Lectura 135 de 365
2 Crónicas 36 · Esdras 1-2 · Colosenses 2
2 Crónicas 36
1El pueblo de la tierra tomó a Joacaz, hijo de Josías, y lo proclamaron rey sucesor en Jerusalén.
2Joacaz tenía veintitrés años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén.
3El rey de Egipto lo destituyó en Jerusalén, sancionó al país con cien talentos de plata y uno de oro.
4El rey de Egipto nombró rey de Judá y de Jerusalén a Eliaquín, hermano de Joacaz, cambiándole el nombre por el de Joaquim. A su hermano Joacaz lo tomó Necó y se lo llevó a Egipto.
5Joaquim tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar y reinó once años en Jerusalén. Hizo lo que el Señor su Dios detesta.
6Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra él y lo condujo a Babilonia atado con cadenas de bronce.
7También se llevó a Babilonia algunos utensilios del templo del Señor y los depositó en su palacio de Babilonia.
8El resto de los hechos de Joaquim, las abominaciones que cometió y todo lo que le sucedió está escrito en el libro de los Reyes de Israel y de Judá. Le sucedió en el trono su hijo Joaquín.
9Tenía Joaquín ocho años cuando comenzó a reinar y reinó en Jerusalén tres meses y diez días. Hizo lo que el Señor detesta.
10A comienzos del año, el rey Nabucodonosor mandó que lo trajeran a Babilonia, junto con los objetos valiosos del templo del Señor. Nombró rey de Judá y de Jerusalén a Sedecías, hermano de Joaquín.
11Tenía Sedecías veintiún años cuando comenzó a reinar y reinó once años en Jerusalén.
12Hizo lo que el Señor su Dios detesta. No se humilló ante el profeta Jeremías, que le hablaba en nombre de Dios.
13Además se rebeló contra el rey Nabucodonosor, que le había tomado juramento solemne de fidelidad. Terco y obstinado, no se convirtió al Señor, Dios de Israel.
14Del mismo modo, todos los jefes, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando las aberraciones de los pueblos y profanando el templo del Señor, que él había consagrado en Jerusalén.
15El Señor, Dios de sus padres, les enviaba mensajeros a diario porque sentía lástima de su pueblo y de su morada;
16pero ellos escarnecían a los mensajeros de Dios, se reían de sus palabras y se burlaban de sus profetas, hasta que la ira del Señor se encendió irremediablemente contra su pueblo.
17Entonces promovió contra ellos al rey de los caldeos, que mató a espada a sus jóvenes en el mismo santuario; a todos los entregó en sus manos, sin perdonar a joven ni a doncella, a viejo ni a decrépito.
18Se llevó a Babilonia todos los objetos del templo de Dios, grandes y pequeños, los tesoros del templo de Dios, los del rey y los de los jefes.
19Incendiaron el templo de Dios, derribaron la muralla de Jerusalén, incendiaron todos sus palacios y destrozaron todos los objetos valiosos.
20Deportó a Babilonia a todos los que habían escapado de la espada. Fueron esclavos suyos y de sus hijos hasta el advenimiento del reino persa.
21Así se cumplió lo que había dicho Dios por medio de Jeremías: «Hasta que la tierra pague los sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta cumplirse setenta años».
22En el año primero de Ciro, rey de Persia, para cumplir lo que había dicho Dios por medio de Jeremías, el Señor movió a Ciro, rey de Persia, a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino:
23«Así dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a ese pueblo, puede volver. ¡Que el Señor, su Dios, esté con él!».
Esdras 1
1El año primero de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, para que proclamara de palabra y por escrito en todo su reino:
2«Esto dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encargado que le edifique un templo en Jerusalén de Judá.
3El que de vosotros pertenezca a su pueblo, que su Dios sea con él, que suba a Jerusalén de Judá, a reconstruir el templo del Señor, Dios de Israel, el Dios que está en Jerusalén.
4Y a todos los que hayan quedado, en el lugar donde vivan, que las personas del lugar en donde estén les ayuden con plata, oro, bienes y ganado, además de las ofrendas voluntarias para el templo de Dios que está en Jerusalén».
5Entonces, los cabezas de familia de Judá y Benjamín, los sacerdotes y los levitas, y todos aquellos a quienes Dios había despertado el espíritu, se pusieron en marcha hacia Jerusalén para reconstruir el templo del Señor.
6Todos sus vecinos les ayudaron con toda clase de plata, oro, bienes, ganado y objetos preciosos, además de las ofrendas voluntarias.
7El rey Ciro mandó sacar los objetos del templo del Señor que Nabucodonosor se había llevado de Jerusalén, para ponerlos en el templo de su dios.
8Ciro, rey de Persia, los consignó a Mitrídates, el tesorero, quien los entregó a Sesbasar, príncipe de Judá.
9Este fue el resultado del inventario: treinta bandejas de oro y mil de plata, veintinueve cuchillos,
10treinta copas de oro, cuatrocientas diez de plata y mil accesorios de otras clases.
11En total, cinco mil cuatrocientos objetos de oro y plata. Sesbasar llevó todo esto consigo a Jerusalén cuando regresó del destierro de Babilonia.
Esdras 2
1Estas son las personas de la provincia que regresaron del cautiverio, a quienes Nabucodonosor, rey de Babilonia, había deportado a su país y que volvieron a Jerusalén y Judá, a sus respectivas ciudades.
2Vinieron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Seraías, Reelaías, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvay, Rejún y Baaná. Número de los hombres del pueblo de Israel:
3descendientes de Parós, dos mil ciento setenta y dos;
4descendientes de Sefatías, trescientos setenta y dos;
5descendientes de Araj, setecientos setenta y cinco;
6descendientes de Pajat-Moab, por parte de Josué y Joab, dos mil ochocientos doce;
7descendientes de Elán, mil doscientos cincuenta y cuatro;
8descendientes de Zatú, novecientos cuarenta y cinco;
9descendientes de Zacay, setecientos sesenta;
10descendientes de Baní, seiscientos cuarenta y dos;
11descendientes de Bebay, seiscientos veintitrés;
12descendientes de Azgad, mil doscientos veintidós;
13descendientes de Adonicán, seiscientos sesenta y seis;
14descendientes de Bigvay, dos mil cincuenta y seis;
15descendientes de Adín, cuatrocientos cincuenta y cuatro;
16gente de Ater, esto es, descendientes de Ezequías, noventa y ocho;
17descendientes de Besay, trescientos veintitrés;
18descendientes de Yorá, ciento doce;
19descendientes de Jasún, doscientos veintitrés;
20descendientes de Guibar, noventa y cinco;
21hombres de Belén, ciento veintitrés;
22hombres de Netofá, cincuenta y seis;
23hombres de Anatot, ciento veintiocho;
24hombres de Azmávet, cuarenta y dos;
25hombres de Quiriat Yearín, Quefirá y Beerot, setecientos cuarenta y tres;
26hombres de Ramá y Gueba, seiscientos veintiuno;
27hombres de Micmás, ciento veintidós;
28hombres de Betel y Ay, doscientos veintitrés;
29descendientes de Nebo, cincuenta y dos;
30descendientes de Magbís, ciento cincuenta y seis;
31descendientes del otro Elán, mil doscientos cincuenta y cuatro;
32descendientes de Jarín, trescientos veinte;
33hombres de Lod, Jadid y Onó, setecientos veinticinco;
34hombres de Jericó, trescientos cuarenta y cinco;
35hombres de Senaá, tres mil seiscientos treinta.
36Los sacerdotes: descendientes de Yedaías, de la casa de Josué, novecientos setenta y tres;
37descendientes de Imer, mil cincuenta y dos;
38descendientes de Pasjur, mil doscientos cuarenta y siete;
39descendientes de Jarín, mil diecisiete.
40Los levitas: descendientes de Josué y de Cadmiel, de la familia de Hodavías, setenta y cuatro.
41Los cantores: descendientes de Asaf, ciento veintiocho.
42Los porteros: descendientes de Salún, de Ater, Talmón, Acub, Jatitá y Sobay, ciento treinta y nueve.
43Donados: los descendientes de Sijá, de Jasufá, Tabaot,
44Querós, Siahá, Padón,
45Lebaná, Jagabá, Acub,
46Jagab, Salmay, Janán,
47Guidel, Gajar, Reayá,
48Resín, Necodá, Gazán,
49Uzá, Paséaj, Besay,
50Asná, Meunín, Nefusín,
51Bacbuc, Jacufá, Jarjur,
52Baslut, Mejidá, Jarsá,
53Barcós, Siserá, Témaj,
54Nesíaj y Jatifá.
55Descendientes de los siervos de Salomón: de Sotay, de Soféret, Perudá,
56Yaalá, Darcón, Guidel,
57Sefatías, Jatil, Poqueret Hasebáin y Amí.
58Total de donados y de descendientes de los siervos de Salomón: trescientos noventa y dos.
59Estos son los que regresaron de Tel-Mélaj, Tel-Jarsá, Querub, Adán e Imer, pero que no pudieron demostrar que su familia paterna y su estirpe procedían de Israel:
60Descendientes de Delaías, de Tobías y de Necodá: seiscientos cincuenta y dos en total.
61Y del grupo de sacerdotes, los descendientes de Jobaías, de Hacós, y de Barzilay, quien se había casado con una de las hijas de Barzilay, el galaadita, y adoptó el nombre de ellas.
62Estos buscaron sus títulos genealógicos, pero no los encontraron, por lo que fueron excluidos del sacerdocio.
63Y el gobernador les prohibió comer alimentos sagrados hasta que se presentase un sacerdote para consultar los urim y los tumim.
64La comunidad, al completo, estaba formada por cuarenta y dos mil trescientas sesenta personas,
65sin contar sus esclavos y esclavas, que eran siete mil trescientos treinta y siete. También había doscientos cantores y cantoras.
66Tenían setecientos treinta y seis caballos y doscientos cuarenta y cinco mulos.
67Poseían además cuatrocientos treinta y cinco camellos y seis mil setecientos veinte asnos.
68Algunos de los cabezas de familia, al llegar al templo del Señor, en Jerusalén, dieron donativos para reconstruir el templo de Dios en su emplazamiento.
69Según sus posibilidades, entregaron al tesoro de la obra sesenta y una mil dracmas de oro, cinco mil minas de plata y cien túnicas sacerdotales.
70Los sacerdotes, los levitas y una parte del pueblo se establecieron en Jerusalén; los cantores, los porteros y los sirvientes, en sus ciudades respectivas; y el resto de los israelitas, en sus ciudades.
Colosenses 2
1Quiero que sepáis el duro combate que sostengo por vosotros y por los de Laodicea, y por todos los que no me conocen personalmente;
2para que se llenen de ánimo sus corazones y, estrechamente unidos en el amor mutuo, alcancen en toda su riqueza la plena inteligencia y el perfecto conocimiento del misterio de Dios, que es Cristo.
3En él están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.
4Lo digo para que nadie os engañe con argumentos capciosos,
5pues, aunque corporalmente estoy ausente, mi espíritu está con vosotros, alegrándome de veros en vuestro puesto, y firmes en vuestra fe en Cristo.
6Por tanto, ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded unidos a él,
7arraigados y edificados en él, afianzados en la fe que os enseñaron, y rebosando agradecimiento.
8Cuidado con que nadie os envuelva con teorías y con vanas seducciones de tradición humana, fundadas en los elementos del mundo y no en Cristo.
9Porque en él habita la plenitud de la divinidad corporalmente,
10y por él, que es cabeza de todo Principado y Potestad, habéis obtenido vuestra plenitud.
11En él habéis sido también circuncidados con una circuncisión no hecha por manos humanas mediante el despojo del cuerpo de carne, con la circuncisión de Cristo.
12Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, por la fe en la fuerza de Dios que lo resucitó de los muertos.
13Y a vosotros, que estabais muertos por vuestros pecados y la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó con él.
14Canceló la nota de cargo que nos condenaba con sus cláusulas contrarias a nosotros; la quitó de en medio, clavándola en la cruz,
15y, destituyendo por medio de Cristo a las Potestades y los Principados, los exhibió en público espectáculo, y los llevó cautivos en su cortejo.
16Así pues, que nadie os juzgue sobre lo que coméis o bebéis, ni por fiestas, lunas nuevas o sábados.
17Eso era sombra de lo que tenía que venir; la realidad es Cristo.
18Que no os descalifique nadie que se recrea vanamente en cultos de ángeles, o se enfrasca en sus visiones, engreído sin razón por su mente carnal;
19en lugar de mantenerse unido a la cabeza, de la cual todo el cuerpo, a través de las junturas y tendones, recibe alimento y cohesión, y crece como Dios le hace crecer.
20Si habéis muerto con Cristo a los elementos del mundo, ¿por qué os sometéis a los dictados de los que viven según el mundo? A saber:
21«No tomes, no pruebes, no toques».
22Son cosas destinadas a gastarse con el uso, según prescripciones y enseñanzas humanas.
23Tienen apariencia de sabiduría por su afectada piedad, su humildad y la mortificación corporal; pero no tienen valor alguno: solo sirven para cebar la carne.