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Lectura 140 de 365

Nehemías 5-7 · 1 Tesalonicenses 3

Letra: Normal

Nehemías 5

1Después se originó una protesta de las gentes del pueblo y sus mujeres, contra sus hermanos judíos.

2Unos decían: «Nuestros hijos, nuestras hijas y nosotros somos muchos, y hemos de buscar el grano con que poder comer y vivir».

3Otros comentaban: «Tenemos que empeñar nuestros campos, nuestras viñas y nuestras casas para poder conseguir grano en esta penuria».

4Otros, en fin, decían: «Tenemos que pedir dinero prestado para pagar el tributo al rey.

5Nosotros somos como nuestros hermanos, y nuestros hijos son como sus hijos. Pero nosotros tenemos que someter a nuestros hijos y a nuestras hijas a la esclavitud. Algunas de nuestras hijas ya son esclavas, sin que podamos impedirlo, pues nuestros campos y nuestras viñas pertenecen a los nobles».

6Yo me indigné al oír sus gritos y la situación descrita,

7y, después de reflexionar en mi interior, reprendí a los nobles y a los prefectos. Les dije: «¿Por qué exigís esa carga a vuestros hermanos?». Después convoqué contra ellos una gran asamblea

8y les dije: «Dentro de nuestras posibilidades rescatamos a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a los gentiles. ¡Y ahora vosotros vendéis a vuestros hermanos para que se los compremos!». Ellos se quedaron en silencio, sin saber qué responder.

9También les dije: «No está bien lo que hacéis. ¿No deberíais caminar en el temor de nuestro Dios, para evitar así la burla de nuestros enemigos los gentiles?

10También yo, mis hermanos y mi gente les hemos dado en préstamo dinero y grano. Pues bien, ¡os ruego que perdonemos estas deudas!

11Por favor, devolvedles ahora mismo sus campos, sus viñas, sus olivares y sus casas, y perdonadles la deuda del dinero, del trigo, del vino y del aceite que les ibais a exigir».

12Ellos respondieron: «Se lo devolveremos y no les reclamaremos nada. Haremos lo que dices». Entonces llamé a los sacerdotes y les hice jurar que actuarían según lo dicho.

13Después sacudí mi manto y dije: «Así sacuda Dios de su templo y de su tierra a quien no mantenga esta promesa. Así sea sacudido y se quede sin nada». Y toda la asamblea respondió: «¡Amén!». Después alabaron al Señor. Y la gente cumplió lo que había prometido.

14Además, desde el día en que fui nombrado gobernador de la tierra de Judá, desde el año veinte hasta el treinta y dos del rey Artajerjes, esto es, durante doce años, ni yo ni mis hermanos comimos de la provisión debida al gobernador.

15En cambio, los gobernadores que me habían precedido habían gravado al pueblo, percibiendo de él a diario, en concepto de pan y vino, cuarenta monedas de plata. También sus criados oprimían al pueblo. Pero yo no actué así, porque temía a Dios.

16Incluso trabajé en la reconstrucción de esta muralla, y no adquirí campo alguno; y todos mis criados también estaban allí trabajando en las obras.

17Los judíos y los prefectos que se sentaban a mi mesa eran ciento cincuenta hombres, aparte de los que venían de los pueblos limítrofes.

18Lo que se preparaba diariamente —un toro, seis carneros escogidos y aves— era a costa mía. Cada diez días se traía abundancia de vino de todo tipo. Aun así, no reclamé la provisión que me correspondía como gobernador, porque la prestación a los trabajadores ya gravaba bastante al pueblo.

19¡Oh Dios mío, acuérdate para mi bien de todo lo que he hecho por este pueblo!

Nehemías 6

1Cuando Sambalat, Tobías, Guesen el árabe y el resto de nuestros enemigos se enteraron de que yo había reconstruido la muralla y no quedaba brecha alguna en ella (aunque todavía no había colocado las hojas de las puertas),

2Sambalat y Guesen mandaron a decirme: «Ven, organicemos una entrevista con los príncipes de la vega de Ono». Como lo que querían era hacerme daño,

3yo mandé a decirles: «Estoy ocupado en una obra importante y no puedo ir; la obra se pararía si la dejo para ir a veros».

4Volvieron a hacerme la misma invitación cuatro veces, pero yo les di siempre la misma respuesta.

5Entonces Sambalat mandó a decirme por quinta vez lo mismo por medio de un criado, que traía una carta abierta

6en la que estaba escrito: «Entre las gentes corre el rumor —así lo afirma Gasmú— de que tú y los judíos proyectáis sublevaros, y que por eso reconstruyes la muralla; y de que tú serás su rey;

7que has designado profetas para que hablen de ti en Jerusalén y te proclamen rey de Judá. Estos rumores llegarán a oídos del rey. Ven, pues, para que tomemos juntos una decisión».

8Pero yo mandé a decirle: «No hay nada de lo que tú dices. Son mentiras inventadas por ti».

9Y es que todos intentaban meternos miedo, pensando que dejaríamos el trabajo y que la obra no llegaría a término. Sin embargo, yo continué con más ánimo.

10Uno de aquellos días fui a casa de Semaías, hijo de Delaías, hijo de Mehetabel, que estaba impedido, y me dijo: «Refugiémonos en el templo de Dios, en el interior del santuario. Cerremos bien las puertas del santuario, porque quieren venir a matarte. Sí, esta noche vendrán a matarte».

11Pero respondí: «¿Un hombre como yo ha de huir? ¿Quién como yo se refugiaría en el santuario para salvar su vida? No pienso ir».

12Comprendí claramente que no lo había enviado Dios, sino que había pronunciado aquella profecía sobre mí porque Tobías y Sambalat lo habían comprado.

13¿Y para qué lo habían comprado? Para que yo, movido por el miedo, obrara así y pecara. Así ellos me acusarían de haber cometido una mala acción y la utilizarían como pretexto para desprestigiarme.

14¡Acuérdate, Dios mío, de lo que han hecho Tobías y Sambalat, de la profetisa Noadías y de los demás profetas que trataron de asustarme!

15Así pues, la muralla se terminó el día veinticinco del mes de elul, después de cincuenta y dos días.

16Cuando se enteraron nuestros enemigos, el miedo se apoderó de todas las naciones vecinas y se sintieron humillados, porque comprendieron que esta obra había sido realizada con la ayuda de nuestro Dios.

17Por aquellos días los nobles de Judá intercambiaron muchas cartas con Tobías.

18En Judá había muchos hombres vinculados a él por ser yerno de Secanías, hijo de Araj, y porque su hijo Yohojanán estaba casado con la hija de Mesulán, hijo de Berequías.

19Ellos lo alababan ante mí y le transmitían mis palabras. Mientras tanto Tobías seguía mandando cartas para intimidarme.

Nehemías 7

1Terminada la muralla, y tras haber colocado las hojas de las puertas, los porteros, los cantores y los levitas quedaron encargados de la vigilancia.

2Puse al frente de Jerusalén a mi hermano Jananí y a Jananías, gobernador de la ciudadela, porque era un hombre más fiel y temeroso de Dios que otros,

3y les dije: «Las puertas de Jerusalén no se abrirán hasta que el sol comience a calentar. Se cerrarán y se echarán los candados antes que se ponga. Los habitantes de Jerusalén harán guardia, unos en su puesto y otros delante de su propia casa».

4La ciudad era espaciosa y grande, pero estaba poco poblada y no se construían casas.

5Mi Dios me inspiró la idea de reunir a los nobles, a los prefectos y al pueblo para hacer el censo. Tomé el libro del registro genealógico de los que habían vuelto la primera vez, y encontré escrito en él:

6Estos son los habitantes de la provincia que regresaron del cautiverio, a quienes había deportado Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que volvieron a Jerusalén y Judá, cada uno a su ciudad.

7Vinieron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Azarías, Raamías, Najamaní, Mardoqueo, Bilsán, Mispéret, Bigvay, Najún y Baaná. El número de los hombres del pueblo de Israel fue el siguiente:

8Descendientes de Parós: dos mil ciento setenta y dos;

9descendientes de Sefatías, trescientos setenta y dos;

10descendientes de Araj, seiscientos cincuenta y dos;

11descendientes de Pajat-Moab, descendientes de Josué y Joab, dos mil ochocientos dieciocho;

12descendientes de Elán, mil doscientos cincuenta y cuatro;

13descendientes de Zatú, ochocientos cuarenta y cinco;

14descendientes de Zacay, setecientos setenta;

15descendientes de Binuy, seiscientos cuarenta y ocho;

16descendientes de Bebay, seiscientos veintiocho;

17descendientes de Azgad, dos mil trescientos veintidós;

18descendientes de Adonicán, seiscientos sesenta y siete;

19descendientes de Bigvay, dos mil sesenta y siete;

20descendientes de Adín, seiscientos cincuenta y cinco;

21descendientes de Ater, esto es, descendientes de Ezequías, noventa y ocho;

22descendientes de Jasún, trescientos veintiocho;

23descendientes de Besay, trescientos veinticuatro;

24descendientes de Jarif, ciento doce.

25Hombres oriundos de Gabaón, noventa y cinco;

26oriundos de Belén y Netofá, ciento ochenta y ocho;

27oriundos de Anatot, ciento veintiocho;

28oriundos de Betazmávet, cuarenta y dos;

29oriundos de Quiriat Yearín, Quefirá y Beerot, setecientos cuarenta y tres;

30oriundos de Ramá y Gueba, seiscientos veintiuno;

31oriundos de Micmás, ciento veintidós;

32oriundos de Betel y Ay, ciento veintitrés.

33Descendientes de Nebo, cincuenta y dos;

34descendientes del otro Elán, mil doscientos cincuenta y cuatro;

35descendientes de Jarín, trescientos veinte;

36descendientes de Jericó, trescientos cuarenta y cinco;

37descendientes de Lod, Jadid y Onó, setecientos veinticinco;

38descendientes de Senaá, tres mil novecientos treinta.

39Los sacerdotes eran estos: descendientes de Yedaías, de la parentela de Josué, novecientos setenta y tres;

40descendientes de Imer, mil cincuenta y dos;

41descendientes de Pasjur, mil doscientos cuarenta y siete;

42descendientes de Jarín, mil diecisiete.

43Los levitas eran los siguientes: descendientes de Josué y de Cadmiel, de la familia de Hodías, setenta y cuatro.

44Los cantores eran ciento cuarenta y ocho descendientes de Asaf.

45Los porteros eran ciento treinta y ocho descendientes de Salún, de Ater, de Talmón, de Acub, de Jatitay y de Sobay.

46Los donados eran descendientes de Sijá, de Jasufá, de Tabaot,

47de Querós, de Siahá, de Padón,

48de Lebaná, de Jagabá, de Salmay,

49de Janán, de Guidel, de Gajar,

50de Reayá, de Resín, de Necodá,

51de Gazán, de Uzá, de Paséaj,

52de Besay, de Meunín, de Nefusín,

53de Bacbuc, de Jacufá, de Jarjur,

54de Baslut, de Mejidá, de Jarsá,

55de Barcós, de Siserá, de Témaj,

56de Nesíaj y de Jatifá.

57Los siervos de Salomón eran descendientes de Sotay, de Soféret, de Perudá,

58de Yaalá, de Darcón, de Guidel,

59de Sefatías, de Jatil, de Poqueret Hasebáin y de Amón.

60El total de donados y de siervos de Salomón se elevaba a trescientos noventa y dos.

61Estos son los que regresaron de Tel-Mélaj, Tel-Jarsá, Querub, Adán e Imer, pero no pudieron demostrar que su familia paterna y su estirpe procedían de Israel:

62seiscientos cuarenta y dos descendientes de Delaías, de Tobías y de Necodá;

63y de los sacerdotes, los descendientes de Jobaías, de Hacós y de Barzilay, el que se había casado con una de las hijas de Barzilay, el galaadita, y que adoptó el nombre de ellas.

64Estos buscaron sus títulos genealógicos, pero no los encontraron, por lo que fueron excluidos del sacerdocio.

65El gobernador les prohibió comer alimentos sagrados hasta que se presentase un sacerdote para consultar los urim y los tumim.

66La comunidad, al completo, estaba integrada por cuarenta y dos mil trescientas sesenta personas,

67sin contar sus esclavos y esclavas, que eran siete mil trescientos treinta y siete. También había doscientos cuarenta y cinco cantores y cantoras.

68Disponían de setecientos treinta y seis caballos y doscientos cuarenta y cinco mulos. Tenían también cuatrocientos treinta y cinco camellos y seis mil setecientos veinte asnos.

69Algunos de los cabezas de familia hicieron donativos para la obra. El gobernador ofrendó al tesoro mil dracmas de oro, cincuenta jarras y quinientas treinta túnicas sacerdotales.

70Otros cabezas de familia depositaron en el tesoro de la obra veinte mil dracmas de oro y dos mil doscientas minas de plata.

71El resto del pueblo entregó veinte mil dracmas de oro, dos mil minas de plata y sesenta y siete túnicas sacerdotales.

72Los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores y parte del pueblo, los donados y todos los israelitas se establecieron en sus ciudades. Así, llegado el mes séptimo, los hijos de Israel ya vivían en sus ciudades.

1 Tesalonicenses 3

1Por eso, no pudiendo aguantar más, preferimos quedarnos solos en Atenas

2y enviamos a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en el Evangelio de Cristo, para afianzaros y alentaros en vuestra fe,

3de modo que ninguno titubease en las dificultades presentes; pues sabéis bien que esa es nuestra condición.

4Cuando estábamos con vosotros, os decíamos ya que nos esperaban dificultades, y sabéis que así ocurrió.

5Por ello, no pudiendo aguantar más, lo envié para que se informara de cómo andaba vuestra fe, pues temía que os hubiera tentado el tentador y que nuestro trabajo hubiera resultado inútil.

6Ahora Timoteo acaba de llegar de ahí y nos ha traído buenas noticias de vuestra fe y vuestro amor, añadiendo que seguís manteniendo siempre buen recuerdo de nosotros y que tenéis tantas ganas de vernos como nosotros de veros a vosotros.

7Por eso, hermanos, nos hemos sentido animados por vuestra fe en medio de todos nuestros aprietos y luchas.

8Ahora sí que vivimos, sabiendo que os mantenéis fieles al Señor.

9¿Cómo podremos dar gracias a Dios por vosotros, por tanta alegría como gozamos delante de Dios por causa vuestra?

10Noche y día pedimos insistentemente veros cara a cara y completar lo que falta a vuestra fe.

11Que Dios nuestro Padre y nuestro Señor Jesús nos allanen el camino para ir a vosotros.

12En cuanto a vosotros, que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros;

13y que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos.