Lectura 137 de 365
Esdras 6-8 · Colosenses 4
Esdras 6
1Entonces, el rey Darío promulgó un edicto para que se buscara en Babilonia, en los edificios donde se guardaban los archivos.
2Y en Ecbatana, fortaleza situada en la provincia de Media, se encontró un rollo en el que estaba escrita la memoria siguiente:
3«El año primero de su reinado, el rey Ciro promulgó un edicto sobre el templo de Dios en Jerusalén, que decía: “Pónganse los pilares y sea reconstruido el templo como lugar en el que se ofrezcan sacrificios. Ha de tener treinta metros de alto y treinta de ancho,
4tres hileras de piedras de sillería y una hilera de madera. Los gastos serán costeados por la casa del rey.
5Además, los utensilios de oro y plata del templo de Dios, que Nabucodonosor sacó del templo de Jerusalén y llevó a Babilonia, serán restituidos y volverán al templo de Jerusalén para ser colocados en el templo de Dios”.
6Así pues, Tatenay, gobernador de Transeufratina, Satar Bosnay y sus amigos los afarsaqueos de Transeufratina, alejaos de ahí
7y dejad que se reanuden las obras de ese templo de Dios. El gobernador de los judíos y los ancianos judíos reconstruirán este templo de Dios en el lugar que ocupaba.
8Estas son mis órdenes sobre lo que debéis hacer con los ancianos judíos para la reconstrucción del templo de Dios: de los ingresos reales procedentes de los tributos de Transeufratina, páguese puntualmente a esos hombres los gastos sin ningún tipo de interrupción.
9Se les proporcionará cada día, sin falta, todo lo que necesiten para los holocaustos al Dios del cielo: novillos, carneros y corderos, trigo, sal, vino y aceite, según las normas de los sacerdotes de Jerusalén,
10para que así puedan ofrecer sacrificios agradables al Dios del cielo y rueguen por la vida del rey y de sus hijos.
11También ordeno que a todo aquel que no cumpla este edicto le será arrancada una viga de su casa, se le azotará amarrado a ella y su casa será reducida a un montón de escombros por este delito.
12Y Dios, que ha establecido allí su nombre, aplaste a todo aquel rey o pueblo que trate de incumplir esto destruyendo ese templo de Dios en Jerusalén. Yo, Darío, he promulgado este decreto y quiero que sea ejecutado al pie de la letra».
13Entonces Tatenay, gobernador de Transeufratina, Satar Bosnay y sus compañeros hicieron exactamente lo que el rey Darío había ordenado.
14Y los ancianos judíos prosiguieron las obras con éxito, confortados por la profecía del profeta Ageo y de Zacarías, hijo de Idó. Edificaron y concluyeron la reconstrucción, según el mandato del Dios de Israel y con la orden de Ciro, de Darío y de Artajerjes, reyes de Persia.
15Así terminaron este templo el día tercero del mes de adar, el año sexto del reinado del rey Darío.
16Los hijos de Israel, los sacerdotes, los levitas y los demás repatriados celebraron con alegría la dedicación de este templo de Dios.
17Con motivo de la dedicación de este templo de Dios, ofrecieron cien toros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos y, como sacrificio por el pecado de todo Israel, doce machos cabríos, según el número de las tribus de Israel.
18También organizaron los turnos de los sacerdotes y las clases de los levitas para el servicio de Dios en Jerusalén, tal y como está escrito en el libro de Moisés.
19Los repatriados celebraron la Pascua el día catorce del mes primero.
20Los sacerdotes y los levitas se habían purificado para la ocasión. Todos los purificados ofrecieron el sacrificio de la Pascua por todos los repatriados, por sus hermanos, los sacerdotes, y por ellos mismos.
21Los hijos de Israel repatriados comieron el banquete pascual con todos los que se habían separado de la impureza de las gentes del país y se habían unido a ellos para buscar al Señor, Dios de Israel.
22Así pues, celebraron con alegría la fiesta de los Ácimos durante siete días, porque el Señor los había llenado de gozo y había conmovido el corazón del rey de Asiria para ayudarles en las obras del templo de Dios, el Dios de Israel.
Esdras 7
1Después de estos acontecimientos, en el reinado de Artajerjes, rey de Persia, Esdras, hijo de Seraías, hijo de Azarías, hijo de Jelcías,
2hijo de Salún, hijo de Sadoc, hijo de Ajitub,
3hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Merayot,
4hijo de Zerajías, hijo de Uzí, hijo de Buquí,
5hijo de Abisúa, hijo de Pinjás, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, el sumo sacerdote,
6este Esdras regresó de Babilonia. Era un escriba experto en la ley de Moisés, promulgada por el Señor, Dios de Israel. El rey le concedió todo lo que le había pedido, porque la mano del Señor, su Dios, estaba con él.
7El año séptimo del rey Artajerjes, regresaron también a Jerusalén otros hijos de Israel, parte de los sacerdotes, los levitas, los cantores, los porteros y los sirvientes del templo.
8Esdras llegó a Jerusalén el mes quinto del año séptimo del rey.
9Había salido de Babilonia el día uno del mes primero, y el día uno del mes quinto llegó a Jerusalén con la buena ayuda de Dios:
10porque Esdras se había dedicado a estudiar la ley del Señor, a ponerla en práctica y a enseñar la ley y el derecho en Israel.
11Copia de la carta que el rey Artajerjes entregó a Esdras, sacerdote y escriba experto en la ley del Señor y en sus normas sobre Israel:
12«Artajerjes, rey de reyes, desea la paz a Esdras, sacerdote y escriba experto en la ley del Dios del cielo.
13He dado la orden de que todos los israelitas de mi reino, sacerdotes y levitas, que quieran volver a Jerusalén, vayan contigo.
14Tú eres el enviado del rey y de sus siete consejeros para confirmar el cumplimiento de la ley de tu Dios en Judá y Jerusalén, que está en tus manos;
15y para llevar la plata y el oro que el rey y sus consejeros han ofrecido voluntariamente al Dios de Israel, cuya morada está en Jerusalén,
16y toda la plata y el oro que puedas reunir en toda la provincia de Babilonia, además de las ofrendas voluntarias que el pueblo y los sacerdotes te entreguen para el templo de su Dios en Jerusalén.
17Con este dinero comprarás toros, carneros y corderos, con sus ofrendas y sus libaciones, para ofrecerlos en el altar del templo de vuestro Dios, en Jerusalén.
18Y con el resto de la plata y del oro, haced lo que mejor os parezca a ti y a tus hermanos, según la voluntad de vuestro Dios.
19Pon al servicio de tu Dios, en Jerusalén, los utensilios que se te han entregado para el culto del templo de tu Dios.
20Si todavía necesitas alguna otra cosa para el templo de tu Dios, la recibirás de los tesoros reales.
21Y yo, el rey Artajerjes, ordeno a todos los tesoreros de Transeufratina que entreguéis puntualmente a Esdras, sacerdote y escriba de la ley del Dios del cielo, todo lo que os pida,
22hasta tres mil quinientos kilos de plata, cuarenta y cinco mil kilos de trigo, cuatro mil quinientos litros de vino y cuatro mil quinientos de aceite; la sal se le dará sin tasa.
23Todo lo dispuesto por el Dios del cielo en relación con el templo del Dios del cielo debe cumplirse puntualmente, a fin de que no caiga su cólera sobre el reino, el rey y sus hijos.
24También os hacemos saber que no se podrá imponer tributo, impuesto o peaje a ninguno de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros, sirvientes, ni a nadie de los que trabajan en este templo de Dios.
25Y tú, Esdras, según la sabiduría que posees de tu Dios, nombrarás magistrados y jueces que administren justicia a todo el pueblo de Transeufratina y a todos los que conocen la ley de tu Dios; y a quien la desconoce, instrúyelo en ella.
26Y quien no cumpla la ley de tu Dios y la ley del rey será castigado duramente con la muerte, con el destierro, con una multa económica o con la cárcel».
27¡Bendito sea el Señor, Dios de nuestros padres, que inspiró al rey el modo de honrar el templo del Señor en Jerusalén,
28y que puso de mi parte al rey, a sus consejeros y a todos sus funcionarios más influyentes! Y yo, animado por la ayuda del Señor, mi Dios, reuní a los israelitas más importantes para que regresaran conmigo.
Esdras 8
1Estos son, según su genealogía, los cabezas de familia que regresaron conmigo de Babilonia durante el reinado del rey Artajerjes:
2de los descendientes de Pinjás, Guersón; de los descendientes de Itamar, Daniel; de los descendientes de David, Jatús,
3hijo de Secanías; de los descendientes de Parós, Zacarías; con él fueron registrados ciento cincuenta varones.
4De los descendientes de Pajat Moab, Elyoenay, hijo de Zerajías, acompañado de doscientos varones.
5De los descendientes de Zatú, Secanías, hijo de Yacaziel, junto con trescientos varones.
6De los descendientes de Adín, Ebed, hijo de Jonatán, con cincuenta varones.
7De los descendientes de Elán, Isaías, hijo de Atalías, junto con setenta varones.
8De los descendientes de Sefatías, Zebadías, hijo de Miguel, acompañado de ochenta varones.
9De los descendientes de Joab, Abdías, hijo de Yejiel, con doscientos dieciocho varones.
10De los descendientes de Baní, Selomit, hijo de Yosifías, junto con ciento sesenta varones.
11De los descendientes de Bebay, Zacarías, hijo de Bebay, acompañado de veintiocho varones.
12De los descendientes de Azgad, Yojanán, hijo de Hacatán, con ciento diez varones.
13Los descendientes de Adonicán, los últimos, se llamaban Elifélet, Yeiel y Semaías, y con ellos llegaron sesenta varones.
14Y de los descendientes de Bigvay, Utay (hijo de) Zabud, acompañado de setenta varones.
15Los reuní junto al río que fluye hacia Ahavá, donde estuvimos acampados tres días. Me fijé en el pueblo y en los sacerdotes, pero de los levitas no había ninguno.
16Entonces llamé a los jefes Eliezer, Ariel, Semaías, Elnatán, Jarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulán, y a los instructores Jojarib y Elnatán.
17Los mandé donde el jefe Idó, el de Casifías, y les indiqué las palabras que debían decirle a él y a sus hermanos, los de Casifías, para que nos mandaran ministros para el templo de nuestro Dios.
18Y gracias a la ayuda bondadosa de nuestro Dios, nos trajeron a Serebías, un hombre prudente, descendiente de Majlí, hijo de Leví, hijo de Israel, con sus hijos y hermanos, dieciocho en total.
19También nos trajeron a Jasabías y a su hermano Isaías, descendientes de Merarí, con sus hijos y hermanos, veinte en total.
20Y doscientos veinte sirvientes del templo, como aquellos a quienes David y los jefes habían puesto al servicio de los levitas. Todos estos fueron designados por sus nombres.
21Allí, a orillas del río Ahavá, proclamé un ayuno para humillarnos delante de nuestro Dios y pedirle un viaje feliz para nosotros, nuestras familias y toda nuestra hacienda.
22Porque me había dado vergüenza pedir al rey tropa y gente de a caballo para protegernos del enemigo por el camino, después de haber hablado al rey diciéndole: «La mano de nuestro Dios está sobre todos los que lo buscan, mientras que su poder y su ira están sobre todos los que lo abandonan».
23Con este fin, ayunamos invocando a nuestro Dios por esto, y él nos atendió.
24Después escogí a doce jefes de los sacerdotes y a Serebías y a Jasabías, junto con diez de sus hermanos.
25Les pesé la plata, el oro y los utensilios que habían ofrecido para el templo de nuestro Dios el rey, sus consejeros, sus príncipes y todos los israelitas que se encontraban allí.
26Los pesé y les di veintidós mil kilos de plata, utensilios de plata que pesaban tres mil cuatrocientos kilos, y otros tantos kilos de oro,
27veinte copas de oro que pesaban ocho kilos, y dos vasos de hermoso bronce dorado, tan precioso como el oro.
28Y les dije: «Estáis consagrados al Señor. Estos utensilios también son sagrados. Esta plata y este oro son una ofrenda voluntaria al Señor, Dios de nuestros padres.
29Vigiladlos y guardadlos hasta que los peséis en Jerusalén ante los jefes de los sacerdotes, los levitas y los cabezas de familia de Israel, en las cámaras del templo del Señor».
30Entonces los sacerdotes y los levitas tomaron la plata, el oro y los utensilios para llevarlos a Jerusalén, al templo de nuestro Dios.
31El día doce del mes primero salimos del río Ahavá camino de Jerusalén. Nuestro Dios nos protegió y nos libró de toda violencia de los enemigos y saqueadores durante el viaje.
32Llegamos a Jerusalén y descansamos allí tres días.
33Al cuarto día pesamos la plata, el oro y los utensilios en el templo de nuestro Dios y se entregó todo a Merimot, hijo del sacerdote Urías, a quien acompañaba Eleazar, hijo de Pinjás. También estaban con ellos los levitas Yozabad, hijo de Josué, y Noadías, hijo de Binuy.
34Se contó, se pesó y se hizo un inventario por escrito de todo. En aquel tiempo
35los que habían vuelto de la cautividad, los desterrados, ofrecieron en holocausto al Dios de Israel doce toros por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos y doce machos cabríos por el pecado: todo en holocausto al Señor.
36Después se entregaron los decretos del rey a los sátrapas reales y a los gobernadores de Transeufratina, los cuales ayudaron al pueblo y al templo de Dios.
Colosenses 4
1Amos, tratad a los esclavos con justicia y equidad, sabiendo que también vosotros tenéis un amo en el cielo.
2Sed constantes en la oración; que ella os mantenga en vela, dando gracias a Dios.
3Orad al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos dé ocasión de predicar, y de exponer el misterio de Cristo —por el cual estoy en la cárcel—.
4Pedid que lo exponga como es debido.
5Con los de fuera, proceded con tacto, aprovechando las ocasiones.
6Vuestra conversación sea siempre agradable, con su pizca de sal, sabiendo cómo tratar a cada uno.
7De todo lo que a mí se refiere, os informará Tíquico, hermano querido, servidor fiel y compañero en el servicio del Señor.
8Os lo mando precisamente para eso, para que sepáis de nosotros y os dé ánimos.
9Con él va Onésimo, fiel y querido hermano, que es uno de los vuestros. Ellos os pondrán al corriente de todo lo de aquí.
10Os saluda Aristarco, que está preso conmigo, y Marcos, el primo de Bernabé. Ya tenéis instrucciones sobre él: en caso de que vaya a visitaros, recibidlo.
11Y también Jesús, por sobrenombre Justo. Estos son los únicos judíos que trabajan conmigo por el reino de Dios, y han sido un alivio para mí.
12Os saluda vuestro Epafras siervo de Cristo Jesús. Con sus oraciones no cesa de luchar en favor vuestro para que os mantengáis constantes y perfectos cumplidores de toda voluntad de Dios.
13Yo soy testigo del mucho trabajo que se toma por vosotros, y también por los de Laodicea y Hierápolis.
14Os saludan Lucas, el querido médico, y Demas.
15Saludad a los hermanos de Laodicea, a Ninfa y a la Iglesia que se reúne en su casa.
16Cuando hayáis leído vosotros esta carta, haced que se lea también en la Iglesia de Laodicea, y la de allí, leedla también vosotros.
17Decid a Arquipo que considere el ministerio que recibió del Señor, y que lo cumpla.
18El saludo, de mi mano: Pablo. Acordaos de que estoy en la cárcel. La gracia esté con vosotros.