Lectura 142 de 365
Nehemías 11-13 · 1 Tesalonicenses 5
Nehemías 11
1Los príncipes del pueblo se establecieron en Jerusalén. En relación con el resto del pueblo, se echó a suertes para que, de cada diez hombres, uno viniese a vivir a Jerusalén, la ciudad santa, quedando los otros nueve en las ciudades.
2El pueblo bendijo a todos los que se ofrecían voluntarios para vivir en Jerusalén.
3Estos son los jefes de las provincias que se establecieron en Jerusalén y en las ciudades de Judá. Cada uno se estableció en su propiedad, en sus poblaciones respectivas de Israel: sacerdotes, levitas, donados del templo y descendientes de los siervos de Salomón.
4En Jerusalén se establecieron algunos de Judá y de Benjamín. De Judá: Ataías, hijo de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Mahaleel, descendientes de Fares;
5y Maasías, hijo de Baruc, hijo de Col José, hijo de Jazaías, hijo de Adaías, hijo de Yoyarib, hijo de Zacarías, hijo de Seloní.
6En total, los descendientes de Fares que se establecieron en Jerusalén fueron cuatrocientos sesenta y ocho hombres de valía.
7De Benjamín: Salú, hijo de Mesulán, hijo de Yoed, hijo de Pedaías, hijo de Colaías, hijo de Maasías, hijo de Itiel, hijo de Isaías,
8y sus hermanos Gabbay y Sallay. En total, novecientos veintiocho hombres de valía.
9Su jefe era Joel, hijo de Zicrí, y el segundo puesto en la ciudad lo ocupaba Judá, hijo de Hasenúa.
10De los sacerdotes: Yedaías, hijo de Yoyarib; Yaquín,
11Seraías, hijo de Helcías, hijo de Mesulán, hijo de Sadoc, hijo de Marayot, hijo de Ajitub, príncipe del templo de Dios,
12y sus hermanos, empleados en el servicio del templo: ochocientos veintidós; y Adaías, hijo de Yeroján, hijo de Pelalías, hijo de Amsí, hijo de Zacarías, hijo de Pasjur, hijo de Malquías,
13y sus hermanos cabezas de familia: doscientos cuarenta y dos; y Amasay, hijo de Azarel, hijo de Ajzay, hijo de Mesilemot, hijo de Imer,
14y sus hermanos, gente preparada: ciento veintiocho. Su jefe era Zabdiel, hijo de Hagadol.
15De los levitas: Semaías, hijo de Jasub, hijo de Azricán, hijo de Jasabías, hijo de Buní;
16Sabtay y Yozabab, jefes de los levitas, que estaban al frente de los asuntos exteriores del templo de Dios;
17Matanías, hijo de Micá, hijo de Zabdí, hijo de Asaf, cantor jefe que entonaba la acción de gracias en la oración; Bacbuquías, el segundo entre sus hermanos, y Abdías, hijo de Samúa, hijo de Galal, hijo de Yedutún.
18El total de los levitas en la ciudad santa era de doscientos ochenta y cuatro.
19De los porteros: Acub, Talmón y sus hermanos, guardianes de las puertas: ciento setenta y dos.
20El resto de Israel, los sacerdotes y los levitas vivían en todas las ciudades de Judá, cada uno en su propiedad.
21Los donados del templo residían en el Ófel. Sijá y Guispá eran los jefes de los donados del templo.
22En Jerusalén, el jefe de los levitas era Uzí, hijo de Baní, hijo de Jasabías, hijo de Matanías, hijo de Micá, de los descendientes de Asaf, que eran cantores al servicio del templo de Dios.
23Había una disposición del rey sobre ellos, y para los cantores había una ley que establecía su turno día a día.
24Petajías, hijo de Mesezabel, descendiente de Zéraj, hijo de Judá, era representante del rey para todos los asuntos del pueblo.
25En las aldeas y en sus campos residían parte de los de Judá: en Quiriat Arbá y sus aldeas vecinas; en Dibón y sus aldeas vecinas; en Yacabsel y sus villas;
26en Yesúa, Moladay Betpélet;
27en Jasar Sual, Berseba y sus aldeas vecinas;
28en Sicelag, Meconá y sus aldeas vecinas;
29en Ein Rimón, Orea y Yarmut;
30en Zanóaj, Adulán y sus villas; en Laquis y sus campos; en Azecá y sus aldeas vecinas. Así habitaron desde Berseba hasta el valle de Hinnón.
31Por su parte, los descendientes de Benjamín se establecieron en Guibeá, Micmás, Ayá, Betel y sus aldeas vecinas;
32en Anatot, Nob, Ananías,
33Jasor, Ramá, Guitayin,
34Jadid, Seboín y Nebalat;
35en Lod, Onó y el valle de los Artesanos.
36De los levitas había grupos en Judá y Benjamín.
Nehemías 12
1Estos son los sacerdotes y levitas que regresaron con Zorobabel, hijo de Sealtiel, y con Josué: Seraías, Jeremías, Esdras,
2Amarías, Maluc, Jatús,
3Secanías, Rejún, Merenot,
4Idó, Guinetón, Abías,
5Miyamín, Mazías, Bilgá,
6Semaías, Yoyarib, Yedaías,
7Salú, Amoc, Jelcías, Yedaías. Estos eran los jefes de los sacerdotes y de sus hermanos en tiempos de Josué.
8De los levitas: Josué, Binuy, Cadmiel, Serebías, Judá y Matanías, el que dirigía los himnos con sus hermanos,
9mientras que Bacbuquías y Uní, hermanos suyos, se alternaban con ellos, según sus clases respectivas.
10Josué engendró a Joaquín, Joaquín engendró a Eliasib, Eliasib engendró a Yoyadá,
11Yoyadá engendró a Yojanán y Yojanán engendró a Yadúa.
12En tiempos de Joaquín, los cabezas de las familias sacerdotales eran: de la de Seraías, Meraías; de la de Jeremías, Jananías;
13de la de Esdras, Mesulán; de la de Amarías, Yehojanán;
14de la de Maluk, Jonatán; de la de Secanías, José;
15de la de Jarín, Adná; de la de Meremot, Jelcay;
16de la de Idó, Zacarías; de la de Guinetón, Mesulán;
17de la de Abías, Zicrí; de la de Miyamín; de la de Mazías, Piltay;
18de la de Bilgá, Samúa; de la de Semaías, Jonatán;
19de la de Yoyarib, Matenay; de la de Yedayá, Uzí;
20de la de Salú, Calay; de la de Amoc, Eber;
21de la de Jelcías, Jasabías; de la de Yedayá, Natanael.
22Yoyadá, Yojanán y Yadúa, los cabezas de familias sacerdotales, fueron registrados en tiempos de Eliasib, hasta el reinado de Darío el Persa.
23Los levitas, cabezas de familia, fueron registrados en el libro de las Crónicas hasta la época de Yojanán, nieto de Eliasib.
24Los jefes de los levitas eran Jasabías, Serebías, Josué, Binuy y Cadmiel; sus hermanos se situaban delante en el coro (un coro frente a otro) para alternar con ellos los himnos de alabanza y de acción de gracias, conforme a las normas de David, hombre de Dios. Eran
25Matanías, Bacbuquías y Abdías. Mesulán, Talmón y Acub eran porteros y montaban guardia en las puertas de los almacenes.
26Estos vivían en tiempos de Joaquín, hijo de Josué, hijo de Josadac, y en tiempos de Nehemías, el gobernador, y de Esdras, el sacerdote y escriba.
27Para la inauguración de la muralla de Jerusalén fueron a buscar a los levitas de todos los lugares donde habitaban, para que viniesen a Jerusalén y se pudiese celebrar la dedicación con júbilo, con himnos de alabanza y con cánticos, al son de címbalos, arpas y cítaras.
28Acudieron los cantores levitas de los alrededores de Jerusalén, de las aldeas de Netofat,
29de Betguilgal, de los campos de Guibeá y de Azmávet, pues los cantores habían construido sus propios pueblos en los alrededores de Jerusalén.
30Los sacerdotes y los levitas se purificaron y después purificaron al pueblo, las puertas y la muralla.
31Después hice subir a la muralla a los jefes de Judá y organicé dos grandes coros de cantores para ser dirigidos. El primero marchaba por la muralla hacia la derecha, hacia la Puerta del Muladar.
32Detrás de él iban Osaías y la mitad de los jefes de Judá,
33Azarías, Esdras, Mesulán,
34Judá, Minyamín, Semaías y Jeremías;
35y, de los hijos de los sacerdotes, iban provistos de trompetas los siguientes: Zacarías, hijo de Jonatán, hijo de Semaías, hijo de Matanías, hijo de Miqueas, hijo de Zacur, hijo de Asaf,
36y sus hermanos Semaías, Azarel, Milalay, Guilalay, Maay, Natanael, Judá y Jananí, con los instrumentos musicales de David, hombre de Dios. Esdras, el escriba, iba al frente de ellos.
37Al llegar a la Puerta de la Fuente, subieron derechos por la escalinata de la Ciudad de David, por encima de la muralla, y por la subida del palacio de David, hasta llegar a la Puerta del Agua, a oriente.
38El segundo coro marchaba por la izquierda. Yo iba detrás de él con la otra mitad de los jefes del pueblo, por encima de la muralla ancha.
39Pasamos después por la parte de arriba de la Puerta de Efraín, de la Puerta Antigua y de la Puerta de los Peces; después por la Torre de Jananel y la Torre de los Cien, hasta la Puerta de las Ovejas, parándonos en la Puerta de la Cárcel.
40Los dos coros se pararon en el templo de Dios, y yo también con la mitad de los jefes
41y los sacerdotes Eliaquín, Maasías, Minyamín, Miqueas, Elyoenay, Zacarías y Jananías, con las trompetas.
42Y también con Maasías, Semaías, Eleazar, Uzí, Yehojanán, Malaquías, Elán y Ezer. Los cantores entonaron sus cantos. Yisrajías era el director.
43Aquel día se ofrecieron sacrificios solemnes; la gente estaba llena de júbilo, pues Dios les había dado un motivo de gran alegría. También las mujeres y los niños se regocijaron, de modo que la alegría de Jerusalén se oía desde lejos.
44Aquel día se nombraron los responsables de los almacenes destinados a guardar las contribuciones, las primicias y los diezmos. Debían reunir en ellos, según los campos de las diversas ciudades, las porciones legales correspondientes a los sacerdotes y levitas, pues Judá se complacía viendo a los sacerdotes y levitas en funciones.
45Ellos guardaban las normas relativas a Dios y el rito de la purificación. También los cantores y los porteros actuaban según las prescripciones de David y de su hijo Salomón.
46Pues ya en los tiempos antiguos de David y de Asaf existían jefes de cantores y cánticos de alabanza y de acción de gracias a Dios.
47En tiempos de Zorobabel y en tiempos de Nehemías todo Israel daba a los cantores y a los porteros las porciones correspondientes a sus necesidades de cada día. También daban a los levitas las cosas consagradas. Y los levitas entregaban las cosas sagradas a los hijos de Aarón.
Nehemías 13
1En aquel tiempo, se leyó el libro de Moisés en presencia del pueblo y se encontró escrito en él que los amonitas y los moabitas no debían entrar jamás en la comunidad de Dios,
2porque no habían salido a recibir a los hijos de Israel con pan y agua, y habían comprado a Balaán para que los maldijese, aunque nuestro Dios cambiara la maldición en bendición.
3De manera que cuando escucharon la ley, excluyeron de Israel a todos los extranjeros.
4Antes de esto, Eliasib, pariente de Tobías, sacerdote responsable de los almacenes del templo de nuestro Dios,
5había preparado un local grande en el que antes se depositaban las ofrendas, el incienso, los utensilios, los diezmos del grano, del vino y del aceite, esto es, lo que tenían que dar a los levitas, a los cantores y a los porteros, y el salario que correspondía a los sacerdotes.
6Mientras sucedía todo esto, yo no estaba en Jerusalén, porque el año treinta y dos de Artajerjes, rey de Babilonia, regresé a la corte. Pasado algún tiempo pedí un permiso al rey
7y vine a Jerusalén. Aquí me enteré del mal que Eliasib había hecho proporcionando a Tobías un local en el atrio del templo de Dios.
8Me enfadé mucho por aquello y saqué del lugar todos los muebles de la casa de Tobías.
9Después mandé purificar el lugar e hice reponer allí los utensilios del templo de Dios, las ofrendas y el incienso.
10También supe que no se habían vuelto a entregar las partes de los levitas y que los levitas y los cantores encargados del servicio habían tenido que marcharse a sus campos.
11Reprendí a los jefes y les dije: «¿Por qué ha sido abandonado el templo de Dios?». Después los reuní y restablecí sus funciones.
12Todo Judá trajo a los almacenes la décima parte del trigo, del vino y del aceite.
13Puse como responsables de los almacenes al sacerdote Selemías, al escriba Sadoc y al levita Pedaías y, como adjunto, a Janán, hijo de Zacur y nieto de Matanías, porque eran considerados personas de confianza. Les encargamos que hicieran el reparto entre sus hermanos.
14¡Acuérdate de mí por esto, oh Dios mío, y no olvides las obras buenas que hice por el templo de mi Dios y por su servicio!
15Por aquellos días me di cuenta de que en Judá había algunos que en sábado pisaban en los lagares, acarreaban los haces cargándolos sobre asnos, e incluso transportaban vino, uva, higos y toda clase de mercancías, para traerlos a Jerusalén en día de sábado, y los amonesté por ponerse a vender ese día sus productos.
16También algunos tirios que vivían en la ciudad traían pescado y toda clase de mercancías, y las vendían a los judíos en Jerusalén en sábado.
17Yo reprendí a los jefes de Judá, diciéndoles: «¿Por qué hacéis esto tan detestable profanando el día del sábado?
18¿Acaso no fue esto lo que hicieron vuestros padres y por lo que Dios hizo caer sobre nosotros y sobre esta ciudad toda esta calamidad? ¡Y vosotros aumentáis el ardor de la ira divina contra Israel profanando el sábado!».
19Así pues, en cuanto la noche cubrió las puertas de Jerusalén, la víspera del sábado, ordené que se cerrasen las puertas, y que no se abrieran hasta después del sábado. Situé junto a las puertas a algunos de mis hombres para que no entrase carga alguna en día de sábado.
20Así pues, los mercaderes y los vendedores de todo tipo de productos pasaron la noche fuera de Jerusalén una o dos veces.
21Y los reprendí diciéndoles: «¿Por qué pasáis la noche delante de la muralla? Si lo volvéis a hacer, ordenaré que os detengan». Desde aquel momento no volvieron más en día de sábado.
22También ordené a los levitas que se purificasen y vinieran a guardar las puertas, para que se santificara el día de sábado. ¡También por esto, acuérdate de mí, oh Dios mío, y ten piedad de mí por tu gran misericordia!
23Por aquellos días también observé que algunos judíos se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas.
24De sus hijos, la mitad hablaban asdodeo o el idioma de otros pueblos, pero no sabían hablar judío.
25Los reprendí y los maldije, hice azotar a algunos de ellos, les arranqué los cabellos y les hice jurar en el nombre de Dios: «¡No caséis a vuestras hijas con extranjeros! ¡Y vosotros y vuestros hijos no os caséis con extranjeras!
26¿No fue este el pecado de Salomón, rey de Israel? Y eso que entre tantos países no había un rey como él. Era amado por su Dios, y Dios le había constituido rey de todo Israel. Pero también a él lo indujeron al pecado las mujeres extranjeras.
27¿También tendremos que oír que cometéis este grave delito de traicionar a nuestro Dios casándoos con mujeres extranjeras?».
28Incluso a uno de los hijos de Yoyadá, hijo del sumo sacerdote Eliasib, yerno de Sambalat, el joronita, lo eché de mi lado.
29¡Acuérdate, oh Dios mío, de esta gente, que ha profanado el sacerdocio y la alianza de los sacerdotes y los levitas!
30De esta forma los purifiqué de todo lo extranjero y restablecí los servicios de los sacerdotes y los levitas, regulando la función de cada uno,
31la ofrenda de la leña en sus tiempos fijados y la de las primicias. ¡Acuérdate de mí, oh Dios mío, en mi bien!
1 Tesalonicenses 5
1En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis que os escriba,
2pues vosotros sabéis perfectamente que el Día del Señor llegará como un ladrón en la noche.
3Cuando estén diciendo: «paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar.
4Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, de forma que ese día os sorprenda como un ladrón;
5porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.
6Así, pues, no nos entreguemos al sueño como los demás, sino estemos en vela y vivamos sobriamente.
7Los que duermen, de noche duermen; los que se emborrachan, de noche se emborrachan.
8En cambio nosotros, que somos del día, vivamos sobriamente, revestidos con la coraza de la fe y del amor, y teniendo como casco la esperanza de la salvación.
9Porque Dios no nos ha destinado al castigo, sino a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,
10que murió por nosotros para que, despiertos o dormidos, vivamos con él.
11Por eso, animaos mutuamente y edificaos unos a otros, como ya lo hacéis.
12Os rogamos, hermanos, que apreciéis el esfuerzo de los que trabajan entre vosotros cuidando de vosotros por el Señor y amonestándoos.
13Mostradles toda estima y amor por su trabajo. Mantened la paz entre vosotros.
14Os exhortamos, hermanos, a que amonestéis a los indisciplinados, animéis a los apocados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos.
15Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal; esmeraos siempre en haceros el bien unos a otros y a todos.
16Estad siempre alegres.
17Sed constantes en orar.
18Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.
19No apaguéis el espíritu,
20no despreciéis las profecías.
21Examinadlo todo; quedaos con lo bueno.
22Guardaos de toda clase de mal.
23Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.
24El que os llama es fiel, y él lo realizará.
25Hermanos, orad también por nosotros.
26Saludad a todos los hermanos con el beso santo.
27Os conjuro por el Señor a que leáis esta carta a todos los hermanos.
28La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vosotros.