Lectura 151 de 365
Judit 11-13 · 1 Timoteo 6
Judit 11
1Holofernes le dijo: «¡Ánimo, señora! No tengas miedo, porque yo no hago mal a nadie que esté dispuesto a servir a Nabucodonosor, rey de toda la tierra.
2Tampoco habría alzado mi lanza contra los de tu pueblo, en la montaña, si ellos no me hubieran despreciado; pero ellos mismos se lo han buscado.
3Dime ahora por qué huyes de ellos y te pasas a nosotros. Viniendo aquí has salvado tu vida. Ten confianza: no correrás peligro ni esta noche ni en el futuro.
4Nadie te hará daño. Gozarás del trato que reciben los súbditos de mi señor, el rey Nabucodonosor».
5Respondió Judit: «Señor, acoge las palabras de tu esclava, permite que tu sierva hable en tu presencia. No mentiré esta noche a mi señor.
6Si sigues el consejo de tu sierva, Dios llevará a buen término tu empresa, y mi señor no fracasará en sus planes.
7¡Viva Nabucodonosor, rey de toda la tierra, y viva su poder, que te ha enviado a poner orden en todas las criaturas! Gracias a ti, no solo le servirán los hombres, sino que también, por tu fuerza, las fieras, los ganados y las aves del cielo estarán a disposición de Nabucodonosor y de su casa.
8Hemos oído hablar de tu sabiduría y prudencia; el mundo entero comenta que sobresales en todo el reino por tu preclara inteligencia y tu singular destreza en el arte de la guerra.
9Tenemos noticia de lo que dijo Ajior en tu consejo, pues los hombres de Betulia lo rescataron, y él les contó lo que había dicho aquí.
10Dueño y señor, no desprecies sus palabras; tómalas en consideración, porque son verdad. Los de nuestro pueblo no sufrirán daño ni serán dominados por las armas si no pecan contra su Dios.
11Pero ahora, señor, no debes sentirte burlado o fracasado, porque están condenados a muerte. Han caído en pecado —puesto que van a cometer una locura— y, cuando pecan, provocan la ira de su Dios.
12Al verse faltos de alimentos y casi sin agua, han decidido echar mano de sus rebaños: están dispuestos a consumir todo lo que las leyes de su Dios les tienen prohibido comer.
13Han decidido también consumir las primicias del trigo y los diezmos del vino y del aceite, cosas reservadas para los sacerdotes que ejercen su ministerio ante nuestro Dios en Jerusalén e intocables para nadie del pueblo.
14Han despachado mensajeros a Jerusalén para obtener del consejo de ancianos el correspondiente permiso, puesto que la gente de allí ha hecho lo mismo.
15Pero tan pronto como consigan el permiso y actúen en consecuencia, ese mismo día te serán entregados para que los destruyas.
16Yo, tu sierva, al enterarme de esto, señor, escapé corriendo. Dios me envía para hacer contigo una hazaña que dejará asombrados a cuantos la oigan.
17Porque tu sierva es una mujer piadosa que sirve día y noche al Dios del cielo. Ahora, señor, desearía quedarme a tu lado. Cada noche saldré al valle para pedir a Dios que me haga saber cuándo han cometido esos pecados.
18Yo vendré a decírtelo; entonces tú sacarás todo el ejército y ninguno de ellos podrá resistir ante ti.
19Te conduciré a través de Judea hasta llegar a Jerusalén y haré que te instales en medio de la ciudad. Ellos te seguirán como ovejas que han quedado sin pastor. Ni los perros te ladrarán. Todo esto me ha sido revelado y he sido enviada para comunicártelo».
20Las palabras de Judit agradaron a Holofernes y sus servidores, los cuales, admirados de su sabiduría, comentaban:
21«No hay en toda la tierra mujer como ella, tan hermosa y tan prudente en su hablar».
22Holofernes le dijo: «Gracias a Dios por haberte hecho salir de tu pueblo para darnos el poder a nosotros y destruir a los que han despreciado a mi señor.
23Eres tan hermosa como persuasiva. Si haces lo que has prometido, tu Dios será mi Dios, vivirás en el palacio del rey Nabucodonosor y serás famosa en toda la tierra».
Judit 12
1Holofernes mandó que la condujeran al lugar donde tenía su vajilla de plata y dio orden de que comiera de su misma comida y bebiera de su mismo vino.
2Pero Judit replicó: «No comeré de ellos, para no incurrir en una ofensa. Comeré de lo que he traído conmigo».
3Holofernes le dijo: «Pero si se te acaba lo que has traído, ¿dónde podremos obtener comida igual? Entre nosotros no hay nadie de tu pueblo».
4Judit respondió: «¡Por tu vida, mi señor! Antes de que acabe lo que he traído, el Señor habrá realizado por mi mano lo que tiene decidido».
5Los servidores de Holofernes condujeron a Judit a la tienda, donde durmió hasta la medianoche. Se levantó poco antes de la vigilia matutina
6y mandó decir a Holofernes: «Señor, ordena que me permitan salir para orar».
7Holofernes mandó a su guardia personal que no se lo impidieran. Judit permaneció en el campamento tres días. Cada noche se adentraba en el valle de Betulia y se bañaba en la fuente.
8Al regreso suplicaba al Señor, Dios de Israel, que orientara sus pasos para exaltación de los hijos de su pueblo.
9Una vez purificada, volvía a la tienda y permanecía allí hasta que le servían la cena.
10El cuarto día, Holofernes mandó preparar para sus servidores un banquete, al que no fue invitado ninguno de sus oficiales.
11Dijo al eunuco Bagoas, que era su camarero: «Ve y convence a esa mujer hebrea que tienes a tu cargo, para que venga a comer y beber con nosotros.
12Sería una vergüenza que la dejáramos marchar sin gozar de sus favores. Si no consigo poseerla, se reirá de mí».
13Bagoas salió de la presencia de Holofernes, entró en la tienda de Judit y le dijo: «No rehúse esta hermosa joven el honor de ser invitada por mi señor para beber y alegrarse hoy con nosotros, lo mismo que hacen las mujeres asirias que viven en el palacio de Nabucodonosor».
14Judit le respondió: «¿Quién soy yo para decir que no a mi señor? Haré al punto lo que guste y ello será para mí motivo de orgullo mientras viva».
15Se vistió y se puso todos sus adornos de mujer. Su criada fue por delante y extendió en el suelo, frente a Holofernes, las pieles que le había dado Bagoas para que, a diario, comiera reclinada sobre ellas.
16Cuando Judit entró y ocupó su lugar, Holofernes se turbó y, presa de la pasión, sintió un violento deseo de poseerla. De hecho, desde el día en que la vio por vez primera, estaba buscando la ocasión de seducirla.
17Holofernes la animó: «Bebe y diviértete con nosotros».
18Judit le contestó: «Con mucho gusto, señor, porque mi vida se siente hoy enaltecida».
19Entonces ella tomó lo que había preparado su criada, y comió y bebió en presencia de Holofernes.
20Él, fascinado por ella, bebió tanto vino como jamás había bebido en los días de su vida.
Judit 13
1Cuando se hizo tarde, los servidores de Holofernes se apresuraron a retirarse. Bagoas hizo salir a los rezagados y cerró la tienda por fuera. Todos se fueron a dormir, rendidos de tanto beber.
2En la tienda quedaron solo Judit y Holofernes, que estaba tendido en su lecho, totalmente borracho.
3Judit había mandado a su criada que permaneciera fuera del dormitorio y la esperase como los otros días. Había dicho que iría a hacer oración y así se lo había indicado a Bagoas.
4Cuando todos hubieron salido del dormitorio y no quedó absolutamente nadie, Judit, en pie ante el lecho de Holofernes, oró en silencio: «Señor, Dios todopoderoso, mira con benevolencia lo que voy a hacer para gloria de Jerusalén.
5Ha llegado la hora de ayudar a tu heredad y cumplir mi propósito de aplastar a los enemigos que se han levantado contra nosotros».
6Se dirigió hasta la columna del lecho próxima a la cabeza de Holofernes, descolgó su espada,
7se acercó al lecho y, sujetando la cabeza por el pelo, dijo: «Dame fortaleza en este momento, Señor, Dios de Israel».
8Entonces, con todas sus fuerzas, le asestó dos golpes en el cuello y le cortó la cabeza.
9Hizo rodar el cuerpo fuera del lecho y arrancó de las columnas el dosel. Salió rápidamente y entregó la cabeza de Holofernes a su criada,
10y esta la metió en la alforja de las provisiones. Luego, las dos juntas, como si fueran a orar igual que los otros días, cruzaron el campamento, bordearon el valle y subieron por el monte de Betulia hasta llegar a las puertas de la ciudad.
11Judit gritó desde lejos a los centinelas: «¡Abrid, abrid la puerta! Dios, nuestro Dios, está con nosotros. Todavía despliega su fuerza en Israel y su poder contra nuestros enemigos. Lo ha demostrado hoy».
12Cuando los habitantes de la ciudad oyeron su voz, corrieron hacia la puerta y convocaron a los ancianos.
13Acudieron todos, grandes y pequeños. Les costaba creer que Judit hubiera vuelto. Abrieron la puerta, hicieron entrar a las dos mujeres y, tras encender una hoguera para ver mejor, se reunieron en torno a ellas.
14Entonces Judit, alzando la voz, dijo: «¡Alabad a Dios, alabad a Dios! Alabadlo, porque no ha retirado su misericordia de la casa de Israel, porque esta noche ha derrotado a nuestros enemigos por mi mano».
15Y, sacando la cabeza de la alforja, se la mostró y dijo: «Mirad la cabeza de Holofernes, jefe supremo del ejército asirio, y mirad el dosel bajo el que dormía su borrachera. El Señor ha terminado con él sirviéndose de una mujer.
16Os lo juro por el Señor, que ha protegido mis pasos: aunque mi rostro sedujo a Holofernes para su perdición, él no me hizo pecar. Mi honor está intacto».
17La gente, llena de asombro, se postró en adoración a Dios y estalló en un clamor unánime: «Bendito seas, Dios nuestro, que has humillado hoy a los enemigos de nuestro pueblo».
18Ozías dijo a Judit: «Hija, que el Dios altísimo te bendiga entre todas las mujeres de la tierra. Alabado sea el Señor, el Dios que creó el cielo y la tierra y que te ha guiado hasta cortar la cabeza al jefe de nuestros enemigos.
19Tu esperanza permanecerá en el corazón de los hombres que recuerdan el poder de Dios por siempre.
20Que Dios te engrandezca siempre y te dé felicidad, porque has arriesgado tu vida al ver la humillación de nuestro pueblo. Has evitado nuestra ruina y te has portado rectamente ante nuestro Dios». Toda la gente respondió: «¡Amén, amén!».
1 Timoteo 6
1Cuantos están bajo el yugo de la esclavitud consideren a sus amos dignos de todo respeto, para que el nombre de Dios y la doctrina no sean maldecidos.
2Mas quienes tengan amos creyentes no los menosprecien porque son hermanos; al contrario, sírvanlos mejor, pues los que se benefician de su buena obra son creyentes y amados. Esto es lo que tienes que enseñar y recomendar.
3Si alguno enseña otra doctrina y no se aviene a las palabras sanas de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad,
4es un orgulloso y un ignorante, que padece la enfermedad de plantear cuestiones y discusiones sobre palabras; de ahí salen envidias, polémicas, blasfemias, malévolas suspicacias,
5altercados interminables de hombres corrompidos en la mente y privados de la verdad, que piensan que la piedad es un medio de lucro.
6La piedad es ciertamente una gran ganancia para quien se contenta con lo suficiente.
7Pues nada hemos traído al mundo, como tampoco podemos llevarnos nada de él.
8Teniendo alimentos y con qué cubrirnos, contentémonos con esto.
9Los que quieren enriquecerse sucumben a la tentación, se enredan en un lazo y son presa de muchos deseos absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición.
10Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males, y algunos, arrastrados por él, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos.
11Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas. Busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.
12Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos.
13Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno
14que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo,
15que, en el tiempo apropiado, mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores,
16el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor y poder eterno. Amén.
17A los ricos de este mundo ordénales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de la riqueza, sino en Dios que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos;
18que hagan el bien, sean ricos en buenas obras, generosos y dispuestos a compartir;
19y así atesorarán un excelente fondo para el porvenir y alcanzarán aquella que es realmente la vida verdadera.
20Timoteo, guarda el depósito, apártate de las habladurías perniciosas y de las objeciones del mal llamado conocimiento;
21pues algunos que lo profesaban se desviaron de la fe. La gracia esté con vosotros.