Lectura 136 de 365
Esdras 3-5 · Colosenses 3
Esdras 3
1Cuando llegó el mes séptimo, estando ya los hijos de Israel instalados en sus ciudades, el pueblo se reunió como un solo hombre en Jerusalén.
2Entonces Josué, hijo de Josadac, con sus colegas sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Sealtiel, con sus parientes, reconstruyeron el altar del Dios de Israel para ofrecer sobre él los holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés, el hombre de Dios.
3Levantaron el altar sobre su emplazamiento, a pesar del miedo que tenían al pueblo de la tierra, y ofrecieron sobre él holocaustos al Señor: los holocaustos de la mañana y de la tarde.
4También celebraron la fiesta de las Tiendas, según está prescrito, ofreciendo cada día el número de holocaustos según está establecido.
5Después ofrecieron los holocaustos perpetuos, los de los novilunios y los de todas las fiestas consagradas al Señor, así como los que eran ofrecidos voluntariamente al Señor.
6Desde el día primero del mes séptimo comenzaron a ofrecer holocaustos al Señor, aunque todavía no se habían puesto los cimientos del templo del Señor.
7Entregaron dinero a los canteros y a los carpinteros; y comida, bebida y aceite a los sidonios y a los tirios para que enviasen madera de cedro del Líbano por mar a Jafa, según la autorización que les había dado Ciro, rey de Persia.
8El año segundo de su llegada al templo de Dios en Jerusalén, en el mes segundo, Zorobabel, hijo de Sealtiel, Josué, hijo de Josadac, y el resto de sus colegas, sacerdotes y levitas, así como todos los que habían vuelto del destierro a Jerusalén, comenzaron la obra y encomendaron a los levitas de más de veinte años la dirección de los trabajos del templo del Señor.
9Josué con sus hijos y hermanos, Cadmiel y sus hijos, junto con los hijos de Hodavías, se presentaron como un solo hombre para dirigir a los que trabajaban en el templo de Dios. Y también los hijos de Jenadad con sus hijos y sus colegas levitas.
10Cuando los albañiles pusieron los cimientos del templo del Señor, se presentaron los sacerdotes, revestidos, llevando las trompetas, y los levitas, hijos de Asaf, llevando címbalos para alabar al Señor, según las normas de David, rey de Israel.
11Cantaron alabando y dando gracias al Señor: «Porque es bueno, porque es eterna su misericordia sobre Israel». Y todo el pueblo aclamaba con gritos de júbilo alabando al Señor, porque se habían puesto los cimientos del templo del Señor.
12Muchos de los sacerdotes, levitas y cabezas de familia más ancianos, que habían visto el primer templo y ahora veían con sus propios ojos que se ponían los cimientos de este otro templo, lloraban a gritos, mientras que otros muchos daban gritos de alegría y júbilo.
13Nadie podía distinguir entre los gritos de júbilo y los gritos del llanto de la gente, porque el pueblo clamaba a gritos y el estrépito se oía desde muy lejos.
Esdras 4
1Cuando los enemigos de Judá y Benjamín se enteraron de que los desterrados reconstruían el templo del Señor, Dios de Israel,
2se presentaron a Zorobabel, a Josué y a los cabezas de familia y les dijeron: «Dejadnos colaborar con vosotros en la construcción, ya que como vosotros, seguimos a vuestro Dios y le ofrecemos sacrificios desde que Asaradón, rey de Asiria, nos trajo aquí».
3Pero Zorobabel, Josué y los otros cabezas de familia de Israel les contestaron: «No es posible que edifiquemos juntos un templo a nuestro Dios. Somos nosotros solos quienes debemos construirlo para el Señor, Dios de Israel, como nos ha ordenado Ciro, rey de Persia».
4Entonces el pueblo de la tierra se puso a desanimar al pueblo de Judá y a amedrentarlos para que no lo edificaran.
5Sobornaron a algunos funcionarios del rey contra ellos para hacer fracasar su proyecto durante todo el tiempo que reinó Ciro, rey de Persia, hasta el reinado de Darío, rey de Persia.
6En el reinado de Asuero, al comienzo del mismo, presentaron ellos una denuncia contra los habitantes de Judá y Jerusalén,
7y en tiempos de Artajerjes, escribieron Bislán, Mitrídates, Tabeel y sus compañeros a Artajerjes, rey de Persia. El texto estaba escrito en caracteres arameos y también en lengua aramea.
8El gobernador Rejún y el secretario Simsay escribieron al rey Artajerjes la siguiente carta contra Jerusalén:
9«El gobernador Rejún, el secretario Simsay y sus compañeros: los jueces y los oficiales, los funcionarios persas, los de Erec, de Babilonia, de Susa, de Deha, de Elán,
10y el resto de los pueblos que el gran e ilustre Asurbanipal deportó y situó en las ciudades de Samaría y en las regiones de Transeufratina».
11Copia de la carta que mandaron: «Al rey Artajerjes de parte de sus súbditos, las gentes de Transeufratina:
12Sepa el rey que los judíos que partieron de ahí y vinieron a Jerusalén están reconstruyendo esta ciudad rebelde y malvada; restauran las murallas y han reparado los cimientos.
13Sepa el rey, también, que si esta ciudad se reconstruye y se restauran sus murallas, no pagarán más tributos, ni impuestos, ni peajes, y las arcas reales se resentirán.
14Ahora bien, nosotros, que comemos la sal del palacio, no podemos permitir que se desprecie al rey, por lo que te enviamos esta información,
15para que se investigue en los libros de las memorias de tus padres. En estos libros de memorias comprobarás y sabrás que esta ciudad es una ciudad rebelde y malvada para los reyes y las provincias, y que ya desde antiguo se promueven insurrecciones en ella. Por tal motivo fue destruida esta ciudad.
16Advertimos al rey que, si esta ciudad se reconstruye y se restauran sus murallas, pronto te quedarás sin territorios en Transeufratina».
17El rey respondió con la siguiente nota: «La paz sea con el gobernador Rejún, el secretario Simsay y sus demás compañeros que viven en Samaría y en otros lugares de Transeufratina.
18El informe que me enviasteis ha sido leído puntualmente en mi presencia.
19Ordené que se investigara y se ha descubierto que, desde antaño, esa ciudad se ha rebelado contra los reyes y se han instigado en ella revueltas e insurrecciones.
20En Jerusalén hubo reyes poderosos que dominaron todo el territorio de Transeufratina y que recibían tributos, impuestos y peajes.
21Así pues, ordenad que esos hombres detengan su trabajo y que la ciudad no se reconstruya hasta que yo lo ordene.
22Procurad no ser negligentes en esto, para que el mal no aumente en perjuicio de los reyes».
23Tan pronto como se leyó la carta del rey Artajerjes ante el gobernador Rejún, el secretario Simsay y sus colegas, fueron rápidamente a Jerusalén y, por la fuerza de las armas, obligaron a los judíos a interrumpir las obras.
24De esta manera tuvieron que suspender la reconstrucción del templo del Señor en Jerusalén, que permaneció parada hasta el año segundo del reinado de Darío, rey de Persia.
Esdras 5
1El profeta Ageo y el profeta Zacarías, hijo de Idó, comenzaron a profetizar a los judíos que vivían en Judá y en Jerusalén en nombre del Dios de Israel, que velaba por ellos.
2Zorobabel, hijo de Sealtiel, y Josué, hijo de Josadac, decidieron reanudar la reconstrucción del templo de Dios en Jerusalén. Los animaba la presencia de los profetas de Dios que estaban con ellos.
3Pero vinieron Tatenay, gobernador de Transeufratina, Satar Bosnay y sus consejeros y les dijeron: «¿Quién os ha autorizado la reconstrucción de este templo y la restauración de esta muralla?».
4Y añadieron: «¿Cómo se llaman los hombres que están construyendo este edificio?».
5Pero los ojos de su Dios velaban por los ancianos de los judíos y no les obligaron a parar la obra hasta que llegase el informe a Darío y se recibiera su respuesta sobre este asunto.
6Copia de la carta que Tatenay, gobernador de Transeufratina, Satar Bosnay y sus consejeros, los gobernantes del otro lado del río Éufrates, remitieron al rey Darío.
7El informe que le enviaron decía: «¡Al rey Darío, plenitud de paz!
8Sepa el rey que hemos ido a la provincia de Judea y hemos visto que el templo del gran Dios está siendo reconstruido con piedras de sillería y sus paredes recubiertas de madera. La obra se va haciendo con esmero y avanza gracias a su trabajo.
9Preguntamos a los ancianos quién les había autorizado la reconstrucción del templo y la restauración de la muralla.
10Además les pedimos sus nombres para comunicártelo y darte por escrito los nombres de las personas que están al frente de ellos.
11Ellos nos respondieron: “Nosotros servimos al Dios del cielo y de la tierra; por eso estamos reconstruyendo el templo que fue proyectado hace muchos años y que un gran rey de Israel edificó y concluyó.
12Pero nuestros padres irritaron al Dios del cielo, que los entregó en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, el caldeo, el cual destruyó este templo y deportó al pueblo a Babilonia.
13Pero el primer año de Ciro, rey de Babilonia, el rey Ciro promulgó un edicto autorizando la reconstrucción de este templo de Dios.
14Además, el rey Ciro sacó del templo de Babilonia los utensilios de oro y plata del templo de Dios, que Nabucodonosor se había llevado del templo de Jerusalén para ponerlos en el templo de Babilonia, y se los entregó a un hombre llamado Sesbasar, a quien había nombrado gobernador,
15con la siguiente orden: ‘Toma estos utensilios y llévalos al templo que está en Jerusalén, y que sea reconstruido el templo de Dios en el mismo sitio’.
16El tal Sesbasar vino y colocó los pilares del templo de Dios en Jerusalén, que desde entonces se está reconstruyendo y cuyas obras aún no han terminado”.
17Así pues, si le parece bien al rey, ordena que se consulten los archivos reales de Babilonia, para ver si es verdad que el rey Ciro autorizó la reconstrucción de este templo de Dios en Jerusalén. Y que después se nos envíe la decisión del monarca sobre este asunto».
Colosenses 3
1Por tanto, si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios;
2aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
3Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios.
4Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.
5En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría.
6Esto es lo que atrae la ira de Dios sobre los rebeldes.
7Entre ellos andabais también vosotros, cuando vivíais de esa manera;
8ahora en cambio, deshaceos también vosotros de todo eso: ira, coraje, maldad, calumnias y groserías, ¡fuera de vuestra boca!
9¡No os mintáis unos a otros!: os habéis despojado del hombre viejo, con sus obras,
10y os habéis revestido de la nueva condición que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen de su Creador,
11donde no hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo y libre, sino Cristo, que lo es todo, y en todos.
12Así pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.
13Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
14Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.
15Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo. Sed también agradecidos.
16La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
17Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
18Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.
19Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
20Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor.
21Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.
22Esclavos, obedeced en todo a vuestros amos humanos, no por servilismo o respetos humanos, sino con sencillez y temor del Señor.
23Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor, y no a los hombres:
24sabiendo que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor.
25Al injusto le pagarán sus injusticias, pues no hay acepción de personas.