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Lectura 155 de 365

Ester 7-9 · 2 Timoteo 4

Letra: Normal

Ester 7

1El rey y Amán acudieron al banquete de la reina Ester.

2Aquel segundo día, el rey dijo de nuevo a la reina durante el banquete: «Te daré lo que me pidas, reina Ester. Aunque sea la mitad de mi reino, te será concedido».

3La reina Ester respondió: «Majestad, si he hallado gracia a tus ojos y te place, mi deseo y petición es que salves mi vida y la vida de mi pueblo,

4pues yo y mi pueblo hemos sido vendidos para ser destruidos, muertos y aniquilados. Si nos hubieran vendido como esclavos y esclavas, me habría callado, ya que tal desgracia no habría perjudicado los intereses del rey».

5El rey Asuero preguntó a la reina Ester: «¿Quién es y dónde está el que pretende hacer semejante cosa?».

6Ester respondió: «El perseguidor y enemigo es ese malvado, Amán». Amán quedó aterrorizado ante el rey y la reina.

7Entonces el rey, enfurecido, se levantó del banquete y salió al jardín de palacio, mientras que Amán, entendiendo que el rey había decidido su perdición, permaneció en la sala para suplicar por su vida a la reina Ester.

8Cuando el rey regresó del jardín a la sala del banquete, Amán estaba reclinado sobre el diván donde se recostaba Ester. Al verlo, el rey exclamó: «¡Y se atreve a violentar a la reina en mi propio palacio!». Bastó que el rey pronunciara esas palabras para que cubriesen el rostro de Amán.

9Jarboná, uno de los eunucos destinados al servicio personal del rey, dijo: «En casa de Amán hay una horca de unos veinticinco metros de altura que él mismo ha mandado preparar para Mardoqueo, el que salvó al rey con su denuncia». El rey ordenó: «¡Ahorcadlo allí!».

10Y colgaron a Amán en la horca que él había preparado para Mardoqueo. Con lo cual se aplacó la ira del rey.

Ester 8

1Aquel mismo día, el rey Asuero regaló a Ester la casa de Amán, el enemigo de los judíos. Por su parte, Mardoqueo fue presentado al rey, a quien Ester había informado de la relación que los unía.

2El rey tomó el anillo que había mandado quitar a Amán y se lo entregó a Mardoqueo, y Ester le confió la administración de la casa de Amán.

3Ester suplicó de nuevo al rey. Se postró a sus pies llorando y pidiéndole que evitara el perverso desastre que Amán, agaguita, había maquinado contra los judíos.

4Cuando el rey extendió el cetro de oro hacia Ester, ella se levantó y, en pie ante el rey,

5dijo: «Majestad, si he hallado gracia a tus ojos y te place; si la petición te parece oportuna y yo soy grata ante ti, anula el decreto que Amán, hijo de Hamdatá, agaguita, mandó escribir para exterminar a los judíos en todas las provincias del reino.

6¿Cómo podré ver la desgracia que amenaza a mi pueblo?, ¿cómo podré ver la destrucción de mi raza?»

7El rey Asuero dijo a la reina Ester y al judío Mardoqueo: «He dado a Ester la casa de Amán, y él ha sido ahorcado por su maquinación contra los judíos.

8Ahora vosotros escribid en nombre del rey lo que mejor os parezca en favor de los judíos y selladlo con el sello real, pues lo que se escribe en nombre del rey y se sella con su sello es irrevocable».

9El día veintitrés del mes tercero, que es el mes de siván, fueron convocados los escribanos del rey. Siguiendo las instrucciones de Mardoqueo, redactaron un documento dirigido a los judíos, a la vez que a los sátrapas, a los gobernadores y a los jefes de las ciento veintisiete provincias, desde la India hasta Etiopía, a cada provincia en su escritura y a cada pueblo en su lengua; a los judíos, también en su propia escritura y lengua.

10El documento, escrito en nombre del rey Asuero y sellado con el sello real, fue enviado por medio de mensajeros que montaban veloces caballos de las cuadras reales.

11El rey, en virtud de tal documento, concedía a los judíos de todas las ciudades el derecho a reunirse en su propia defensa y a destruir, matar y aniquilar a la gente, incluidas mujeres y niños, de cualquier pueblo o provincia que los atacara, así como el derecho a saquear sus bienes,

12y esto en todas las provincias del rey Asuero, en un mismo día, el trece del mes duodécimo, que es el mes de adar.

12aLo que sigue es la copia de la carta:

12b«El gran rey Asuero a los gobernadores de las ciento veintisiete provincias, desde la India hasta Etiopía, y a los que nos son leales, saludos.

12cHay muchos que, cuantos más honores reciben de la generosidad de sus bienhechores, tanto más se enorgullecen; e intentan, no solo perjudicar a nuestros súbditos, sino que, siendo incapaces de refrenar su arrogancia, también conspiran contra sus mismos bienhechores.

12dY no solamente anulan la gratitud entre los hombres, sino que además, engreídos con la jactancia propia de quienes ignoran el bien, suponen que van a escapar de la justicia de Dios, que odia el mal y vigila sin cesar sobre todas las cosas.

12eCon frecuencia, incluso a muchos de los que ejercen el poder, la influencia de los amigos a los que se les ha confiado la administración de los asuntos, los han empujado a desgracias irreparables, haciéndolos cómplices del derramamiento de sangre inocente;

12ftales amigos manipulan la nobleza pura de los gobernantes con los falaces engaños que brotan de su maldad.

12gLo cual puede comprobarse, no solo a partir de aquellos antiguos relatos que trasmitimos, sino especialmente investigando los acontecimientos impíos que ha puesto ante nuestros ojos la plaga de los que gobiernan indignamente.

12hDe aquí en adelante procuraremos dedicarnos a la paz y tranquilidad del reino a favor de todos los hombres,

12iordenando cambios y juzgando siempre con la conveniente atención los asuntos que se nos presenten.

12kPorque Amán, hijo de Hamdatá, macedonio, ciertamente ajeno al pueblo persa, y muy indigno de nuestra benignidad, habiendo disfrutado de nuestra hospitalidad,

12lrecibió también la amabilidad que solemos ofrecer a todos los pueblos, hasta tal punto que fue proclamado padre nuestro y era reverenciado por todos con el gesto de la postración, llegando a ocupar el segundo lugar en el reino;

12mpero, mostrándose incapaz de contener su orgullo, planeó quitarnos el poder y la vida

12ny, con procedimientos falaces y astutos, nos solicitó la destrucción de nuestro salvador y constante bienhechor, Mardoqueo, de Ester, nuestra irreprochable compañera en el reino y de todo su pueblo;

12opues de este modo intentaba aislarnos y trasladar el poder de los persas a los macedonios.

12pPero nosotros hemos averiguado que los judíos, entregados a la destrucción por el tres veces asesino, no son criminales, sino que se rigen por las leyes más justas,

12qy son hijos del Dios viviente, grande y altísimo, que encamina el reino hacia la prosperidad y a nuestro favor, como hizo con nuestros antepasados.

12rPor lo tanto, haréis bien en no hacer uso de las cartas enviadas por Amán, hijo de Hamdatá, porque el que realizó estas acciones fue colgado ante las puertas de Susa con toda su familia. Dios, que todo lo domina, le pagó enseguida con su justo castigo.

12sExponed públicamente la copia de esta carta en todo lugar, de modo que los judíos puedan hacer uso de sus propias leyes y ayudadlos para que en el día de la tribulación se defiendan de los que les ataquen, el mismo día trece del mes duodécimo, es decir, adar.

12tPorque Dios todopoderoso, en lugar de la ruina del pueblo elegido, les concedió esta alegría.

12uPor lo tanto, vosotros, celebrad con gran gozo este día insigne entre vuestras fiestas señaladas, para que ahora y en el futuro sean salvación para nosotros y para los persas de buena voluntad, pero para los que conspiran contra nosotros, sea recuerdo de destrucción.

12vToda ciudad o región entera que no obedezca estas disposiciones será arrasada con ira a lanza y fuego. No solo será intransitable para los hombres, sino aborrecible para las fieras y las aves».

13El documento, con rango de ley, debía hacerse público en todas las provincias y ser difundido en todos los pueblos; los judíos debían estar preparados ese día para vengarse de sus enemigos.

14Los mensajeros, obedeciendo la orden del rey, partieron a toda prisa, montados en veloces caballos de las cuadras reales. El decreto fue publicado también en la ciudadela de Susa.

15Mardoqueo salió del palacio real con espléndidas vestiduras de color violeta y blanco, con una gran corona de oro y un manto de hilo fino y púrpura. Toda la ciudad de Susa estaba alborozada.

16Para los judíos fue una jornada de luz y alegría, de regocijo y gloria.

17Cuando llegaba a las provincias y ciudades el decreto del rey, los judíos lo celebraban con júbilo, banquetes y fiestas. Y muchos gentiles se declararon judíos, pues el temor a los judíos se había apoderado de ellos.

Ester 9

1Las órdenes del rey fueron cumplidas el día trece del mes duodécimo, el mes de adar. Ese día, en el que los enemigos de los judíos habían pensado aplastarlos, pasó a ser el día en que los judíos aplastaron a sus enemigos.

2Los judíos se reunieron en sus ciudades, en todas las provincias del rey Asuero, para atacar a los que habían tramado su ruina. Nadie les pudo resistir, porque todo el mundo les tenía miedo.

3Los jefes de las provincias, los sátrapas, los gobernadores y funcionarios reales apoyaban a los judíos por temor a Mardoqueo,

4que tenía gran influencia en palacio; su fama se extendía por todas las provincias en la medida en que aumentaba su poder.

5Los judíos pasaron a cuchillo a todos sus enemigos. Sembraron entre ellos la muerte y la destrucción, haciéndoles lo que ellos habían pensado hacerles.

6Solo en la ciudadela de Susa mataron y exterminaron a quinientos hombres,

7y también a Parsandatá, Dalfón, Aspatá,

8Poratá, Adalía, Aridatá,

9Permastá, Arisay, Ariday y Yezatá,

10los diez hijos de Amán, hijo de Hamdatá, el enemigo de los judíos. Pero no saquearon sus bienes.

11Aquel mismo día, cuando el rey conoció el número de muertos en la ciudadela de Susa,

12dijo a la reina Ester: «En la ciudadela de Susa los judíos han exterminado a quinientos hombres y a los diez hijos de Amán. ¿Qué habrán hecho en las demás provincias del reino? Si pides otra cosa, te será concedida. Si deseas algo más, se hará».

13Ester respondió: «Si le parece bien al rey, ruego que se conceda a los judíos de Susa aplicar también mañana el decreto de hoy, y que cuelguen los cuerpos de los diez hijos de Amán».

14El rey ordenó que así se hiciera. El decreto fue prorrogado en Susa, y colgaron a los diez hijos de Amán.

15Los judíos de esta ciudad se reunieron también el día catorce del mes de adar y mataron allí a trescientos hombres. Pero no saquearon sus bienes.

16Los judíos de las demás provincias del reino se habían reunido para defenderse eliminando a sus enemigos; dieron muerte a setenta y cinco mil adversarios. Pero tampoco saquearon sus bienes.

17Esto sucedió el día trece del mes de adar; el día catorce descansaron, declarándolo festivo.

18En cambio, los judíos de Susa, que se habían reunido los días trece y catorce, descansaron el quince, declarándolo festivo.

19Por esa razón, los judíos que viven en las aldeas celebran el día catorce del mes de adar como fiesta en la que se intercambian obsequios.

19aPero los que habitan en las ciudades también celebran fiesta de alegría el quince de adar enviando regalos a sus vecinos.

20Mardoqueo puso todo esto por escrito y envió cartas a todos los judíos de todas las provincias del rey Asuero, cercanas y lejanas,

21mandando que cada año se celebraran los días catorce y quince del mes de adar,

22porque en tales días los judíos se libraron de sus enemigos y en tal mes se cambió su tristeza en alegría y su duelo en fiesta. Esos días debían celebrarse como festivos, con intercambio de regalos y donativos a los pobres.

23Los judíos adoptaron esta práctica que ya habían empezado a observar de acuerdo con la carta de Mardoqueo.

24Amán, hijo de Hamdatá, agaguita, enemigo de todos los judíos, había proyectado eliminarlos y había echado el pur —es decir, la suerte— para aplastarlos y destruirlos.

25Pero, cuando Ester se presentó ante el rey, este revocó por escrito el proyecto de Amán, haciendo que los males que él había urdido contra los judíos recayeran sobre su propia cabeza, y así él y sus hijos fueron colgados en la horca.

26De ahí que estos días reciban el nombre de Purim, derivado de la palabra pur. Teniendo en cuenta lo escrito en aquella carta y lo que ellos mismos habían visto o conocido al respecto,

27los judíos tomaron la firme resolución de celebrar cada año —ellos, sus descendientes y los prosélitos— esos dos días de la manera y en las fechas prescritas.

28Los días de los Purim serán recordados y celebrados de generación en generación en todas las familias, provincias y ciudades; serán observados siempre entre los judíos y recordados por sus descendientes.

29La reina Ester, hija de Abijail, y el judío Mardoqueo escribieron instando al cumplimiento de lo dicho en esta segunda carta sobre los Purim.

30A todos los judíos de las ciento veintisiete provincias del reino de Asuero se enviaron cartas, con deseos de paz y seguridad,

31en las que se ratificaba la celebración de los Purim, tal como habían prescrito el judío Mardoqueo y la reina Ester. Habían prescrito también, para sí y sus descendientes, algunas normas sobre ayunos y lamentaciones.

32Así pues, el mandato de Ester, consignado por escrito, estableció las normas para la celebración de los Purim.

2 Timoteo 4

1Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su manifestación y por su reino:

2proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.

3Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír;

4y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas.

5Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio.

6Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.

7He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.

8Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.

9Procura venir enseguida a mi lado,

10pues Demas me ha abandonado, enamorado de este mundo presente, y se marchó a Tesalónica; Crescente, a Galacia; Tito, a Dalmacia;

11Lucas es el único que está conmigo. Toma a Marcos y tráelo contigo, pues me es útil para el ministerio.

12A Tíquico lo envié a Éfeso.

13El manto que dejé en Tróade, en casa de Carpo, tráelo cuando vengas, y también los libros, sobre todo los pergaminos.

14Alejandro, el herrero, se ha portado muy mal conmigo; el Señor le dará el pago conforme a sus obras.

15Guárdate de él también tú, porque se opuso vehementemente a nuestras palabras.

16En mi primera defensa, nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron. ¡No les sea tenido en cuenta!

17Mas el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león.

18El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

19Saluda a Prisca y Áquila, y a la casa de Onesíforo.

20Erasto se quedó en Corinto; a Trófimo lo dejé enfermo en Mileto.

21Procura venir enseguida a mi lado, antes de que llegue el invierno. Te saludan Eúbulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos.

22El Señor esté con tu espíritu. La gracia esté con vosotros.