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Lectura 138 de 365

Esdras 9-10 · Nehemías 1 · 1 Tesalonicenses 1

Letra: Normal

Esdras 9

1Acabado todo esto, se acercaron a mí los jefes para decirme: «El pueblo de Israel, los sacerdotes y los levitas no se han apartado de las gentes del país, pues han caído en las prácticas perversas de cananeos, hititas, pereceos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios e idumeos.

2Tanto ellos como sus hijos se han casado con las hijas de estos, mezclando así la raza santa con las gentes del país. Y los primeros en caer en esa infidelidad fueron los jefes y los magistrados».

3Al oír esto, rasgué mi vestidura y mi manto, arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba y me senté abatido.

4Entonces, todos los temerosos de las palabras del Dios de Israel se reunieron conmigo al conocer la infidelidad de los repatriados. Yo permanecí sentado, abatido, hasta la hora de la ofrenda de la tarde.

5A la hora de la ofrenda de la tarde salí de mi abatimiento y, con mi vestidura y el manto rasgados, me arrodillé, extendí las palmas de mis manos hacia el Señor, mi Dios,

6y exclamé: «Dios mío, estoy avergonzado y confundido; no me atrevo a levantar mi rostro hacia ti, porque nos hemos hecho culpables de numerosas faltas y nuestros delitos llegan hasta el cielo.

7Desde la época de nuestros padres hasta hoy hemos pecado gravemente. Por causa de nuestros delitos, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados a los reyes extranjeros, a la espada, a la esclavitud, al saqueo y a la vergüenza, como sucede todavía hoy.

8Pero ahora, en un instante, el Señor nuestro Dios nos ha otorgado la gracia de dejarnos un resto y de concedernos un lugar en el templo santo. El Señor ha iluminado nuestros ojos y nos ha dado un respiro en medio de nuestra esclavitud.

9Porque somos esclavos, pero nuestro Dios no nos ha abandonado en nuestra esclavitud, sino que nos ha otorgado el favor de los reyes de Persia, nos ha dado un respiro para reconstruir el templo de nuestro Dios y restaurar sus ruinas y nos ha proporcionado un refugio seguro en Judá y en Jerusalén.

10Pero ahora, ¡oh Dios nuestro!, ¿qué podemos decir? A pesar de todo esto, hemos abandonado tus mandamientos,

11que habías prescrito por medio de tus siervos los profetas, cuando dijiste: “La tierra que vais a ocupar es una tierra manchada por la inmundicia de las gentes de la tierra y por las abominaciones con que la han llenado de un extremo a otro con su impureza.

12Así pues, no caséis a vuestras hijas con sus hijos, ni deis vuestros hijos a sus hijas; no busquéis su paz ni su prosperidad. Así os haréis fuertes, comeréis de lo mejor de esta tierra y la dejaréis en herencia a vuestros hijos para siempre”.

13Ciertamente, todo lo que nos ha sobrevenido ha sido por nuestras maldades y grandes culpas —y eso que tú, ¡Dios nuestro!, nos has imputado menos culpa de la que teníamos y nos has dejado un resto como este—.

14Y después de esto, ¿volveremos a incumplir tus mandamientos uniéndonos con estas gentes abominables? ¿No te irritarías contra nosotros hasta exterminarnos, sin dejar este pequeño resto?

15¡Oh Señor, Dios de Israel, eres justo al haber dejado como muestra este pequeño resto que somos! Aquí nos tienes con nuestra culpa. En verdad, somos indignos de estar en tu presencia».

Esdras 10

1Mientras Esdras oraba y hacía esta confesión, llorando y postrado ante el templo de Dios, se congregó junto a él una gran asamblea de israelitas: hombres, mujeres y niños. Todo el pueblo lloraba amargamente.

2Entonces Secanías, hijo de Yejiel, de los descendientes de Elán, tomó la palabra y dijo a Esdras: «Hemos sido infieles a Dios casándonos con mujeres extranjeras de países paganos. No obstante, todavía queda una esperanza para Israel.

3Hagamos ahora un pacto con nuestro Dios para expulsar a todas las mujeres extranjeras y a los nacidos de ellas, según el consejo del Señor y de los temerosos de los mandamientos de nuestro Dios; que se cumpla la ley.

4¡Levántate, porque esto es incumbencia tuya! Nosotros estamos contigo. ¡Ánimo, y manos a la obra!».

5Esdras se levantó e hizo jurar a los jefes de los sacerdotes y de los levitas y a todo Israel que actuarían según lo dicho. Ellos lo juraron.

6Después, Esdras se marchó del templo de Dios y se fue a la casa de Jojanán, hijo de Eliasib, donde pasó la noche sin comer ni beber, haciendo duelo por la prevaricación de los repatriados.

7Después se proclamó un bando en Judá y Jerusalén para que todos los repatriados se reunieran en Jerusalén;

8y, según la decisión de los jefes y los ancianos, quien no se presentara en tres días vería confiscados todos sus bienes y sería expulsado de la comunidad de los repatriados.

9A los tres días se reunieron en Jerusalén todos los hombres de Judá y de Benjamín. Era el día veinte del mes noveno. Todo el pueblo se situó en la plaza del templo de Dios, temblando por la gravedad del caso y también porque llovía.

10Se levantó el sacerdote Esdras y dijo: «Vosotros habéis prevaricado casándoos con mujeres extranjeras; y habéis incrementado, de esta manera, el grado de culpa de Israel.

11Reconoced vuestra culpa ante el Señor, Dios de vuestros padres, y cumplid su voluntad. Separaos de las gentes del país y de las mujeres extranjeras».

12La comunidad respondió en alta voz: «¡Así será! ¡Haremos lo que nos dices!

13Pero el pueblo es numeroso y estamos en la época de las lluvias. No podemos resistir a la intemperie. Este asunto no es cosa de uno o dos días, ya que hemos sido muchos los que hemos cometido este pecado.

14Que nuestros jefes se queden en representación de toda la asamblea. Y todos los que en nuestras ciudades se han casado con mujeres extranjeras vendrán en fechas señaladas, acompañados de los ancianos de cada ciudad y de sus jueces, hasta que hayamos apartado de nosotros la ira de nuestro Dios por este pecado».

15Solo Jonatán, hijo de Asael, y Yajzías, hijo de Tiquá, se opusieron a esta propuesta y fueron apoyados por Mesulán y el levita Sabtay.

16Los repatriados hicieron como se había propuesto. El sacerdote Esdras escogió como colaboradores a los cabezas de familia, según cada casa patriarcal, todos ellos designados nominalmente. El día primero del mes décimo iniciaron estos sus sesiones para examinar el asunto.

17Y el día uno del mes primero ya habían terminado de contar a todos los hombres que se habían casado con mujeres extranjeras.

18Esta es la lista de los hijos de los sacerdotes que se habían casado con mujeres extranjeras: De los descendientes de Josué, hijo de Josadac, y de sus hermanos: Maasías, Eliezer, Yarib y Guedalías.

19Estos se comprometieron bajo juramento a echar a sus mujeres y a ofrecer un carnero en sacrificio por el pecado para reparar su culpa.

20De los descendientes de Imer: Jananí y Zebadías.

21De los descendientes de Jarín: Maasías, Elías, Semaías, Yejiel y Ozías.

22De los descendientes de Pasjur: Elyoenay, Maasías, Ismael, Natanael, Yozabad y Elasá.

23De los levitas: Yozabad, Simeí, Quelaías, esto es, Quelita; Petajías, Judá y Eliezer.

24De los cantores: Eliasib. De los porteros: Salún, Telén y Urí.

25Lista de los israelitas. De los descendientes de Parós: Ramías, Yidías, Malaquías, Miyamín, Eleazar, Malaquías y Benaías.

26De los descendientes de Elán: Matanías, Zacarías, Yejiel, Abdí, Yeremot y Elías.

27De los descendientes de Zatú: Elyoenay, Eliasib, Matanías, Yeremot, Zabat y Azizá.

28De los descendientes de Bebay: Yehojanón, Jananías, Zabay y Atlay.

29De los descendientes de Baní: Mesulán, Maluc, Adaías, Yasub, Seal y Yerimot.

30De los descendientes de Pajat Moab: Adná, Quelal, Benaías, Maasías, Matanías, Besalel, Binuy y Manasés.

31De los descendientes de Jarín: Eliezer, Yisías, Malaquías, Semaías, Simeón,

32Benjamín, Maluc y Semarías.

33De los descendientes de Jasún: Matnay, Matatá, Zabad, Elifélet, Yeremías, Manasés y Simeí.

34De los descendientes de Baní: Maday, Amrán, Joel,

35Benaías, Bedías, Quelaías,

36Vanías, Maremot, Eliasib,

37Matanías, Matnay y Jasay.

38De los descendientes de Binuy: Simeí,

39Selemías, Natán, Adaías,

40Zacay, Sasay, Saray,

41Azarael, Selemías, Semarías,

42Salún, Amarías y José.

43De los descendientes de Nebo: Yeiel, Matitías, Zabad, Zebiná, Yaday, Joel y Benaías.

44Todos estos se habían casado con mujeres extranjeras. Algunas de ellas habían tenido hijos.

Nehemías 1

1Palabras de Nehemías, hijo de Jacalías. En el mes de quisleu del año veinte, estando yo en la fortaleza de Susa,

2vino Jananí, uno de mis hermanos, con algunos hombres de Judá. Yo les pregunté por los judíos escapados, salvados del destierro, y por Jerusalén.

3Y me dijeron: «Los supervivientes del destierro que quedan allí, en la provincia, están pasándolo muy mal y sufriendo humillaciones. La muralla de Jerusalén está destrozada y sus puertas fueron destruidas por el fuego».

4Al oír estas palabras me senté y me puse a llorar. Hice duelo algunos días, ayunando y orando ante el Dios del cielo.

5Y dije: «¡Oh Señor, Dios del cielo, Dios grande y terrible, que guardas la alianza y la fidelidad con los que te aman y observan tus mandamientos!

6Estén tus oídos atentos y abiertos tus ojos para escuchar la plegaria de tu siervo, que yo proclamo ahora ante ti, día y noche, por los hijos de Israel, tus siervos, confesando los pecados que los hijos de Israel han cometido contra ti. Porque la casa de mi padre y yo hemos pecado.

7Hemos obrado muy perversamente contra ti y no hemos guardado los mandamientos, las leyes y los preceptos que tú habías dado a Moisés, tu siervo.

8Por favor, recuerda la palabra que diste a Moisés, tu siervo: “Si sois infieles, os dispersaré entre las naciones;

9pero si os convertís a mí y guardáis mis mandamientos y los cumplís, aunque vuestros desterrados estuvieran en el extremo de los cielos, los recogeré de allí y los conduciré de nuevo al lugar que he escogido para morada de mi nombre”.

10Estos son tus siervos y este tu pueblo, a quienes has redimido con tu gran poder y tu fuerte brazo.

11¡Oh Señor!, te pido que estén atentos tus oídos a la oración de tu siervo y a la súplica de tus servidores, que quieren ser fieles a ti. Concede éxito a tu siervo y haz que tenga buena acogida ante ese hombre». En aquel momento yo era copero del rey.

1 Tesalonicenses 1

1Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.

2En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones,

3pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor.

4Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido,

5pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción. Sabéis cómo nos comportamos entre vosotros para vuestro bien.

6Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la Palabra en medio de una gran tribulación, con la alegría del Espíritu Santo.

7Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.

8No solo ha resonado la palabra del Señor en Macedonia y en Acaya desde vuestra comunidad, sino que además vuestra fe en Dios se ha difundido por doquier, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada,

9ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo os convertisteis a Dios, abandonando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero,

10y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.