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Lectura 150 de 365

Judit 8-10 · 1 Timoteo 5

Letra: Normal

Judit 8

1Por entonces habitaba en la ciudad Judit, hija de Merari, hijo de Ox, hijo de José, hijo de Oziel, hijo de Elcías, hijo de Ananías, hijo de Gedeón, hijo de Rafaín, hijo de Ajitob, hijo de Elías, hijo de Jilquías, hijo de Eliab, hijo de Natanael, hijo de Salamiel, hijo de Sarasaday, hijo de Israel.

2Su marido, Manasés, de la misma tribu y familia que ella, había fallecido durante la recolección de la cebada;

3sufrió una insolación mientras vigilaba a los que ataban las gavillas, tuvo que acostarse y murió en Betulia, su ciudad. Fue enterrado junto con sus padres en el campo que hay entre Dotán y Balamón.

4Judit llevaba viuda tres años y cuatro meses.

5Vivía en una habitación que había mandado construir sobre la terraza de su casa. Se ciñó un sayal y llevaba vestidos de viuda.

6Desde que enviudó, ayunaba a diario, excepto los sábados y sus vísperas, los días con que se inicia cada mes y sus vísperas, las solemnidades y los días de regocijo público en Israel.

7Era muy hermosa y atractiva. Su marido, Manasés, le había dejado oro y plata, criados y criadas, ganado y tierras, que ella administraba.

8Como temía mucho a Dios, nadie hablaba mal de ella.

9Llegó a oídos de Judit que la gente, desmoralizada por la falta de agua, había protestado contra los jefes de la ciudad y que Ozías había jurado entregar la ciudad a los asirios al cabo de cinco días.

10Entonces, por medio de la criada que llevaba la administración de todos sus bienes, mandó llamar a los ancianos Jabrís y Jarmís.

11Cuando se presentaron, les dijo: «Escuchadme, jefes de Betulia. Es un desatino lo que habéis dicho hoy a la gente, jurando ante Dios entregar la ciudad a nuestros enemigos si el Señor no os manda ayuda en unos días.

12¿Quiénes sois vosotros para tentar así a Dios y alzaros en público por encima de él?

13Habéis puesto a prueba al Señor todopoderoso. Nunca llegaréis a entender nada.

14Si no sois capaces de sondear el fondo del corazón humano, ni de conocer el pensamiento, ¿cómo vais a comprender a Dios, el Creador de todas las cosas? ¿Cómo vais a conocer sus pensamientos y penetrar sus designios? Hermanos, no irritéis al Señor, nuestro Dios.

15Si no quiere ayudarnos en el plazo de cinco días, puede hacerlo cuando quiera, como si quiere destruirnos ante nuestros enemigos.

16No intentéis forzar las decisiones del Señor, nuestro Dios, porque Dios no es como un hombre, al que se mueve con amenazas y se le impone lo que ha de hacer.

17Imploremos, pues, su ayuda y esperemos de él la salvación, y escuchará nuestro clamor si lo tiene a bien.

18No existe hoy entre nosotros tribu, familia, pueblo o ciudad que adore a dioses hechos por manos humanas, cosa que sí sucedió en el pasado,

19y por ello nuestros padres fueron entregados a la espada y al saqueo, y perecieron desgraciadamente ante nuestros enemigos.

20Nosotros, en cambio, no reconocemos a ningún Dios fuera del Señor. Ahí se funda nuestra esperanza de que no nos despreciará, ni a nosotros ni a nadie de nuestro pueblo.

21Si nosotros nos entregamos, se perderá toda Judea, nuestro templo será saqueado y Dios nos hará responsables de la profanación.

22La matanza y la deportación de nuestros hermanos y la devastación de la tierra que hemos heredado recaerán sobre nuestras cabezas allí donde vivamos como esclavos entre los gentiles; seremos motivo de burla y desprecio para nuestros amos.

23Y nuestra esclavitud no terminará felizmente, sino que el Señor, nuestro Dios, la convertirá en deshonra.

24Así pues, hermanos, demos ejemplo a los de nuestra raza, porque su vida depende de nosotros, y en nosotros se apoyan el santuario, el templo y el altar.

25Por todo esto demos gracias al Señor, nuestro Dios, que nos pone a prueba como a nuestros antepasados.

26Recordad cómo trató a Abrahán, cómo probó a Isaac y lo que sucedió a Jacob en Mesopotamia de Siria, cuando apacentaba el rebaño de su tío Labán.

27Los puso en el crisol para sondear sus corazones; lo mismo hace con nosotros, no para castigarnos, sino porque el Señor aflige a sus fieles para amonestarlos».

28Ozías replicó: «Tienes razón. Todo lo que has dicho es verdad, y nadie puede negarlo.

29No es la primera vez que has manifestado tu sabiduría. Desde hace mucho, todos conocemos tu inteligencia y buen juicio.

30Pero la gente se muere de sed y nos ha obligado a hacer lo que decían, comprometiéndonos con un juramento que no podemos violar.

31Tú, que eres una mujer piadosa, ruega por nosotros y pide al Señor que envíe la lluvia, se llenen nuestras cisternas y no perezcamos».

32Judit respondió: «Escuchadme. Voy a hacer algo que se recordará en nuestro pueblo de generación en generación.

33Permaneced esta noche a la puerta de la ciudad, para que yo salga con mi criada. Antes de que expire el plazo que habéis fijado para entregar la ciudad a nuestros enemigos, el Señor librará a Israel por mi mano.

34Pero no intentéis averiguar mis planes, pues no los conoceréis hasta que se realicen».

35Ozías y los jefes le dijeron: «Vete en paz y que Dios esté contigo para que puedas vengarte de nuestros enemigos».

36Salieron de la habitación y volvieron a sus puestos.

Judit 9

1Entonces Judit se postró en tierra, se echó ceniza en la cabeza, descubrió el saco que llevaba puesto y, coincidiendo con la hora en que se ofrecía el incienso de la tarde en el templo de Jerusalén, clamó al Señor con todas sus fuerzas:

2«Señor, Dios de mi padre Simeón, tú pusiste la espada en su mano para vengarse de los extranjeros que rasgaron el seno de una virgen, dejaron desnudas sus piernas y deshonraron con furia su seno. Tú habías dicho: “No hagáis eso”, pero ellos lo hicieron.

3Y tú entregaste a sus jefes a la muerte, y su lecho, testigo de sus engaños, lo dejaste cubierto de sangre. Aniquilaste a siervos y poderosos, a los poderosos en sus tronos.

4Entregaste sus mujeres al saqueo y sus hijas a la cautividad; diste sus despojos a tus hijos amados, que, movidos por el celo de tu causa y el horror a la mancha de su sangre, te invocaron en su auxilio. Escucha, Dios mío, a esta viuda.

5Todo lo que entonces hiciste, lo que hiciste antes y después, tus proyectos del pasado y del futuro todo sucede como tú lo quieres.

6Las cosas que tienes pensadas se presentan y dicen: “Aquí estamos”. Tienes preparados tus caminos; tus juicios, previstos de antemano.

7Los asirios se apoyan en su fuerza, presumen de sus caballos y jinetes, se engríen del vigor de sus infantes, confían en sus escudos y lanzas, en sus arcos y en sus hondas, pero no saben que tú eres el Señor, que pone fin a las guerras.

8Tu nombre es “el Señor”. Destruye su fuerza con la tuya, aplasta su dominio con tu cólera, pues planean profanar tu santuario, mancillar la tienda donde mora la gloria de tu nombre y arrancar los salientes de tu altar.

9Pon tus ojos en su orgullo, derrama sobre su cabeza tu cólera y concede fuerzas a esta viuda para realizar lo que tiene pensado.

10Por la seducción de mi lengua hiere al siervo con su jefe, al jefe junto con su siervo. Quebranta su arrogancia a manos de una viuda.

11Tu fuerza no está en el número ni tu poder reside en los guerreros; eres el Dios de los humildes, el valedor de los pobres, el defensor de los débiles, el protector de los deprimidos, el salvador de los desesperados.

12Sí, Dios de mi antepasado, Dios de la heredad de Israel, Señor de cielos y tierra, hacedor de las aguas rey de todo lo creado, escucha mi plegaria,

13haz que mis palabras seductoras hieran de muerte a los que traman crueles designios contra tu alianza, tu santa casa y el monte Sión, contra la casa de tus hijos.

14Que todo tu pueblo y todas las tribus reconozcan que solo tú eres Dios, Dios de toda fuerza y todo poder y que solo tú proteges a Israel».

Judit 10

1Cuando Judit terminó de invocar al Dios de Israel con su plegaria,

2se levantó del suelo, llamó a su criada y bajó a la casa, donde solía pasar los sábados y solemnidades.

3Se quitó la prenda de saco y el vestido de luto, se bañó, se ungió con un perfume de gran calidad, se peinó, adornó su cabeza con una diadema y se puso un elegante vestido que había llevado en vida de su marido, Manasés.

4Se calzó las sandalias, se puso collares, brazaletes, anillos, pendientes y todas sus joyas. Estaba tan hermosa que atraería las miradas de los hombres que la vieran.

5Entregó a su criada un odre de vino y un cántaro de aceite, llenó una alforja con galletas, tortas de higos y panes puros, empaquetó todo y se lo entregó a su criada para que lo llevara.

6Cuando ambas se dirigían a la puerta de Betulia, se encontraron con Ozías, acompañado de Jabrís y Jarmís, ancianos de la ciudad.

7Al ver a Judit con el semblante transformado y su nuevo atuendo, se quedaron atónitos ante tanta hermosura y le dijeron:

8«El Dios de nuestros padres te conceda su favor y haga realidad tus planes para gloria de los hijos de Israel y exaltación de Jerusalén».

9Judit adoró a Dios y les dijo: «Mandad que me abran la puerta de la ciudad. Voy a cumplir los deseos que me habéis expresado». Mandaron a los soldados que abrieran la puerta, como ella pedía.

10Así lo hicieron, y salió Judit con su criada. Los hombres de la ciudad no la perdieron de vista mientras descendía por la ladera, hasta que desapareció tras cruzar el valle.

11Cuando avanzaban aprisa por el valle, les salió al paso una avanzadilla de soldados asirios.

12La detuvieron y le preguntaron: «¿Quién eres? ¿De dónde vienes y adónde vas?». Ella respondió: «Soy hija de hebreos y huyo de ellos porque están a punto de caer en vuestras manos.

13Quiero presentarme ante Holofernes, vuestro jefe, para informarle con toda sinceridad. Le mostraré un camino por el que puede pasar y apoderarse de toda la región montañosa sin perder ni uno de sus hombres».

14Y cuando aquellos hombres oyeron sus palabras y vieron su rostro —de tan maravillosa hermosura—, le dijeron:

15«Has salvado tu vida apresurándote a bajar para ver a nuestro señor. Ve a su tienda. Algunos de los nuestros te escoltarán hasta allí.

16Cuando estés ante él, no tengas miedo. Repítele lo que nos has dicho y te tratará bien».

17Escoltadas por cien hombres escogidos, Judit y su criada fueron conducidas a la tienda de Holofernes.

18La noticia de su llegada se extendió de tienda en tienda, y acudió gente de todo el campamento. Mientras Judit estaba junto a la tienda de Holofernes en espera de ser recibida, los soldados rebullían en torno a ella.

19Admirados de su hermosura, pensaban que los hijos de Israel debían de ser un pueblo extraordinario y se decían: «¿Quién puede despreciar a un pueblo que tiene mujeres como esta? No hay que dejar con vida a ninguno de sus hombres; si quedara alguno, sería capaz de engañar a toda la tierra».

20Entonces la guardia personal de Holofernes y sus servidores salieron y la introdujeron en la tienda.

21Holofernes descansaba bajo un dosel de púrpura recamado de oro, esmeraldas y otras piedras preciosas.

22Cuando le anunciaron la llegada de Judit, salió a la entrada de la tienda, precedido por lámparas de plata.

23Ante la presencia de Judit, él y sus servidores se maravillaron al ver un rostro tan bello. Ella se postró en tierra ante Holofernes, pero los servidores la levantaron.

1 Timoteo 5

1No increpes al anciano, sino exhórtalo como a un padre; a los jóvenes, como a hermanos;

2a las ancianas, como a madres; a las jóvenes, como a hermanas, con toda pureza.

3Honra a las viudas, a las que son verdaderamente viudas.

4Pero si alguna viuda tiene hijos o nietos, que estos aprendan primero a cumplir con sus deberes con la propia familia y a corresponder como es debido a lo que han recibido de los progenitores, porque esto es agradable a los ojos de Dios.

5La que es verdaderamente viuda, y ha quedado sola, tiene puesta su esperanza en Dios y persevera en las súplicas y en las oraciones noche y día.

6En cambio, la que se da a los placeres, aunque viva, está muerta.

7Ordena estas cosas, para que sean irreprochables.

8Pues si alguno no cuida de los suyos y sobre todo de los de su casa, ha renegado de la fe y es peor que uno que no cree.

9Para que una viuda sea inscrita en la lista se requiere que no tenga menos de sesenta años, que haya sido mujer de un solo marido

10y esté acreditada por sus buenas obras: si crio bien a sus hijos, si practicó la hospitalidad, si lavó los pies de los santos, si asistió a los atribulados, si procuró hacer todo tipo de obras buenas.

11No aceptes a las viudas jóvenes, pues, cuando se avivan en ellas los impulsos sensuales que alejan de Cristo, quieren casarse,

12y se ven condenadas por haber roto su compromiso anterior.

13Y al mismo tiempo, como además están ociosas, se acostumbran a ir por las casas; con lo cual, además de ociosas, se hacen también charlatanas y entrometidas, hablando lo que no conviene.

14Quiero, pues, que las jóvenes se casen, tengan hijos, gobiernen su propia casa y no den al adversario ningún pretexto para que critique.

15Pues ya algunas se han descarriado siguiendo a Satanás.

16Si alguna creyente tiene viudas, que las asista, para que no se grave a la Iglesia y esta pueda asistir a las que son verdaderamente viudas.

17Los presbíteros que presiden bien son dignos de doble honor, principalmente los que se afanan en la predicación y en la enseñanza.

18Pues dice la Escritura: No pondrás bozal al buey que trilla y El obrero es digno de su salario.

19No admitas una acusación contra un presbítero, a menos que se apoye en dos o tres testigos.

20A los que pequen, repréndelos delante de todos, para que los demás cobren temor.

21Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús y de los ángeles elegidos que observes estas cosas sin prejuicios y sin dejarte llevar por favoritismos.

22A nadie impongas las manos precipitadamente, ni te hagas cómplice de pecados ajenos. Consérvate puro.

23En adelante ya no bebas más agua sola, sino toma un poco de vino a causa del estómago y de tus frecuentes enfermedades.

24Los pecados de algunos son manifiestos incluso antes del juicio; los de otros, en cambio, lo son inmediatamente después.

25De igual modo, también las buenas obras son manifiestas y las que no son buenas no pueden permanecer ocultas.