Lectura 146 de 365
Tobías 10-12 · 1 Timoteo 1
Tobías 10
1Tobit, mientras tanto, calculaba los días que tardaría su hijo en el viaje de ida y vuelta. Cuando pasaron esos días sin que Tobías volviera,
2pensó: «Quizá se haya entretenido allí. O quizá haya muerto Gabael y nadie le entregue el dinero».
3Y empezó a preocuparse.
4Ana, su mujer, decía: «Mi hijo ha muerto. Mi hijo ya no vive». Lloraba y se lamentaba, diciendo:
5«¡Ay de mí, hijo, luz de mis ojos! ¿Por qué te dejaría marchar?».
6Tobit la consolaba: «¡Calla!, mujer, no te preocupes. Seguro que está bien. Habrán tenido que retrasarse. Pero su compañero es hombre de confianza y pariente nuestro. No te inquietes por él, mujer, que volverá pronto».
7Pero ella protestaba: «¡Déjame! No me vengas con engaños. Mi hijo ha muerto». Día tras día se asomaba al camino por donde su hijo había marchado. No hacía caso a nadie. Cuando se ponía el sol, volvía a casa y pasaba las noches sin poder dormir, lamentándose y llorando.
8Al cumplirse los catorce días de fiesta con que Ragüel había decidido celebrar la boda de su hija, Tobías se dirigió a él y le dijo: «Permíteme regresar. Seguro que mis padres se imaginan que no volverán a verme. Por favor, padre, déjame regresar al lado de mi padre. Ya sabes en qué situación lo dejé».
9Ragüel le respondió: «Quédate, hijo; quédate conmigo. Yo mandaré noticias de ti a tu padre Tobit». Pero Tobías replicó: «No. Te ruego que me permitas volver a casa de mi padre».
10Entonces Ragüel, sin más dilación, le entregó a Sara, su esposa, y le dio la mitad de cuanto poseía: criados y criadas, vacas y ovejas, asnos y camellos, ropa, dinero y utensilios.
11Se despidió de Tobías con un abrazo, diciéndole: «Adiós, hijo, que tengáis buen viaje. Que el Señor del cielo os guíe, a ti y a Sara, tu mujer, y que yo viva para ver a vuestros hijos».
12A su hija Sara le dijo: «Ve a casa de tu suegro. Ahora ellos son tan padres tuyos como los que te hemos dado la vida. Ve en paz, hija. Espero oír buenas noticias de ti mientras viva». Y abrazándolos, los dejó marchar.
13Por su parte, Edna dijo a Tobías: «Hijo y querido hermano, que el Señor te devuelva a casa y que yo viva para ver a vuestros hijos. Delante del Señor te confío a mi hija. No le hagas daño jamás. Ve en paz, hijo. Desde ahora soy tu madre y Sara tu mujer. Que todos vivamos felices hasta el fin de nuestros días». Besó a los dos y se despidió de ellos.
14Tobías abandonó la casa de Ragüel sano y salvo, dando gracias al Señor de cielo y tierra, rey del universo, por el éxito de su viaje. Ragüel le dijo: «Que Dios te conceda honrar a tus padres toda su vida».
Tobías 11
1Cuando se acercaban a Caserín, ya cerca de Nínive,
2dijo Rafael: «Ya sabes cómo estaba tu padre cuando lo dejamos.
3Vamos a adelantarnos nosotros a tu mujer para preparar la casa mientras llegan los demás».
4Cuando caminaban los dos juntos, le dijo Rafael: «Ten a mano la hiel». El perro iba tras ellos.
5Ana estaba sentada, con la mirada puesta en el camino por donde debía volver su hijo.
6Cuando lo divisó de lejos, dijo al padre: «Mira, ahí llega tu hijo con el hombre que lo acompañaba».
7Rafael dijo a Tobías antes de llegar a su padre: «Estoy seguro de que tu padre recobrará la vista.
8Úntale los ojos con la hiel del pez. El remedio hará que las manchas blancas se contraigan y se desprendan. Tu padre recobrará la vista y verá la luz».
9Ana acudió corriendo y se abrazó al cuello de su hijo mientras decía: «Ya te he visto, hijo. Ya puedo morir». Y rompió a llorar.
10Tobit se levantó y, tropezando, atravesó la puerta del patio.
11Tobías corrió hasta él con la hiel del pez en la mano; le sopló en los ojos, lo tomó de la mano y le dijo: «Ánimo, padre!». Tomó el remedio y se lo aplicó.
12Luego, con ambas manos, le quitó como unas pielecillas de los ojos.
13Tobit se echó al cuello de su hijo y gritó entre lágrimas: «Te veo, hijo, luz de mis ojos».
14Y añadió: «Bendito sea Dios y bendito sea su gran nombre; benditos todos sus santos ángeles. Que su gran nombre nos proteja. Benditos por siempre todos los ángeles. Tras el castigo se ha apiadado, y ahora veo a mi hijo Tobías».
15Tobías entró en casa lleno de gozo y alabando a Dios con voz potente. Después contó a su padre lo bien que le había ido en el viaje: traía el dinero y se había casado con Sara, la hija de Ragüel. Y agregó: «Estará a punto de llegar, casi a la puerta de Nínive».
16Tobit, alegre y alabando a Dios, salió hacia la puerta de la ciudad, al encuentro de su nuera. La gente de Nínive quedaba estupefacta al verlo caminar con paso firme y sin ayuda de nadie. Él proclamaba ante ellos que Dios, en su misericordia, le había devuelto la vista.
17Cuando se encontró con Sara, la mujer de su hijo, la bendijo con estas palabras: «¡Bienvenida seas, hija! Bendito sea tu Dios, que te ha traído a nuestra casa. Que él bendiga a tu padre, a mi hijo y a ti, hija mía. Entra en esta tu casa con salud, bendición y alegría. Entra, hija».
18Aquel fue un día de fiesta para todos los judíos de Nínive.
19También Ajicar y Nadab, sobrinos de Tobit, acudieron a felicitarlo.
Tobías 12
1Una vez concluidos los festejos nupciales, Tobit llamó a Tobías y le advirtió: «Hijo, ocúpate de pagar al hombre que te ha acompañado. Añade algo a la paga convenida».
2Respondió Tobías: «Padre, ¿cuánto debo darle? No saldría perjudicado aunque le diera la mitad de lo que ha traído conmigo.
3Me ha guiado sin percances, ha cuidado de mi mujer, me ha ayudado a recuperar el dinero y a ti te ha curado. ¿Cuánto debo añadir a la paga?».
4Tobit opinó: «Hijo, es justo que reciba la mitad de lo que ha traído contigo».
5Así pues, Tobías lo llamó y le dijo: «Recibe como paga la mitad de todo lo que has traído y vete en paz».
6Entonces Rafael tomó aparte a los dos y les dijo: «Alabad a Dios y dadle gracias ante todos los vivientes por los beneficios que os ha concedido; así todos cantarán y alabarán su nombre. Proclamad a todo el mundo las gloriosas acciones de Dios y no descuidéis darle gracias.
7Es bueno guardar el secreto del rey, pero las gloriosas acciones de Dios hay que manifestarlas en público. Practicad el bien, y no os atrapará el mal.
8Más vale la oración sincera y la limosna hecha con rectitud que la riqueza lograda con injusticia.
9Más vale dar limosna que amontonar oro. La limosna libra de la muerte y purifica del pecado. Los que dan limosna vivirán largos años,
10mientras que los pecadores y malhechores atentan contra su propia vida.
11Os voy a decir toda la verdad, sin ocultaros nada. Os he dicho que es bueno guardar el secreto del rey y manifestar en público las gloriosas acciones de Dios.
12Pues bien, cuando tú y Sara orabais, era yo quien presentaba el memorial de vuestras oraciones ante la gloria del Señor, y lo mismo cuando enterrabas a los muertos.
13El día en que te levantaste enseguida de la mesa, sin comer, para dar sepultura a un cadáver, Dios me había enviado para someterte a prueba.
14También ahora me ha enviado Dios para curaros a ti y a tu nuera Sara.
15Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están al servicio del Señor y tienen acceso a la gloria de su presencia».
16Los dos hombres, llenos de turbación y temor, se postraron rostro en tierra.
17El ángel les dijo: «No temáis. Tened paz. Alabad a Dios por siempre.
18He estado con vosotros no por mi propia iniciativa, sino por voluntad de Dios. Alabadlo siempre y cantadle.
19Me habéis visto comer, pero era simple apariencia.
20Ahora pues, alabad al Señor en la tierra, dadle gracias. Yo subo al que me ha enviado. Poned por escrito todo lo que os ha sucedido». El ángel se elevó.
21Cuando ellos se pusieron en pie, ya no lo vieron.
22Entonces alabaron y cantaron a Dios, dándole gracias por la gran maravilla de habérseles aparecido un ángel de Dios.
1 Timoteo 1
1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios, Salvador nuestro, y de Cristo Jesús, esperanza nuestra,
2a Timoteo, verdadero hijo en la fe: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
3Al salir para Macedonia, te encargué que permanecieras en Éfeso; tenías que transmitir a algunos la orden de que no enseñaran doctrinas diferentes
4ni se ocuparan de fábulas y de genealogías interminables, cosas que llevan más a disquisiciones que a la realización del plan de Dios de acuerdo con la fe.
5Esta orden tiene por objeto el amor que brota de un corazón limpio, de una buena conciencia y de una fe sincera.
6Algunos se han desviado de estas cosas y se han vuelto a una vana palabrería;
7pretenden ser maestros de la ley, cuando no saben lo que dicen ni entienden lo que tan rotundamente afirman.
8Sabemos que la ley es buena siempre que se use legítimamente,
9teniendo claro que no ha sido formulada para el justo, sino para los que viven sin normas o no se someten a ellas; para los impíos y los pecadores; para los irreligiosos y los profanos; para los parricidas y los matricidas; para los asesinos,
10los fornicarios, los invertidos, los traficantes de personas, los mentirosos, los perjuros y para todo lo demás que se oponga a la sana doctrina
11según el Evangelio de la gloria del Dios bienaventurado, que me ha sido confiado.
12Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fio de mí y me confió este ministerio,
13a mí, que antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí porque no sabía lo que hacía, pues estaba lejos de la fe;
14sin embargo, la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí junto con la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús.
15Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero;
16pero por esto precisamente se compadeció de mí: para que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús mostrase toda su paciencia y para que me convirtiera en un modelo de los que han de creer en él y tener vida eterna.
17Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.
18Timoteo, hijo mío, te confío este encargo, de acuerdo con las profecías pronunciadas anteriormente acerca de ti, para que, apoyado en ellas, combatas el noble combate,
19conservando la fe y la buena conciencia. Algunos se desentendieron de esta y naufragaron en la fe;
20entre ellos están Himeneo y Alejandro, a quienes he entregado a Satanás para que aprendan a no blasfemar.