera, y las dependencias derruidas,

39se rasgaron las vestiduras, hicieron gran duelo y se pusieron ceniza sobre sus cabezas.

40Cayeron rostro en tierra y, a una señal dada por las trompetas, alzaron sus clamores al Cielo.

41Judas dio orden a sus hombres de combatir a los de la acrópolis hasta terminar la purificación del santuario.

42Luego eligió sacerdotes irreprochables, observantes de la ley,

43que purificaron el santuario y arrojaron las piedras contaminadas a un lugar inmundo.

44Deliberaron sobre lo que había de hacerse con el altar de los holocaustos que estaba profanado.

45Con buen parecer acordaron demolerlo para que no fuese motivo de oprobio, dado que los gentiles lo habían contaminado. Así que demolieron el altar

46y depositaron sus piedras en el monte del templo, en un lugar conveniente, hasta que surgiera un profeta que resolviera el caso.

47Tomaron luego piedras sin tallar, como prescribía la ley, y construyeron un altar nuevo igual que el anterior.

48Restauraron el santuario y el interior del edificio y consagraron los atrios.

49Renovaron los utensilios sagrados y metieron en el santuario el candelabro, el altar del incienso y la mesa.

50Quemaron incienso sobre el altar y encendieron las lámparas del candelabro para que iluminaran el santuario.

51Cuando pusieron panes sobre la mesa y corrieron las cortinas, dieron fin a la obra que habían emprendido.

52El año ciento cuarenta y ocho, el día veinticinco del mes noveno (es decir, casleu), todos madrugaron

53para ofrecer un sacrificio, según la ley, en el nuevo altar de los holocaustos que habían reconstruido.

54Precisamente en el aniversario del día en que lo habían profanado los gentiles, lo volvieron a consagrar, cantando himnos y tocando cítaras, laúdes y timbales.

55Todo el pueblo se postró en tierra adorando y alabando al Cielo, que les había dado el triunfo.

56Durante ocho días celebraron la consagración, ofreciendo con alegría holocaustos y sacrificios de comunión y de alabanza.

57Decoraron la fachada del santuario con coronas de oro y escudos. Restauraron también el portal y las dependencias, poniéndoles puertas.

58El pueblo celebró una gran fiesta, que invalidó la profanación de los gentiles.

59Judas, con sus hermanos y toda la asamblea de Israel, determinó que se conmemorara anualmente la nueva consagración del altar con solemnes festejos, durante ocho días a partir del veinticinco del mes de casleu.

60Por aquel tiempo, levantaron en torno al monte Sión altas murallas y sólidas torres, no fuera que otra vez se presentaran los gentiles y lo pisotearan como antes.

61Judas puso allí una guarnición que lo defendiera. También fortificó Bet Sur para que el pueblo tuviese una fortaleza frente a Idumea.

1 Macabeos 5

1Cuando las naciones circunvecinas supieron que había sido reconstruido el altar y restaurado como antes el santuario, se irritaron mucho.

2Decidieron acabar con los descendientes de Jacob que vivían entre ellos y comenzaron a matar y exterminar a gente del pueblo.

3Entonces Judas atacó a los hijos de Esaú en Idumea, a la tierra de Acrabatena, porque hostigaban a los israelitas. Les infligió una gran derrota, los sometió y los saqueó.

4Recordó luego la maldad de los hijos de Beán, que constituían una trampa peligrosa para el pueblo por las emboscadas que les tendían en los caminos;

5les obligó a encerrarse en sus torres, les puso cerco y, consagrándolos al exterminio, abrasó las torres con todos los que estaban dentro.

6Marchó a continuación contra los amonitas y encontró una tropa numerosa y bien armada, cuyo jefe era Timoteo.

7Trabó con ellos muchos combates, los derrotó y los deshizo.

8Se apoderó de Yazer y sus aldeas, y regresó a Judea.

9Los gentiles de Galaad se aliaron para exterminar a los israelitas que vivían en su territorio, pero estos se refugiaron en la fortaleza de Datemá.

10Enviaron cartas a Judas y sus hermanos con este mensaje: «Los gentiles que nos rodean se han aliado para exterminarnos;

11se están preparando para venir a apoderarse de la fortaleza donde nos hemos refugiado y Timoteo está al frente de su ejército.

12Ven, pues, ahora a librarnos de sus manos, porque muchos de los nuestros han caído ya;

13todos los hermanos nuestros que vivían en la tierra de Tob han muerto y sus mujeres, hijos y bienes han sido llevados al cautiverio; han perecido allí unas mil personas».

14Estaban todavía leyendo las cartas, cuando otros mensajeros, con la ropa hecha jirones, llegaron de Galilea con esta noticia:

15«Se han aliado los de Tolemaida, Tiro, Sidón y toda la Galilea de los gentiles para acabar con nosotros».

16Cuando Judas y el pueblo oyeron tales noticias, convocaron una gran asamblea para deliberar qué debían hacer a fin de socorrer a sus hermanos que estaban en situación angustiada y hostilizados por los enemigos.

17Judas dijo a su hermano Simón: «Elige unos cuantos y vete a liberar a tus hermanos de Galilea; mi hermano Jonatán y yo iremos a la región de Galaad».

18Dejó para defensa de Judea a José, hijo de Zacarías, y a Azarías, oficial de tropa, con el resto del ejército,

19dándoles esta orden: «Tomad el mando de las tropas y no entréis en batalla con los gentiles hasta que nosotros regresemos».

20Se le dieron tres mil hombres a Simón para la campaña de Galilea y ocho mil a Judas para la de Galaad.

21Simón partió para Galilea y después de trabar muchos combates con los gentiles, los derrotó

22y los persiguió hasta las puertas de Tolemaida. Sucumbieron unos tres mil gentiles y Simón se llevó sus despojos.

23Tomó luego consigo a los judíos de Galilea y Arbatá, con sus mujeres, hijos y cuanto poseían, y los llevó a Judea con gran regocijo.

24Por su parte, Judas Macabeo y su hermano Jonatán atravesaron el Jordán y caminaron tres jornadas por el páramo.

25Se encontraron con los nabateos, que los acogieron amistosamente y les contaron lo que les ocurría a sus hermanos de la región de Galaad:

26que muchos de ellos se encontraban encerrados en Bosra y Béser, en Alemá, Casfo, Maqued y Carnáin, todas ellas plazas fuertes e importantes;

27que también había otros que estaban encerrados en las demás ciudades de la región de Galaad, y que sus enemigos habían fijado la fecha del día siguiente para atacar las fortalezas, ocuparlas y exterminar a todos en un solo día.

28Inmediatamente Judas hizo que su ejército tomara el camino de Bosra, a través del páramo; tomó la ciudad y después de pasar a filo de espada a todo varón y de saquearla por completo, la incendió.

29Partió de allí por la noche y avanzó hasta las cercanías de la fortaleza.

30Cuando, al llegar el día, los judíos alzaron los ojos, vieron un ejército innumerable que colocaba escalas y máquinas de guerra para tomar la fortaleza; habían comenzado el ataque.

31Al ver que el asalto se había iniciado y que el clamor de la ciudad subía hasta el cielo, con el son de las trompetas y el alarido de la guerra,

32Judas ordenó a los hombres de su ejército: «Combatid hoy por vuestros hermanos».

33Y, ordenados en tres columnas, los hizo avanzar detrás del enemigo tocando las trompetas y gritando invocaciones.

34El ejército de Timoteo, al reconocer que era el Macabeo, huyó ante él; Judas les infligió una gran derrota y dejó tendidos unos ocho mil hombres aquel día.

35Se volvió luego Judas contra Alemá. La atacó, la tomó y, después de matar a todos los varones y saquearla, la dio a las llamas.

36Partiendo de allí, se apoderó de Casfo, Maqued, Béser y de las restantes ciudades de la región de Galaad.

37Después de estos acontecimientos, Timoteo juntó un nuevo ejército y acampó junto a Rafón, al otro lado del torrente.

38Judas envió gente para reconocer el campamento y le trajeron el siguiente informe: «Todos los gentiles de nuestro alrededor se le han unido y forman un ejército considerable.

39Tienen además, como auxiliares, mercenarios árabes. Acampan al otro lado del torrente y están preparados para venir a atacarte». Judas salió a su encuentro

40y mientras se aproximaba con su ejército al torrente de agua, Timoteo dijo a los oficiales de sus tropas: «Si él atraviesa primero hacia nosotros, no podremos resistirle, porque es seguro que tendrá ventaja sobre nosotros;

41pero si muestra miedo y acampa al otro lado del río, pasaremos nosotros hacia él y lo venceremos».

42Cuando Judas llegó al borde del agua del torrente, formó a los oficiales de leva en la ribera y les dio esta orden: «No dejéis acampar a nadie; que todos vayan al combate».

43Él pasó el primero hacia el enemigo y toda su tropa le siguió. Derrotaron a todos los gentiles, que arrojaron las armas y corrieron a buscar refugio al santuario de Carnáin.

44Pero los judíos tomaron la ciudad y quemaron el santuario con todos los que había dentro. Carnáin fue arrasada. Y ya nadie pudo resistir a Judas.

45Judas reunió a todos los israelitas de la región de Galaad, pequeños y grandes, a sus mujeres, hijos y bienes, una inmensa muchedumbre, para llevarlos a la tierra de Judá,

46Llegaron a Efrón, ciudad importante y muy fortificada, que caía de camino. Necesariamente tenían que pasar por ella, por no haber posibilidad de desviarse ni a la derecha ni a la izquierda.

47Pero los habitantes les negaron el paso y bloquearon las puertas con piedras.

48Judas les envió un mensaje en son de paz, diciéndoles: «Pasaremos por tu país para llegar al nuestro; nadie os hará mal alguno; nos limitaremos a pasar a pie». Pero no quisieron abrirle.

49Entonces Judas ordenó pregonar por el campamento que cada uno estuviera preparado donde se encontrara.

50La gente de guerra tomó posición y Judas atacó la ciudad día y noche, hasta que cayó en sus manos.

51Hizo pasar a filo de espada a todos los varones, arrasó, saqueó y atravesó la ciudad por encima de los cadáveres.

52Pasaron el Jordán para entrar en la gran llanura frente a Bet Seán.

53Durante toda la marcha Judas iba recogiendo a los rezagados y animando al pueblo hasta llegar a la tierra de Judá.

54Subieron al monte Sión con alegría y alborozo, y ofrecieron holocaustos por haber regresado felizmente sin haber perdido a ninguno de los suyos.

55Mientras Judas y Jonatán estaban en la tierra de Galaad, y su hermano Simón en Galilea, frente a Tolemaida,

56José, hijo de Zacarías, y Azarías, oficiales del ejército, se enteraron de las proezas y combates que aquellos habían realizado,

57y se dijeron: «Hagamos nosotros también célebre nuestro nombre, saliendo a combatir a los gentiles de los alrededores».

58Y dieron orden a la tropa que estaba bajo su mando de ir contra Yamnia.

59Pero Gorgias salió de la ciudad con su gente para ir a su encuentro y entrar en batalla.

60José y Azarías fueron derrotados y perseguidos hasta la frontera de Judea. Sucumbieron aquel día alrededor de dos mil hombres del ejército de Israel.

61Sobrevino este grave revés al ejército por no haber obedecido a Judas y a sus hermanos, creyéndose capaces de grandes hazañas.

62Pero ellos no eran de aquella casta de hombres a quienes estaba confiada la salvación de Israel.

63El valeroso Judas y sus hermanos se hicieron muy célebres ante todo Israel y ante todas las naciones adonde llegaba su nombre.

64Las gentes se agolpaban a su alrededor para aclamarlos.

65Judas salió con sus hermanos a luchar contra los hijos de Esaú, en el sur del país. Tomó Hebrón y sus aldeas, arrasó sus fortificaciones y prendió fuego a las torres de su contorno.

66Partió luego en dirección a la tierra de los filisteos y atravesó Maresá.

67Cayeron aquel día algunos sacerdotes al querer significarse tomando parte imprudentemente en el combate.

68Dobló luego Judas hacia Asdod, en territorio de los filisteos, y destruyó sus altares, dio fuego a las imágenes de sus dioses y saqueó sus ciudades. Después regresó a la tierra de Judá.

Tito 2

1Habla de lo que es conforme a la sana doctrina.

2Que los ancianos sean sobrios, respetables, sensatos, sanos en la fe, en el amor y en la paciencia.

3Las ancianas, igualmente, sean, en su comportamiento, como conviene a personas religiosas; no sean calumniadoras, ni se envicien con el vino; sean maestras del bien,

4que inspiren buenos principios a las jóvenes, enseñándoles a amar a sus maridos y a sus hijos,

5a ser sensatas, puras, a cuidar de la casa, a ser bondadosas y sumisas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea maldecida.

6A los jóvenes exhórtalos también a que sean sensatos.

7Muéstrate en todo como un modelo de buena conducta; en la enseñanza sé íntegro y grave,

8irreprochable en la sana doctrina, a fin de que los adversarios sientan vergüenza al no poder decir nada malo de nosotros.

9Que los esclavos se sometan en todo a sus propios dueños, sean complacientes con ellos y no les lleven la contraria

10ni les sustraigan nada, sino que les manifiesten total fidelidad, para que la enseñanza de Dios nuestro Salvador resplandezca en todo.

11Pues se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres,

12enseñándonos a que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa,

13aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo,

14el cual se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo de su propiedad, dedicado enteramente a las buenas obras.

15De esto es de lo que has de hablar. Exhorta y reprende con toda autoridad. Que nadie te menosprecie.