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Lectura 14 de 365

Génesis 40-42 · Mateo 27-28

Letra: Normal

Génesis 40

1Algún tiempo después, el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de Egipto.

2El faraón se encolerizó contra sus dos cortesanos, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos,

3y los puso bajo custodia en casa del jefe de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso.

4El jefe de la guardia se los confió a José para que les sirviera. Después de permanecer en custodia durante algún tiempo,

5ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban presos en la cárcel, tuvieron sendos sueños la misma noche, cada sueño con su propio significado.

6Cuando José vino a ellos por la mañana, los vio tristes

7y preguntó a los cortesanos del faraón que estaban bajo custodia con él, en casa de su señor: «¿Por qué tenéis hoy mala cara?».

8Le contestaron: «Hemos tenido un sueño y no hay quien lo interprete». Dijo José: «¿No pertenecen a Dios las interpretaciones? Contádmelos».

9El jefe de los coperos contó su sueño a José y le dijo: «Soñé que tenía una viña delante de mí.

10La viña tenía tres ramas, echó brotes y flores, y maduraron las uvas.

11Yo tenía en mi mano la copa del faraón; tomé las uvas, las exprimí en la copa del faraón, y puse la copa en su mano».

12José le contestó: «Esta es la interpretación: las tres ramas son tres días.

13Dentro de tres días, el faraón te hará comparecer, te restablecerá en tu cargo, y pondrás la copa del faraón en su mano, como hacías antes cuando eras copero.

14A ver si te acuerdas de mí cuando te vaya bien y me haces el favor de recordarme al faraón para que me saque de esta prisión,

15pues fui raptado de la tierra de los hebreos, y aquí no he hecho nada malo para que me metan en el calabozo».

16Viendo el jefe de los panaderos que la interpretación era favorable, dijo a José: «También yo soñé que llevaba tres cestas de mimbre sobre mi cabeza.

17En la cesta superior había toda clase de pastas, de las que hacen los reposteros para el faraón, y las aves las comían de la cesta que estaba sobre mi cabeza».

18José contestó: «Esta es la interpretación: las tres cestas son tres días.

19Dentro de tres días, el faraón te hará comparecer y te colgará de un palo, y las aves comerán tu carne».

20Al tercer día, el faraón celebraba su cumpleaños y dio un banquete a todos sus servidores; e hizo comparecer ante estos al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos.

21Al jefe de los coperos lo restableció en su cargo, para que pusiera la copa en la mano del faraón;

22pero al jefe de los panaderos lo colgó, como les había interpretado José.

23Pero el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que lo olvidó.

Génesis 41

1Dos años después, el faraón soñó que estaba de pie junto al Nilo,

2y que salían de él siete vacas hermosas y gordas, que se pusieron a pacer en el juncal.

3Detrás de ellas salieron del Nilo otras siete vacas feas y flacas que se pusieron junto a las otras a la orilla del Nilo.

4Las siete vacas feas y flacas se comieron a las siete vacas hermosas y gordas. Entonces el faraón despertó.

5Volvió a dormirse y tuvo un segundo sueño: siete espigas granadas y hermosas brotaban de un mismo tallo.

6Detrás de ellas brotaron otras siete espigas raquíticas y agostadas por el viento solano.

7Las siete espigas raquíticas se tragaron a las siete espigas granadas y llenas. Entonces el faraón despertó: había sido un sueño.

8A la mañana siguiente, turbado el ánimo, mandó llamar a todos los magos de Egipto y a todos sus sabios. El faraón les contó el sueño, pero nadie pudo interpretárselo.

9Entonces el jefe de los coperos dijo al faraón: «Es hora de que reconozca mi falta.

10Cuando el faraón se irritó contra sus servidores y me puso bajo custodia en casa del jefe de la guardia a mí y al jefe de los panaderos,

11él y yo tuvimos un sueño la misma noche; cada sueño con su propio sentido.

12Había allí con nosotros un joven hebreo, criado del jefe de la guardia; le contamos nuestros sueños y él nos los interpretó, dando a cada sueño su propio sentido.

13Y conforme nos los interpretó, así sucedió: a mí se me restableció en mi cargo, y a él se lo colgó».

14El faraón mandó llamar a José. Lo sacaron rápidamente del calabozo; se cortó el pelo, se cambió de ropas y se presentó al faraón.

15El faraón dijo a José: «Tuve un sueño y nadie pudo interpretarlo; pero he oído decir de ti que apenas oyes un sueño lo interpretas».

16José replicó al faraón: «No yo, sino Dios dará al faraón respuesta propicia».

17El faraón dijo a José: «Soñé que estaba de pie junto al Nilo,

18y que salían de él siete vacas gordas y hermosas que se pusieron a pacer en el juncal.

19Detrás de ellas salieron otras siete vacas flacas, muy feas y macilentas; no las he visto tan malas en toda la tierra de Egipto.

20Las vacas flacas y feas se comieron a las siete vacas primeras, las gordas;

21pero, cuando se las habían tragado, no se notaba que las tuvieran dentro de ellas, pues su aspecto seguía siendo tan malo como al principio. Entonces desperté.

22En otro sueño, vi brotar de un tallo siete espigas granadas y hermosas.

23Detrás de ellas brotaron otras siete espigas raquíticas y agostadas por el viento solano.

24Las siete espigas raquíticas se tragaron a las siete espigas hermosas. Se lo conté a los magos, pero ninguno pudo interpretármelo».

25José dijo al faraón: «El sueño del faraón es uno solo. Dios anuncia al faraón lo que va a hacer.

26Las siete vacas hermosas son siete años, y las siete espigas hermosas son siete años: es el mismo sueño.

27Las siete vacas flacas y feas que salían tras ellas son siete años, y las siete espigas raquíticas y agostadas por el viento solano son siete años de hambre.

28Es justamente lo que he dicho al faraón: Dios ha mostrado al faraón lo que va a hacer.

29Van a venir siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto.

30Pero después vendrán siete años de hambre, que harán olvidar toda la abundancia en la tierra de Egipto, pues el hambre consumirá el país.

31No se sabrá lo que es la abundancia en el país, a causa del hambre que seguirá, pues esta será terrible.

32El que se haya repetido el sueño del faraón dos veces significa que Dios confirma su palabra y que se apresura a cumplirla.

33Por consiguiente, que el faraón busque un hombre perspicaz y sabio, y lo ponga al frente de la tierra de Egipto.

34Intervenga el faraón y nombre inspectores sobre el país, que recauden la quinta parte del producto de la tierra de Egipto durante los siete años de abundancia;

35que reúnan toda clase de alimentos durante los años buenos que van a venir, almacenen trigo, bajo la autoridad del faraón, en las ciudades, y lo guarden.

36Servirán de provisiones al país para los siete años de hambre que vendrán después en la tierra de Egipto, y así no perecerá de hambre el país».

37Al faraón y a todos sus servidores les pareció bien la propuesta;

38y les dijo el faraón: «¿Acaso podemos encontrar un hombre como este, en quien esté el espíritu de Dios?».

39Y el faraón dijo a José: «Puesto que Dios te ha hecho conocer todo esto, no hay nadie tan perspicaz y sabio como tú.

40Tú estarás al frente de mi casa y todo mi pueblo acatará tus órdenes; solamente en el trono seré superior a ti».

41Y añadió el faraón a José: «Mira, te pongo al frente de toda la tierra de Egipto».

42Luego el faraón se quitó el anillo de su mano y lo puso en la mano de José; le hizo vestir ropas de lino y le puso un collar de oro al cuello.

43Luego lo hizo montar en la carroza de su primer ministro y la gente gritaba ante él: «¡Gran visir!». Así lo puso al frente de toda la tierra de Egipto.

44El faraón dijo a José: «Yo soy el faraón, pero sin tu permiso nadie moverá mano o pie en toda la tierra de Egipto».

45El faraón llamó a José Zafnat Panej y le dio por mujer a Asenat, hija de Potipera, sacerdote de On. Y José salió a recorrer la tierra de Egipto.

46José tenía treinta años cuando se presentó al faraón, rey de Egipto. Después de salir de la presencia del faraón, José recorrió toda la tierra de Egipto.

47La tierra produjo copiosamente durante los siete años de abundancia.

48José recogió los productos de los siete años de abundancia en la tierra de Egipto y los almacenó en las ciudades, metiendo en cada una de ellas los productos de los campos de la comarca.

49José reunió grano en tan gran cantidad como la arena del mar, hasta que dejó de medirlo, porque era inconmensurable.

50Antes de que sobreviniesen los años de hambre, le nacieron a José dos hijos que le dio Asenat, hija de Potipera, sacerdote de On.

51Al primogénito, José lo llamó Manasés, pues pensó: «Dios me ha hecho olvidar mis fatigas y la casa paterna».

52Al segundo lo llamó Efraín, porque se dijo: «Dios me ha hecho fructificar en la tierra de mi aflicción».

53Se acabaron los siete años de abundancia en la tierra de Egipto

54y comenzaron los siete años de hambre, como había predicho José. Hubo hambre en todos los países y solo en Egipto había pan.

55Cuando llegó el hambre a todo Egipto y el pueblo reclamaba pan al faraón, este decía a los egipcios: «Id a José y haced lo que él os diga».

56El hambre se extendió a toda la tierra, y José abrió los graneros y repartió raciones a los egipcios, mientras arreciaba el hambre en Egipto.

57De todos los países venían a Egipto a comprarle a José, porque el hambre arreciaba en toda la tierra.

Génesis 42

1Cuando Jacob se enteró de que había grano en Egipto, dijo a sus hijos: «¿Qué hacéis mirándoos unos a otros?».

2Y añadió: «He oído que hay grano en Egipto. Bajad allá y comprad allí para nosotros, a fin de que sobrevivamos y no muramos».

3Bajaron, pues, diez hermanos de José a comprar grano en Egipto.

4A Benjamín, hermano de José, Jacob no lo dejó marchar con sus hermanos, temiendo que le sucediera una desgracia.

5Los hijos de Israel fueron a Egipto a comprar grano junto con otros grupos, pues había hambre en la tierra de Canaán.

6José mandaba en el país y distribuía las raciones a todo el mundo. Vinieron, pues, los hermanos de José y se postraron ante él, rostro en tierra.

7Al ver a sus hermanos José los reconoció, pero él no se dio a conocer, sino que les habló duramente: «¿De dónde venís?». Contestaron: «De la tierra de Canaán a comprar provisiones».

8José reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron.

9Se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos y les dijo: «¡Sois espías! Habéis venido a observar los lugares indefensos del país».

10Le respondieron: «¡No, señor! Tus servidores han venido a comprar provisiones.

11Todos nosotros somos hijos del mismo padre; somos personas honradas. Tus servidores no son espías».

12Pero él insistió: «No es cierto, habéis venido a observar los lugares indefensos del país».

13Contestaron: «Nosotros, tus servidores, éramos doce hermanos, hijos del mismo padre en la tierra de Canaán; el menor se ha quedado con nuestro padre y el otro desapareció».

14José replicó: «Lo que yo decía: sois espías.

15Pero voy a poneros a prueba: ¡Por vida del faraón que no saldréis de aquí hasta que no venga vuestro hermano menor!

16Enviad a uno de vosotros y que traiga a vuestro hermano, mientras los demás quedáis presos; así probaréis que decís la verdad; de lo contrario, ¡por vida del faraón, que sois unos espías!».

17Y los hizo detener durante tres días.

18Al tercer día, José les dijo: «Yo temo a Dios, por eso haréis lo siguiente, y salvaréis la vida:

19si sois honrados, uno de vosotros quedará bajo custodia en la casa donde estáis detenidos y los demás irán a llevar el grano a sus familias hambrientas.

20Después me traeréis a vuestro hermano menor; así probaréis que habéis dicho la verdad y no moriréis». Ellos aceptaron.

21Entonces se dijeron unos a otros: «Estamos pagando el delito contra nuestro hermano, cuando le veíamos suplicarnos angustiado y no le hicimos caso; por eso nos sucede esta desgracia».

22Intervino Rubén: «¿No os decía yo: “No pequéis contra el muchacho”, y vosotros no me hicisteis caso? Ahora nos piden cuentas de su sangre».

23Ellos no sabían que José les entendía, pues había usado intérprete.

24Él se retiró y lloró; después volvió a ellos y escogió a Simeón, a quien hizo encadenar en su presencia.

25José mandó que les llenasen de grano los sacos, que metieran el dinero de cada uno en su saco y que les dieran provisiones para el camino. Y así se hizo.

26Cargaron el grano sobre los asnos y se marcharon de allí.

27Cuando uno de ellos abrió el saco para echar pienso al asno en la posada, vio que su dinero estaba en la boca del saco

28y dijo a sus hermanos: «Me han devuelto el dinero; está aquí en mi saco». Se les sobresaltó su corazón y, temblando, se decían unos a otros: «¿Qué ha hecho Dios con nosotros?».

29Cuando llegaron a casa de su padre Jacob, la tierra de Canaán, le contaron todo lo sucedido:

30«El hombre, señor de aquel país, nos habló duramente y nos tomó por espías de su tierra.

31Nosotros le dijimos: “Somos personas honradas, no espías.

32Éramos doce hermanos, hijos del mismo padre; uno desapareció, y el menor se ha quedado con nuestro padre en la tierra de Canaán”.

33Pero el hombre, señor de aquella tierra, nos dijo: “En esto conoceré que sois honrados: dejad conmigo a uno de los hermanos; los demás, vayan a llevar el grano a sus familias hambrientas.

34Luego me traeréis a vuestro hermano menor, y así sabré que sois honrados, y no unos espías. Entonces os devolveré a vuestro hermano, y podréis moveros libremente por el país”».

35Cuando vaciaron los sacos, cada uno tenía la bolsa de su dinero en su propio saco. Al ver las bolsas de su dinero, ellos y su padre se asustaron.

36Jacob, su padre, les dijo: «Me vais a dejar sin hijos. José desapareció, Simeón desapareció, y ahora os queréis llevar a Benjamín. Todo recae sobre mí».

37Pero Rubén contestó a su padre: «Haz morir a mis dos hijos si no te lo devuelvo; ponlo en mis manos y te lo devolveré».

38Él dijo: «Mi hijo no bajará con vosotros. Su hermano murió, y solo me queda él. Si le ocurriera una desgracia en el viaje que vais a emprender, hundiríais de pena mis canas en el abismo».

Mateo 27

1Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús.

2Y atándolo lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.

3Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos

4diciendo: «He pecado entregando sangre inocente». Pero ellos dijeron: «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!».

5Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó.

6Los sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron: «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas porque son precio de sangre».

7Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros.

8Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre».

9Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel,

10y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor».

11Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús respondió: «Tú lo dices».

12Y mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada.

13Entonces Pilato le preguntó: «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?».

14Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado.

15Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera.

16Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás.

17Cuando la gente acudió, dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».

18Pues sabía que se lo habían entregado por envidia.

19Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él».

20Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.

21El gobernador preguntó: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?». Ellos dijeron: «A Barrabás».

22Pilato les preguntó: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?». Contestaron todos: «Sea crucificado».

23Pilato insistió: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Pero ellos gritaban más fuerte: «¡Sea crucificado!».

24Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo: «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!».

25Todo el pueblo contestó: «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».

26Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

27Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte:

28lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura

29y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: «¡Salve, rey de los judíos!».

30Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza.

31Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

32Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz.

33Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),

34le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo.

35Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes

36y luego se sentaron a custodiarlo.

37Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos».

38Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

39Los que pasaban, lo injuriaban, y meneando la cabeza,

40decían: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».

41Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo:

42«A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos.

43Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: “Soy Hijo de Dios”».

44De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

45Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra.

46A la hora nona, Jesús gritó con voz potente: Elí, Elí, lemá sabaqtaní (es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).

47Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron: «Está llamando a Elías».

48Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.

49Los demás decían: «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo».

50Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.

51Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron,

52las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron

53y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.

54El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados: «Verdaderamente este era Hijo de Dios».

55Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo;

56entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

57Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús.

58Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran.

59José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia,

60lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó.

61María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.

62A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato

63y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: “A los tres días resucitaré”.

64Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura sería peor que la primera».

65Pilato contestó: «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis».

66Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.

Mateo 28

1Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.

2Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima.

3Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve;

4los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos.

5El ángel habló a las mujeres: «Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado.

6No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía

7e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado».

8Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.

9De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.

10Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

11Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido.

12Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma,

13encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais.

14Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».

15Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

16Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

17Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.

18Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.

19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo;

20enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».