Lectura 152 de 365
Judit 14-16 · 2 Timoteo 1
Judit 14
1Entonces Judit les dijo: «Escuchadme, hermanos. Tomad esta cabeza y colgadla en la almena.
2Apenas despunte el alba y asome el sol en la tierra, tomad las armas todos los que seáis capaces y salid de la ciudad. Debéis llevar un jefe al frente, como si bajarais a la llanura para atacar la vanguardia de los asirios. Pero no bajéis.
3Ellos tomarán las armas y acudirán al campamento para despertar a los jefes del ejército asirio; estos irán corriendo a la tienda de Holofernes. Al no encontrarlo, todos serán presa del pánico y huirán ante vosotros.
4Entonces perseguidlos, vosotros y todos los que viven en el territorio de Israel, y destruidlos en su huida.
5Pero antes traed aquí a Ajior el amonita, para que vea y reconozca al que despreció a Israel y al que lo envió a nosotros como alguien destinado a la muerte».
6Llamaron a Ajior, que estaba en casa de Ozías. Cuando llegó y vio la cabeza de Holofernes en la mano de uno de los hombres de la asamblea, perdió el sentido y cayó al suelo.
7Una vez reanimado, se arrojó a los pies de Judit y le dijo: «Bendita seas en todas las tiendas de Judá y en todas las naciones. Cuantos oigan tu nombre quedarán pasmados.
8Ahora cuéntame lo que has hecho estos días». Judit, en presencia de la gente, le contó todo desde que salió hasta aquel momento.
9Al término de su relato, todos prorrumpieron en aclamaciones y gritos de alegría por las calles de la ciudad.
10Ajior, viendo lo que el Dios de Israel había hecho, creyó plenamente en él, se hizo circuncidar y quedó agregado para siempre a la comunidad israelita.
11Cuando amaneció, colgaron la cabeza de Holofernes en la muralla, tomaron sus armas y salieron en grupos hacia los accesos de la montaña.
12Al verlos, los asirios informaron a sus oficiales, y estos a los generales, capitanes y demás jefes.
13Fueron hasta la tienda de Holofernes y dijeron a Bagoas: «Despierta a nuestro señor, porque esos esclavos han tenido la osadía de bajar a combatir contra nosotros. Al parecer, quieren que los exterminemos».
14Bagoas entró e hizo ruido con la cortina de la tienda, suponiendo que Holofernes estaría durmiendo con Judit.
15Al no obtener respuesta, retiró la cortina, pasó al dormitorio y encontró el cadáver tendido en el suelo, muerto, desnudo y decapitado.
16Dio un gran grito y llorando con gemidos y alaridos, se rasgó las vestiduras.
17Fue luego a la tienda que había ocupado Judit y, al no encontrarla, corrió hacia la tropa vociferando:
18«Esas esclavas se han burlado de nosotros. Ha bastado una mujer hebrea para cubrir de vergüenza la casa del rey Nabucodonosor. Ahí está Holofernes tirado en tierra y sin cabeza».
19Ante tal noticia, los jefes del ejército asirio, en el colmo de la consternación, se rasgaron las túnicas. Sus gritos y lamentaciones resonaron por todo el campamento.
Judit 15
1Cuando se enteraron los hombres que estaban acampados, quedaron atónitos.
2Llenos de terror y espanto, ya nadie fue capaz de permanecer en su puesto; todos huyeron a la desbandada por los caminos de la llanura y de los montes.
3También huyeron los que se hallaban apostados alrededor de Betulia. Entonces todos los guerreros de los hijos de Israel salieron en su persecución.
4Ozías despachó mensajeros a Betomestáin, Bebá, Jobá, Colá y todo el territorio de Israel para informar sobre lo sucedido y para que todos se lanzaran sobre los enemigos hasta acabar con ellos.
5Cuando los hijos de Israel recibieron la noticia, se abalanzaron sobre los asirios y los aniquilaron hasta Jobá. Se sumaron al ataque los de Jerusalén y de toda la región montañosa, pues también ellos se habían enterado de lo sucedido en el bando enemigo. Asimismo los de Galaad y Galilea atacaron a los asirios y les causaron fuertes pérdidas hasta llegar a Damasco y su región.
6Los que habían permanecido en Betulia cayeron sobre el campamento asirio, lo saquearon y obtuvieron un considerable botín.
7Los hijos de Israel, al volver de la matanza, se apoderaron de lo que quedaba. Dada la abundancia del botín, incluso las aldeas y los caseríos de la región montañosa y de la llanura lograron una buena parte de los despojos.
8El sumo sacerdote, Joaquín, y el consejo de ancianos de Jerusalén acudieron desde Jerusalén para ver por sí mismos las maravillas realizadas por el Señor en favor de su pueblo y para felicitar a Judit.
9Cuando estuvieron ante ella, la alabaron a una voz, diciendo: «Tú eres la gloria de Jerusalén, tú eres el orgullo de Israel, tú eres el honor de nuestro pueblo.
10Lo has hecho todo con tu mano. Has devuelto la dicha a Israel, y Dios se muestra complacido. La bendición del Señor todopoderoso te acompañe por todos los siglos». Y todo el pueblo respondió: «¡Amén! ¡Amén!».
11El saqueo del campamento se prolongó durante treinta días. A Judit le dieron la tienda de Holofernes junto con los objetos de plata, los divanes, las vasijas y el mobiliario. Ella lo tomó, cargó su mula, preparó sus carros y puso todo encima.
12Todas las mujeres de Israel acudieron a verla y felicitarla y ejecutaron danzas en su honor. Judit tomó ramos y los repartió entre todas.
13Y tanto ella como las demás se coronaron con ramas de olivo. Judit dirigía la danza de las mujeres, a la cabeza del gentío. Las seguían los hombres de Israel, armados y con ramos en sus manos, cantando himnos.
14En medio de todo Israel, Judit entonó este himno de alabanza y acción de gracias, que coreaba todo el pueblo:
Judit 16
1«¡Alabad a mi Dios con tambores, elevad cantos al Señor con cítaras, ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza; ensalzad e invocad su nombre!
2Porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras; me libró de mis perseguidores y me trajo al campo de su pueblo.
3De los montes del norte los asirios vinieron con tropas sin número; su multitud llenaba los valles, sus caballos cubrían las colinas.
4Quisieron quemar mis tierras, entregar mis jóvenes a la espada, arrojar mis niños contra el suelo, ofrecer mis párvulos al pillaje, dar mis doncellas como despojos.
5Pero el Señor todopoderoso lo impidió por mano de mujer.
6No cayó su caudillo ante guerreros, ni lo abatieron hijos de titanes, ni lo venció una raza de gigantes; lo desarmó Judit, hija de Merari, con la sola belleza de su rostro.
7Se quitó sus lutos de viuda para aliviar a los tristes de Israel; ungió su rostro con perfumes,
8adornó su cabeza con diadema, se vistió de lino para seducirlo.
9Sus sandalias le cautivaron la vista, su belleza le arrebató el corazón, y la espada le partió el cuello.
10A los persas espantó tal audacia, a los medos acobardó tal valor.
11Entonces mis humildes clamaron, y ellos se llenaron de terror; mis débiles estallaron en gritos, y ellos quedaron espantados; los míos levantaron la voz, y ellos se dieron a la fuga.
12Hijos de esclavas los golpearon, los hirieron como a desertores; perecieron en la lucha de mi Señor.
13Cantaré a mi Dios un cántico nuevo: Señor, tú eres grande y glorioso, admirable en tu fuerza, invencible.
14Que te sirva toda la creación, porque tú lo mandaste, y existió; enviaste tu aliento, y la construiste, nada puede resistir a tu voz.
15Sacudirán las olas los cimientos de los montes, las peñas en tu presencia se derretirán como cera, pero tú serás propicio a tus fieles.
16No basta el aroma de los sacrificios ni la grasa de los holocaustos, pero es grande quien teme al Señor.
17¡Ay de los que atacan a mi pueblo! El Señor todopoderoso los castigará en el día del juicio; serán entregados al fuego y los gusanos, llorarán con dolor eternamente».
18Cuando llegaron a Jerusalén, adoraron a Dios. Una vez purificados, ofrecieron sus holocaustos, sacrificios voluntarios y votivos.
19Judit ofreció a Dios todas las pertenencias de Holofernes: lo que el pueblo le había dado y el dosel que ella misma había arrancado del dormitorio.
20La gente permaneció tres meses en Jerusalén celebrando festejos ante el santuario y Judit los acompañó.
21Pasado ese tiempo, cada cual volvió a su casa. También Judit volvió a Betulia y se dedicó a administrar su hacienda. Mientras vivió, fue muy famosa en todo el país.
22Tuvo muchos pretendientes, pero ella no volvió a casarse desde que su marido, Manasés, murió y fue a reunirse con los suyos.
23Su fama fue en aumento. Vivió en casa de su marido hasta la edad de ciento cinco años. A su criada le concedió la libertad. Murió en Betulia y fue enterrada en el sepulcro de su marido, Manasés.
24Los israelitas le guardaron siete días de luto. Antes de morir, Judit repartió sus bienes entre los parientes de su marido, Manasés, y entre sus propios parientes.
25Nadie se atrevió a amenazar a los hijos de Israel mientras ella vivió, ni mucho tiempo después de su muerte.
2 Timoteo 1
1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús,
2a Timoteo, hijo querido: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
3Doy gracias a Dios, a quien sirvo, como mis antepasados, con conciencia limpia, porque te tengo siempre presente en mis oraciones noche y día.
4Al acordarme de tus lágrimas, ansío verte, para llenarme de alegría.
5Evoco el recuerdo de tu fe sincera, la que arraigó primero en tu abuela Loide y en tu madre Eunice, y estoy seguro que también en ti.
6Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos,
7pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza.
8Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.
9Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos,
10la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.
11De este Evangelio fui constituido heraldo, apóstol y maestro.
12Esta es la razón por la que padezco tales cosas, pero no me avergüenzo, porque sé de quién me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para velar por mi depósito hasta aquel día.
13Ten por modelo las palabras sanas que has oído de mí en la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús.
14Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.
15Ya sabes que todos los de Asia me volvieron la espalda, entre ellos Figelo y Hermógenes.
16Que el Señor tenga misericordia de la casa de Onesíforo, porque me reconfortó muchas veces y no se avergonzó de mis cadenas;
17antes bien, en cuanto llegó a Roma, me buscó con ahínco y me encontró.
18Que el Señor le conceda hallar misericordia de parte del Señor en aquel día. Tú conoces mejor que yo los buenos servicios que prestó en Éfeso.