Lectura 144 de 365
Tobías 4-6 · 2 Tesalonicenses 2
Tobías 4
1Aquel mismo día, Tobit se acordó del dinero que había depositado en casa de Gabael, en Ragués de Media,
2y pensó para sí: «He pedido la muerte. ¿Por qué no llamo a mi hijo Tobías para informarle sobre el dinero antes de morir?».
3Lo llamó y, cuando se presentó, le dijo: «Cuando muera, dame digna sepultura. Respeta a tu madre, no la abandones mientras viva. Complácela, no entristezcas nunca su corazón.
4Recuerda, hijo, que sufrió por ti muchos peligros mientras te llevaba en su seno. Cuando ella muera, entiérrala junto a mí, en el mismo sepulcro.
5Hijo, acuérdate del Señor todos los días. No peques ni quebrantes sus mandamientos. Pórtate bien toda tu vida. No vayas por caminos de iniquidad,
6pues si obras la verdad tendrás éxito en tus empresas, igual que los que obran la justicia.
7Da limosna de cuanto posees; no seas tacaño. No apartes tu rostro ante el pobre y Dios no lo apartará de ti.
8Da limosna en la medida que puedas; si tienes poco, no te avergüences de dar poco.
9Así acumularás un tesoro para el día de la necesidad.
10La limosna preserva de la muerte y libra de caer en las tinieblas.
11Dar limosna es una ofrenda agradable para cuantos la hacen delante del Altísimo.
12Guárdate, hijo, de la fornicación. En primer lugar, cásate con una mujer de la familia de tus padres. No te cases con una que sea ajena a nuestra tribu, porque somos descendientes de profetas. Recuerda, hijo, que Noé, Abrahán, Isaac y Jacob, nuestros antepasados, se casaron con mujeres de su propia parentela y fueron bendecidos con hijos, de suerte que su descendencia heredará la tierra.
13Hijo, ama a tus parientes. No seas soberbio al tomar mujer de entre las hijas de tu pueblo. La soberbia acarrea inquietudes y ruina. La pereza conduce al hambre y a la pobreza. La pereza es madre de la miseria.
14Paga a tus obreros su jornal el mismo día; no retengas ni una noche el dinero de nadie. Si sirves a Dios en verdad, él te recompensará. Pon cuidado, hijo, en toda tu conducta, compórtate con educación.
15No hagas a nadie lo que tú aborreces. No bebas con exceso, no te aficiones a la embriaguez.
16Comparte tu pan con el hambriento y tu ropa con el que está desnudo. Si algo te sobra, dalo con generosidad al pobre, y que tu ojo no mire cuando des limosna.
17Ofrece tu pan sobre las tumbas de los justos; no lo des a los pecadores.
18Busca el consejo de los sensatos; no desprecies los buenos consejos.
19Alaba al Señor Dios en todo tiempo, ruégale que oriente tu conducta. Así tendrás éxito en tus empresas y proyectos. Porque ningún pueblo es dueño de sus proyectos, sino solo el Señor, que da todos los bienes según le place o abate hasta el fondo del abismo. Recuerda, hijo, estos preceptos, no los olvides jamás.
20Debo decirte, por otra parte, que tengo depositados unos trescientos cincuenta kilos de plata en casa de Gabael, hijo de Gabrí, en Ragués de Media.
21No te preocupes de que hayamos caído en la pobreza: serás muy rico si temes a Dios, evitas todo pecado y haces lo que agrada al Señor, tu Dios».
Tobías 5
1Tobías respondió a Tobit, su padre: «Padre, haré todo lo que me mandas.
2Pero ¿cómo podré recuperar ese dinero? Gabael no me conoce, ni yo a él. ¿Qué prueba puedo darle para que me reconozca, se fíe de mí y me entregue el dinero? Además, no sé cómo se va a Media».
3Tobit le explicó: «Los dos firmamos un recibo que yo dividí en dos partes. Me quedé con una y dejé la otra con el dinero. Hace ya veinte años de aquello. Ahora, hijo, busca una persona de confianza que te acompañe. Le pagaremos un salario hasta que volváis. Ve y recupera ese dinero».
4Tobías salió a buscar un guía que conociera el camino de Media y lo acompañara. Nada más salir, se encontró con el ángel Rafael. Pero no sabía que era un ángel de Dios.
5Le preguntó: «¿De dónde vienes, amigo?». El ángel respondió: «Soy un hijo de Israel, como tú. Ando en busca de trabajo». Tobías preguntó: «¿Conoces el camino que lleva a Media?».
6Respondió el ángel: «Sí. He estado allí muchas veces y conozco bien todos los caminos. En mis frecuentes viajes a Media me he hospedado en casa de Gabael, nuestro hermano, que vive en Ragués. Hay dos jornadas de camino desde Ecbatana hasta Ragués, pues Ragués está en la montaña, y Ecbatana en la llanura».
7Tobías le dijo: «Espérame, amigo, que voy a decírselo a mi padre. Necesito que me acompañes. Te pagaré por ello».
8El ángel respondió: «Bien. Espero aquí, pero no tardes».
9Entró Tobías en casa e informó a su padre: «Ya he encontrado al hombre. Es de los hijos de Israel, hermano nuestro». Tobit le contestó: «Llámale, hijo. Quiero saber a qué tribu y familia pertenece y si es un acompañante de confianza».
10Tobías salió y le dijo: «Amigo, mi padre te llama». Entró el ángel y, respondiendo al saludo de Tobit, dijo: «Que la alegría sea contigo». A lo que Tobit replicó: «¿Qué alegría puedo tener? Estoy ciego. No veo la luz del cielo. Vivo en tinieblas como los muertos, que no pueden ver la luz. Soy un muerto en vida. Oigo la voz de las personas, pero no veo a nadie». El ángel repuso: «Ten ánimo, que Dios te curará pronto. Ten ánimo». Tobit prosiguió: «Mi hijo Tobías quiere ir a Media. ¿Puedes acompañarlo como guía? Te pagaré por ello, hermano». Respondió el ángel: «Puedo acompañarlo. Conozco todos los caminos. He estado repetidas veces en Media. He recorrido sus llanuras y montañas. Estoy familiarizado con todos los caminos».
11Tobit quiso saber más: «Dime, hermano: ¿a qué tribu y familia perteneces?».
12Le respondió el ángel: «¿Para qué necesitas conocer mi tribu?». Tobit insistió: «Hermano, me gustaría conocer cómo te llamas y de quién eres hijo».
13Entonces el ángel precisó: «Soy Azarías, hijo del célebre Ananías, uno de tus parientes».
14Tobit le dijo: «Bienvenido seas, hermano. No tomes a mal mi deseo de saber sobre tu familia. Resulta que eres pariente mío y perteneces a una familia buena y noble. Conozco a Ananías y a Natán, los dos hijos del gran Semeí. Iban conmigo a Jerusalén y allí adorábamos a Dios; nunca se han desviado del buen camino. Tus parientes son gente de bien. Buen linaje, el tuyo. Bienvenido seas».
15Y añadió: «Te daré como paga una dracma al día y tendrás lo que necesites, lo mismo que mi hijo. Acompáñalo en sus viajes
16y añadiré algo a esa cantidad».
17Respondió el ángel: «Iré con él. Y no temas: sanos partimos y sanos volveremos. El camino es seguro». Tobit le dijo: «Dios te bendiga, hermano». Llamó luego a su hijo y le ordenó: «Hijo, prepara las cosas para el viaje y ve con tu pariente. Que el Dios del cielo os proteja y devuelva sanos. Que su ángel os acompañe y proteja». Antes de partir, Tobías se despidió con un beso de su padre y de su madre. Tobit le dijo: «¡Adiós, y buen viaje!».
18Pero la madre, llorando, reconvino a su marido: «¿Por qué has dejado marchar a mi hijo? Él es el báculo de nuestra vejez. Siempre ha estado con nosotros.
19¿Para qué más dinero? Es basura en comparación con nuestro hijo.
20Tenemos bastante con lo que el Señor nos concede».
21Tobit le dijo: «No te preocupes. Nuestro hijo parte sano y sano volverá. Lo verás con tus propios ojos cuando regrese.
22No te atribules ni sufras, querida. Un ángel bueno lo acompañará, le concederá un próspero viaje y nos lo devolverá sano y salvo».
23Ella dejó de llorar.
Tobías 6
1Cuando partieron el joven y el ángel, el perro marchó con ellos. Caminaron hasta el anochecer y acamparon junto al río Tigris.
2Tobías bajó al río para lavarse los pies. Entonces saltó del agua un pez enorme que estuvo a punto de devorarle un pie. Él gritó
3y el ángel le dijo: «Atrápalo y no lo sueltes».
4Tobías se apoderó del pez y lo arrastró a tierra. El ángel añadió: «Ábrelo, sácale la hiel, el corazón y el hígado y guárdalos, porque sirven de medicina. Los intestinos, tíralos».
5Tobías abrió el pez y le extrajo la hiel, el corazón y el hígado. Después asó una parte del mismo pez, se la comió y saló el resto.
6Luego continuaron el viaje los dos juntos hasta llegar cerca de Media.
7Entonces el joven preguntó al ángel: «Hermano Azarías, ¿para qué remedios sirven el corazón, el hígado y la hiel del pez?».
8Él respondió: «Si un hombre o una mujer padecen ataques del demonio o de un mal espíritu, quemas el corazón y el hígado del pez ante ellos y el humo hará desaparecer para siempre los ataques.
9Si alguien tiene los ojos afectados por manchas blancas, se los untas con la hiel, soplas sobre ellos, y queda curado».
10Cuando entraron en Media, ya cerca de Ecbatana,
11Rafael dijo al joven: «Hermano Tobías». Este respondió: «Dime». Prosiguió Azarías: «Pasaremos la noche en casa de Ragüel. Este pariente tuyo tiene una hija llamada Sara.
12Es hija única. Tú, como pariente más próximo, tienes derecho preferente a casarte con ella y heredar los bienes de su padre. La joven es prudente, decidida y muy hermosa. El padre es un hombre honorable».
13Y añadió: «Conviene que la tomes por esposa. Hazme caso, hermano. Yo hablaré de ella al padre esta noche, para que te la conceda como prometida. Celebraremos la boda a nuestro regreso de Ragués. Estoy seguro de que Ragüel no te la negará ni la casará con otro, pues se haría reo de muerte según lo previsto en el libro de Moisés. Él sabe que tienes derecho preferente a casarte con ella. Óyeme bien, hermano: esta noche hablaremos de la joven y la pediremos en matrimonio y, cuando volvamos de Ragués, la recogemos y la llevamos con nosotros a tu casa».
14Tobías respondió a Rafael: «Hermano Azarías, me han dicho que la joven se ha casado ya siete veces y que todos los maridos han muerto la misma noche de la boda al pretender acercarse a ella. Me han dicho también que es un demonio quien los mata.
15Tengo miedo, porque a ella el demonio no le hace ningún daño, pero da muerte al hombre que intenta acercarse. Soy hijo único y temo que, si muero, la pena por mi pérdida lleve a mis padres al sepulcro. No tienen otro hijo que los entierre».
16El ángel replicó: «¿Has olvidado el encargo de tu padre: que te casaras con una mujer de la familia? Escúchame, hermano. No te preocupes del demonio y cásate con ella. Estoy seguro de que esta noche te la darán por esposa.
17Cuando entres en la alcoba, toma una parte del hígado y el corazón del pez y arrójalo en el brasero del incienso. Cuando el demonio perciba el olor de lo quemado, huirá y nunca más se le acercará.
18Y antes de unirte a ella, debéis orar los dos en pie, suplicando al Señor del cielo que os conceda su misericordia y protección. No temas, porque está destinada para ti desde la eternidad. Tú la salvarás y ella se irá contigo. Estoy seguro de que te dará unos hijos que serán como hermanos para ti. No te preocupes».
19Tobías, teniendo en cuenta lo que decía Rafael y que Sara era pariente suya, de la familia de su padre, se enamoró intensamente de ella.
2 Tesalonicenses 2
1A propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos,
2que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por alguna revelación, rumor o supuesta carta nuestra, como si el día del Señor estuviera encima.
3Que nadie en modo alguno os engañe. Primero tiene que llegar la apostasía y manifestarse el hombre de la impiedad, el hijo de la perdición,
4el que se enfrenta y se pone por encima de todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, hasta instalarse en el templo de Dios, proclamándose él mismo Dios.
5¿No recordáis que, estando aún con vosotros, os hablaba de esto?
6Sabéis lo que ahora lo retiene, para que se manifieste a su debido tiempo.
7Porque el misterio de la iniquidad está ya en acción; apenas se quite de en medio el que por el momento lo retiene,
8entonces se manifestará el impío, a quien el Señor Jesús destruirá con el soplo de su boca y aniquilará con su venida majestuosa.
9La venida del impío tendrá lugar, por obra de Satanás, con ostentación de poder, con señales y prodigios falsos,
10y con todo tipo de maldad para los que se pierden, contra aquellos que no han aceptado el amor de la verdad que los habría salvado.
11Por eso, Dios les manda un poder seductor, que los incita a creer la mentira;
12así, todos los que no creyeron en la verdad y aprobaron la injusticia, recibirán sentencia condenatoria.
13Nosotros, en cambio, debemos dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, porque Dios os escogió los primeros para la salvación mediante la santificación del Espíritu y la fe en la verdad.
14Dios os llamó por medio de nuestro Evangelio para que lleguéis a adquirir la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
15Así, pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta.
16Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha regalado un consuelo eterno y una esperanza dichosa,
17consuele vuestros corazones y os dé fuerza para toda clase de palabras y obras buenas.